PERFILES FLAMENCOS

Juan Breva. Cantaor
Antonio Ortega Escalona
Vélez Málaga, 1834- Málaga, 1918

De las muchas y buenas figuras del cante flamenco que ha dado Málaga y su provincia Juan Breva es, sin lugar a dudas, el mejor y más representativo de esta tierra malagueña desde donde su fama, sobradamente merecida, saltó a los ámbitos flamencos de España entera. En la gloria de sus mejores años, en el Madrid de 1884, actuaba, diariamente, en tres espectáculos distintos por lo que tenía que utilizar un coche para desplazarse de un lugar a otro. Los cafés del Barquillo y del Imperial y el Teatro Príncipe Alfonso se llenaban cada día para escuchar a este extraordinario artista, al que el Rey Alfonso XII llamaba para escucharlo cantar. En cada uno de estos escenarios, Juan Breva cobraba la, en aquel entonces desorbitante cantidad de cinco duros en oro, además de casa para él y su familia que le proporcionaba el dueño del Imparcial. Pese a esto, la fortuna del Breva sufrió varios altibajos durante su vida, viéndose al final de ella en la más absoluta de las miserias, hasta el punto que, cuando murió, hubieron de hacer una colecta para sufragar los gastos del entierro.

Mucho se ha escrito sobre Juan Breva y sobre el cante que según algunas fuentes se le atribuye, esto es, un estilo de malagueña. Sin embargo, otras voces más autorizadas y numerosas se levantan para poner las cosas en su sitio: el Breva no creó ninguna malagueña y de hecho, ningún otro cante. Lo que sí hizo, y admirablemente bien, fue recrear las bandolás de su tierra imprimiéndole su sello personal y elevándola a una categoría de las que hasta entonces carecían. Otra cosa es que los cantes abandolaos estén en el origen de la malagueña, produciéndose una evolución en esta última que la llevó a quedar tal como hoy se canta.

De todas formas, Juan Breva fue la más grande figura de su tiempo y pocas como ella han traspasado la barrera de los tiempos, llegando hasta nuestros días como tal, cantada por poetas de la talla de García Lorca, Rubén Darío y tantos otros. Y aunque no sea correcto, creo que nunca se dejará de decir “la malagueña de Juan Breva”.      

Entre la sombra y la luz

Tenía en su garganta sol, arena 
y minera sal, blanca y fragante, 
que hacían que su voz fuera un diamante 
con música y sabor de mar serena.  

Sufrió la oscuridad, triste condena 
que ensombreció la luz de su semblante,
  haciendo que la estrella de su cante 
vagara en la negrura de la pena.  

Ciego cantó, igual que lo hizo Homero, 
con firme voluntad, como el acero
  en lucha sin cuartel con la materia.  

Y aquel que hasta a los reyes les cantaba, 
su desgraciada vida terminaba 
sufriendo una feroz y cruel miseria.

PACO ACOSTA