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EL LARGO VIAJE A CHILE
El
“Winnipeg“ se mueve lentamente con todas sus luces
encendidas, por el estuario de la Gironda, alejándose de
Trompeloup – Pauillac. Acelera su andar al salir a mar abierto.
Días después pasó cerca de las Azores, isla
portuguesa, dirigiéndose hacia la Isla Guadalupe, isla
francesa de las Pequeñas Antillas, en el Caribe, a fin
de reabastecerse de agua, alimentos y combustible.
En
el interior del barco, en los primeros días de navegación,
se despliega un gigantesco trabajo de organización, que
los refugiados cumplen en forma disciplinada. No podía
ser de otra forma, dado lo que significaban las más de
2.000 personas, hombres, mujeres y niños, hacinados en
el viejo barco de carga, apresuradamente provisto de apretadas
literas de madera, servicios higiénicos improvisados, comedores
provisorios, cocinas funcionando al máximo día y
noche, sistemas de ventilación precarios, bodegas transformadas
en dormitorios, etc, etc.
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En
primer lugar, se repartieron las literas por sorteo. Las mujeres
se separaron de los hombres. Los niños pequeños
iban con las mujeres en la popa del buque. Cada litera tenía
una frazada y una colchoneta de paja. En cada dormitorio de literas,
de a tres en altura, cabían cincuenta personas y sólo
había un excusado provisorio. Ventiladores eléctricos
trataban de ventilar los espacios.
Se
establecieron varios turnos de comida, mientras la cocina del
barco funcionaba día y noche. En general, la comida consistió
en garbanzos, porotos, lentejas, con papas, a veces tortillas.
También vendían cervezas y algunos licores en un
pequeño bar improvisado que funcionaba en cubierta.
La
tripulación era toda francesa, pero evidentemente el grueso
de los servicios de atención a los refugiados era realizado
por ellos mismos en forma organizada. El barco, como es de imaginar,
estaba lleno de voluntarios: para pelar papas, limpiar los baños,
cuidar los 350 niños, ayudar en la enfermería, etc
etc.
No
fue una tarea fácil, pero todos colaboraron en la medida
de sus fuerzas. El viaje en el “Winnipeg” y sus incomodidades
fue apreciado en distinta forma por los refugiados. Para los menos
que habían sido atendidos en casas de franceses, el viaje
fue desagradable, dado el hacinamiento en que se encontraban..
Pero, para la mayoría, aquellos que venían de los
campos de concentración franceses, el viaje fue un paraíso.
Las estrechas literas de madera con una frazada eran una delicia
para aquellos que, sólo días antes, dormían
en un hoyo en la arena, en los campos de concentración
franceses, sin techo y soportando la lluvia y los fuertes vientos.

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Se
organizaron juegos y clases para distraer a los cerca
de 350 niños que venían en el barco. También
se organizó una guardería para los más
pequeños. Todo lo cual era atendido por personal
voluntario de los mismos refugiados.
Más
adelante se formaron grupos corales. Los pocos chilenos
que iban en el barco dictaban conferencias sobre Chile.
Se discutía sobre la actualidad internacional.
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Los
niños, en general, disfrutaron del viaje, para ellos fue
la gran aventura. Consultados por el autor, ya adultos, algunos
niños y niñas que venían en el barco confesaron
haberlo pasado muy bien. Subiendo y bajando por las escaleras
del buque. Escondiéndose en los vericuetos más inverosímiles
del "Winnipeg". Compenetrándose de la novedad
que significaba navegar en alta mar. Haciendo las típicas
diabluras infantiles, etc, etc
Fueron
los que más disfrutaron del viaje.
La
Segunda Guerra Mundial estaba a punto de comenzar de un momento
a otro. Hasta un par de periódicos editados en el barco,
informaban sobre las noticias mundiales y sobre Chile. Se reparte
entre los refugiados un folleto sobre Chile que había escrito
Neruda especialmente para los refugiados.
Los
hombres y mujeres dormían en dormitorios separados. Sin
embargo, las parejas más fogosas descubrieron en los botes
salvavidas, cubiertos por una lona impermeable, un lugar estupendo
para sostener encuentros íntimos, instantes respetados
por los refugiados.
También
hubo nacimientos en el barco, el 6 de Agosto de 1939, dos días
después del zarpe, nació Agnes América Winnipeg
hija de los refugiados Eloy Alonso y Piedad Bollada. Semanas después
nació un niño, Andrés Martí , hijo
de Eugenio Castell y de Isabel Torelló. Los partos fueron
atendidos, sin contratiempos, en la enfermería del barco
trayendo alegría y felicidad a los pasajeros del buque.
El
15 de Agosto de 1939, once días después del zarpe
de Francia, el “Winnipeg” llegó a la Isla de
Guadalupe, posesión francesa, donde en algunas horas se
abastece de alimentos, agua y combustible. Luego el barco continuó
su marcha a Panamá. En el viaje hasta la Isla de Guadalupe,
el buque había soportado fuertes tormentas que lo remecen
como a una cáscara de nuez, asustando a los refugiados,
la mayoría de los cuales navegaba por primera vez y ya
creían que el viejo barco se hundía entre las olas
tormentosas.
En
el trayecto hasta Panamá por el Mar Caribe, los refugiados
escucharon la noticia de la inminencia del estallido de una nueva
conflagración mundial.
El
barco llegó al puerto de Colón, en Panamá
el día 20 de Agosto de 1939, donde permaneció alrededor
de cinco días soportando las altas temperaturas panameñas.
El “Winnipeg“ se había transformado en un gigantesco
horno. La demora se debió a que nadie se había preocupado
de pagar los derechos de paso por el Canal de Panamá, grandiosa
obra de ingeniería que permite el cruce de los barcos desde
el Caribe hasta el Océano Pacífico y viceversa,
subiendo y bajando, mediante esclusas, una considerable elevación.
Resuelto
el problema, el barco continuó su peregrinación
y en un día cruzó el Canal por entre la densa
floresta tropical que lo rodeaba. Pese al calor, los inmigrantes
miraban extasiados y sorprendidos la naturaleza exuberante
de la vegetación tropical.
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Canal
de Panamá
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En
todo el trayecto hasta Panamá, los refugiados temían
que estallara la Segunda Guerra Mundial y que los franceses, presionados
por Alemania y España, hicieran regresar al “Winnipeg”
a Francia. Por lo anterior, el viejo barco, ahora navegando en
el Océano Pacífico, aceleró su viaje a Chile,
pasando de largo frente a las costas de Colombia, Ecuador y Perú.
El
temor que tenían los refugiados en volver a Francia y caer
en manos de Hitler no era infundado sino muy real. En 1940, luego
de invadir a Francia, la Alemania nazi tomó prisioneros
a miles de republicanos españoles los cuales fueron enviados
a realizar trabajos forzados. Cabe señalar que cerca de
7.000 españoles republicanos murieron en el campo de concentración
de Mathausen, en Austria, durante la Segunda Guerra Mundial, como
consecuencia de los trabajos forzados y las cámaras de
gas. Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de republicanos
españoles que pelearon por el Ejército francés
y en las guerrillas contra los nazis, al ser hechos prisioneros
no fueron reconocidos como prisioneros de guerra por Alemania
y fueron enviados a campos de concentración y trabajos
forzados con los resultados ya señalados.

Chile
- Parte del Territorio
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El
temor de los refugiados republicanos españoles
del Winnipeg era, por lo tanto, muy real, en Septiembre
de 1939.
Se
esperaba que el “Winnipeg” llegara a Valparaíso
en los primeros días de Septiembre de 1939. En
Chile, mientras tanto, se preparaba la recepción
de los refugiados con gran entusiasmo. Se solicitaba a
los empresarios de distintas actividades productivas que
definieran la cantidad de trabajadores que estaban dispuestos
a contratar; se inscribía a familias españolas
y chilenas que quisieran recibir en su hogar a los refugiados;
se abrieron registros de alojamiento en pensiones y hoteles;
se abrió una caja para recibir donaciones de ayuda
a los refugiados, junto con actos y festivales benéficos.
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En
las primeras horas del día miércoles 30 de Agosto
de 1939, el “Winnipeg” dando pitazos fondeó
en el puerto chileno de Arica, ubicado en la frontera con Perú,
dos mil kilómetros, al Norte de Santiago de Chile. Coros
españoles, formados por los refugiados en el barco, entonaban
sus canciones típicas, felices de haber llegado a la seguridad
que les ofrecía el territorio chileno. Hasta ese momento,
siempre habían pensado que el “Winnipeg” podría
recibir una orden de regresar a Francia.
En
Arica, subieron al barco, médicos y enfermeros chilenos,
que sometieron a una revisión médica a los refugiados
detectándose que no existían casos de gravedad a
bordo y que, en general, todos estaban en buenas condiciones de
salud.
En
ese puerto, veinticuatro refugiados españoles desembarcaron
y se quedaron, ya que había ofertas de trabajo para ellos.
La mayoría eran pescadores que se integraron a las faenas
pesqueras en el Norte de Chile, otros se integraron a labores
mineras y a tareas de construcción del ferrocarril de Arica
a la ciudad de La Paz, la capital de Bolivia.
El
mismo día en la noche, el “Winnipeg” continuó
su viaje al Puerto chileno de Valparaíso, viajando ya por
aguas chilenas, lo que trajo un alto grado de tranquilidad, a
los refugiados españoles. El buque recorrió los
2.000 km. que separan Arica de Valparaíso, en un par de
días, en tal forma que, en la noche del sábado 2
de Septiembre de 1939, el ”Winnipeg” ancló
en la Bahía de Valparaíso, en la zona central de
Chile.
Las
autoridades chilenas, dada la situación de normalidad existente
en el buque, determinaron postergar el desembarco para las primeras
horas del Domingo 3 de Septiembre. Los refugiados no durmieron
esa noche. Contemplaron extasiados, llenos de asombro, el gigantesco
anfiteatro iluminado que forman los cerros que rodean Valparaíso
y cuya infinidad de luces se confundía con las estrellas
del cielo. Esa noche, en el "Winnipeg" se repartió
champagne a los refugiados para festejar el feliz término
del viaje.

Valparaiso
de noche |
En
las primeras horas del amanecer el “Winnipeg” ingresó
al Puerto y realizó las maniobras de atraque guiado por
los marinos chilenos. En uno de sus costados el buque tenía
un gigantesco retrato del Presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda,
que había sido pintado durante el viaje por un inmigrante.
Ese
mismo día se supo la noticia del estallido de la Segunda
Guerra Mundial.
En
Valparaíso, la bienvenida a los refugiados del " Winnipeg"
fue apoteósica. Una impresionante masa humana colmaba muelles,
edificios aduaneros, grúas y maquinarias del Puerto. Bandas
de música tocaban tonadas y cuecas chilenas. Banderas y
pancartas ondeaban por todas partes. La gente gritaba, reía
y aplaudía.
A
las nueve de la mañana se inicia el desembarco de todos
los refugiados, que se realiza en forma muy ordenada, cumpliendo
instrucciones adoptadas previamente por las autoridades chilenas.
Inmediatamente
de tendido el puente y después de las comprobaciones finales
de documentos, se inició el desembarco, el cual estuvo
a cargo de los funcionarios especiales del Gobierno de Chile y
el recibimiento en tierra a cargo del Comité de Recepción.
Al bajar, los refugiados se colocaban en filas a fin de dar cumplimiento
a la última disposición sanitaria: vacuna antitífica,
la que se hizo por medio de una brigada especial que atendió
en el interior de uno de los galpones. Se determinó que
dos inmigrantes requerían hospitalización y fueron
llevados al hospital.
A medida que cada uno era vacunado, y daba sus datos, salía
enseguida a colocarse en los diversos grupos que se había
formado. Aquellos cuyas vestimentas eran exiguas y deficientes,
eran atendidos por un comité de damas españolas
y chilenas, las cuales entregaban a cada refugiado una caja conteniendo
mudas completas de ropa blanca. Se les daba también ternos
completos, zapatos, chaquetas, etc.
La
labor de desembarco se realizó calmadamente, sin inconvenientes
de ninguna especie. Doctores y enfermeras chilenas procedían
a vacunar a los inmigrantes con la vacuna antitífica a
fin de prevenir problemas posteriores a los refugiados.
Se
aproximó al barco un tren especial, con doce vagones, dispuesto
para llevar a Santiago de Chile a 1.600 refugiados que iban a
ser distribuidos entre la capital chilena y las ciudades del sur
de Chile.
Gran
multitud de porteños habían llegado al Puerto a
presenciar el desembarco, la Banda Municipal interpretó
los himnos patrios de Chile y España. La recepción
otorgada a los refugiados fue calurosa. El Alcalde de Valparaíso
y los regidores se hicieron presentes para el desembarco. También
se encontraba presente don Rodrigo Soriano, último embajador
del Gobierno Republicano en Chile.
Esperaban
en Valparaíso los familiares de setenta refugiados republicanos
cuyo reencuentro dio lugar a conmovedoras y emotivas escenas.

Estación Mapocho |
Después
de almorzar, se embarcaron en el tren especial a Santiago
de Chile, del orden de 1.600 inmigrantes, quedando alrededor
de 600 en Valparaíso.
Otros treinta refugiados viajaron por vía marítima,
al puerto de Antofagasta, al norte de Chile, a trabajar
en faenas de pesca. El tren partió a las 15.00
horas desde el mismo puerto de Valparaíso.
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La
distancia entre Valparaíso y Santiago de Chile era sólo
de 150 km, sin embargo el recorrido del tren fue demorado por
las manifestaciones de aprecio de los chilenos que se produjeron
en todos los pueblos por los cuales pasaba la vía férrea.
El
tren especial con los refugiados llegó a la Estación
Mapocho de la capital chilena alrededor de las 20.30 horas, fueron
recibidos por una multitud que los recibió en forma muy
cariñosa.
Entre
los refugiados venía Leopoldo Castedo, hijo de Sabastián
Castedo, Ministro de Economía de Alfonso XIII. Posteriormente,
en Chile, fue un célebre historiador. En España
había trabajado con Federico García Lorca en "la
Barraca". También era amigo de Rafael Alberti, gracias
al cual tomó contacto con Neruda en París, y luego
embarcado con su familia en el Winnipeg con destino a Chile.
En
sus " Contramemorias de un Transterrado", Leopoldo Castedo
describe la llegada del tren con los refugiados a Santiago de
Chile :
"
Si la recepción en Valparaíso fue emocionante,
la de Santiago llegó a límites inimaginables.
La Estación Mapocho de airosa arquitectura metálica,
estaba repleta de entusiastas, hombres, mujeres, viejos y jóvenes.
Estos se habían trepado a las farolas y a las estructuras
sobresalientes del edificio. Los gritos, los abrazos, no tenían
límite ni descanso. A los españoles del exilio,
sustantivo que empleo transitoriamente, porque no cuadra utilizarlo
en Chile, se nos había transmutado de proscritos abyectos
en héroes de una guerra que Chile había seguido
apasionantemente, como si hubiera sido suya".
Algunos
afortunados encontraron trabajos en la misma estación repleta
de gente, luego todos los refugiados y sus familias fueron invitados
a una cena en los Centros Republicanos, Catalán y Vasco
de Santiago, Finalizada la cual fueron conducidos a los distintos
alojamientos preparados para ellos.

Estación
Mapocho - Andenes |
A
algunos les esperaban, en Valparaíso y Santiago, inmediatas
ofertas de trabajo y alojamientos de gentes de diferentes ciudades
y pueblos de Chile, por lo que todos los llegados en el Winnipeg
tuvieron desde el primer momento donde comer y dormir.Nadie
quedó sin la debida atención desde el primer día,
mediante la generosa hospitalidad que les ofreció la comunidad
chilena y la española residente, arraigada desde antes
en el país austral.
Los
Centros españoles, fueron al comienzo, un gran apoyo para
los refugiados. En ellos los inmigrantes realizaban reuniones,
en las cuales, al mismo tiempo que se rememoraban los tristes
últimos días de la guerra civil y el paso por Francia
con sus campos de concentración y las experiencias pasadas,
se intercambiaban novedades, informaciones sobre oportunidades
de trabajo, nuevos hospedajes, atención médica y
otros aspectos.
Iglesia
de San Francisco - Cordillera de los Andes al fondo - Santiago de
Chile
Inicialmente, los refugiados tenían la esperanza que se
produjera un cambio en la situación política de
España que les permitiera retornar, sin problemas, a la
tierra natal, pero pasaron los años y esto no sucedió.
Así, los refugiados se fueron integrando cada vez más
en el país austral que tan cordialmente los había
acogido. Los refugiados del Winnipeg se fueron separando entre
sí, hasta llegar casi a no relacionarse entre ellos mismos,
salvo los que mantenían una antigua amistad. Además,
que, como hemos dicho, estaban repartidos a lo largo de los cuatro
mil kilómetros de largo de Chile.
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