Con el nombre de Hoya de Málaga se denomina toda la parte
baja del Valle del Guadalhorce. Desde que sale del desfiladero de Los Gaitanes hasta el
Mediterráneo, donde desemboca. Un río corto. La proximidad del mar Mediterráneo no
permite ríos largos. No obstante, el Guadalhorce es de mayor longitud que los otros dos
«grandes» ríos de la provincia de Málaga, el Guadiaro y el Vélez. El
Gualdalhorce vertebra el territorio
malagueño, lo une, le da solidez y armonía a la diversidad. Todas las comarcas están
afectadas por su curso. Nace en la altiplanicie de Antequera y se dirige a la Serranía de
Ronda. Un brusco cambio lo orienta hacia el borde occidental de la Axarquía y, por
último, desemboca en el litoral mediterráneo, en las proximidades de Málaga.
Por si fuera poco, el Guadalhorce forma el más rico de los suelos malagueños. Y aunque la verdadera audacia debería ser la prudencia, el más renombrado de los espacios malagueños es La Hoya. La prudencia, en este caso, entendida como todo aquello que aparta las cosas que dañan la vista, perjudican las ideas y obstaculizan la convivencia con la Naturaleza. Las que estorban al paisaje y, si acaso, aportan comodidades más o menos individuales. Este estadio, cada vez más idealista, lo encontró Gerald Brenan en Alhaurín el Grande y lo recuerda Antonio Gala, con relativa frecuencia, de Coin.
Por el seno del Guadalhorce han pasado las culturas mediterráneas que es tanto como decir las más notables de la historia de la humanidad. Está probada la influencia turdetana en Alhaurin de la Torre, y su homónimo Alhaurín el Grande conserva vestigios romanos. Igual que en Álora y Alozaina, donde se introdujeron los cultivos de regadío en el siglo VIII. Restos vándalos -período de la dominación goda- quedan en la estra- tégica Álora, de indiscutible fisonomía islámica. Aquella filosofía está prácticamente en todos los pueblos, si bien los antecedentes romanos están igualmente probados en Yunquera, Casarabonela y Monda, a la que con reservas se considera la célebre Munda de la batalla entre César y Pompeyo del año 45 antes de Cristo.
En todos los pueblos existen importantes aportaciones urbanísticas y arquitectónicas. Desde Tolox, con antecedentes fenicios, a Pizarra, con el palacio de Puerto Hermoso. Coin es un resumen de la importancia de las aportaciones enunciadas con un conjunto de edificaciones de los siglos XV y XVI: Palacio Episcopal, iglesias de Santa María -de fábrica árabe-, San Juan y San Andrés, asi como la ermita de la Virgen de la Fuensanta. No supone, en ningún caso, la pérdida de estructuras árabes, de organizaciones de gran valor islámico. El mestizaje artístico se produce sin tensiones, como ya ocurriera con la población en Guaro y, en un primer momento, en Tolox.
La posición geográfica de Coin sigue siendo estratégica, aunque, afortunadamente, en el sentido económico prevalecen ahora otros criterios bien diferentes de los bélicos. Acontece en el Valle del Guadalhorce, de ahí que sus ciudades y pueblos adquieran proporciones demográficas distintas a las del resto de la provincia -salvadas la costa y puntuales excepciones del interior-, sobre todo si la comparación recae sobre la Serranía de Ronda y la Axarqula. Afectados por la emigración, son, sin embargo, los municipios del interior que menos población han perdido en su conjunto.
El Guadalhorce, en ese dejarse llevar de un lado para otro, de aquí para allá, abriéndose camino en la sierra, primero, y el llano último, tiene mucho que ver en la composición humana de La Hoya. Entre sus vueltas y revueltas, una docena de pueblos, sin contar Málaga y Torremolinos, a los que separa en su desem bocadura. Cualquier punto del recorrido es espectacular. Los paisajes del Guadalhorce son bravos primero e idílicos después, hospitalarios siempre. Dícese, habitualmente, que en todas las ciudades y pueblos desconocidos se puede suponer que la gente es amable. La sospecha aquí, en La Hoya, es constatable. Sin duda, ese afán hospitalario forma parte del legado histórico. Un cosmopolitismo cultural en el que se alean paisaje y paisanaje, se fusionan como si tal cosa.
Para un examen preciso de los habitantes del Valle del Guadalhorce no es necesario observarlos repetidas veces. Y sí se hace, una tras otra dará como resultado esa hospitalidad. La cultivan convencidos de que es parte de su forma de ser. Otro aspecto no menos considerable, aunque efectivamente más interno, es el de la conexión con el pasado a través de costumbres y tradiciones. Cada pueblo goza con algunas de ellas, se deleita en la recreación del tiempo pretérito, de su propia memoria. También defienden unos sentimientos vivos, no cierran los ojos ante los problemas. Podrá decirse que esa actitud está integrada en las costumbres y tradiciones, pues la historia demuestra que las gentes del Valle del Guadalhorce son atrevidas, enérgicas y seguras.
En Álora o Casarabonela, en Cártama o
Guaro, en Monda o Tolox, pueden utilizarse palabras propias o ajenas para dibujar su
estado actual, ensalzar sus atractivos, estimular la presencia foránea. Tal vez no sea
necesario ni en esos pueblos ni en
Alhaurín de la Torre o Grande, Pizarra, Coin, Yunquera o Alozaina. Dicho
aristotélicamente, observarlos en directo vale más, muchísimo más, que cualquier
recomendación.
Para una visita virtual a los pueblos del Valle del Guadalhorce, pinche en ellos:
Alhaurín de la Torre , Alhaurín el Grande Almogía , Álora , Alozaina , Ardales ,
Carratraca , Cártama , Casarabonela , Coín , Churriana ,
Guaro , Monda , Pizarra , Tolox , Yunquera