PERFILES FLAMENCOS

El Cabrero. Cantaor
José Domínguez Muñoz
Aznalcollar (Sevilla), 1944

Botas camperas, pantalones de pana, sombrero de ala ancha y otras prendas más propias de un pastor que de un cantaor de flamenco de nuestro tiempo, no es el atuendo que él haya elegido para crearse una imagen sino que en efecto, y hasta que la suerte y sus facultades le permitieron dedicarse al cante, José Domínguez fue pastor de cabras, oficio que él reivindica con total orgullo. Como tantos otros niños de la postguerra, desde muy pequeño se vio obligado a trabajar para ganarse el sustento, siendo lo suyo patear campos guardando cabras, creándose, a la par que crecía, una filosofía propia y desarrollando una rebeldía contra un sistema injusto y contra una sociedad despiadada que arrancaba a los niños de sus juegos y los ataba a un trabajo a veces durísimo, haciéndolos mayores antes de tiempo. Esta forma de vida lo hizo desde el principio diferente a los demás cantaores, envolviéndolo en una aureola de adalid muy del gusto de la gente. Al pueblo le es necesario crear mitos y José el Cabrero reunía todas las cualidades exigidas para ello, y el pueblo lo mitificó y lo elevó a la categoría de ídolo.

El Cabrero es sin duda un cantaor que, contra todo pronóstico, llegó a ocupar uno de los primerísimos puestos y ha sabido mantenerse siempre en primera línea, entre los mejores, y sigue estando ahí, apoyado por miles de incondicionales que lo consideran un fenómeno y para los que no hay otro como él. Como los mitos no tienen por qué ser perfectos y de hecho nunca lo son, la mayoría de estos seguidores de el Cabrero no van a verlo por como canta sino por lo que canta, sobre todo cuando lo hace por fandangos, como esas letras casi subversivas, compuestas en su mayoría por él mismo, y con las que llega en seguida al pueblo llano, identificado plenamente con su ídolo. Pero además de un fenómeno social, el Cabrero es un cantaor al que no hay que desdeñar, ni mucho menos. Una amplia discografía lo avala como un artista que toca todos los estilos y que lo hace con más garra que otros muchos que navegan en este mar, a veces de agitados temporales, que es el flamenco. Más de veinte años cantando son una prueba de que el Cabrero tenía algo que decir y lo que ha dicho en repetidas ocasiones. No sea más que para esos miles de seguidores a los que nunca ha defraudado.  

PACO ACOSTA             

Temple de acero

Es acero sin mezcla, inalterable, 
noble metal templado con firmeza,
que si en frío resiste su dureza 
en caliente se torna maleable.

Su cante es la sentencia inapelable
  rubricada con tinta de franqueza:  
es protesta que en cada copla expresa
  su condición de líder indomable.

  Malagueña, serrana, seguiriya,
  fandango, soleá, cantes de trilla:
 
los pesares que Andalucía encierra

  el Cabrero los lleva en su garganta. 
Y en un grito denuncia, cuando canta,
  todo el dolor antiguo de esta tierra.

PACO ACOSTA