LA
MÚSICA ANDALUSÍ
“Entre gran parte de los médicos predomina la teoría, que la buena voz penetra en el cuerpo, tranquiliza el corazón, y se estremecen los miembros, y que todas las cosas fatigan al cuerpo salvo la música, que no fatiga al cuerpo ni a sus miembros, por ser descanso del alma, primavera del corazón, distracción del afligido, entretenimiento del solitario, y viático del viajero, debido al efecto que produce la voz hermosa sobre el cuerpo, invadiéndolo todo. Dios no creó nada que influyera más sobre los corazones, ni que más subyugara a los sentidos que la buena voz, sobre todo cuando viene de un rostro hermoso, y no le está permitido a ningún hombre creyente reprochar a quién se sienta atraído por ella, puesto que emana de la dulzura y la sutileza del alma, y del equilibrio del temperamento, y no puede negarlo sino el terco de carácter y el perturbado de mente”.
(El
Cancionero de Al-Haik. F. Valderrama Martínez. 1954 )

Cuando se profundiza
en la historia de esta “nuestra tierra”, escapando de las versiones oficiales y
se adentra uno en los textos escritos y sobre todo en las grandes trazas
culturales que aún perviven en la otra ribera del mar mediterráneo, se cae en
la cuenta de cuan desviados hemos estado hasta el momento, siguiendo unas
directrices educativas más tendentes al alejamiento que al reencuentro.
Y no puede tratarse
sino de un reencuentro puesto que mucho de lo allí existente nació en esta otra
parte del mar, sobre suelo peninsular ibérico, con gentes propias y
originarias
de aquí, creadoras de una cultura que fue la más brillante del occidente
conocido durante más de ocho siglos, y la base del posterior Renacimiento o
cultura de la luz surgida en el resto de Europa a partir del siglo XV. Obligado
a desaparecer, este legado andalusí encontró refugio por un lado en las
costumbres crípticas de los moriscos ibéricos que aquí quedaron, derivando por
tanto en manifestaciones culturales que van desde el “Ojalá” (In sha Allah) y
“Olé” (Allah) hasta las recetas de cocina, el magnífico arte mudéjar y
expresiones musicales como los verdiales, la saeta y el cante jondo. Por otro,
se trasladó hasta el Magreb africano, la otra orilla de ese “Mare Nostrum” que
desde entonces algunos se empeñan en separar forzadamente para que no sea así.
Allí se manifestaron nuevamente con esplendor la cocina, la arquitectura, la
poesía, y la música, todo ello muchas veces mantenido mediante transmisión oral
de unas generaciones a otras.
Ha sido así en el caso de la música. Llegada allí durante el esplendor de Al-Andalus y sobre todo tras el éxodo andalusí de los siglos XIV y XV, no se encuentra en textos escritos completos hasta el siglo XVIII, en el cancionero o Kunnas de al-Haik, un tetuaní de ascendencia andalusí. En cualquier caso dicho cancionero solamente recopilaba las letras de las canciones que aparecían en las nubas, la composición musical clásica por excelencia de la cultura andalusí, de manera que las melodías y ritmos se mantuvieron igualmente por la tradición oral hasta prácticamente el siglo XX.
“La música es sin duda una de las artes más hermosas que nos lleva a conocer el sentir de un pueblo, y en la cultura árabe-islámica constituye junto con la poesía una de las formas de expresión más importantes de su civilización. El artista árabe encontró en la música y la poesía esa evasión que le permitiría plasmar el genio que encerraba en su interior, de ahí que su patrimonio musical sea una de las más bellas huellas que ha ido dejando a través de su andadura histórica como un auténtico museo oral. Dentro de este patrimonio, la música andalusí, dadas sus características, es un hecho cultural imprescindible para el conocimiento de la civilización árabo-islámica en su rama hispano-árabe” (CORTES GARCIA, 1996).
El
origen de la producción musical característica de Al-Andalus, la música
andalusí, es fijado por todos los entendidos con la llegada del músico
bagdadí Abu al Hassan Alí Ibn Nafeh, apodado Ziryab (el mirlo), procedente de
Bagdad, a la corte del califa Abd al Rahman II en Córdoba. Aquel no trajo
solamente la rica experiencia del refinamiento cortesano abasí, sino que dio
nueva vida e impulso al arte andalusí. “Mientras que en Occidente triunfaba
la música gregoriana, adaptada a la liturgia católica y calcada de la lengua
latina, Ziryab se había convertido en Occidente en el pionero de la música
profana. En Al-Andalus el arte musical gozaba de una autonomía muy grande y se
humaniza, distanciándose a la vez del canto gregoriano y de la música árabe.”
(GARAUDY, 1987).
La composición musical por excelencia de aquella época es la “nawba”, vulgarmente conocida como “nuba” y que equivale a una especie de sinfonía o suite actual. La primera impresión para el que no ha tenido nunca contacto con esta música es todo un sobresalto y un descubrimiento. Por regla general, la formación musical que se ha obtenido en los centros de enseñanza desde siempre nos estructura la mente fijando para las composiciones musicales de la alta edad media, siglos X al XIV, poco más de las composiciones litúrgicas del gregoriano o las melodías de dulzaina y arpa propias de trovadores de corte.
Frente a ello, en aquella misma época se generan las nubas, elaboradas composiciones melódicas de contenido en su mayor parte profano o místico, donde la exaltación del amor, la belleza y la sensualidad alcanzan su máxima expresión, siempre, como suele ser normal en la cultura islámica, como obra y prueba de la existencia de Dios.
Contemplar
tu belleza vivifica mi corazón,
compadécete,
tu que das vida al desfallecido,
tu
amor me agotó.
Tu
belleza hermosa, por su hermosura es bella,
guía
y seductora, locura para el que agoniza de amor.
Aquello
que era guía se convirtió en sueño,
y
antes de caer en el amor, él me dominó,
me
venció y gozó con su dominio,
penetrando
en mi cuerpo.
Quise
ser sumiso y no atendió mi deseo.
Si
me hubiera escuchado, o hubiera estado cerca de mi.
con
su ayuda me habría rescatado.
Contemplar
tu belleza vivifica mi corazón,
compadécete,
tu que das vida al desfallecido,
tu
amor me agotó.
(San’a Akaml l-kná. Acaso la perfección de la belleza,Nuba
Al-Istihlal)
He
visto la luna y el rostro de mi amada
y eran dos lunas que se prestaban a mi vista.
Ignoro
cual de las dos es mi verdugo,
si
el astro nocturno o el humano.
Si
no hubiese sido por el color carmesí de sus mejillas
Y
el negro azabache de su cabello,
habría
confundido la luna con mi amada
y
a esta con aquella,
pues
aquella se ausenta y esta no desaparece
y
¡qué distinto es el ausente del presente!
(San’a de la Nuba Hiyaz al Kabir )
Si
mi alma estuviera en mis manos,
Se
la entregaría con un mensajero a su llegada.
No
te preocupes por mi en el amor, ni vaciles.
Mi
amor es natural, no tiene doblez
(Mawwal de la Nuba al Istihlal. Autor Ibn al Farid, El
Cairo 1181-1235))
La base de esta
composición musical es la “muwassaha” o moaxaja, composición poética creada,
según la tradición, por el autor Muqqadam ibn al Mu’afa nacido en la localidad
de Cabra (Córdoba) hacia finales del siglo IX y por ello apodado al Qabrí,
aunque, fue más conocido como el Ciego de Cabra. La moaxaja rompe con la
métrica rígida de la “qasida” árabe
originaria de Oriente y se impone rápidamente, siendo trasladada posteriormente
durante el esplendor de Al-Andalus hacia aquellas lejanas tierras. El último
verso de la moaxaja se escribe en lengua romance y se le conoce con el nombre
de jarcha (jarŷa).
A partir de la
moaxaja, se deriva el zayal o zéjel, caracterizado por expresarse en lengua
romance o dialecto andalusí popular, a lo que debe su mayor calado en todos los
estratos sociales y que fue creado por el también cordobés Ibn Quzman, según
unos (CORTES GARCIA) o por el zaragozano Ibn Bayya (Avempace) según otros
(VERNET). Toda esta producción literaria, y sobre todo los zéjel tienen reflejo
y traslado a las culturas vecinas como la castellana, italiana o franca, siendo
la base de los cantos trovadores iniciados en Francia por el cortesano Guillermo
de Aquitania o las cantigas de Alfonso X en Castilla. “Las huellas
andalusíes aparecen también esparcidas en el contenido del Romancero español y
en algunos cancioneros medievales. Así las estructuras de las formas estróficas
como la muwassaha y el zéjel, géneros creados en Al-Andalus en los siglos IX y
XI respectivamente, se ven reflejadas en una parte importante de los
villancicos recogidos en los cancioneros hispanos, en la lírica tradicional
galaico-portuguesa, a través de las cantigas de amigo, y en las formas poéticas
y musicales de los trovadores franceses”. (CORTES GARCIA, 1996).
Las nubas son pues
una elevada concepción y expresión de la sensibilidad refinada, de tal modo que
llegaron a componerse veinticuatro, dedicándose una para cada hora del día de
manera que pudieran adaptarse a
las distintas condiciones y estados del espíritu
humano a lo largo de la jornada. Hoy día solamente se conservan once, con la
nuba al-Istihlal compuesta en el siglo XVIII en la localidad de Fes
(Marruecos). “Todas ellas fueron compuestas en Andalucía, y al
interpretarlas, después de la expulsión en los países del Magreb, fue como un
árbol arrancado de esta fértil tierra de inspiración, trasplantado a un terreno
que no era el de su suelo, carente del entorno propio de Andalucía, de forma
que los mejores músicos se resignaron a admitir que <<la puerta de la
composición se había cerrado para siempre>>. Entre la infinidad de
diferentes canciones de las Nubas hay unas de origen puramente granadino
llamadas <<Garnatis>> (granadinas), de las cuales existen muchas
cuya melodía es al interpretarlas un buen cantaor, idéntica a las actuales
granaínas y medias granaínas. Los solos llamados Mawwal serán una gran sorpresa
para el público asistente al concierto” (ORELLANA). En el año 1992, el
conjunto El Brihi de Fes, dirigido por el histórico maestro de la música
andalusí Abd al Karim Rais, protagoniza la Nuba de los Poetas de Al-Andalus,
bajo los auspicios de la Fundación El Legado Andalusí. Asimismo, el conjunto
Albaycin, dirigido por Rachid Guerbas en Francia, compone en 1995 su Nawba
dans le Mode Grib, con reminiscencias garnatís, en lo que pudiera
considerarse un esperanzador renacimiento de la composición en estas obras
musicales.
En esta sociedad, inmersa en prisas y agobios marcados
por el afán de lucro y la producción, vale la pena recalar en puertos más
sosegados. Ahora existe la ocasión de descubrir este arte, nacido para el
sosiego del espíritu y cultivo de la sensibilidad humana, cuyo valor espiritual
y terapéutico aún se mantiene a pesar de los siglos transcurridos. Aprecie cuan
cercanos son los solos de una sana’a o un mawwal, a las saetas o muchas de las
piezas del cante jondo. De hecho la palabra flamenco deriva del árabe “fallah”
“mamqút”, campesino despreciado, o “mamlikut” que ha sido hecho
esclavo (mameluco), y no casualmente el origen de este arte es la bahía de
Cádiz. Del mismo modo los sonidos del “ud” y la guitarra son tan hermanos que
no pueden sino tener un mismo origen.
Todas estas son
razones para el reencuentro y hermanamiento de una sociedad que se quebró a
finales del siglo XV pero que tan solo ha estado separada por algo tan escaso
como son quince kilómetros.
Actualmente existen
en territorio español distintos grupos (Al-Tarab, Ibn Bayya, Nawba Andalusya, ...) compuestos
por músicos de ambas orillas que nos ofrecen la posibilidad de acercarnos a
estas composiciones para su disfrute y comprensión en los distintos certámenes
y actividades como As-Sharq: Usos, Artes y Ciencias de la Cultura Andalusí,
en Salares la Fiesta del Monfí en Cútar (Málaga) o los Juegos Moriscos de
Purchena (Almería) que cada vez se organizan con más frecuencia.

Acércate a tu historia.
“Sierras Tejeda, Almijara y Alhama”. Legado
Andalusí al natural.
Si
bien la discografía más abundante y cercana a nosotros se encuentra en
territorio marroquí (Tánger, Tetuán
Fes), hay que destacar la encomiable labor de algunos autores o grupos,
empeñados en recuperar este pasado cultural tan propio y olvidado. Sin lugar a
dudas hay que mencionar a Eduardo
Paniagua, Tarik Banzi, Utzman
al murabit, Luis Delgado, Omar Metioui, los hermanos
Amin y Mahdi Chaachoo, Pascal Lefevre, Begoña
Olavide y Joaquín
Díaz, productores de una ingente discografía que en muchos casos, además de
documentos históricos son verdaderos tratados musicales a los que tenemos que
acercarnos aquellos interesados en este apasionante rincón de la cultura
andalusí.
Para adquisición de este tipo de discografía recomendamos:
Librería Alcaraván. Sita en
Urueña (Valladolid) Amplio catálogo y magnífico servicio de venta por correo
Discos Gran Vía. Sita en
la ciudad de Garnata (Granada). C/ Gran Via, 21. Sorprendente repertorio por su
variedad y calidad de música andalusí, árabe y étnica en general, una de las
mejores de España en Flamenco.
A.
Pulido Pastor. Coordinador Técnico de As-sharq
Bibliografía:
CORTES GARCIA, M.: Pasado y Presente de la Música Andalusí.
Fundación El Monte. Sevilla 1996
CRUZ HERNANDEZ, M.: El islam de Al-Andalus. Historia y estructura
de su realidad social. Agencia Española de Cooperación Internacional.
2ª Ed. Madrid 1996
GARAUDY, R.: El Islam en Occidente. Córdoba, capital del
pensamiento unitario. Editorial Breogán. Madrid 1987.
GARCIA BARRIUSO, P.: La Música Hispano-Musulmana en Marruecos.
Fundación Cervantes de Tánger, Fundación El Monte. Sevilla 2001
GUETTAT, M.: La Música Andalusí en el Magreb. Simbiosis musical entre las dos orillas del Mediterráneo. Fundación El Monte. Sevilla 1999
ORELLANA, J.: La música andalusí. Sin referencias
bibliográficas
PANIAGUA, E.; METIOUI, O.: Pneuma Colección Al-Andalus.
Discos de música andalusí del sello Pneuma. Madrid
POCHÉ, CH.: La Música Arábigo-Andaluza. Ediciones Akal, Colección “Músicas del Mundo”. Torrejón de Ardoz 1997
VV.AA.: Música y Poesía del Sur de Al-Andalus. Colección
El Legado Andalusí. Lunwerg Editores. Barcelona 1995
VERNET, J.: Lo que Europa debe al Islam de España.
Ediciones El Acantilado. Barcelona 1999