LA CERÁMICA ANDALUSÍ
Creó al hombre de arcilla, como la cerámica; y creó
a los genios de fuego puro.
Sura a-rahmán. Qurán, 55:14-15

El inicio de las técnicas alfareras surge
en las civilizaciones humanas, según las cronologías históricas en la
transición de la Edad Neolítica a la Edad de los metales. Las viejas industrias
de la piedra, hueso y asta se perfeccionan, junto con el trabajo de la madera y
el trenzado o trabado de las fibras textiles. La industria del barro, aplicado
a la fabricación de vasijas y utensilios domésticos empieza con el Neolítico,
cuando las mujeres de entonces empezaron a revestir con barro los recipientes
de mimbre entretejido, piel o madera que hasta entonces usaron para la cocción
de los alimentos, de modo que resistían mejor el calor y permitían su
aplicación directa a la llama o rescoldos de los hogares. Posteriormente
consiguió hacer elementos de arcilla solamente, sin la estructura de sostén
interior y aprendió a cocerlas adecuadamente. Esta industria fue principalmente
femenina, según reflejan las impresiones digitales que se encuentran en los
yacimientos arqueológicos.
La evolución progresiva del dominio de la
industria de la arcilla será la que permita la aparición y dominio de la
industria de los metales. Los moldes de alfarería son los que permiten el
dominio y modelado de la fundición, con la cual los metales prosperan sin
medida haciendo posible todo tipo de conformación y sobre todo, permitirán el
descubrimiento y manejo de las aleaciones, dando nombre, por su trascendencia,
a las distintas etapas.
Las primeras técnicas consisten en la
elaboración de anillos o volúmenes tóricos de distintos calibres o grosores que
se superponen entre sí, siendo modelados y selladas sus uniones con ayuda de
las manos.
La rueda o torno de alfarero fue desconocida en Occidente durante
muchos siglos. En Mesopotamia (la actual Iraq), cuna de las civilizaciones se
empleaba ya hace unos 6.000 años. De allí pasó a Egipto unos mil años después;
a Creta hace unos 2.500 y desde allí a Grecia e Italia. En la Península Ibérica
se conoce hacia estas fechas, sin duda alguna por la influencia de las rutas
marítimas a través del Mediterráneo procedentes de Oriente Medio.
La cerámica es, a juicio de numerosos arqueólogos, la expresión
artístico-industrial más característica de una individualidad étnica, aunque su
calidad y técnica está estrechamente vinculada a los recursos naturales del
entorno próximo. Los campos arcillosos de las depresiones interiores de la
Península Ibérica siempre fueron así centros de producción notables por su
calidad, muchas de ellas mantenidas hasta hoy. Los colores y ornatos, por otra
parte, menos indispensables a su vez, serán los que caractericen de uno u otro
modo la configuración y el aspecto externo en función de las disponibilidades
al alcance o ya en este caso de las existencias en los flujos comerciales.
La cerámica de la llamada “cultura de las
cuevas” es de gruesos calibres y superficie poco acabada. La decoración es
extremadamente simple, llevada a cabo con incisiones, apliques superpuestos o
impresiones digitales. Progresa con el uso de punzones y estiletes que
sustituyen a dedos y uñas como instrumentos de grabación. De esta época es el
vaso campaniforme. La cerámica se deriva desde los utensilios de aplicación
meramente funcional hacia la elaboración de otros de carácter más ornamental,
sobre todo efigies y estatuillas.
La cerámica de los pueblos ibéricos “sensu
stricto” es ya mucho más evolucionada, de aspecto similar a la que aún se
encuentra en muchos puntos de las montañas norteafricanas, de factura más
rústica. En las formas de los vasos y en su decoración muestran los iberos sus
dotes de artistas, aunque no llegan a la altura de maestría que muestran en sus
esculturas. Aunque con formas propias, de facciones más bien ovoideas, el
frecuente contacto con las culturas del mediterráneo oriental les lleva a
imitar estilos cartagineses o griegos. Los vasos se manufacturan con la ayuda
del torno, empleando barro selecto y bien purificado, de color amarillento o
rojizo, sobre el que se pintaba con tonos pardos y ocres. La imaginería que se
plasma es diversa, estilizaciones florales, motivos animales o escenas de la
vida cotidiana o militar. La época mejor de la cerámica ibérica parece
corresponder a los siglos III, II y I a. C., época inmediatamente anterior a la
llegada de las legiones y la cultura de Roma.
En
la época de esta cultura la cerámica queda ensombrecida por otras
manifestaciones artísticas en las que los latinos fueron maestros. La industria
cerámica quedó relegada a los pueblos pequeños, mientras la ciudad adoptaba la
común a todo el mundo romano: grandes tinajas esféricas, ánforas de cuerpo
cilíndrico y fondo apuntado para su inserción en lechos blandos de arena o
barro; cerámica fina estampada y barnizada (terra sigillata), que se llamó
“barro saguntino”, y también “cerámica aretina” porque venía de Arezzo
(Italia), aunque también se producía en Hispania, acaso más primorosamente.
Junto a estas piezas, decoradas en relieve con escenas mitológicas o animales,
se encuentran otras de decoración superpuesta, o sin motivos decorativos,
quedando su valor artístico relegado al perfil y su finura.
Los romanos fueron también
unos eficaces difusores de la técnica de mosaico con fines decorativos. No
obstante, en esta época no puede considerarse como arte cerámico dado que el
trabajo es más bien de cantería, mostrando un hábil manejo de la piedra, tanto en
la confección de la tesela como en la combinación de la misma para la
composición figurativa y gamas cromáticas. Es sin embargo el germen para una
posterior técnica decorativa en la habrá de intervenir magistralmente el arte
de combinar el barro y el fuego.
La industria cerámica decae
en la época de dominio visigodo. Es un hecho un tanto inexplicable, teniendo en
cuenta la aplicación cotidiana de los útiles cerámicos, el nivel técnico
existente y la ausencia de complejidad en cuanto a infraestructura y tecnología
se refiere. Sin embargo, la producción en los centros orientales se mantiene y
será ahí donde prospere y evolucione para llegar posteriormente hasta las
tierras de Al Andalus con el aperturismo nuevamente hacia el medio Oriente.
La cerámica en Al Andalus, la cerámica
andalusí, es la manifestación más elevada que
esta industria alcanza sobre el suelo ibérico hasta entonces, llegando
a logros y expresiones que actualmente perduran como tales, una vez recuperada
del decaimiento que sufrió tras la conquista castellana y solamente superados
en el Siglo de las Luces por la aparición de la técnica porcelana. La cerámica
es una industria de la que los andalusíes sacan el mayor partido. Se sirven de
ella no solo para fabricar útiles domésticos (vasos y vasijas, jarras, platos,
ataifor, cuencos, candiles, cajas y joyeros, lámparas, brocales de pozo,…) sino
que le dan un empleo decorativo arquitectónico desconocido hasta entonces.
Brocal de Pozo cerámico. Málaga Mortero
cerámico. Málaga
La variedad de formas, la policromía y la
esbeltez de las piezas así como los delgados calibres de sus paredes
conseguirán valores nunca conocidos hasta entonces en el Occidente del mundo
conocido. Los andaluces manifiestan maestría en el dominio del uso y alquimia
de los esmaltes con los que recubren el barro, dotándole de dureza,
impermeabilidad y un espectro cromático que solamente una cultura como esta,
obsesionada por la Luz y gobernándola como ninguna otra será capaz de llevar al
más alto nivel.
La
palabra “cerámica” designa a la vez la alfarería, tierra cocida de producción
rural, y la loza, de fabricación urbana.
La alfarería de uso doméstico, hecha por mujeres, se monta con un
columbino y se cuece bajo un fuego hecho
con ramas. La loza, de uso comercial, la hacen los hombres y se fabrica con el
torno, se cuece en horno y es decorada con esmaltes que se vitrifican tras una
segunda cocción.
A las piezas sin esmaltar y sin colorido,
correspondientes a las representaciones más rústicas y humildes, propias de la
cerámica de uso cotidiano y rural, les siguen en simplicidad las de cerámica
esgrafiada, en la que la técnica del esmalte muestra ya más elaboración y
complejidad. Esta técnica consiste en proporcionar a la pieza un esmaltado
uniforme que actúa como base y sobre el cual se establece otro de color
diferente y contrastado sobre el cual se hacen dibujos con el grafio o
estilete, que araña la superficie dejando a la vista el color de la capa
oculta, de modo que en positivo o en negativo se da forma a las imágenes o
motivos que decoran la pieza. En los alfares andalusíes, es muy utilizado el
manganeso, bien como capa inferior (cerámica manganeso-esgrafiada) o bien como
elemento para trazar líneas de color oscuro sobre el fondo o base de color más
claro.

Jarrita vidriada
Cerámica Califal. Tipo Verde-Manganeso
Transición de aquella, será la cerámica
verde manganeso, en la que se enriquece el repertorio cromático con la
inclusión del tono verdoso glauco que se consigue con el óxido de cobre. La profusión
de este tipo cerámico en los talleres cordobeses durante la época del emirato
independiente y califato, le han proporcionado la denominación de Cerámica
verde manganeso, Cerámica verde cordobesa o Cerámica califal, siendo Córdoba y
Medina Azahara posteriormente los principales centros productores. Las formas
son de origen romano y la decoración, se aleja mucho de la mítica iconoclastia
islámica, mostrando claros e intensos influjos del arte bizantino. Así, sobre
el fondo blanco vidriado se implanta la decoración verde azulada que genera el
óxido de cobre, perfilando los contornos de las figuras o motivos con la línea
negro-violácea que da el manganeso. Son famosos “el plato de la nave” o el
“Ataifor del halconero”, cuya interpretación por el taller de Al Yarrar aparece
en estas imágenes. Otros como el ataifor de la gacela o el del caballo alejan
la idea de la ausencia de figuras en el arte musulmán. A su vez, estas piezas,
producidas en los inicios de la cultura árabe en el suelo ibérico, apoyan las ideas
expresadas por Ignacio Olagüe, postulando una islamización de las tierras
andalusíes mucho más tardía de lo que la Historia clásica sostiene. También hay
numerosos motivos caligráficos o simplemente geométricos que decoraron platos,
cuencos, escudillas, ollas, jarras, botellas (la botella de los músicos),
siendo la cerámica de lujo del momento.



Ataifor de la Gacela. Medina
Azahara. Ataifor “El Muluk”. Medina Azahara. Ataifor del
Halconero. Medina Ilbira.
Cerámica Coloreada.
En muchos lugares del
Oriente Medio, los arqueólogos han encontrado fragmentos de loza y porcelana
china, lo que confirma que dichos objetos se difundieron ampliamente por todo
el califato árabe durante la época abbasí. Por demanda de la cerámica China,
los alfareros locales, que no conocían la técnica ni tenían los medios
materiales precisos, tendieron a imitarla manejando los materiales y tecnología
a su alcance. De este modo, se introduce la variedad cromática, unas veces
monocromática, con variación de tonos como la combinación de los azules, otras,
dando rienda suelta a la imaginación e imitando la naturaleza con la variedad
de la policromía. En las provincias por su parte, se desarrolló un sistema
propio para imitar la cerámica abbasí cubierta de inscripciones.


Platos
Azul Cobalto de Fes. Marruecos
Tras la revuelta del
arrabal en Córdoba (año 814), durante el reinado de Al Hakem I, se produce como
consecuencia de la deportación de los
sublevados el primero de los éxodos andalusíes que se conocen. Miles de
familias fueron obligadas a marcharse de la capital andalusí y cuentan las
crónicas que unas 8.000 de ellas se establecieron en el vecino Magreb, siendo
la ciudad de Fes uno de los principales destinos de aquellos, en la que
fundaron el aún hoy existente barrio de los andaluces. Se inicia con este éxodo
el primer gran trasvase cultural andalusí generándose en aquella ciudad un
activo centro de difusión de las artes andalusíes, entre ellas la renombrada
cerámica de Fes. Posteriores emigraciones darán lugar a otros centros de
notoria influencia andaluza, como Rabat, Tetuán, Salé y Tlemsen

Piezas de Cuerda Seca. Al Qasba, Málaga
A finales del siglo X, se
crea en al-Andalus una técnica totalmente original e innovadora, la denominada cuerda
seca. La cuerda seca consiste en
el perfilado sobre un fondo esmaltado de los motivos, generalmente geométricos,
que configuran la decoración de la
pieza, mediante un material que impide el contacto entre los esmaltes que
quedan en el interior de las superficies delimitadas por estos contornos. Esta
técnica surge como reacción al problema del corrimiento del cobalto sobre el
esmalte, que impedía la clara definición de los contornos. Este sistema
permitía, como variante del vidriado normal, que los colores se mantuvieran
separados entre si, delimitados por unos pequeños relieves, sin llegar a
fundirse y mezclarse ya que no tenían contacto entre ellos. A partir de
entonces, se desarrolla la policromía, pues se facilita el manejo y combinación
del repertorio cromático en la pieza.




Platos Policromados. Granada. Variedad
de formas.Cerámica Al-Yarrar


Platos Policromados
de Fes. Marruecos
Cuatro colores componen la paleta tradicional del ceramista andalusí:
marrón, verde, amarillo y azul. El marrón se obtenía de óxidos de hierro y
manganeso, obteniéndose tonos hasta ocre o rojizo, el verde del óxido de cobre
y el amarillo de la limonita. El azul se obtenía a partir del óxido de cobalto
y es el único color que se utiliza en las series monocromas, combinando a veces
con tonos o bien con elementos de amarillo o carmín.
La cerámica azul caracteriza una serie de la producción cerámica
andalusí, sobre todo las de las ciudades de Garnata, en Al Andalus y Fes, en el
Magreb.
Los motivos son enormemente
variados, como puede intuirse en las imágenes que presentamos aquí, aunque se
abandona casi por completo la iconografía representativa, siguiendo los
preceptos islámicos y se sustituye por elementos vegetales, caligráficos y
sobre todo la simbología del trazado geométrico representante del mundo, de la
luz y en definitiva de la Unicidad Divina.
La otra gran expresión de
la cerámica cromática andalusí es el mosaico, al que ya se ha aludido
arriba y al que los musulmanes aplicarán nueva manufactura y tecnología,
dándoles un sello inconfundible. Asumido el gusto por los revestimientos
murales de suelos y paredes que los bizantinos heredaron de su pasado latino,
los árabes y andaluces los mejoran en cuanto a plasticidad y color, dándoles un
importante valor arquitectónico.
El uso de la arcilla, dota
a los mosaicos islámicos de mayor plasticidad en su confección, permitiendo la
diversidad de formas y perfección en la elaboración de las teselas. A su vez,
el esmaltado vitrificado les proporciona color, dureza, reflejo e
impermeabilidad, lo que les hace material imprescindible para llenar de luz y
suntuosidad cada una de sus obras arquitectónicas. En un principio, la técnica es de rotura,
mediante el corte con un cincel o alicate de los trozos cerámicos, de donde
deriva el nombre de “Alicatado” con el que a veces se conoce el recubrimiento
de losetas o teselas cerámicas en murales. La complejidad de esta técnica
deriva de la impredecibilidad del corte por la fractura del material, lo que se
resolvía mediante el trazado previo de la línea de corte y maestría del al
bany, siendo normal la pérdida de muchas piezas y el mellado de los bordes
esmaltados. Con el dominio del arte, la técnica pasa a ser de moldeado,
mediante el corte del barro en fresco con moldes metálicos adecuados y su
posterior cocción y esmaltado, de modo que la perfección en las juntas y formas
llega a ser cara.

Zócalo en mosaico cerámico del Mausoleo
Mulay Ismail. Mequinez (Marruecos)
El mosaico cerámico recibe
también el nombre de “azulejo”, del que siempre pensé que derivaba de sus tonos
azules. La culturilla general sin embargo, me ha llevado a ver que dicha
nominación se genera por la deformación al castellano del árabe “az zulaiiỷ” o el “zel lig” que llaman los francófonos, y que
viene a significar “el resbaladizo”, por el carácter impermeable que da a la
estructura mural, protegiéndola eficazmente de las filtraciones de humedad en
su uso como “zócalo”, de etimología árabe próxima a la anterior.
Los motivos decorativos del
azulejo son variados también, experimentando una evolución similar a la que se
manifiesta en los demás usos cerámicos a medida que se desarrolla el credo
islámico. De los ornatos figurativos animales o humanos de la época omeya
(Palacio de Qsayr ‘Amra, Gran Mezquita de Damasco), se pasa a los vegetales o
los puramente geométricos de la última época. El empleo de mosaicos cerámicos
alcanzó su punto álgido en el mundo islámico occidental bajo los meriníes en
Marruecos (s. XII al XVI) y los nasaríes en el reino de Garnata (s. XIII al
XV). En esa época, los motivos son complicados modelos de trazado rectilíneo
(lazos de cuatro a lazos de dieciséis), o curvo, que se derivan de modelos
matemáticos y sus aplicaciones geométricas (traslaciones, rotaciones, etc.). En
la gama de colores predominaban el verde, el marrón claro y el blanco, pero
también amarillo, negro y azul, en menor proporción.
El mosaico se combinó
hábilmente con las cenefas caligráficas, a modo de remate en su transición del
zócalo cerámico con el estuco de la pared, bien con losetas cerámicas o bien
con bandas de marmolina con decoración caligráfica o de ataurique. La derivación
de este arte hacia la loseta cerámica decorada con los mismos motivos no tuvo
como fin sino el abaratamiento de los costes, tanto en producción como su
puesta en fábrica, siendo el uso principal que ha llegado a nuestros días.
El
Reflejo Metálico
Los alfareros abbasíes
desarrollaron sistemas más creativos para colorear la cerámica. El sistema más
famoso, y el más caro, fue la técnica del reflejo metálico, en el que la
cerámica esmaltada y cocida se decora con óxido metálico y se somete a una
cocción especial, caracterizada por producirse en condiciones de reducción, lo
que genera la alteración electrónica, dando lugar a singulares reflejos
metálicos. La cerámica de reflejo metálico era extraordinariamente cara debido
al exceso de trabajo, ya que requería hornos especiales, un doble proceso de
cocción y ciertos conocimientos y cuidados especiales. Parece ser que fue
desarrollada en los inicios de la dominación abbasí por los sopladores de
vidrio egipcios y sirios.

Plato de Reflejo Metálico. Granada. Replica del Jarrón de las Gacelas de la
Alhambra.
En la Península Ibérica, la cerámica de reflejo metálico se conoce
como “loza dorada” y constituye la más refinada expresión cerámica que se hubo
elaborado hasta entonces en nuestro suelo. Su época de esplendor corresponde al
reinado de la dinastía nasrí cuando la cultura andalusí quedó reducida al reino
independiente de Granada. En ese tiempo, su producción principal se encontraba
en los talleres de la ciudad de Málaga, desde la que, por su puerto de mar, se
distribuía al mundo entonces conocido como objeto de lujo y reconocido valor.
La cerámica fue desde siempre un elemento de notable importancia económica para
los musulmanes, basando en ella junto con la producción de seda, azúcar, papel,
y otras labores artesanales su floreciente comercio exterior. El impulso de
estas artes en Toledo, Talavera, Manises, Valencia por los reyes castellanos y
aragoneses tuvo como uno de sus objetivos el establecimiento de una competencia
a tales productos en el ámbito mediterráneo que debilitase en la medida de lo
posible a la economía del reino andaluz.
Cuando son conquistados los últimos andaluces musulmanes, por los
reinos cristianos del norte, y sus habitantes sometidos a servidumbre o
vasallaje, el artesanado independiente decae notablemente al igual que otras
actividades que anteriormente florecieron en la época andalusí. De este modo,
las técnicas cerámicas de entonces se estancan, sufriendo una regresión
importante hasta el florecimiento del estamento burgués en el siglo XVIII, y de
la que aún hoy se resienten los talleres toledanos, valencianos y andaluces.

Reproducción
de zoco cerámico en Al Qasba de Málaga
Incluimos enlace con dos ejemplos de la magnífica recuperación de la
cerámica andalusí en talleres actuales sitos en la ciudad de Granada.
Cerámica
Andalusí Miguel Ruiz Cerámica Andalusí Al-Yarrar

ARTESANÍA OUAD NAJLA
Mfedal Oulad Belhaj
Carretera
Tetuán-Chefchaouen. Marruecos.
Ventas al mayor
y detalle de cerámica andalusí (Fes, Safi, Tetuán). Buenos Precios y mejor
trato. Recomendado
Antonio Pulido
Pastor.
Acércate a tu Historia,
Sierras Tejeda y Almijara, Legado Andalusí al natural