PERFILES FLAMENCOS

BLAS INFANTE
LA HERENCIA DEL JORNALERO

¡Andaluces! ¡Andaluces!
Que difícil de olvidar
el día once de agosto
de un treinta y seis fatal.
¡Andaluces ! ¡Andaluces!
Siempre habrá que recordar
que ese día, Blas Infante,
andalucista ejemplar,
pagó el precio de su vida
por pedir la propiedad
de la tierra, para el hombre
que la ha sabido regar
con el sudor de su frente;
tierras de verde olivar,
tierras de amarillo trigo,
cosecha de aceite y pan,
pobre yantar del labriego
que le pretenden negar.
Hoy ondea una bandera
con el blanco de la paz
y el verde de la esperanza
que es nuestra enseña triunfal,
pero entonces...¡cuanta sangre
se tuvo que derramar!
Sangre de gente inocente
que no cesa de clamar
por un reparto de tierras
que no se cumple jamás.
¡Andaluces! ¡Andaluces!
Hay que seguir. Pelead


por una reforma agraria
que os permita trabajar
una tierra que con sangre
se ha tenido que empapar.
Pueblo blanco de Casares,
pueblo serrano de cal,
en ti nació el mejor padre
que tuvo la Libertad.
Aún parece que en tus piedras
se oye su voz, que al gritar,
va recorriendo los campos
con fuerza de vendaval:
¡Andaluces! ¡Andaluces!
¡No emigréis! ¡Despertad!
Segador de espaldas rotas
de tanto y tanto segar;
gañanes que trabajáis
por un mísero jornal,
¡El hambre del pueblo ruge!
¡El pueblo reclama pan!
porque el campesino tiene
mil cosas que reclamar...
Estas fueron las consignas
con que nos quiso legar
aquel que murió luchando
por la justicia social.
Andaluz, ¡no las olvides!
Si Blas Infante no está
estás tú, ésta es tu lucha,
y aún te queda que luchar.

              
Paco Acosta