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ANDALUCIA 2000

Javier Pulido javierpulido@jazzfree.com en este Articulo de opinión hace un balance de las Elecciones andaluzas de 12 de Marzo de 2000 y de la situación política de Andalucía. No es un balance para recrearse en el pasado, sino para poner una piedra en la construcción de la una izquierda andaluza.

Las elecciones andaluzas de 2000 se han vuelto a realizar, por voluntad del PSOE, diluidas y condicionadas por el debate estatal, al coincidir con las generales. En esta ocasión, la operación no le ha salido bien a Cháves pues todo apunta a que la simultaneidad a quien ha beneficiado es al PP. Así lo admite hoy hasta el mismo PSOE.

El PSOE se mantiene en los escaños de 1996 (52). El PP crece (46, +6), reafirmando su hegemonía urbana. El PCE-IU se hunde (6, -7), obteniendo los peores resultados desde 1982 inclusive. Los regionalistas del PA suben moderadamente (5, +1); discreta renta de su condición de bisagra. La abstención aumenta, pero ni su cuantía ni el contexto permiten leer ahí nada más del habitual cóctel de impotencia, apatía e ignorancia. El voto nacionalista sigue reducido y disperso, repartido entre Izquierda Andaluza (una escisión de IU que se alío con IC-Verdes en las europeas), 10.350 votos; Nación Andaluza (independentista), 4.879 y Asamblea de Andalucía (el frente electoral del PCPA que se orienta al nacionalismo), 4.256.

En estos últimos cuatro años, la Junta ha persistido en su política tradicional social-liberal. La sanidad y la enseñanza públicas han continuado degradándose frente a sus competidores y parásitos privados. Ha crecido el empleo pero precario y sin que disminuya el plus de paro estructural andaluz; sigue reinando la economía sumergida y no ha habido señal alguna de reindustrialización. La Junta mantiene la plena aceptación del papel económico subordinado de Andalucía en el marco estatal y europeo. Andalucía, aún en plena fase expansiva del ciclo, sigue sin acortar distancias y en el furgón de cola; con el horizonte cierto de una relación global con Marruecos que se hace por momentos más compleja y sin disponer de los imprescindibles instrumentos políticos propios con los que diseñar soberanamente su futuro nacional.

La novedad de este periodo se encuentra en que, por primera vez desde 1982, el PSOE no gobernaba a la vez en Madrid y en Andalucía. Así, la Junta ha actuado como baluarte de oposición y desgaste frente al PP en Madrid y en los grandes ayuntamientos urbanos andaluces. Es lo que se ha venido en denominar la confrontación, es decir, la táctica de utilizar asuntos como arma arrojadiza mutua entre diferentes instituciones administradas por PSOE o PP, sabiendo que, dado el consenso de fondo existente, los papeles podían estar perfectamente intercambiados de ser otra la coyuntura. En este apartado destacan los conflictos por el no reconocimiento por el Gobierno español del censo real andaluz, el modelo de financiación autonómica, la distribución de las transferencias europeas o las posiciones respectivas ante la reforma de la OCM del aceite de oliva. La otra pata de la confrontación ha radicado en gestos de baja entidad presupuestaria –la atenuación controlada del recorte en medicamentos o una mísera propina para las pensiones asistenciales, por ejemplo- por los que el PSOE en Andalucía, para ganar imagen social, alteraba medidas del PP adoptadas en Madrid. Estos gestos han constituido el basamento fundamental de la autopresentación del PSOE como "la izquierda" y en su delimitación frente al PP. Pero, junto a la confrontación se ha dado no poca colaboración o coincidencia: la actuación ocultista frente a las responsabilidades del desastre ecológico de Aznalcollar; el comportamiento previo y posterior a la explosión racista antimarroquí de El Ejido; la política de pactos sociales con CCOO-UGT... Esta faceta colaboradora entre PSOE y PP ha merecido, como es de suponer, mucha menos atención editorialista por la prensa afín a ambos. Precisamente allí donde el PSOE apostó por una orientación más diferenciada –la creación de un sostén financiero propio mediante la fusión de las cajas de ahorros andaluzas- es donde ha obtenido su mayor derrota, teniendo que ceder ante la presión combinada del PP, la patronal, la Iglesia, La Caixa y CajaMadrid. Al final, ha tenido que renunciar al proyecto de Caja Unica.

En Andalucía, el PSOE sigue practicando y encarnando el españolismo verdiblanco. Día a día, desde la Junta y desde su cohorte de intelectuales orgánicos, actúa como agente activo de asimilación y desnacionalización. Sólo hay que recordar, como botón de muestra, la inmediata y exaltada reacción descalificadora de sus portavoces oficiosos frente a la masiva y espontanea identificación popular con "Solas" –la gran película de Benito Zambrano, hablada en andaluz- y sus esfuerzos a coro por desviarla a la inocua categoría de universal. Sin embargo, cuando las elecciones se acercan el PSOE no siente escrúpulo alguno en escoger como lemas "Andalucía, lo primero" y luego "Por Andalucía". Habría que haber escuchado los gritos histéricos de su falange sureña de epígonos de Savater o Elorza del tipo de Muñoz Molina o García Montero, si a Pujol, Arzallus o Beiras (no digamos a Otegi o Carod Rovira) se les hubiera ocurrido adoptar frases similares en Cataluña, Euskadi o Galicia. El proyecto "Andalucía emprende" resume la otra cara del discurso del PSOE y evidencia su deriva neoliberal pronunciada. De la mano de Felipe González y Chaves –en el mejor estilo Tony Blair o George Bush Junior- el PSOE plantea como mágica solución al subdesarrollo andaluz que los parados, particularmente mujeres y jóvenes, sustituyan la decimonónica aspiración a un empleo fijo asalariado por su conversión en empresarios emprendedores según el modelo Bill Gates. Ni siquiera el PP se permite todavía tales niveles de descaro en su discurso electoral.

El PSOE ha forjado tras de sí en Andalucía, en sus 18 años de gobierno ininterrumpido, un sólido bloque de intereses. Recibe el apoyo explícito de CCOO-UGT, que agradecen así el río de subvenciones públicas del que depende la subsistencia de sus aparatos. Un modelo que también aplica sectorialmente con sus organizaciones pantalla como la FOAM (Pensionistas) o la red clientelar articulada en torno al Instituto Andaluz de la Mujer; con organizaciones aliadas como FAECTA (cooperativas) o controladas, como la CAVA (asociaciones de Vecinos). La ultima adquisición deviene de la compra de Los Verdes -integrados en sus listas- que queman etapas para no perder comba de su referente alemán; aunque en Andalucía lo hagan en clave de esperpento. Por el contrario, a Nueva Izquierda, cumplida su función, la tiran para que descanse en el basurero de la historia. Socialmente, cabe destacar que mantiene el apoyo de buena parte de las mafias profesorales que han tomado posesión de las universidades andaluzas y el sostén rural creado por el subsidio agrario en la Andalucía interior.

Con todo, el PSOE de aquí siente también en su cogote el aliento del PP. Aún revalida mayoría pero, a la vez, percibe que el pensamiento único conservador y españolista que ha gestado, legitima y afianza paulatinamente al PP; erigiéndolo en alternativa creíble también en Andalucía. Chaves lo reconoce así cuando afirma su preocupación porque el PP les esté arrebatando la bandera de lo que ellos denominan "modernidad". El PP crece al rebufo de su ola estatal pero también del hastío por tan larguisimo mandato del PSOE. Además, el neoliberalismo con compasión del PP ha hecho que la derecha no despierte el terror de no hace mucho entre la población subsidiada, fundamentalmente del campo: "Si no ha quitado las pensiones, ¿por qué va a quitar el subsidio?". Signo de los duros tiempos que vive la izquierda en este país nuestro es que el PP se haya permitido la doble desfachatez de presentarse bajo el lema "La Revolución que Andalucía necesita" (sic) y con una cabecera de cartel para la Junta que ni siquiera es andaluza y que aflige al oído con su recio acento castellano; sin que ambos desmanes le hayan provocado perjuicio alguno perceptible.

Los resultados del PCE-IU son un desastre total. Aún así, teniendo en cuenta su política, su desimplantación militante y su aislamiento, lo sorprendente es que todavía retenga el voto de 325.000 andaluces (8,1%). Muchos votos aún para un partido al que su autoasumida condición de fuerza complementaria y subordinada al PSOE lo sitúa como una formación políticamente innecesaria, prescindible. Una situación que recuerda a la que en su día afectó a Euskadiko Eskerra y hoy a Iniciativa per Catalunya.

La campaña del PCE-IU, con el gracioso Romero a su proa, se ha centrado en ofertarse a Chaves como socio menor en el futuro Gobierno andaluz. Este sonsonete se ha repetido hasta la extenuación propia y saturación ajena (ciscándose, por cierto, por enésima vez en los comprobadamente inútiles documentos políticos de IU-CA) pese a los reiterados desprecios del PSOE. Queda para los anales del bochorno político la escena vista en el debate televisivo de Canal Sur cuando, sentados uno junto al otro y tras sucesivos ofrecimientos y requerimientos de Romero a Chaves, acompañados de miradas cómplices y afectuosos tirones del antebrazo presidencial, este le espetó a Romero en su cara aquello de: "Tranquilo Antonio; que se te van a romper los nudillos de tanto llamar a la puerta". Aún un tipo tan correoso y desenvuelto como Romero –que, después de un cuarto de siglo de empalmar liberaciones, todavía se permite el chiste de autodefinirse profesionalmente como jornalero- no pudo ocultar su tribulación. Ya Chaves, implacable, le había refregado a Romero que, si lo que definía a la izquierda era el acuerdo estatal PSOE-IU, esa era precisamente la política que el PSOE había desarrollado desde la Junta; así que ya podía empezar el PCE-IU a reconocerlo y a autocriticar su pasado.

El patético discurso electoral del PCE-IU se articuló en dos ejes. Primero; mentir de palabra y por escrito con increíble cinismo sobre los contenidos del pacto PSOE-IU haciéndole decir, por ejemplo, que incluía el compromiso de implantar por Ley las 35 horas sin reducción de salarios. Es imposible saber a cuanta gente han conseguido engañar con embustes de este tipo. Segundo; en un nuevo alarde españolista, propio de presuntos "internacionalistas" de esta calaña, enfatizar en la virtualidad del acuerdo con el PSOE como vía para meter en cintura y pararle los pies a Pujol y Arzallus, fortaleciendo al Estado español (federalizante, por supuesto). En esta ocasión no ha habido concesiones cara a la galería para contentar a la parte nacionalista de la parroquia. Alcaraz, Rejón, Romero y cía. no se han permitido alegrías citando marginalmente de rondón alguna indefinida "construcción nacional de Andalucía" o recurso similar al uso, practica habitual en anteriores convocatorias. Por el contrario, han dejado bien remachado sin lugar a dudas que el federalismo del PCE-IU sólo es una forma renovada, a sus ojos más eficaz, de defender a España. La única voz que se escuchó públicamente propugnando la Soberanía Nacional de Andalucía fue la de Sánchez Gordillo pero esta vez era absolutamente evidente que cuando lo hacia sólo se representaba a sí mismo y en absoluto a IU. Toda la dirigencia reconocida del PCE-IU cerró filas en defensa del giro a la derecha y el acuerdo con el PSOE, por encima de las crónicas disputas familiares entre el clan Alcaraz/Romero/Vaquero y el clan Caballero/Rejón/Aguilar. Incluso consiguió la connivencia –por medio de un silencio ominoso- de un sector de CUT-BAI (Cañamero) instalado en el seguidismo acrítico del PCE. Sánchez Gordillo, por su parte, tuvo al menos la suficiente dignidad política y personal para denunciar públicamente con rotundidad el pacto PSOE-IU.

Es obligado recapitular algunos acontecimientos para poder entender la gestación de este sórdido aunque clarificador espectáculo. En la ultima y reciente Asamblea nacional de IU-CA (nov. 1999), CUT-BAI ganó un 30% de apoyos desde una oposición política nítida al giro a la derecha, la defensa de una estrategia realmente comprometida con la lucha por la Soberanía Nacional andaluza y la reivindicación de un pluralismo efectivo. Para que esto no quedara reducido a un brindis al sol era fundamental trasladar esta representatividad y estos contenidos al Grupo parlamentario futuro. El PCE no estaba dispuesto a admitirlo así que en diciembre pasado laminó de forma humillante a CUT-BAI; asegurándose el monopolio de la representación parlamentaria de IU-CA y por ende el control absoluto de su orientación y discurso públicos. La consecución por parte del PCE de esta victoria aplastante, prerrequisito ineludible para lo que vino después, sólo fue posible por la capitulación política de la mayoría de CUT-BAI ante el ultimátum del PCE. Consecuencia inmediata de ello fue la salida de CUT-BAI de Granada, tanto de CUT-BAI como de IU.

Pasada la campaña y las elecciones, CUT-BAI vuelve a estar en crisis por la confrontación creciente entre Cañamero –que defiende la continuidad en IU a toda costa, pase lo que pase- y Sánchez Gordillo, al que sus errores y sus ambigüedades arrastradas le están pasando factura. En el PCE-IU, Alcaraz ha capeado hábilmente el temporal postelectoral anudando nuevas alianzas, cambiando piezas de sitio y sobre todo, aprovechando la inconsistencia de sus adversarios en el PCE que ni saben, ni quieren ni pueden enfrentarle algo más que vaciedades y odios personales, carentes de atisbo alguno de política alternativa. Y en ese terreno acotado de la maniobra y la cooptación internas, Alcaraz es maestro; así todo indica que mantendrá sobre el PCE-IU en Andalucía el patronazgo que ostenta desde los tiempos de Santiago Carrillo.

Chaves pudo escoger cómodamente entre tres opciones de Gobierno: 1ª. Coalición con el PA. 2ª. Gobierno en solitario, con algún tipo de pactos parlamentarios bien con IU, bien con el PA; 3ª. Coalición con PCE-IU. La experiencia de la anterior legislatura ya demostró que, aparte del gasto menudo en colocaciones de andalucistas en el aparato institucional de la Junta, la gris inclusión regionalista en el Gobierno no le suponía al PSOE coste político significativo, mientras le aportaba tranquilidad parlamentaria; afianzando su continuismo social-liberal y españolista. El hecho de que el PA estuviera en crisis abierta desde la misma noche electoral, cuando el candidato Pacheco acusó a la dirección andalucista de haberle boicoteado la campaña, no ha modificado finalmente el previo designio de Chaves. La trifulca incluye amenazas de escisión del grupo parlamentario andalucista o incluso de ruptura del acuerdo en caso de que la actual dirección pierda el próximo Congreso regionalista. Aún así, el PSOE ha apostado porque las sinecuras y regalías que renueva su pacto con Rojas Marcos/Ortega ejerzan de mano de santo pacificadora en el PA. Con todo, la algarada de Pacheco contra Rojas Marcos –un nuevo episodio de su guerra cainita secular motivado por la disputa del control sobre la interlocución con el PSOE- ha demostrado, por si hubiera alguna duda, las motivaciones espureas de la coalición PSOE-PA, que –según confirma Pacheco- se asientan en el reparto de cargos y en la búsqueda de protección para la especulación urbanística.

Chaves descartó la coalición con el PCE-IU. Aún resultándole muy barata y asequible por la renovada disponibilidad del PCE-IU, era difícilmente conciliable con su posición política en la crisis estatal del PSOE. El PCE-IU, una vez desairado y rechazado por el PSOE como un pañuelo usado, hace ahora de la necesidad virtud e intenta, sin ninguna credibilidad, volver a sacar del baúl retales del desenmascarado "programa-programa-programa". No obstante, incluso hoy, tampoco oculta su predisposición a responder positivamente al PSOE, así tenga a bien demandarlo Chaves en cualquier momento futuro. En resumen, el PSOE sólo depende de sí mismo para escoger qué, quien, cómo y cuando; ni PCE-IU ni PA, están hoy en condiciones políticas de amargarle la vida.

En cualquier caso, la izquierda andaluza consecuente tiene por delante una dura travesía del desierto. Frustrado el atajo del pase por IU; superada la experiencia de insertarse en organizaciones de ámbito estatal o referencia española; la tarea pendiente incluye destacadamente convencerse de que esta izquierda con aspiración revolucionaria sólo será consecuente con su tiempo y con su país si asume sin medias tintas la referencia y la estrategia nacionalista y con voluntad de duración y las mediaciones tácticas y pedagógicas necesarias, afronta con decisión el objetivo estratégico de la independencia de Andalucía; la mejor forma de contribuir desde su nación a la emancipación de la Humanidad.

Pero esto, como suele decirse, será otra historia...

JAVIER GONZALEZ PULIDO

Granada, 26 de Abril de 2000

Andalucía.















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