PERFILES FLAMENCOS

Aires Andaluces

El aire de Andalucia
del flamenco es tan amante,
que por escuchar un cante
hasta su rumbo varia,
Por aprender a cantar,
el aire sale a pescar
junto con los marineros,
bogando entre los esteros
o por los abiertos mares
sin limite de horizonte.
En la ladera del monte
o embelesan los cantares
con que se alegra el pastor;
le gusta del labrador
oir sus cantes camperos,
escuchar de los mineros
el llanto a la madre tierra,
y junto con los serranos,
sentir los sones livianos
que son flores de la sierra.
El aire oye y aprende
el ritmo, el compas y el duende
de cada estilo de cante:
y al repetirlos triunfante
por la vasta geografía,
hasta las Musas se encantan
al comprobar como cantan
los pueblos de Andalucia.

De la Málaga risueña
cruza el aire los umbrales
preguntando a los cabales
dónde está la Malagueña.
Y para encontrarla, vaga
por sus floridos jardines,
sin saber que los jazmines
la han convertido en biznaga.


Desde la Sierra Nevada
el aire baja a la vega
y enamorado se entrega
al embrujo de Granada.
Y, cuando a beber se inclina
de una fuente rumorosa
le canta el agua, mimosa,
una Media Granaína.


En cópula de cristal
que llega al pie de la sierra
la seca Almería encierra
un vergel artificial.
Y en las notas del Taranto
que el aire viene a escuchar,
el pueblo sabe expresar
trabajo, alegría y llanto.

Jaén tiene un olivar
como un inmenso mar verde
donde la vista se pierde
siguiendo su pleamar.
De la Historia jaenera
el aire bebe la esencia
porque en ella está la ciencia
de la Taranta minera.


Tras su velo de sultana
Córdoba suspira y llora
porque quisiera ser mora
sin dejar de ser cristiana.
El aire, al pasar, la besa
como lo hiciera un amante,
y al besarla nace al cante
la Soleá cordobesa.


Los alfares de Triana
modelándola en arcilla,
hacen de la Seguiriya
la más pura filigrana.
Y Sevilla, con donaire
le dice al Guadalquivir,
¡a ver si puedes fundir
la Seguiriya y el aire!


Siguen las tres carabelas
tan presentes en Moguer
que el aire quiere volver
a enredarse entre sus velas.
Pero no hay nada que vuelva
ni que repetirse pueda
y el aire solo se enreda
en los Fandangos de Huelva.


En Cádiz, copla de sal,
el aire se hace comparsa
para gozar con la farsa
del brillante carnaval.
Y las estrellas, espías
en los barquitos veleros,
copian de los marineros
sus cantes por Alegrías.


Ocho soles refulgentes,
ocho flores perfumadas,
ocho joyas engarzadas
a ocho cantes diferentes.
Y en esta tierra de luz
este es el aire que sopla
glorificando la copla
de todo el pueblo andaluz.

PACO ACOSTA