El virreinato comprendía, por
el Sur, toda la América Central (Guatemala, El Salvador, Nicaragua,
Honduras y Costa Rica), salvo la gobernación de Castilla de
Oro con la estratégica ciudad de Panamá. Por el Este,
incluyó al Golfo de México y al Mar de las Antillas.
Sin embargo, el territorio insular compuesto por las Pequeñas
y Grandes Antillas, vale decir, Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico
entre otras, no formó parte de Nueva España, constituyendo
gobernaciones independientes
Al Norte, la frontera
del virreinato fue avanzando gradualmente a medida que las huestes españolas
doblegaban la resistencia que oponían los temidos pueblos chichimecas.
La jurisdicción de Nueva España incluyó, finalmente,
parte de los actuales estados de California, Texas, Nuevo México,
Arizona, Utah, Nevada y Colorado, pertenecientes a Estados Unidos desde
1848.
Hacia el Oeste, Nueva
España limitaba con el Océano Pacífico, hasta que
se le agregó la administración de las Islas Filipinas,
conquistadas en 1564 por la expedición de López de Legazpi.
Posteriormente, Nueva España comerciaría con Filipinas,
Japón, China, India y otros países de Asia, a través
del llamado "Galeón de Manila", conocido también
como "Nao de la China", que zarpando del Puerto de Acapulco
en Nueva España, hacía viajes anuales, de ida y vuelta,
a Manila, capital de las Filipinas.
Nueva España
alcanzaba del orden de 4 millones de habitantes de acuerdo a las estimaciones
de algunos investigadores.
En la segunda mitad
del siglo XVI, el virreinato de Nueva España empeñado
en la consolidación de sus fronteras y la búsqueda de
recursos mineros y agropecuarios, allanó el camino a su futura
preeminencia dentro del mundo colonial. En efecto, tras un siglo XVII
caracterizado por altibajos económicos que afectaron tanto a
la metrópoli como a sus colonias, Nueva España se convirtió,
a partir de las primeras décadas del siglo XVIII, en la unidad
política hegemónica de ultramar, superando incluso al
virreinato del Perú.

Hernán Cortés
- Conquistador de México
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PRIMERAS EXPEDICIONES
A CALIFORNIA
Durante casi
dos siglos, hasta fines del XVII, la península de California
se mantuvo ajena a México, apenas conocida e inconquistable.
Hernán
Cortés, conquistador de México, fue también
el descubridor de California, así llamada, por primera
vez en 1552, por su capellán, el historiador Francisco
López de Gómara.
Dos expediciones
organizadas por Cortés, otra conducida por él
mismo en 1535 y una cuarta en la que confió el mando
a Francisco de Ulloa, sirvieron para descubrir la Península
de California, pero se mostraron incapaces de poblarla.
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Aquella era tierra inhóspita,
muy calurosa, dura y estéril, en la que no podían mantenerse
los pobladores españoles, que a los pocos meses se veían
obligados a regresar a México. Vivían en ella diferentes
tribus indígenas que hostilizaban los intentos novohispanos de
colonización. El Virrey Mendoza intentó de nuevo su conquista.
Después Pedro de Alvarado y Juan Rodríguez Cabrillo. Fracasaron.
Felipe II, ante el peligro que corría California a causa del
pirata Drake, mandó poblar con colonos aquella región.
Sebastián Vizcaíno
fundó entonces el puerto de la Paz, al Sur de la Península
de California, pero, en 1596, hubo que desistir de la empresa una vez
más. Felipe III da la misma orden que su antecesor, Vizcaíno
funda Monterrey, y regresa con las manos vacías en 1603. Años
después, en 1615, se da licencia al capitán Juan Iturbi,
sin resultados.
Ortega, Carboneli y otros fracasaron
igualmente en los años siguientes. El impulso que parecía
decisivo para poblar California fue conducido, con grandes medios, navíos
y soldados, por el almirante Pedro Portal de Casanate en 1648, pero
tampoco tuvo éxito.
Carlos II, ordena un
nuevo intento, y en 1683 parten dos naves al mando del almirante Isidro
de Atondo y Antillón, y en ellas van el jesuita Kino y dos jesuitas
más. Pero tras año y medio de trabajos y misiones, se
ven obligados todos a abandonar la Península de California. Fue
entonces cuando una junta reunida en México por el Virrey, después
de 20 expediciones marítimas realizadas en casi dos siglos, declaró
que California era inconquistable. Como se puede apreciar, el ejemplo
de Hernán Cortés, como explorador y conquistador de nuevos
territorios, animó a una serie de particulares en la conquista
de California, además de los Gobernadores, Almirantes y Virreyes
que se emplean en el logro de esta meta, pero fracasan en la conquista.
Luego de la fallida
expedición del Almirante Isidro de Atondo y Antillón,
y de otras expediciones anteriores, la Corona de España determinó
que la conquista de California parecía imposible de lograr en
el corto plazo, y dispuso la prohibición de efectuar nuevas expediciones.