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Opinión. No a la Toma.

Publicado originalmente en el Boletín Andalucía Libre

Una crítica y una alternativa a como se conmemora la conquista de Granada por las tropas castellanas en 1492. Pincha aquí para leerlo.

Almería, Baza, Málaga, Jerez, Sevilla, Granada... son ciudades andaluzas donde, aún hoy, se sigue conmemorando oficialmente las fechas respectivas de su Conquista por las tropas castellanas, entre quinientos y setecientos años después de los hechos en cuestión.

Celebraciones nacidas al calor del orgullo feudal del conquistador y de humillación, sometimiento y ocultación para los vencidos; afirmaciones de lealtad a la Corona, de integrismo católico y recordatorio inquisitorial; actos de exaltación colonialista al calor de las guerras en Marruecos... días para españolear, siempre.

Convertidas en tradición o rutina, inadvertidas o destacadas, cada Toma es una muestra viva de cuanto le falta a Andalucía para recuperar e imponer su dignidad nacional. Defendidas tanto por alcaldes andalucistas, del PSOE y del PP... la oposición a las Tomas ha sido punto de encuentro de nacionalistas y gentes de izquierda, particularmente en Granada, punto focal de la mitología españolista (1492) y por tanto escenario privilegiado de la confrontación. Y cuanto más se ha expresado el rechazo a través de actos alternativos, mociones, articulos..., más descarnadamente se ha manifestado su carácter reaccionario, hasta el punto de recibir excusiones de fascistas encantandos de poder ondear la estanquera.

Políticamente incorrectas, por su evidente xenofobia implícita, ya el PP intentó combinar en Granada el mantenimiento de sus rasgos reaccionarios españolistas con la introducción de gestos y actos secundarios, como la ofrenda floral a la estatua de Boabdil, ultimo emir nasri de Granada, con los que endulzar y atenuar el tufo a cuartel legionario del acto. Incluso invitó a una cohorte de diplomáticos de regímenes árabes acreditados en Madrid que, una vez convenientemente advertidos de dónde se metían y de cómo sería políticamente utilizada su presencia, fueron en cascada excusándose para evitar aparecer como complices. Un cargo de Tetuán que hizo caso omiso a estos consejos, tuvo que dimitir una vez vuelto a Marruecos.

Ahora gobierna en el Ayuntamiento de Granada una coalición PSOE-IU-PA. Han montado las correspondientes Jornadas, levantado un Foro, consultado expertos... para al final, mantener todo el ritual de la Toma: tremolación del pendón castellano desde el balcón municipal, revalida de lealtad a los conquistadores, vítores a los Reyes católicos (si, ¡a los reyes católicos!), parada militar con banda de música y toque de himnos, misa con el arzobispo, tremolación ante la tumba de los Reyes católicos... Parece ser que a esto le sumarán la lectura del inevitable Manifiesto por la Tolerancia y con esto pretenden haber limpiado de mugre el evento.

En sus momentos de mayor lucidez, los defensores vergonzantes de la Toma argumentan que en Granada se ha convertido en un acto más de las fiestas navideñas (se realiza el 2 de Enero) y que la tremolación con las preguntas retóricas "Granada", a la que la multitud de la plaza contesta por tres veces "¿Qué?", son intocables.

Lo que todavía no han respondido es porque no reconvierten la Toma en un Día de Granada, tal y como con detalle se proponía en una Moción presentada en el Ayuntamiento el pasado mandato por un concejal nacionalista, entonces en IU, que no fue aprobada por los votos contrarios de PP-PSOE. Conservando los "Granada" y los "qué", es decir, los elementos incorporados a la costumbre popular, sustituía el pendón castellano por la Verdiblanca; los vítores a los reyes castellanos por la Libertad, la Igualdad y la Solidaridad y la visita a la tumba de Isabel y Fernando por actos en memoria de Mariana Pineda (liberal ejecutada por los absolutistas), García Lorca, etc. El contenido del acto cambiaba de raíz, evidentemente. Precisamente por esto es por lo que la Moción se rechazó y la Toma -maquillada- se mantiene hoy.

Por eso, también, hay que seguir oponiéndose a la Toma; porque en esta cuestión lo que se confrontan no es sólo dos visiones de nuestro pasado sino sobre todo dos proyectos de futuro: el de una Andalucía española y subordinada frente al de una Nación andaluza libre y soberana.


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