Bajo el disfraz de la libertad de precios nos encaminamos a una real disminución de la libertad de expresión de las ideas en su forma de Libro. La Libreria Proteo nos remite un análisis sobre la polémica decisión de permitir que un autentico dumping a las grandes superficies.
EL NUEVO DECRETO
Disculpe que le robe su atención unos minutos para informarle sobre el Decreto-Ley de 23-junio-2000, en el que el Gobierno liberaliza los descuentos en los Libros de Texto para la Enseñanza Obligatoria.
Usted ya conoce que cada libro tiene un precio único o fijo. Único, porque a ese precio debe ser vendido ese libro en cualquier librería de España. Así es hasta ahora la normativa vigente, que se aplicaba de manera similar a revistas y periódicos.
El nuevo Decreto dice que los Editores deben seguir fijando el precio único, pero los vendedores de libros de texto pueden legalmente hacer descuentos ilimitados, hasta venderlos a precio de coste, sin ganar ellos una peseta. ¿Tan generosos se han vuelto?
Esta medida parece liberalizadora, pero es puramente intervencionista: favorece en exclusiva a las grandes superficies y perjudica gravemente a la red de librerías de nuestro país. ¿Cuántas librerías podrán competir en igualdad en esas condiciones con las grandes superficies?
El descuento ilimitado en los libros de texto se convierte así en reclamo para vender muchas otras cosas al precio que quieran, aunque para ello se malbarate el valor del libro y la cultura. Las familias deben saber que el coste de los libros de texto es sólo una de cada cinco pesetas del total que se tienen que gastar cuando llega septiembre. Los demás artículos (zapatillas y ropa deportiva, mochila, etc) son las otras cuatro de cada cinco pesetas. En esos artículos, vendidos también en las grandes superficies, es donde se repercuten con creces los descuentos en los libros.
CUANDO LLEGUE SEPTIEMBRE
El espectáculo de la sección comercial correspondiente, en la vuelta al cole, será bochornoso para quienes mantengan una mínima sensibilidad por el libro y la cultura: "las zapatillas y el chándal, a su precio; los móviles y las tarjetas, a su precio; las carteras, el uniforme, etc., a su precio; los libros, con el ------% de descuento". ¿Quiere de verdad este Gobierno mejorar la enseñanza de la historia, de las humanidades, la cultura...? Con cosas tan serias no se debería jugar.
Los libreros y librerías que sólo venden libros, aunque quisieran, no pueden pervertir el valor de los libros y la cultura con descuentos ilimitados. ¿A cambio de qué podrían hacerlo? Arriesgan en ello su propia subsistencia. Decir, como ha dicho estos días el Ministro de Economía en ABC, que "les damos la oportunidad a los pequeños libreros de competir con los grandes", es un gesto de cinismo o ignorancia absolutos.
Los dueños de los Hiper lo entienden bien: "El decreto del Gobierno es el mejor posible para nosotros. Nos ha hecho el cartel publicitario: "Los libros de texto, ¡con el ___% de descuento!...(algunos no se atreven a decirlo tan claro y dicen: ¡a precio de coste!). Vendemos los libros sin ganar una peseta con tal de hacer clientes para otros productos". Como se ve, para este Gobierno y estos Hiper, los libros de texto son productos de saldo permanente, la cultura y los libros son sólo objeto de menos-precio.
EL PORQUÉ DEL PRECIO ÚNICO
La normativa del precio único de los libros, desde siempre, ha sido un mecanismo para mantener el ecosistema del libro. La venta de libros de mayor tirada y rotación rápida, como es el caso de los libros de texto o los best-sellers, garantizaba la permanencia en las librerías de muchos libros de baja demanda (los de lenguas y materias minoritarias, como la poesía, el ensayo, etc), tan imprescindibles para asegurar el paisaje multicultural.
El precio único ha garantizado la libertad de creación y de edición. Al tiempo, la amplia red de librerías diseminadas por ciudades y pueblos, facilita el libre acceso de todos los ciudadanos a todos los libros.
Además, cuando se ha roto la norma del precio único, los precios siempre han subido.
Con su decreto, del que no ha aportado ninguna justificación económica, este Gobierno siega la hierba a muchos libros, muchas librerías y, un poco más tarde, a muchas pequeñas editoriales.
Si es usted padre o madre de alumnos o alumnas, reflexione más allá de los reclamos comerciales de este mes de septiembre. Lo que las grandes superficies comerciales le "regalan" en descuento con los libros de texto, se lo cobrarán con creces en otros productos. Es su forma de negocio habitual, aplicada sin contemplaciones. La cultura y los libros quedan convertidos en los últimos productos de la fila.
La lucha a favor del precio único de los libros de texto y de todos los libros es una lucha por la libertad de creación y la riqueza cultural. Nuestras pequeñas librerías y las pequeñas editoriales, por cuya pervivencia luchamos también, son una condición importante de la misma libertad y riqueza cultural.
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