SENDERO Casa de la Nieve (Canillas de Aceituno- La
Maroma)
Duración: 8 horas (ida y vuelta)
Dificultad: Muy
alta

Este recorrido es uno de los que puede ser
considerado con mayor tradición en la subida a Sierra Tejeda.
El aprovechamiento de la nieve en las inmediaciones de la Maroma por vecinos de
Canillas de Aceituno que tradicionalmente se vino haciendo hasta mediados del
siglo XX hizo de esta senda una de las más utilizadas y conocidas para el
ascenso a la cumbre. Es este sendero el que utilizara el ilustre botánico suizo
Edmond Boissier para
adentrarse en estas montañas de la mano del Tio Pepe
y recolectar buena parte de las especies de flora que descubrió para la
ciencia. También fue importante en la zona la recolección del esparto para su
uso como fibra industrial, por lo que el trasiego de personas fue muy notorio
en aquellos días. Otros usos fueron la producción de cal, la recolección de
leña y el pastoreo de los ganados.
Se
inicia el camino en la plaza principal del pueblo, justo al lado del
Ayuntamiento, con una rampa pronunciada, como no podía ser de otra manera en
esta montaña. El agua corre generosamente manando sin cesar en dos fuentes
aledañas. Es mejor beber en ellas y llenar la cantimplora más adelante.
Este primer tramo sube por las serpenteantes y
empinadas calles del pueblo, teniendo ocasión de contemplar uno de los mejores
ejemplos de arquitectura morisca aún conservados en la comarca. Sus
alineaciones quebradas, adarves y algorfas enmarcados por blancas fachadas, las
rejas artesanas y los tejados oscuros, tintados por los polícromos
líquenes, que en otros lugares van desapareciendo empujados por las nuevas
concepciones industriales y arquitectónicas.
Las indicaciones nos conducen fuera del pueblo
en un repentino ascenso desde donde podremos ver una visión aérea del conjunto.
A partir de aquí, la senda es fácilmente reconocible, pues en este tramo
inicial aún se conservan algunas partes con el empedrado original de la época
anterior donde su uso era más cotidiano. El trazado discurre serpenteante por
la ladera, a cobijo del pinar que aún se mantiene en este lugar a salvo de
incendios anteriores.
El suelo, notablemente luminoso por los
reflejos de las blancas arenas, se torna espectacular cuando la primavera le
salpica con el multitudinario colorido floral de las hierbas y matorrales.
Jaguarzos, romeros, tomillos, sillerillas, zahareña, matagallos, corregüela, y
otras muchas, tapizan el entorno dentro y fuera del verde dosel de los pinares,
adornados además por los erguidos plumeros que presentan las matas de esparto.
Transcurrida una corta hora de ascenso, se
suaviza la pendiente y se arriba a la fuente de la Rábita, lugar donde el agua
mana generosamente, convirtiendo el lugar en un pequeño oasis en el que el
ambiente se vuelve mucho más refrescante y acogedor. Seguramente por eso,
siempre fue un lugar sagrado. Desde aquí las vistas son espectaculares quedando
al pie las tierras bajas de la Axarquía, la vega del
río Vélez, las montañas de Periana y Alfarnate y la línea de la playa. Aquí debemos tomar
provisión de agua para continuar el ascenso pues no hay otra fuente permanente
a partir de aquí.
Continuando el trayecto, el sendero se asoma
hasta el barranco del río Almanchares o el Saltillo.
Aquí las vistas son espectaculares por la profundidad de la garganta y las
asombrosas paredes verticales del pico Maroma, a los que las gentes del lugar
conocen como “Los Chimeneones”. Discurre por su borde
hasta que girando a la izquierda se llega a la fuente de la Gitana, cuyo caudal
es irregular a lo largo del año en función de los aportes de la lluvia
anteriormente. En el siguiente barranco,
el arroyo discurre por roca de alta dureza de manera que el cauce aparece limpio,
con algunas hoyas de erosión que acumulan el agua de escorrentía durante largo
tiempo. Es por ello que se conocen como “charcones”.
El color de la roca cambia del gris claro o
blanco de las calizas a otro pardo oscuro, con incrustaciones de cuarzos y
sílex y reflejos metálicos. Son los calcoesquistos, a
medio camino entre los dos tipos litológicos fundamentales que pueden
encontrarse en estas montañas. En este tramo el sendero marca un ritmo de
frecuentes cambios de dirección para adaptarse al brusco cambio de pendiente.
Por ello este lugar se conoce como “el encadenao”.
Tras el esfuerzo, se culmina llegando
nuevamente a la roca blanca. Aquí existe un interesante núcleo de sabinas, con
algunos ejemplares de porte significativo. Otros elementos notables de la flora
son algunas especies que habitan en la roca como Draba hispanica
o Teucrium fragile así como
el matorral almohadillado espinoso o piornal que domina en la zona de cumbres.
Cuando la pendiente ya por fin se suaviza
permitiendo un caminar más sosegado encontraremos los restos de lo que fue la
casa de la nieve, lugar donde se cobijaban las personas dedicadas a mantener y
aprovechar la nieve de la cumbre, que debidamente preparada bajaba con destino
a las ciudades de Vélez y Málaga. En esta área el sendero se une al itinerario
que viene desde el Alcázar en la vecina localidad de Alcaucin.
Desde aquí, la llegada al pico
Maroma se realiza en un corto trayecto de ascenso relativamente suave.
El descenso, por la misma ruta se acorta
como una media hora, aunque hay días en que se hace interminable.
Recomendaciones: Época recomendada, primavera u otoño.
El sol en verano, es abrasador.
El invierno
es peligroso, los días son cortos, hay riesgo de nieblas inesperadas y bajas
temperaturas. Es peligroso también abandonar el camino y tomar rutas no
conocidas. Abundan los escarpes y acantilados de manera que es fácil perderse o
deshacer lo andado, generando esfuerzos añadidos que pueden generar
agotamiento.
Antonio Pulido Pastor. Sierras Tejeda y Almijara