PERFILES FLAMENCOS

El Canario. Cantaor
Juan Reyes Osuna
Álora (Málaga), 1855-Sevilla,1885

Joven, con sólo 30 años, moría en el siglo pasado, Juan Reyes Osuna, cantaor conocido como El Canario que pese a su juventud ya tenía un prestigio comparable al de los mejores cantaores de su época. Molofino, como lo llamaban en Álora, su tierra natal, se había presentado en Sevilla en 1884, donde pasó desapercibido. Al año siguiente, otra vez en Sevilla y con ciertas modificaciones en su cante, su éxito fue absoluto.

Sobre la muerte del Canario existen varias versiones: una apunta a cierto romance con la Rubia de Málaga, cantaora también, que no acababa de gustar al padre de ésta; otra versión más reciente y fundamentada habla de rivalidades y celos profesionales entre estos dos artistas que se repartían el favor del público, y que cada uno pretendía para sí.

Sea como fuere, la fatídica noche del 12 de Agosto de 1885, El Canario y La Rubia habían actuado en el mismo escenario del Café del Burrero, ubicado junto al puente de Triana. Después de la función, y tras un altercado con el padre de la cantaora, los dos hombres, como era costumbre en aquellos tiempos salieron al exterior, cuchillo en mano, a pedirse explicaciones el uno al otro. La madrugada sevillana se tiñó de sangre, y el cantaor malagueño cayó al suelo con el corazón partido por una certera cuchillada, truncada su vida y una carrera como cantaor que se prometía venturosa.

Aquel triste suceso desató una dura campaña animada por todos aquellos que, desde hacía tiempo, sostenían que los cafés cantantes eran antros donde se toleraban desórdenes que a veces terminaban en reyertas que podían desembocar, y a veces así era, en crimenes.

El Canario fue un gran intérprete sobre todo de serranas y malagueñas. La de su creación es bellísima y una de las más apreciadas por los cantaores que interpretan este estilo de cante. Álora puede estar orgullosa de ser la cuna de este gran cantaor, creador de una de las malagueñas más intensas y valientes.

A la muerte de un cantaor

Un día doce fue: luna agosteña
alumbrando su muerte tan temprana;
cayó cerca del puente de Triana
derramando su sangre malagueña.

Dos hombres enfrentados por la greña.
Y aquella madrugada sevillana
tiñó el Guadalquivir de color grana
la parda y triste tierra ribereña.

Nadie evitó aquella horrible muerte.
Allí quedó su cuerpo frío, inerte,
con el alba tejiéndole un sudario.

Pero su voz jamás será olvidada
y Álora llora aún, desconsolada,
por la muerte inmortal de aquel Canario.


                                                     PACO ACOSTA