PERFILES FLAMENCOS

La Paquera de Jerez. Cantaora  
Francisca Méndez Garrido
Jerez de la Frontera. (Cádiz), 1934
 

No es este su mejor momento profesional y muchos jóvenes aficionados no conocerán lo que ella representó en el panorama flamenco de los años 50-70. Mitad gitana por parte de padre, la Paquera de Jerez ha sido la que más ha destacado de una familia de gran solera flamenca y cantaora: los Méndez, afincados desde varias generaciones en el barrio jerezano de San Miguel. A la edad de 15 ó 16 años, ya era conocida por sus grandes facultades de interpretación. Con poca más edad fue contratada en el tablao madrileño El Corral de la Morería y pasó a actuar en la mayoría de los tablaos de la capital, sobre todo en el de Los Canasteros, de Manolo Caracol. Sin ser una cantaora larga, los palos que interpreta, sobre todo las bulerías y los fandangos, los hace de forma magistral, con un sentido del compás y la medida que muy pocos cantaores y cantaoras poseen. No en vano fue proclamada Reina de la Bulería en 1971. Este grito bravío, casi agresivo con que interpreta sus fandangos es un cuchillo de hielo que te penetra en la sangre y te pone al borde del colapso. Su cante, tan próximo al estilo caracolero, tiene un pronunciado sabor gitano y un especial regusto a los vinos de su tierra que, como los cantes, tanta fama han dado a Jerez de la Frontera.

La Paquera de Jerez ha paseado su arte por toda España con un gran número de espectáculos teatrales en los que ha intervenido junto a las primeras figuras del cante flamenco. En el capítulo discográfico, tiene editada una numerosa discografía que la acredita para siempre como una de las mejores intérpretes de los cantes jerezanos.  

PACO ACOSTA                   

Quejío Jerezano

Todo el compás y el duende gaditano
se estremecen oyendo como canta,
 y el puente de Carranza se levanta
 para aplaudir el Arte jerezano. 

Al tremolar su grito soberano
 hasta el cristal del aire se quebranta;
 y escapa de su espléndida garganta
 la hondura de un quejío sobrehumano.

Cantares y bodegas, en Jerez,
producen esa cálida embriaguez
que deja los sentidos palpitantes, 

pues siendo paralelos los caminos,
igual que te emborrachas con sus vinos
te emborracha la esencia de sus cantes.

PACO ACOSTA