Imposibilitados
durante largos años de regresar a España, los inmigrantes
se van enraizando cada vez más profundamente a la sociedad
chilena que los acoge con afecto.
Como
en todas las actividades humanas, la suerte fue distinta para
los inmigrantes. Hubo algunos que fueron muy destacados desde
el comienzo y que encontraron trabajos al día siguiente
a su llegada a Santiago de Chile, otros que sufrieron penurias
y que sólo después de un tiempo lograron ubicarse
en trabajos adecuados y formar familias en Chile.

Santiago
de Chile
En
general, los inmigrantes se integraron con firmeza en Chile. Estaban
agradecidos del país que les dio refugio cuando nadie los
quería y formaron familias que se enraizaron en Chile.
“Nosotros
somos los hijos de Neruda” me decía con orgullo y
agradecimiento una chilena, hija de uno de los inmigrantes. Efectivamente,
en la actualidad, varios miles de chilenos descendientes de los
inmigrantes del Winnipeg son “hijos de Neruda “. Deben
su existencia a esta gesta del poeta chileno que posibilitó
el rescate de tantos inmigrantes españoles y posterior
formación de los matrimonios hispano-chilenos y su descendencia
que, sin la intervención de Neruda, no existiría..
Estos
“hijos de Neruda“, además de integrarse en
forma excelente a la sociedad chilena, en una enorme variedad
de actividades, tales como las artes, la literatura, el periodismo,
la abogacía, la ingeniería, la historia, etc. son
un valioso aporte al avance sociocultural de Chile.
Pero
también hubo muchos otros, un tanto olvidados, que no fueron
brillantes ni destacados, pero que con esfuerzo y tesón
formaron valiosas familias chilenas, como el caso de aquel jardinero
mallorquí, Jaime Cardona Tur, que cuidaba los jardines
de una mansión en la hermosa Comuna de Providencia de Santiago
de Chile.
Este
jardinero, es todo un símbolo, de aquellos inmigrantes
del Winnipeg que, sin destacar, se integraron en forma laboriosa
y abnegada a la sociedad chilena y constituyeron familias que
ahora recuerdan y veneran esta gran gesta nerudiana a la cual,
sin lugar a dudas, deben su existencia. Todos son ahora “Los
hijos de Neruda”.