CULTURA DE LA PAZ
El
2 de enero de 1995, un centenar de escritores, artistas y profesionales dábamos
a conocer en la ciudad de la Alhambra el "Manifiesto 2 de Enero". Los
firmantes de aquel manifiesto apelábamos a la sensibilidad democrática del
Ayuntamiento -gobernado entonces por el PSOE- para superar el Día de la Toma y
hacer de Granada una ciudad abierta hacia el futuro. "Si Granada quiere
convertirse en ciudad símbolo de tolerancia y convivencia -señalábamos- no
puede mantener una fiesta anacrónica que fomenta el rencor y la xenofobia entre
los cristianos vencedores y los musulmanes vencidos".
Un
año después, el 2 de Enero de 1996 y ante la actitud inmovilista del
Ayuntamiento, este colectivo de ciudadanos volvió a reclamar la transformación
del Día de la Toma en Fiesta de la Tolerancia. Con este fin, organizó una
exposición de arte y literatura en el Palacio de la Madraza, denominada "Manifiesto
2 de Enero, más que una firma". En esta ocasión, contábamos con el
apoyo de la UNESCO y de su director general, Federico Mayor Zaragoza, que envió
un mensaje de solidaridad.
La
UNESCO remitió una carta al Ayuntamiento de Granada -presidido ya por el
popular Gabriel Díaz Berbel- en la que anunciaba la incorporación del
"Manifiesto 2 de Enero" al programa "Cultura de la Paz" . La
carta recomendaba al alcalde granadino que modificase "el contenido de la
fiesta, a fin de evitar posibles agravios y de imprimirle un espíritu de
tolerancia y concordia".
Gabriel
Díaz Berbel ignoró la recomendación de la UNESCO y respondió, tanto al
organismo cultural de la ONU como al colectivo Manifiesto 2 de Enero,
que no estaba dispuesto a cambiar "ni una coma" en los festejos. Díaz
Berbel llegó incluso a calificar a los firmantes del Manifiesto -entre los que
figuran hombres de cultura como Antonio Gala, lan Gibson, Carlos Cano, Amín
Maalouf, Roger Garaudy, Juan Goytisolo, Luis García Montero, Miguel Ríos o
Yehudi Menuhin -como "un grupúsculo que firma manifiestos absurdos" y
nos replicó con una ironía de carácter xenófobo: "El que quiera ponerse
turbante, que lo haga en la cabalgata de los Reyes Magos".
Al
desprecio del alcalde de Granada se unió, días más tarde, el presidente del
Partido Popular, José María Aznar -actual presidente del Gobierno central-,
que llamó "necios" a los firmantes del Manifiesto. La UNESCO y el
colectivo Manifiesto 2 de Enero chocaron, pues, contra el muro levantado por los
defensores a ultranza del Día de la Toma. Frente a los argumentos de la razón,
ellos oponen el muro de la tradición.
El alcalde
Diaz Berbel decía que incitamos a la violencia. Cuando lo que pedimos es,
precisamente, que el Día de la Toma deje de ser una fiesta de pendones,
espadas y marchas militares, que son los símbolos de la guerra, para
convertirlo en el Día de la poesía, la literatura y el arte, que son los símbolos
de la convivencia.
Nadie
pretende cambiar la historia, sólo pedimos coherencia democrática para hacer
justicia histórica, para superar esta fiesta obsoleta y sectaria, que es muy
distinto. Granada capituló el 2 de Enero de 1492 ante el asedio de los Reyes
Católicos, que se comprometieron a respetar los derechos civiles y religiosos
de la población. Sin embargo, Isabel y Femando, y sus sucesores no cumplieron
lo pactado. Hasta aquí el hecho histórico y, a partir de aquí, la
irracionalidad.
Porque
no es razonable que un Ayuntamiento, que se dice democrático y representa a
una ciudad abierta y universal como Granada, rinda anualmente homenaje a unos
reyes que negaron los derechos civiles y religiosos a miles de ciudadanos, y los
expulsaron por ser judíos o musulmanes. Ciudadanos con otras creencias y
costumbres,
pero tan granadinos como nosotros y que amaron esta tierra tanto como nosotros.
Si
los Reyes Católicos hubieran creado un Estado multirreligioso, basado en el
respeto a todas las creencias, hoy seríamos nosotros los primeros en
celebrarlo. Pero no lo hicieron y optaron por excluir a judíos y musulmanes, y,
por este motivo, desde nuestra vocación democrática, somos también los
primeros en lamentarlo. Insisto. Nadie pretende cambiar la Historia, pero la
celebración de este infausto episodio, por muy histórico que sea, fomenta la
cultura de la intolerancia, que no es precisamente la que promueve la UNESCO.
Los
firmantes del "Manifiesto 2 de Enero" -más de mil y seguimos
creciendo- creemos que ha llegado el momento de revisar la fiesta de la Toma de
Granada y de otras ciudades andaluzas donde también se celebra. Nos oponemos a
la forma de celebrar la Toma porque entendemos que desde la Cultura de la Paz
no se puede exaltar un episodio histórico marcado por la intolerancia. Así
lo ha entendido también el director general de la UNESCO, Federico Mayor
Zaragoza, en su mensaje de solidaridad con el Manifiesto 2 de Enero: "La
UNESCO combate la ignorancia, la irracionalidad, la miseria y la exclusión, y
trata de erradicar estas causas de la violencia individual y colectiva
fomentando, como le exige su Constitución, la solidaridad moral e intelectual
de todos los pueblos".
Los
firmantes del "Manifiesto 2 de Enero" coincidimos con la UNESCO y
creemos que ha llegado el momento de celebrar los hechos de paz y no los de
guerra. Sabemos que la cultura de la violencia está culminando su ciclo histórico
para dar paso a la Cultura de la Paz, en un proceso que ya es
irreversible. Sabemos que, tarde o temprano, caerá el muro de la tradición,
cuando la tradición es insostenible, como en su día cayó el muro de Berlín.
Que la palabra Toma cederá el paso a la palabra Tolerancia en el diccionario de
la paz. Y en esta tarea de fomentar la tolerancia, se ha unido también el
Defensor del Pueblo Andaluz. José Chamizo, con otro mensaje de apoyo al
"Manifiesto 2 de Enero": ¿Qué seria de nosotros -se pregunta
Chamizo-
sin los que protestan por la sesgada celebración de fiestas anacrónicas? Sin
ellos -el propio Chamizo responde-, la tolerancia sólo sería una expresión
académica y no un ejercicio solidario. Sin ellos, habríamos perdido la
memoria. Sin ellos, seríamos incapaces de la espera y de la esperanza.
Francisco Vigueras
Coordinador del Colectivo MANIFIESTO 2 DE ENERO