PERFILES FLAMENCOS

Pepe Marchena. Cantaor
  Marchena (Sevilla), 1903- Sevilla, 1976

"Para unos, Pepe Marchena es la primera mentira del cante; para otros, su última verdad". Con estas palabras, el flamencólogo Manuel Barrios define perfectamente lo que el más controvertido de los cantaores representó para los aficionados de los años veinte en adelante. Ningún cantaor ha sido más vilipendiado y ensalzado al mismo tiempo; a ningún otro cantaor le han hecho tan responsable de llevar el cante a su más alta expresión de pureza o por el contrario, de despojarlo de toda jondura y sinceridad. Nacido en una familia humilde sin antecedentes artísticos, a los siete años ya acaparaba la atención de los mayores, deseosos de escuchar a aquel niño "que prometía". A los doce, ya se le conocía no solamente en Marchena sino en muchos pueblos a los que iba a cantar, tendiendo la mano abierta, que no siempre se cerraba a su gusto y necesidad. Y, de ahí en adelante, cantando por toda Andalucía, con un estilo y una forma dc interpretar los cantes completamente nuevos, pero que gustaban y con los que ganaba rápidamente adeptos. Respaldado por un público incondicional, triunfa en Jerez y Sevilla y poco después, en 1920 el reconocimiento definitivo en Madrid.

La heterodoxia de Pepe Marchena se pone de manifiesto desde el principio. Su forma de adornar el cante con falsetes y filigranas, sus pretendidos cruces estilísticos, lo apartan totalmente de las reglas establecidas en el cante flamenco. El entonces llamado Niño de Marchena se apoya en los fandangos y fandanguillos, en los aires de ida y vuelta venidos de América y en otros estilos más livianos para, con una frivolidad imperdonable, autoestimarse "el maestro de maestros y, llevando la "creación personal" hasta el paroxismo, ir conformando lo que sería, con la ópera flamenca, el fenómeno arrollador dcl marchenismo. Todavía hoy es difícil hablar de Marchena, sobre todo con gente de una cierta edad que lo siguen estimando el número uno de todos los tiempos. No me considero ni considero a nadie con autoridad para reprochar el gusto de los demás porque esta es una cuestión de gustos más que de conocimientos, pero es una verdad incuestionable que el cante de Pepe, privado de sus dulces modulaciones, de sus gorjeos melismáticos, quedaba en poca cosa. Lo suyo era bonito, agradable de escuchar, pero lejos de la profundidad y desgarro de otros muchos artistas, que si ponían su sello personal en cada creación, pero sin llegar a esos arreglos personales que tanto afean y desacreditan al cante flamenco. Pero también hemos de creer al flamencólogo Pedro Camacho cuando dice que: "Los marchenistas fueron infinitamente más disolventes que Pepe Marchena".

Pena en Sevilla

Sevilla amaneció ahogada en pena
sobre un Guadalquivir verde esmeralda;
la claridad del sol, cálida y gualda,
cambióse por helada y nazarena.

Llorándole, la Virgen Macarena
de lágrimas tejióle una guirnalda
y, fue tanto el dolor de la Giralda
que echó al río su sangre sarracena.

El cante puso luto en los balcones;
la guitarra, rompiendo sus bordones
gemía musitando un Padre Nuestro;

el cielo se nubló, se ocultó el día
y Dios, hasta Sevilla descendía
para llevarse el alma del maestro.

PACO ACOSTA