Ibn
SAHL
“Dicen:
Estas hundido. Y yo añado: En el mar del amor”.
Abu Ishaq Ibrahim ibn
Sahl nació en Sevilla en el año 1212, notoria fecha
para la expansión del Reino de Castilla sobre Al-Andalus.
Aunque su familia era de religión judía, se educó y formó en el seno del
ambiente musulmán predominante en la época de la taifa sevillana
de Ibn Hud, a la que a
partir de entoces empezaron a fallarle los apoyos del
imperio almohade. Allí estudio la lengua, la literatura y la gramática árabe,
así como la revelación coránica, al amparo de los mejores maestros de Sevilla.
De este modo, cuando tuvo ocasión de encauzar su conocimiento, hizo la
profesión de fe islámica, adoptando el nombre musulmán con el que pasó a la
posteridad por sus creaciones literarias.
Además se
interesó por la Medicina y la Astronomía. Durante su formación, conoció a otros
que serían igualmente personajes célebres, con los que entabló una gran
amistad. Destacan Ibn Said, gran historiador de la
literatura andalusí y Ibn ‘Umar al Anadí de Ishbiliyya (Sevilla).
Ibn Sahl tenía una gran sensibilidad y retentiva, inspirándose
en la naturaleza y las crónicas de sus mayores para la composición de su
poesía. Se convirtió en un personaje célebre a temprana edad, lo que no era
inusual para los buenos poetas y artistas cultivados en un lugar como la corte
Sevillana, al igual que ocurría en las restantes taifas como la Murciana,
Granadina o Valenciana, ámbitos selectos y palatinos en los que se apreciaban
especialmente estas obras. Ibn Sahl
de Sevilla, está considerado el mejor poeta de su tiempo.
Es un siglo
tremendamente inestable. La decadencia de la cultura islámica en Al Andalus, sometida por la presión de Castilla y Aragón llega
a su materialización más patente hasta entonces. En poco más de media centuria,
se desmembra por completo el islam
en el suelo peninsular ibérico. La sucesiva caída en manos cristianas de las
grandes ciudades, que fueran otrora emblemas de la cultura andalusí, como Saraqusta (1118), Tulaytula
(1086), la isla de Mayurqa (1229), la antigua capital
emeritense, Mérida (1229), la incomparable Qurtuba,
la joya del mundo(1236), Yayyan (1246), la propia Ishbiliyya (1248) y la antigua Tudmir,
actual Murcia (1264) así lo refleja.
Esta debacle
política, tiene además para aquellos creyentes
implicaciones filosóficas y religiosas que afectan a los mismos pilares de su
civilización. Ello genera en el joven Ibn Sahl una angustiosa desazón que le lleva a buscar refugio
en lugares más sosegados. Se traslada a Almería, y en un viaje a Túnez su barco
es asaltado por piratas, de cuyo cautiverio es liberado por tropas del
gobernador al Hakam de Menorca.
En 1248 se traslada a Ceuta, por entonces dependiente del emirato sevillano, y
adonde se quedará tras el desastre de la capital sevillana de ese mismo año. Cuentan que le sobrevino
la muerte a temprana edad, en el año 1251, a causa de un naufragio a bordo de
la nave al Maymum, en compañía del propio hijo del
gobernador de Ceuta.
Todo el que me
censura por amarlo,
Se maravilla
cuando ve mi constancia.
Ibn Sahl trata fundamentalmente dos temas en su poesía. La
primera parte de su vida está dedicada a la poesía lírica, erótica, amorosa, en
la que describe su amor platónico por el joven Musa.
He sido
fulminado por la luz de Musa,
No puedo
permanecer de pie cuando lo veo.
La segunda
parte, una vez que abandona su ciudad natal, está centrada fundamentalmente en
el panegírico, composición de gratitud o adulación a los personajes influyentes
de su entorno más próximo. Otros temas de esta época se centran en
descripciones de ambientes naturales, elegías, celebraciones, etc.
Utilizó la “moaxaja” (muwashahah), de origen
netamente andalusí, cultivando igualmente la más clásica “qasida”
árabe. Empleó en sus composiciones una enorme variedad lingüística, repleta de
recursos sonoros y rítmicos, de los que desgraciadamente no podemos dar cuenta
aquí por cuestiones de rima y traducción. Sus moaxajas
son especiamnte musicales, sirviendo de patrón para
otros compositores posteriores. La otra característica de Ibn
Sahl es su gran recurrencia a la escritura islámica,
el Corán. En su poesía aparece un gran interés por demostrar su dominio de la
lengua árabe y los conocimientos de la última Revelación Divina. Esto parece
ser un recurso utilizado en defensa de su creencia a ojos de sus allegados,
posiblemente por el hecho de ser un converso al Islam.
Si la luna
viera su rostro, se prosternaría
si el cuarto creciente viera su mejilla,
enrojecería de vergüenza
Al igual que Ibn Hazm o Abbas Ahnaf,
Ibn Sahl eleva al ser amado
al rango de criatura celeste. Para él, el amor urdí, es una religión derivada
de los sentimientos del corazón y expresados con el arte de la retórica
poética. En su poesía, Ibh Sahl ofrece una imagen del
amante desgraciado y consumido por la enfermedad del amor. El agotamiento
físico le lleva a la sumisión del espíritu y a la humillación “gloriosa” que
produce este amor espiritual. No tiene ninguna esperanza de curación, ya que el
ser amado es a la vez la enfermedad y el remedio.
Soy un enfermo
grave, cuya desgracia
ha decretado el poder de la belleza
y que ha muerto de tristeza
antes de redimir sus deudas.
En la poesía de
este autor, el joven Musa ocupa el lugar de la “bien amada” del amor cortés. Es
un ser angelical hecho de luz. Igual que Musa (el profeta Moisés), es capaz de
hacer milagros y embellecer la existencia, etc. Ibn Sahl es un poeta conocido en el occidente musulmán. Su
popularidad se concreta en la elección de algunos de sus poemas en los célebres
cuentos de las Mil y Una Noches. Aún hoy en el norte de África se canta su
poesía. Igualmente, sus poesías sirven para estructurar y dar letra a muchas de
las composiciones musicales derivadas del exilio y diáspora andalusí, sobre todo
en los países del Magreb.
Esperaba que me
concedieras tus favores
y me has dado a beber,
con la distancia tu amargura
Por Dios, calma
el ardiente amor de mi pecho
dándome a beber tu saliva de miel.
La enfermedad de la pasión de mi alma no tiene otra
cura que besar los labios rojos de tu bella boca.
Por Dios, pregunta por mi sed a tus clientes de perlas y a tu
fresca saliva de miel por mi fuego.
¿Qué va a pasar a mi alma, que por tu amor ha perecido, si no
te inclinas a oír sus quejas?
Has cortado mis noches con la espada del insomnio hasta tal
punto que se han convertido
por la mirada de tus
ojos negros, en un esclavo ladrón.
Juro por mi
religión que es el amor que siento, y por la alquibla de mi devoción, tu
hermoso rostro
que la pasión nace de mis
entrañas y si esta enfermedad se adueña de mi cuerpo
prefiero
estar enfermo a tener alma.
Cuando me ve el
amado esclavizado por su amor, de su poder se da cuenta y coquetea:
bien puedes ser inconstante,
porque eres la luna llena y el amado tiene razón si es caprichoso
Cuando llegue
la noche, pregunta a tu hermana la luna llena por mi insomnio:
las estrellas,
igual que los humanos, saben de mi.
Grito mi queja,
bebo mis lágrimas y aspiro el perfume de tu recuerdo fragante.
Con tu imagen
en sueños, no está vacío el corazón del triste, pero el sueño,
después de tu partida,
amado, ya no es dulce
Soy yo quién
siente esta locura de amor: te amo, luna por encima de todos
La tierra viste un manto de
verdor y la llovizna esparce aljófar
sobre las colinas,
se despiertan las
flores, parecen alcanfor, y almizcle penetrante el polvo;
las azucenas
saludan a las rosas, boca de perlas que besa una mejilla roja.
El río entre los arriates
parece una espada que cuelga de un verde tabalí.
Las aves se levantan,
oradores que tienen por tribuna la foresta.
Existe un disco de la serie SONY CLASSICAL, titulado “Obras Maestras
del Canto Andalusí”, bajo la dirección musical de Omar Metioui,
en el que se cantan en lengua original los poemas estos poemas de Ibn Sahl.
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DECLARACIÓN
¡Declararé abiertamente lo que
siento
aunque llene el
espacio!
No voy a
murmurar de quien me da la espalda.
Es para mi una gacelilla
que caza a los
leones con los ojos
ante los cuales el
valiente tira la lanza y huye.
Es una rama en
el alma plantada, una estrella
que trae la lluvia
de las lágrimas desbordadas.
No es que la
noche sea más larga porque se haya ido,
es que mis ojos,
al llegar la mañana, no ven su luz.
Lloro y ríe
contento con mi amor,
ay, el amante
cosecha enojos de esta alegría.
No busques mi
aliento con tu boca
de dientes como
piedras de granizo,
Pues temo que
los toque un ascua ardiente.
El sueño ha
huido, mas el amor
dentro del nido de mi
pecho
tiene las alas
cortas, no puede levantarse.
Me gustan las
historias de Moisés y de su pueblo
que me hacen
recordarte.
Me quejo ante
tus ojos lánguidos, ¡qué error
que el blanco se
lamente ante la flecha que lo hiere!
Es una desventura
que al corazón atormentado
han traído mis
ojos tiranos,
los párpados de
Musa y el destino.
NO ME DEJES HERIDO COMO
ESTOY
Me hacen reproches, más
cuando aparece
el blanco de mi
amor dicen:
“Llegas a la pasión por el
buen camino”.
Mi mejilla está ahogada en
llanto por la nostalgia
de aquel cuya
mejilla riega el agua de la juventud,
dulce al hablar como
si sus palabras
bebieran la miel de su
saliva.
Por Dios, Musa, pues te es
tan agradable destruir,
dame el golpe de
gracia y no me dejes herido como estoy.
Harut ha dejado en
tus ojos sus hechizos
y su tortura
atenaza mis entrañas.
Me has hecho desesperar de
la unión contigo
igual que desesperan las
partículas de tener declinación.
