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TELEPRENSA.(26/02/07) - “Hice mi trabajo con amor”. Elegante, simpática y agradecida a todos, se ha presentado María García Torrecillas en el homenaje que la Junta de Andalucía y la Cruz Roja le han realizado por su labor solidaria durante toda su vida. De izquierdas convencida, aunque sin afiliarse a ningún partido político, María exilió de España tras la toma de Barcelona por el bando franquista durante la Guerra Civil. Esta almeriense, nacida en Albánchez en 1916, lleva una recuerdo permanente en su mente: la imagen de los alambres de espinas del campo de refugiados en Francia. “Estamos ante una de las mujeres más emblemáticas del exilio republicano, y una de las más relevantes en el panorama de la solidaridad internacional”, afirma Carmen González, profesora de la Universidad de Almería.
María
recibirá el miércoles 28 de febrero de la mano del
presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, una de las
medallas de Andalucía 2007. Emotivamente, María
recuerda a Elisabeth Eidenbenz, mujer que le instruyó como
enfermera en la Maternidad de Elne, donde trabajó durante dos
años y medio. “Elisabeth es todo corazón, es una de
las personas a las que más quiero. Gracias a ella 548 mujeres
y niños salvaron su vida, y a no ser por esta mujer yo hubiese
tenido que ir al campo de concentración”.
Biografía
María
García Torrecillas es un ejemplo de las mujeres andaluzas que
se vieron obligadas a exiliarse a causa de la Guerra Civil, nació
en la localidad almeriense de Albánchez en 1916, en el seno de
una modesta familia numerosa, y actualmente reside en Monterrey
(México). Su biografía está marcada por el
sufrimiento y la persecución, pero también por el
heroísmo y la entrega a sus semejantes.
Con veinte años
María emigró a Barcelona, ciudad en la que colaboró
con la República durante la contienda española y en la
que trabajó en una fábrica de hilos. La llegada de las
tropas franquistas motivó su exilio a Francia en 1939, donde
compartió junto a su pareja, Teófilo Sáez, la
dureza de los campos de refugiados de las playas de Argelés.
Posteriormente empezó a trabajar en la Maternidad de Elne
(pueblo cercano a Perpiñán), dirigida por la enfermera
suiza Elisabeth Eidenbenz, con el objetivo de atender a las mujeres
refugiadas. En este centro, donde nació su hijo Felipe, María
García Torrecillas desarrolló una labor humanitaria
excepcional en la tarea de proteger y ocultar a madres, especialmente
judías y polacas, buscadas por los nazis.
Cuando las
tropas alemanas estaban a punto de cerrar la Maternidad de Elne,
María se exilió a México, país en el que
prosiguió con su labor como enfermera. Allí se casó
con otro refugiado español, José Fernández.
Desde entonces sólo ha vuelto a España en dos
ocasiones, la última en diciembre de 2005 para participar en
Barcelona en un homenaje a Elisabeth Eidenbenz organizado por la
Generalitat. Y por supuesto en el homenaje en la tierra que le ha
visto nacer.