Política, escritora y artista (Granada 1891- Granada 1936). Se consiera que inspiró a inspiró Federico García Lorca para escribir “La zapatera prodigiosa. Murió fusilada por los franquiistas,”.
Hay 3 Referencias.
Dos investigadores reconstruyen la historia de Agustina González, política, escritora y artista granadina fusilada en octubre de 1936 .
12.10.2008- INÉS GALLASTEGUI
http://www.ideal.es/granada/20081012/sociedad/doble-velo-silencio-20081012.html Página vista el 17 de Julio de 2010.
SI no hubiera
sido mujer, a lo mejor habría sido considerada un genio de la
Generación del 27...», aventura la ginecóloga e historiadora
Enriqueta Barranco. Agustina González López era escritora, pintora
y política. Y un personaje muy peculiar en la Granada de los años
veinte y treinta: Francisco Ayala la recuerda vestida de húsar y
ofreciendo en el escaparate de su zapatería de la calle Mesones sus
«opúsculos» repletos de ideas extravagantes. Pero Agustina era
mujer y fue fusilada en los primeros días de octubre de 1936. Así
que de ella sólo quedan algunos libros y un recuerdo borroso.
Barranco se topó con ella cuando investigaba, junto al profesor
de Historia de la Medicina Fernando Girón, para escribir la
biografía del político y rector Alejandro Otero, editada por
CajaGranada el año pasado. Descubrió que Otero era uno de los
personajes ilustres que avalaban la candidatura de esta mujer
insólita, fundadora del Partido Entero-Humanista, en las elecciones
de 1933. Sacó 15 votos.
«'¿Mira, ahí va la Zapatera!', se
decía, y mis ojos se asombraban viendo a una mujer corpulenta, con
moño castaño bajo aparatosos sombreros, y acaso una capa celeste de
húsar hasta los pies -cuenta Ayala en sus 'Relatos granadinos'-. La
Zapatera era una figura extravagante, probablemente una chiflada.
Callejeaba mucho, entraba '¿y sola!' en los cafés y restaurantes y
escribía cosas absurdas que hacía imprimir y ponía luego a la
venta en el escaparate de su zapatería».
«La Zapatera era una
mujer independiente, independiente también en cuanto a sus medios
económicos, y la desaprobación social, apenas refrenada, tenía que
desahogarse mediante burlas más o menos sangrientas -continúa el
relato-. Tengo entendido (...) que en 1936, durante los primeros días
de la sublevación, cuyos horrores hallaron escenario privilegiado en
Granada, fusilaron a la Zapatera (...)». Julio Belza confirma en su
libro 'Los granos de la granada' la ejecución de Agustina González
junto a otras dos mujeres. En la ciudad circularon rumores de que la
habían matado «por puta» o «por lesbiana».
Barranco y Girón
-representantes de la Universidad en la Comisión de la Memoria
Histórica- creen que nació entre 1883 y 1886, tenía medios
económicos y viajó por España e Italia. Escribió varios libros,
entre ellos 'Idearium futurismo' (1916) y 'Justificación'. Se
declaraba feminista y católica. Le interesaban cuestiones como «por
qué hay hombres afeminados y mujeres masculinizadas». En una de sus
obras explicaba por qué decidió vestirse de varón y por qué en
ocasiones prefería parecer una loca: porque la libertad no estaba
permitida a las mujeres. Para tratar su «histeria», respetables
médicos de la época le recetaron «friegas y reposo».
Saben
también que sus dibujos y grabados los firmaba como 'Amelia'. Que
una vez estuvo enamorada de un hombre que no le correspondió. Poco
más. El resto es silencio. Y olvido.
igallastegui@ideal.es
http://www.granadahoy.com/article/granada/345188/la/primera/zapatera/prodigiosa.html
Página vista el 17 de Julio de 2010.
Actualizado 08.02.2009 - 01:00
La autora prepara un estudio en vindicación de la personalidad de doña Agustina González López.En el café Suizo, vestida de hombre, exponía doctrinas libertadoras, pero la ciudad la relegó a la secta de los chiflados. Fue fusilada en Víznar junto a Lorca. Antes de caer pidió clemencia a las estrellas
|En el mismo
escenario y por los días que fusilaron a Federico García Lorca,
corría la misma mala suerte Agustina González López, La Zapatera,
mediado ya el fatídico agosto de 1936. Días antes la habían
trasladado, junto a las demás presas, de la inhabitable cárcel de
mujeres, en Torres Bermejas, antigua prisión militar, al convento de
San Gregorio el Bajo, en la Calderería, habilitado como
establecimiento penitenciario. ¿Quién era esta mujer de la que ha
pervivido en la ciudad un recuerdo esperpéntico, que ni su trágico
final ha servido para reivindicar su valiosa memoria? Sigue
integrada, con la divisa de su apodo, en la nómina y leyenda de
personajes extravagantes de una ciudad tan pródiga a imponer
sobrenombres con desdén y ojeriza, hasta el punto de oscurecer su
identidad, como es el caso de Agustina, a la que se la conoce por "La
Zapatera", por el hecho de que su padre tenía una zapatería,
en la calle de Mesones. Agustina nació el 4 de abril de 1891, en la
parroquia del Sagrario
El escritor granadino Francisco Ayala, en
un escrito contra el machismo, confiesa que nunca supo el nombre de
la llamada Zapatera. Ayala ha conservado el recuerdo de su notoria
presencia y esnobismo de sus sombreros y capas y la sombra del
escándalo popular que producía la mujer por entrar en lugares
públicos y andar sola por la ciudad: "La Zapatera -escribe- era
una figura extravagante, probablemente una chiflada, callejeaba
mucho, entraba -¡y sola!- en los cafés y restaurantes y escribía
cosas absurdas que hacía imprimir y ponía luego a la venta en el
escaparate de su zapatería".
"Como bien puede
comprenderse, conducta tal resultaba intolerable. La zapatera era una
mujer independiente, independiente también en cuanto a sus medios
económicos, y la desaprobación social, apenas refrenada, tenía que
desahogarse mediante burlas más o menos sangrientas...".
Francisco Ayala testigo en su niñez y adolescencia de aquella ciudad
intransigente, sobre todo para la mujer que intentara escapar del
modelo establecido, es decir a la sumisión y la ignorancia, recuerda
el regocijo vejatorio a que podía ser sometida una "bachilera".
De
sus tiempos de instituto retiene en la memoria un pequeño grupo de
niñas, siempre acompañadas, que asistían a las clases y una y
otra, permanecían en un cuarto separadas de sus compañeros.
Y
de aquella época tiene grabado un afrentoso episodio que vivió la
directora de la Escuela Normal de Maestras, un día que se disponía
a dar una conferencia en el Centro Artístico, ante una sala repleta
de hombres. La profesora de gran prestigio cultural, empezó
diciendo: "Señores, voy a ser brevísima".
En la sala
estalló un vozarrón: "¡Superlativo de breva!".
Y
esta frase cortó en seco la disertación, ante el clamor de risas y
mofa de la sala. La intencionada anécdota machista, revestía
también grosera connotación sexual, que ampliaba la provocación,
rápidamente extendido por la ciudad, como un pleamar. El afán
minimizador, el desdén, formaba parte de la estrategia machista y
zafia, con que se anulaba la voluntad de la mujer, aniquilándole la
palabra y atropellando la razón. Estas actitudes intimidatorias
resumen a la perfección la desamparada lucha y confusión de la
mujer para emerger de la ignorancia y alcanzar su liberación. Dentro
de este ambiente de vacío y opresión hay que encuadrar el
hazmerreír y la vejación de que fue víctima Agustina González,
personaje insólito, carismático, que escapa del molde de aquella
Granada levítica e inmovilista en franca lucha por mantener su
emancipación y sus aspiraciones culturales y sociales. Su actitud
suponía un intolerable desafío a los ojos de los detractores
"cultos", más la comparsa de ignorantes, consideraban que
Agustina enturbiaba su condición de mujer con sus aspiraciones de
igualdad y progreso. Solo cabía una razón: su desequilibrio mental.
Recurso muy socorrido durante siglos: No solo por maridos, sino
también por padres y hermanos, ante ciertas actitudes consideradas
transgresoras y en muchas ocasiones por intereses familiares,
hereditarios (o de los tutores). Tenían licencia para encerrarlas de
por vida en conventos, con la aquiescencia de la autoridad
eclesiástica. La fuerte presión clerical, familiar y social podía
clausurar para siempre el curso de una existencia.
El germen de
la leyenda de Agustina González nació en el seno de su propia
familia, tras un proceso de desconfianza, que la iba a enfrentar para
siempre con el mundo que la rodeaba. La desconfianza de que una
adolescente hubiese hecho frente a una situación comprometida. La
desconfianza de la capacidad de Agustina por el hecho de ser mujer,
hubiese sido diferente de recaer en su hermano. Solo bajo el prisma
de enajenación, la familia y luego la sociedad, podía entender su
interés por la aventura, el estudio, el progreso, la pintura, la
literatura, el feminismo. Que una mujer actuara con valor, que
expusiera sus ideas en público, que encabezara una manifestación de
obreros o de mujeres del Albaicín por la carestía de vida, que
hiciera frente a la Guardia Civil, que escribiera libros con ideas
propias, que viajara, era claro indicio de un desequilibrio, por la
terrible razón de que no eran cosas de mujeres.
Pasados los
años, Agustina, consciente de los prejuicios que había tenido que
lidiar en su adolescencia y juventud, escribiría: "Ahora las
señoritas estudian, pintan, escriben, trabajan, salen solas y no
está mal visto; yo que siempre he roto filas, no me negareis que en
muchas de estas causas he hecho de Cristo. Ya pasó".
Todavía,
en nuestros días en un libro sobre Granada, pervive aquella visión
fanática, cruel, de los hombres de su época, aunque su intención
sea deliberadamente irónica, conserva una fuerte carga de
prejuicios. Sin embargo, para nosotros contiene otra lectura la
imagen sugestiva de mujer emancipada y valiente, que amplía a
nuestros ojos su valiosa personalidad. Cuenta el autor con una visión
inmovilista: "... vestida de hombre en el salón del entonces
café Suizo, a la hora de más clientela y subida en una silla,
empezó a voz en grito a buscar prosélitos de sus credos
libertadores".
Más adelante refiere la actitud de Agustina
en el transcurso de una manifestación: "... la Zapatera sola,
en medio desierta plaza [la del Carmen] frente a los Civiles se abrió
el blusón como para dar más facilidad de penetración a los
proyectiles y dio un grito que quiso ser lapidario pero que se quedó
en cómico por venir de quien venía: '¡Cobardes! ¡Disparad y
matadme! ¡Viva la anarquía!".
Agustina González, en 1928,
empezó a publicar una serie de Opúsculos Filosóficos, sobre Las
leyes secretas. En su Reglamento Ideario del Entero Humanista
Internacional, aspiraba nada menos, que a borrar las fronteras, a
crear la moneda universal; el Palacio de Todos, para dar alojamiento
a los desheredados del mundo; grabar en una bandera blanca solo dos
palabras: Alimento y Paz, para erradicar las hambrunas del mundo…
Cuando se prepara para conquistar un escaño: su espíritu altruista
la lleva a escribir en un manifiesto: "¡Humanistas,
socialistas, sindicalistas, comunistas, libertarios! Votad a Agustina
González López, que se presenta a Diputada para las Cortes
constituyentes por las cuarenta y nueve provincias de España y por
sus pueblos…".
Desde niña la lectura fue el campo de sus
aventuras, donde espoleaba su curiosidad. Sobre todo en los libros de
ciencia. Su pasión por la Astronomía la llevó a creer que, tal
vez, en otra reencarnación, su destino fue el de astrónomo. De los
siete a los nueve años estuvo interna en el colegio de Santo Domingo
y, a esa edad, las monjas descubrieron su extraordinaria
disponibilidad para el estudio de la Astronomía.
De ahí, que
las gentes no entendieran cómo, en el momento de su fusilamiento en
Víznar, alzara sus ojos pidiendo clemencia a las estrellas. Aquel
gesto lo calificaron de escándalo y hubo quien hizo mofa de lo que
creían debilidad. Claro, que peor fue la difamación. En el libro El
asesinato de García Lorca, podemos leer el testimonio: "Trescastro
exclamó: 'Yo he sido uno de los que hemos sacado a García Lorca de
la casa de los Rosales. Es que estábamos hartos ya de maricones en
Granada. A él, por maricón, y a La Zapatera, por puta".
La Real Chancillería elabora una guía para su archivo
VALME CORTÉS - Granada - 01/02/2010
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/Bucear/Guerra/Civil/elpepiespand/20100201elpand_10/Tes/ Página vista el 17 de Julio de 2010.
...Cada mes se expone en el archivo un documento para difundir los fondos. De la jurisdicción de responsabilidades políticas se ha elegido en esta ocasión el expediente que se le instruyó a Agustina González López, conocida como la Zapatera, y en quien se cree que se inspiró Federico García Lorca para escribir La zapatera prodigiosa. Fue una intelectual y activa política feminista, a la que se acusó de extremista y revolucionaria, y que fue fusilada al principio de la guerra.
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