PERFILES FLAMENCOS

Camarón de La Isla. Cantaor
José Monje Cruz
San Fernando (Cádiz) 1950 - Badalona (Barcelona) 1992

Hablar de Camarón siempre ha sido y será difícil. No por el juicio, más o menos acertado que de su obra pueda hacerse sino porque, a poco que se le encuentre o atribuya el más mínimo defecto se chocará, indefectiblemente, con una mayoría de pretendidos conocedores del flamenco que lo negarán. Hablar de Camarón ha de ser, para esa mayoría, hacerle ocupar el hipotético y absoluto trono del cante de todas las épocas. No se puede negar que fue una de las más emblemáticas figuras del cante de nuestro tiempo, un ídolo que, en el buen sentido de la palabra, fue el mayor agitador de masas que se ha conocido y que probablemente, se conocerá jamás y que los miles de espectadores que abarrotaban los recintos donde actuaba lo demuestra plenamente. Lo que no quiere decir que todos esos espectadores fueran aficionados al flamenco y mucho menos conocedores del mismo. Reconociendo sin embagues todas sus cualidades y su arte, Camarón era, ante todo un fenómeno social y como tal, imponiéndose a todos los artistas del momento, arrastró a una buena parte de todas las capas sociales que se hicieron incondicionales suyos. De pronto, y gracias a él, el flamenco tomaba unas dimensiones nunca conocidas. Eran muchos los que iban por él, a escucharle solamente a él, sin importarles el resto del cartel, casi siempre, compuesto por primerisimas figuras. El fenómeno Camarón hacía estragos atrayendo a personas que jamás habían asistido a ninguna otra manifestación del cante flamenco y probablemente nunca más lo harían.

Como lo han sido siempre todos los genios, Camarón también fue cuestionado por todos aquellos que no podían (o no querían) admitir la introducción de ciertas innovaciones estilísticas que rompieran los moldes fundidos en los crisoles de la tradición. Pero tuvieron que aceptar que lo que hacía Camarón: las innovaciones que se permitió hacer, iban acuñadas con un sello especial, personalísimo y, sobre todo, con el buen gusto de un artista consumado, conocedor de lo que se podía cambiar en el cante sin llegar a dañar las esencias del mismo.

Camarón fue un ídolo sobre todo para la juventud. Y dentro de esa juventud, para muchos principiantes de esa dura y espinosa carrera del flamenco que trataron, con una disposición exagerada de imitarle no sólo en su cante y en su voz (ambas cosas seguramente imposibles de imitar), sino que abrazaron un mimetismo que los llevaba a copiar su indumentaria, su corte de pelo y hasta su forma de andar y de comportarse en un escenario.

Su temprana desaparición, las circunstancias que provocaron su muerte junto a su indudable genio creativo hicieron que este irrepetible artista gitano que ya era mito antes de morir, traspasando las puertas de la fama grabara el nombre de Camarón de La Isla en las páginas doradas de la leyenda.

 

Ídolo Gitano

¡Qué pérfida, qué horrenda y fría mano
hizo apagar la estrella de tu suerte!
¡Cómo marcó la estampa de la muerte
en tu perfil de faraón gitano!

¡Con qué arteras mañas y que temprano
aniquiló tu cuerpo bello y fuerte!
Al quebrar tu garganta, dejó inerte
la esencia de tu estilo soberano.

Cuando llegaste a la más alta cumbre
y el flamenco brillaba con tu lumbre,
tu vida se quebraba en plena gloria.

Y, al par que España entera te lloraba,
tu nombre idolatrado traspasaba
la puerta reservada de la Historia.

PACO ACOSTA