SINTAXIS DE LA NEGACIÓN

 

 

SINTAXIS DE LA NEGACIÓN

 

Datos del andaluz

 

 

Gorka Redondo Lanzas

 

Julio, 2004

 

 

 

3.1: La negación.

 

            La negación es un importante marcador sintagmático cuya posición relativa en la oración sirve de hito que permite situar el resto de constituyentes y, más en particular, “medir” el alcance de las elevaciones motivadas por la regla de muévase a, a partir de la estructura proposicional establecida por el modelo minimalista de la Gramática Generativa.

 

            Las lenguas romances, por su parte, ofrecen una amplia casuística en torno a la negación, a cuyo estudio se han dedicado numerosos trabajos. En general, el comportamiento de los elementos negativos oracionales, esto es, los que afectan al predicado verbal, en esta familia lingüística, ha sido dividido en tres grupos por la lingüista Mair Parry[1], de acuerdo con los tres tipos estructurales observados, que, a su vez, representan tres fases diacrónicas en la evolución de la negación oracional de los dialectos galo-romances y  de los dos grupos de transición colindantes, a saber: el pirenaico y el galo-itálico[2]:

 

a- Negación I:             Latín à non video.

                                   Castellano à no veo.

                                   Italiano à non vedo.

 

b- Negación II:            Francés à je ne vois pas.

 

c- Negación III: Francés coloquial       à je vois pas.

 

            Según estos patrones, el andaluz pertenece al primer tipo, al contrario de lo que cabría esperar, teniendo en cuenta que, tanto en ciertas evoluciones fonéticas, como en algunas de carácter sintáctico, los dialectos andaluces muestran una clara cercanía con el francés.

 

            En este aspecto, por lo tanto, concuerda con el castellano y con la mayor parte de  variedades románicas de la Península, a excepción del catalán[3] y del aragonés[4], que se sitúan ambas en una posición intermedia entre el latín y el francés estándar. En efecto, y aunque el patrón dominante, en estas dos lenguas, sea el I, cuentan también con el tipo II, sentido como negación más contundente y, a menudo, pero no siempre, como respuesta contraria a una proposición afirmativa, más que a una pregunta[5].

 

i: cat.- Que tens tu les meves ulleres? à - Jo no les tinc. / No, jo no les tinc pas.  

arag.- Que tiens tu as mías gafas?      à - Yo no las tiengo. / No, yo no las tiengo pas.

cast.- ¿Tienes tú mis gafas ?               à - Yo no las tengo. / No, yo no las tengo.

 

ii: cat.- Algú ha agafat el regal.  à  - Doncs jo no l’he agafat pas.

arag.- Belún ha pillau o regalo à  - Pus yo no l’he pillau pas.[6]

cast.- Alguien ha cogido el regalo. à - Pues yo no lo he cogido.

 

            En todo caso, el comportamiento de la negación, en los dialectos andaluces, ofrece algunos puntos de disidencia  e interés respecto de la lengua oficial castellana. Así, entre los datos presentados en este repertorio, se encuentra un conjunto de construcciones que, por sus características, podemos dividir en tres grupos:

 

A:  Perífrasis verbales con negación incrustada (puntos a- y b-).

B:  Negaciones expletivas (punto c-).

C:  Doble negación (punto d-).

 

 

            Cabe decir, por otra parte, que ciertas construcciones de uso muy frecuente y carácter enfático podrían haberse gramaticalizado, lo que significaría la aparición del tipo II también en andaluz. En este proceso, además del adverbio no, están implicados varios elementos léxicos, xihpa, na y miaha sobre todo, que se corresponden con partículas que muestran el mismo funcionamiento en otras variedades romances, como sería el caso de mica, en catalán y aragonés.

 

1-  Yo, de furbô, no entiendo una xihpa.

2No me guhta miaha lo q’ehtai aziendo.

3-  Lô xiqiyô no an qomío na.

 

            Ahora bien, el comportamiento de estos elementos varía bastante en oraciones compuestas con verbos modales, dado que, al no haberse cumplido ese proceso de gramaticalización, no pueden aparecer junto al auxiliar modal, como es el caso de la partícula pas del catalán. A modo de ejemplo, podemos observar las siguientes construcciones:

 

4- La Carme no ha pogut pas comprar-li res a la sogra. à cat.

5- La Qarme no á podío *miaha merqale na a la zuegra. à and.

6- Carmen no ha podido *miaja comprarle nada a la suegra. à cast.

 

 

3.1.a/ Con verbos modales de obligación.

 

            Las perífrasis modales de obligación tenè qe + infinitibo y la impersonal ai + que son susceptibles de llevar la negación incrustada entre el auxiliar y el infinitivo. El resultado es, tal como vemos en los datos abajo consignados, una construcción de más que dudosa gramaticalidad en castellano, lengua en la cual la secuencia de constituyentes, sea cual sea el auxiliar utilizado, será siempre Neg. + V.aux (que) + infinitivo.

 

            En andaluz, por lo menos, en la variedad de la que proceden estas oraciones, que es la de Arbuniel (Sierra Mágina), la interesante intermediación de la negación rompe la continuidad de la estructura sintáctica entre los nodos que expresan Modo y Aspecto, situación ésta poco corriente en las lenguas de nuestro entorno[7].

 

7-   Aora tenía yo qe no qomeme la naraha.

8-   A la ninya, ai qe no dehala azè ezâ qozâ.

9-   Tenía q’abeze ido, por lo menô, abè qe no benío.

10- Tenían qe no abelâ qozío tanto (lâ abixuelâ).

11- Tenían qe no abè hugao (lô furbolihtâ no qomunitariô).

 

La comparación con la otra perífrasis modal de obligación, en la que el verbo auxiliar es debè, puede esclarecer algo este fenómeno:

 

7’-        Ahora debía yo **no qomeme la naraha.

8’-        A la ninya, debían *no dehala azè ezà qozâ.

9’-        Debía abeze ido, por lo menô, (debía) *no abè benío (¿).

10’-      Debían *no abelâ qozío tanto.

11’-      Debían *no abè hugao.

 

Para empezar, vemos una menor aceptabilidad general de esta segunda serie y dos diferencias entre estas oraciones y las primeras: la presencia del complementador qe y la aparición de infinitivos de perfecto con el auxiliar abè, en los tres últimos casos. En un tratamiento algo más detallado, se constata que habría que matizar esa menor aceptabilidad, pues (7’) se percibe más decididamente agramatical que (8’) y, a su vez, en segundo lugar, los ejemplos de (9’) a (11’) parecen más admisibles que los dos anteriores.

 

Otro aspecto que se debería considerar, referente al léxico, es la preferencia del andaluz -como el castellano coloquial, en general- por la perífrasis tenè qe, razón por la cual, la falta de datos aceptables con el verbo debè podría explicarse no por cuestiones de subcategorización sintáctica de este predicado, sino por su menor uso. Así, cuando el hablante, en razón del entorno social e, incluso, geográfico, se expresa en castellano estándar formal y opta por el uso del modal deber, puede aparecer la estructura dialectal andaluza con este V, por “descuido” del emisor.

 

Esto es lo que habría ocurrido con una joven locutora de Radio 3, residente en Madrid, pero natural de la zona de Málaga (de Benalmádena, más concretamente), que, aún hablando en la lengua estándar, y mientras hacía una enumeración de obligaciones, utilizó la estructura que estamos comentando[8]:

 

12-  Debe no + infinitivo

 

Volviendo, pues, a las construcciones más habituales, y comenzando por (7’) y (8’), la diferencia entre ambas, y lo que explicaría su distinto grado de agramaticalidad, radica en el hecho de que, en (7) tenemos un infinitivo regido, esto es, que tiene el mismo sujeto que el auxiliar, mientras que (8’) es un caso de infinitivo no concordado.

 

De (9’), (10’) y (11’) ya hemos comentado la presencia del rasgo [+ perfectivo], en los infinitivos. Sería éste el responsable de esa relativa menor agramaticalidad de estas construcciones. Por otra parte, (9’) gana en aceptabilidad si prescindimos del auxiliar:

 

9’’- Debía abeze ido, por lo menô, no abè benío. (¿)

 

y, ademas, la segunda proposición, que es la que nos interesa, tal y como la tenemos en (9), pero sin la conjunción, es respuesta frecuente de oraciones en las que se verbaliza alguna queja o experiencia negativa:

 

13- ¡Baya aguarrón nô bamô xupao!

14-  ¡Abè no zalío! / ¡No abè zalío!

 

 

Para finalizar, (15) muestra el mismo comportamiento que las perífrasis de obligación con tenè qe, aunque, en este caso, la perífrasis es más compleja y, por la interpretación que podemos darle en castellano, parece sustituir al pretérito perfecto de subjuntivo, por más que formalmente adopta la expresión léxica del futuro perifrástico inmediato ì + a (ir + a):

             

15-   Iba a no abelâ qomprao (unâ pilâ pa la qámara afotô).

          cast.-   No iba a comprarlas (no tenía la intención de…. ).

     

 

3.1.b/ Negaciones expletivas.

 

            La negación expletiva es aquella que se juzga como innecesaria para la correcta comprensión de la oración, de manera que, en la Forma Lógica (FL), debe desaparecer. En este apartado se recogen un buen número de ejemplos de este fenómeno, de los cuales, algunos se pueden agrupar bajo un mismo epígrafe. Eso es lo que vamos a intentar a continuación:

 

i-                    Negación en oraciones comparativas.

 

Los casos de este tipo, que quizá estarían mejor clasificados en el capítulo cuarto, se ejemplifican en (16), (17) y (18). Es la forma más habitual de construir las comparativas, en los dialectos andaluces, salvo correcciones forzadas por la norma estándar, que presiona con extraordinaria virulencia en todos los contextos formales posibles, desde la escuela, hasta los medios de comunicación, cine, etc.

 

16-           Nuzotrô ehtamô mà bien aqí qe no en er pueblo nuehtro.[9]

17-           Te lo pazâ mehó quarqié día........ qe no yendo un día....

18-           Aqeyo (Sanfermines) ê mà pa ombrê, i pa la hubentú, qe no ezo.

 

            No se trata, por otro lado, de un fenómeno extraño, sino que nos lo encontramos en lenguas de nuestro entorno, como, por poner un solo ejemplo, el inglés, que construye las comparativas mediante la correlación –er (grado comparativo del adj.) ………than. El inglés, en efecto, conserva el sufijo comparativo indoeuropeo, aunque no lo aplica sistemáticamente, y usa, para introducir el segundo término, la partícula than, procedente de la superposición de that + not, “que no”, en traducción literal:

 

19- Mathew is higher than James / Mateo es más alto que Jaime.

 

            También el catalán y el aragonés presentan la negación en el segundo constituyente de la comparativa y es muy probable que el caso andaluz tenga que ver con la influencia de estas dos lenguas, a raíz de la ocupación castellana de Andalucía y, sobre todo, en la mitad oriental, que conecta con Murcia, territorio de colonización catalano-aragonesa.

 

20- Aquí passem l’estiu millor que no a Barcelona. (Cat.)

    Cast. Aquí pasamos el verano mejor que en Barcelona.

 

21- A yo me cuaca més l’augua que no lo bino (Arag.).

    Cast. A mí me gusta más el agua que el vino.

 

 

ii- Oraciones de carácter exclamativo.

 

            La presencia de la negación en las oraciones exclamativas es habitual tanto en castellano, como en otras variedades románicas. Especialmente en las exclamativas retóricas, tipo al que pertenecen todas las de este grupo[10], menos la (26).

 

22-     ¡Qé borraxera no tendría, q’entró i no me qonozió!

23-     ¡Quánto no l’abrá robao antê!

24-     ¡Ai de mí, qién no ehtubiera en medio de ....

25-     ¡Quánto no ze gahtará la hente eza en lô mobî!

 

26-     ¡Abín qe no zabía er Hozé lo qe tenía q’azè!        

 

            De todas ellas, hay que comentar que, en (26), nos encontramos con un marcador exclamativo muy popular en gran parte de la Alta Andalucía[11]: abín qe (no), expresión negativa que afirma, con contundencia, aquello que parece negar y que se puede traducir por:

 

26’- ¡José sabía perfectamente qué tenía que hacer!

 

            Pero, con este marcador exclamativo, a diferencia de lo que pasa con los lexemas QU- anteriores, sucede que la negación ya no es expletiva, sino necesaria para obtener la frase antónima:

 

27 -     ¡Abín qe’r ninyo era qortiqo! à Er ninyo era mu alantao (descarado).

28-      ¡Abín qe’r ninyo no era qortiqo! à Er ninyo era mu qortiqo (tímido).

 

            Hay que señalar también que se puede presumir la presencia de un operador negativo en (27) y que éste sería el responsable de la interpretación que le damos como exclamativa retórica que niega lo que afirma. Y por lo mismo, hay que sospechar que (28) requiere de algún mecanismo que anule esa negación en la (FL), para obtener el significado afirmativo que cualquier hablante andaluz le atribuiría[12].

 

 

iii- Subordinadas temporales introducidas por ahta/hata.

 

            Las dos oraciones de este apartado podrían ser, en realidad, muchas más, puesto que la construcción de la subordinada temporal introducida por ahta/hata suele comportar la aparición de la negación. Este mismo hecho se puede documentar en otras variedades e, incluso, en los registros orales castellanos.

 

A falta de estudios al respecto, que se centren en el análisis de los registros andaluces menos contaminados por la lengua estándar, no se puede afirmar que estemos ante un fenómeno sistemático, pero, con todo, es lo bastante abundante como para sospechar que sería ésta la estructura normal andaluza, de no ser por los numerosos factores sociolingüísticos contrarios.

 

29-           Bamô ehtao zinqietô ahta qe no yamó la zobrina.

30-           Ehtá mu reqonzentrao, ahta qe no yega eze momento.[13]

 

 

iv- Posibles negaciones “regidas”.

 

            Tenemos aquí dos oraciones, la primera de las cuales, recogida de fuentes orales y comprobadamente productiva, que nos inclinan a pensar en sendos verbos de régimen, zarbà de y dehà de. Ambos, acaso por sus rasgos de subcategorización semántica, determinarían la introducción de la subordinada sustantiva mediante un complementador negativo, tal como ocurre con las  completivas latinas introducidas por ne.

 

31-           Lo á zarbao de [no bahà a zegunda].

32-           Por Diô, zenyora ¿Qómo bamô nozotrô a dehà de [no ponehlo]?

 

            El mismo comportamiento de algunos verbos latinos, como temere y cavere, inclina a pensar en un fenómeno sintáctico-semántico no igual, pero sí relativamente parecido. Sea como fuere, si (31) significa que “lo ha salvado de bajar a segunda” y (30) “…¿Cómo vamos nosotros a dejar de ponerlo?”, entonces, (31’) y (32’) deben significar justamente lo contrario, y, para eso, la negación debe adjuntarse al auxiliar:

 

31’-     No lo á zarbao de bahà a zegunda.

32’-     Por Diô, zenyora, ¿Qómo no bamô nozotrô a dehà de ponehlo?

 

v- Otros casos.

 

            En este punto, se recogen unas oraciones bastante diferentes entre sí. La primera de ellas, (33), no parece sino un enunciado entrecortado, con una proposición inicial recursivamente marcada por partículas negativas. Lo único curioso es que, en caso de prescindir de la exclamación, tal como sugiere el paréntesis, la segunda proposición resulta contradictoria, a no ser que prescindamos de la conjunción negativa ni, para su interpretación.

 

 

            El interés de la construcción que vemos en (34), si dejamos al margen la falta de concordancia del pronombre lo, se centra en el último constituyente, sujeto de la oración subordinada. La causa es que, allí donde esperaríamos un indefinido, del tipo de ninguno o, más en consonancia con la norma estándar, nadie, lo que nos encontramos es un interrogativo con una negación en su ESP: ni qién. La explicación de esta estructura, privados de otras semejantes que nos aseguren su productividad, podría ser la de una creación expresiva del hablante.

 

33-           Nunqa l’an qitao.... , no, ni (ombre!) ziempre á abío.

34-           Dehó una fruta ayí, ar zô, qe a lô dô díâ no ze lo puede qomè ni qién.

 

 

            La oración siguiente presenta la ocurrencia del adverbio negativo tampoqo, en un contexto sintáctico que lo hace superfluo, como se comprueba en (36). Podría clasificarse, entonces, en el apartado d/, pero su configuración es perfectamente aceptable en castellano estándar: se trata de la correlación negativa en la que el segundo elemento, al situarse a la derecha del predicado, neutraliza el rasgo de polaridad [+neg] y requiere la inserción de la partícula negativa básica, no, a la izquierda del del verbo, en una posición desde la que pueda tener alcance sobre el núcleo de la predicación.

 

35-     Porqe no me guhtaba tampoqo la hente q’ehtaba ayí.

 

36-     Porque no me guhtaba la hente q’ehtaba ayí.  

 

 

3.1.c/ La secuencia no qe.

 

            En este apartado tenemos una misma secuencia (no qe) cuyo significado y análisis sintáctico parece escindirse de tal manera que tenemos, en primer lugar, un grupo de oraciones en las que el constituyente que nos ocupa funciona como un marcador de énfasis. Son, normalmente, interrogativas exclamativas, pero también pueden presentar una entonación explícitamente exclamativa, como ocurre en (39).

 

37- ¿Puê no qe ba er tío i me pide er qarné?

38- ¿Puê no qe ba i me dize qe qé ê lo qe pinto yo ayí?

39-  ¡Puê no q’ehtaba yo tan a guhto i m’á dihpertao er zurrío eze!

 

Los dos primeros casos muestran una locución habitual en los registros andaluces, “puê no qe”, combinada con otra, muy característica de los recursos narrativos del andaluz coloquial: “ì + i + (qlítiqo) + V” (cast. “ir + y + (clít.) +V”). Junto a esta perífrasis, se puede observar el uso del verbo dezì por preguntà y la concurrencia de complementador e interrogativo, frecuente en castellano y más habitual aún en la configuración del estilo indirecto en andaluz.

 

Por otro lado, en estas construcciones, vemos, además del papel de la negación como marcador exclamativo, que la presencia del complementador qe no es estrictamente necesaria, como se muestra a continuación:

 

37’-  ¿Puê no ba er tío i me pide er qarné?

38’-  ¿Puê no ba i me dize qe qé ê lo qe pinto yo ayí?

39’-  ¡Puê no ehtaba yo tan a guhto i m’á dihpertao er zurrío eze!

 

            De manera que, a tenor de las apariencias, el elemento opcional en estas construcciones, el expletivo, si se quiere, parece ser el nexo qe, y no la negación[14], que quizá no se sitúe en el nodo que le es propio, sino en el ESP de COMP.

 

 

            Un análisis diferente sería necesario para (40), oración en la que la secuencia no qe funciona como nexo de carácter impreciso, pues podríamos atribuirle un valor consecutivo, adversativo, explicativo o causal, o una combinación de varios. Así mismo, tampoco esta claro el rango sintáctico de la cláusula que introduce, que parece admitir tanto una relación de coordinación con la condicional inicial, como la de subordinación, causal, por ejemplo.

 

40- Biamô d’abè yamao a tu padre, no q’aora ni zabemô ánde ehtá ni……

 

           

3.1.d/ Doble negación.

 

            Las estructuras de doble negación son muy frecuentes en diversas variedades romances. Entre ellas, hay que mencionar de nuevo, por su cercanía, los casos aragonés y catalán. En andaluz, a diferencia de lo que ocurre en estas lenguas, no podemos decir que se trate del uso normativo, puesto que no hay un estándar literario andaluz y, por el contrario, el estándar que se superpone a los dialectos andaluces es el del castellano y, en esa norma, no se produce -o no se admite como correcto- este fenómeno tal como lo observamos en los ejemplos de este apartado; quizá tampoco sea el más frecuente, pero sí está lo bastante vivo como para encontrarlo incluso en la bibliografía lingüística dialectal, aunque no suele ser el objeto del ensayo en cuestión.

 

 

            En la lista de ejemplos que viene a continuación, procedentes de fuentes orales y escritas, hay una primera serie de oraciones que podemos agrupar en virtud de su carácter expresivo, es decir, que estarían marcadas por el rasgo [+ énfasis]. Todas tienen en común la presencia de la conjunción copulativa negativa ni, que parece estar actuando como soporte léxico del mencionado rasgo semántico.

 

41-           Yo no qambio mi Triana ni por na.

42-           Ni er perehí no ze be (en l’ehtofao).

43-           Ni de ninguno de lô dô.

44-           Ni no bayâ tú a tenè la idea qe tienen lô de fuera.

45-           A mí ni m’á pazao ni ezo, ziqiera en la mili.

 

            En esta última oración, es interesante la escisión del constituyente ni siqiera, que raramente ocurre en castellano, quizá porque tampoco es frecuente la aparición de siquiera, sin la partícula negativa. En andaluz, sin embargo, sí podemos comprobar el uso de siqiera, con el mismo valor que aunque, en los registros coloquiales.

 

            No está tan claro el matiz enfático en (46), pero no cabe duda de que la presencia de ni aumenta la contundencia del adverbio negativo nunqa. Ese plus de significación, aunque no se manifieste en la entonación –cosa que sí ocurriría en los casos anteriores, por afectar a toda la oración-, nos asegura la existencia de énfasis; un énfasis localizado, esta vez, en el adverbio, no en toda la proposición.

 

46-           No ê qe yo ahpire a tan arto ¿No? Ni nunqa lo e penzao.

 

 

Los ejemplos siguientes también son casos de doble negación, si bien, ahora la segunda se encuentra dentro de una subordinada encabezada por la conjunción qe.

 

47-           No, i tampoqo qe Barzobia, qomo ziudá, no bale gran qoza.

48-           En fin, no zé, ehto ya no qreo qe no zea nuebo.

49-           No, yo no qreo qe no, ezo no ze dihtinge.

 

De las tres, parece que la estructura de (47) sería la más sencilla, pues podría explicarse como una elevación del adverbio tampoqo –que, de esta manera, adquiere el valor contrastivo de “por otra parte”- al ESP del complementador, haciendo obligatoria la inserción de la negación en la subordinada, la cual, sin ese no, carecería del marcador de polaridad negativa que, dado el contexto semántico, debe aparecer léxicamente realizado. Un ligero cambio de ese contexto, como podemos observar en (47’), haría innecesaria la doble negación.

 

47’-    No, i tampoqo qe Barzobia, qomo ziudá, bale poqa qoza.[15]

 

 

            En cuanto a (48) y (49), hay que aclarar, antes de seguir adelante, que la primera parece significar lo contrario de lo que, en realidad significa. Esto es, el hablante está diciendo: En fin, no sé, esto ya no creo que sea nuevo. Luego, estaríamos ante una negación expletiva, con la particularidad de que le podemos adjudicar ese carácter a cualquiera de las dos:

 

48’-     En fin, no zé, ehto ya no qreo qe (no↓) zea nuevo.

48’’-    En fin, no zé, ento ya (no↓) qreo qe no (zea)/ê nuevo.

 

            En (49), sin embargo, resulta evidente que la única negación que podemos ahorrarnos es la primera, porque la segunda presenta rasgos proposicionales, esto es, sustituye a toda la completiva que vemos a la derecha, en aposición.

 

49’-     No, yo (no↓) qreo qe no, ezo no ze dihtinge. [16]

 

Por otro lado, ambas oraciones presentan el mismo verbo principal qreè, predicado  modal dubitativo que, en (48), además, concurre con un subjuntivo en la subordinada. Todo lo cual sugiere que podríamos estar ante un caso de negación regida, condicionada, por los rasgos semánticos del núcleo verbal. En todo caso, se trata sólo de una conjetura y se necesitarán bastantes mas datos del habla viva andaluza, para confirmar esta posibilidad[17].

 

Quedan, finalmente, dos ejemplos que no se pueden encuadrar en los grupos anteriores; de los cuales, (50) parece una muy clara doble negación, del mismo tipo de las que podemos encontrar en otras variedades romances.

 

50-           Analiza qe tampoqo no ê un mobimiento fuerte.

 

51-       Yo no me guhta bibì namà qe’n Triana.

 

Mientras (50) admite el mismo análisis que las estructuras del catalán[18], en las que el TPN se encuentra a la izquierda de la propia negación, lo que induce a pensar en un fenómeno de redundancia, con un no posiblemente expletivo, si tenemos en cuenta que, igual que pasa en catalán, existe opción de eliminarlo – cosa cada vez más frecuente en el catalán coloquial: “sembla que tampoc ha portat sabates” à “parece que tampoco ha traído zapatos

 

Las únicas diferencias de (51), siguiendo con estos nuevos datos, respecto del modelo castellano estándar radican, en el nivel sintáctico, en la presencia de un pronombre yo “sujeto”, que debería ser un dativo a mí duplicado del me, y en el empleo del adverbio namà qe, de uso preponderante en andaluz, y que posee el rasgo [+ negativo], en vez del castellano sólo, que no muestra las mismas propiedades semántico-sintácticas.

 

51’-      Yo namà qe me guhta bibì en Triana.

 

52-    A mí, *no me gusta vivir sólo en Triana

52’-   A mí, sólo me gusta vivir en Triana.

 

 

3.1.e/  Expresiones coloquiales de polaridad negativa.

 

            En este punto vamos a repasar el comportamiento de ciertas unidades léxicas usadas en los registros coloquiales informales, tanto en los dialectos andaluces, como en otras variedades de la Península, cuyo significado connotativo parece haberlas  convertido en términos de polaridad negativa (TPN). Limitándonos al área andaluza, registramos construcciones como las siguientes:

 

53-     A Pepe no l’importa un qaraho lo qe z’aya yebao la abenía.

54-     No m’importa un qomino qe lo ayan ehpaxao.

 

53’-     A Pepe l’importa un qaraho lo qe z’aya yebao la abenía.

54’-     M’importa un qomino qe lo ayan ehpaxao.

 

53’’-    A Pepe no l’importa lo qe z’aya yebao la abenía.

54’’-    No m’importa qe lo ayan ehpaxao.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

Oraciones en las que podemos sustituir el constituyente posverbal subrayado por otros elementos léxicos del tipo de: un guebo, una lexe, etc. Y en las que vemos, de acuerdo con (53’) y (54’), que el uso de la negación preverbal es opcional y que, en efecto, también lo es (mientras se mantenga la negación) el sustantivo posverbal con el que forma el constituyente negativo. Ahora bien, junto a estos ejemplos, tenemos otros como los que siguen:

 

55-     Z’an pegao unâ baqazionê der qaraho.

56-     Er tembló á zío la lexe, lo bamô zentío en toa la zierra.

 

            De la comparación de (53) con (55) y (56), se desprende que, si bien la semántica de los sustantivos que intervienen en estas construcciones es, en principio, el rasgo que los faculta para actuar como si fueran TPN, no puede ser éste el único factor implicado. Para empezar, en los dos últimos casos, los sustantivos son los mismos y, sin embargo, aquí tienen valor ponderativo, no negativo:

 

54’-     Z’an pegao unâ baqazionê mu guapâ à *mu malâ.

56’-     Er tembló á zío mu huerte, lo bamô zentío en toa la zierra.  à *mu floho.

 

 

            Si ahora comparamos qaraho y lexe con un adverbio de cantidad ponderativo como munxo, veremos que quizá no esté tan claro el valor semántico de los dos primeros y que podría ser que dicho valor dependa de la configuración sintáctica en la que aparezcan. Cosa que no sucede con munxo, según lo que se deduce de (57) y (57’), cuyo significado es estrictamente el contrario. Esto es así porque ya no estamos ante un TPN y, por lo tanto, la aparición de la negación preverbal no es opcional, es decir, que la semántica negativa del constituyente discontinuo no…munxo deriva únicamente de la negación y conlleva una “rebaja” cuantitativa en el adverbio, de manera que éste adquiere el valor de poqo, pero no el de na (cantidad cero). La ausencia del operador negativo en (57’) provoca, como era de esperar, la “recuperación” semántica del cuantificador

 

57- A mí no m’importa munxo er dinero qe tú tienê en er banqo. à m’importa poqo.

57’- A mí, m’importa munxo er dinero qe tú tienê en er banqo.

 

            Por otra parte, lo mismo que hemos hecho con qaraho[19] y lexe no se puede hacer, curiosamente, con sustantivos como qomino o rábano, cuyo valor semántico connotativo sí es claramente diminutivo (despreciativo, incluso) y asimilable a na[20], que sería el patrón de este paradigma. Obsérvese que mientras (58) es viable, no sucede lo mismo con (58’), que resulta agramatical, al tiempo que (58’’) no puede parafrasear la agramatical (58’), sino que se corresponde directamente con (58) y no puede tener valor positivo.

 

58-     Er toqaó eze no bale un qomino.

            Cast.: Ese guitarrista / (instrumentista) no vale un comino.

58’-     *Er toqaó eze á zío er qomino.

58’’-    Er toqaó eze á zío mu malo.   à  *mu gueno

 

            Es más a tenor de las oraciones siguientes, son los sustantivos qaraho y lexe[21] los que pueden concurrir en configuraciones sintácticas semejantes a las que se forman con el adverbio na, tal como muestran (60) y (60’); aunque, por otro lado, (59’) vuelva a marcar las distancias entre los dos primeros términos y este TPN. Además de esto, (62) nos indica que la aparición del determinante definido, condición indispensable para que la estructura sea viable, implica un drástico cambio de significado, es decir, produce justamente el contrario del que expresa la locución paralela de na[22], mientras que, en (62’), vemos cómo el determinante indefinido anula la gramaticalidad de estas locuciones, lo que parece indicar que también en el caso de estas estructuras calificadas por los lingüistas como “predicativas inversas”[23] juega un papel la in/definitud de los determinantes.

 

59- A la Hulia no l’importa na lo qe diga la hente à no l’mporta un qaraho/una lexe.

                                                                                à no l’importa un qomino.

 

59’- *A la Hulia l’importa na lo qe diga la hente.

 

60- D’eza manera, na ze ban a yebà éhtô.

 

60’- D’eza manera, un qaraho/una lexe ze ban a yebà éhtô.

 

61- A mí, na m’importa ezo qe tú dizê  à un qaraho/una lexe m’importa a mí ezo.

                                                               à un qomino m’importa a mí ezo.

 

62- Er ninyo z’á exo un rahqunyazo de na  à un rahqunyazo der qaraho/de la lexe.

                                                                       à *un rahqunyazo der qomino.[24]

 

62’- Er ninyo z’á exo un rahqunyazo d*[un qaraho/una lexe].

 

           

            Así, pues, al repasar lo que hemos visto hasta ahora, creo que estamos en condiciones de extraer una breve pero interesante serie de postulados, acerca de este conjunto de material léxico que, en verdad, necesitaría un estudio más sistemático y profundo del que cabe en este apartado:

 

1º- Las unidades léxicas contempladas en este apunte carecen de homogeneidad semántica, según lo que se desprende de oraciones como (53) y (54) y, por otro lado, (55) y (56) ). Mientras los sustantivos qomino o rábano sí muestran un valor connotativo fijo y asimilable al de na, es decir “cantidad mínima/nula”, qaraho y lexe muestran una clara oscilación entre “mucho” y “muy poco/nada”, en función de la naturaleza de los determinantes que los introduzcan. Luego, no es posible atribuir exclusivamente a los rasgos semánticos de estos constituyentes sus aparentes puntos en común con los TPN.

 

2º- Los ejemplos  (55) y (56) nos indican que son los determinantes definidos los que hacen posibles aquellas construcciones e inducen el cambio semántico de los nombres afectados. Esto podría significar que, en su comportamiento sintáctico, estaría implicado el llamado “Efecto de Definitud”[25], que crea un nodo-isla, del tipo llamado “strong island”, por los lingüistas[26] e impide que la negación preverbal tenga alcance sobre el término cuantificador. En cambio, en (53) y (54), es el carácter no marcado del determinante indefinido el que hace posible el dominio del operador negativo[27].

 

3º- Si bien la similitud con los TPN como na o ninguno/(nadie) no es completa, vista  la agramaticalidad de (59’) –oración en la que se manifiesta la conocida Concordancia Negativa de las lenguas románicas, los rasgos semánticos de estos sustantivos (connotativos, pero principales, en las construcciones estudiadas), su distribución y las restricciones sintácticas a las que están sometidos sugieren que podría haberse producido un cierto grado de gramaticalización que los situaría en la órbita de los TPN propiamente dichos.

 

4º- Para terminar, y volviendo al los datos iniciales de este punto 3.1.e, se podría decir  que nos hallamos ante nombres de significado cuantitativo indefinido y de carácter pseudo-TPN y que, en consecuencia, la negación preverbal no es un rasgo sintáctico despreciable ni siquiera en aquellos casos en los que puede elidirse. Sería, pues, necesario un estudio que precisara dos cuestiones, por lo menos, a saber:

 

a- Qué sustantivos entran en este grupo de palabras y cómo se reparten entre las dos clases que hemos visto perfilarse: la de aquellos que muestran un valor semántico independiente -tipo qomino- y no admiten determinantes definidos, y la de los que parecen admitir ambos determinantes –tipo qaraho-, pero su semántica varía radicalmente en función del rasgo [+/- definido] de este elemento gramatical.

 

            Un estudio sistemático de este paradigma léxico permitiría saber si es posible extraer patrones de comportamiento sintáctico regulares y aplicables a todos estas unidades y conocer mejor el peso relativo de los factores semánticos, por un lado, y sintácticos, por otro, en sus restricciones distributivas.

 

b- Qué factores podrían prever la aparición o elisión de la negación preverbal, en el supuesto de que no se trate de un comportamiento azaroso e imprevisible. Es decir, hasta qué punto podrían ceñirse ambas variables tanto en el plano diatópico –en relación con diferentes áreas dialectales-, como en el diastrático –grupos sociales, caracterizados, según los casos, por edad, sexo, clase social, nivel de estudios, etc.-, y diafásico o, lo que es lo mismo, a lo largo de los diferentes registros funcionales que presenta toda variedad lingüística.

 

 

3.1.f/  Reflexiones provisionales.

 

            En primer lugar, mi impresión, como la de cualquiera que aborde un trabajo como éste, y aunque se trate de un borrador, es que me he dejado “cosas”, datos interesantes, por el camino y que aquí no está ni mucho menos todo lo que puede dar de sí el estudio de la negación en andaluz. Tampoco será necesario comentar, me parece, que alguna de las especulaciones aquí apuntada se quedará sólo en eso, una vez que sea factible un análisis riguroso del corpus sintáctico acumulado. Aún así, vale la pena acercarse a estos datos con un mínimo de imaginación, y no por si acertamos por casualidad, sino porque las construcciones “intervenidas” se lo merecen.

 

            Los datos en sí, por otra parte, evidencian que el conjunto dialectal andaluz muestra fenómenos peculiares también en este capítulo de la negación. No son muchas, por supuesto, porque es bien sabido que las lenguas romances, en líneas generales, no presentan grandes divergencias en el tratamiento de los constituyentes-N, pero sí los suficientes para poner en duda, otra vez, esa especie de decreto-dogma de algunos lingüistas, según el cual el andaluz se reduce a una cuestión de pronunciación, o peor, a una serie de defectos foneticos en la fase de la “actuación”, “no tiene gramática” ni, por lo tanto, tiene nada que ofrecer a los estudiosos de la sintaxis o de la morfología.

 

            Una reflexión algo más arriesgada, pero no exenta de justificación, nos induce a pensar que el andaluz, en este campo de la negación, es también algo más análitico que el castellano estándar o español, en concordancia con lo que sucede en otros puntos del nivel morfosintáctico.


 

[1] Vid. PARRY, M. On negation in the Ligurian hinterland. Versión en Internet de la publicada con anterioridad en Zeitschrift für romanische Philologie, 1997.

[2] A tenor de los datos observados, los tipos II y III serían rasgos de área, ya que no aparecen en los dialectos neolatinos procedentes del portugués ni del castellano: “Se bo ka ta konsegí kes dokument” à Si tú no consigues este documento, krioulo de kab Verd –Vid. J. Carling, Questiomário-; papiamento: “refresco no ta un producto di prome necesidad” (à el refresco no es un producto de primera necesidad), Bon Día, revista electrónica de la isla de Aruba, etc. Incluso, se ha producido una especie de “vuelta atrás” en variedades de origen francés,como el kreyol de la Luisiana: “Sa ki dromi pa pensé manje” (à Quien duerme no piensa en comer), en Istwa Yè En Kreyol Lwizian La; o el de Saint Lucia: “Yo pa ka alé” (à ellos no van), Saint Lucia, Creole world.

[3] Vid.  ESPINAL, Mª T., “La Negació”. Cap. 24. Gramàtica del Català Contemporani.

[4] Vid. TOMÁS, J., El aragonés del Biello Sobrarbe. Inst. de Estudios Altoaragoneses. Huesca, 1999.

[5] Esta negación discontinua puede aparecer unida en expresiones del tipo de no pas jo, que no truco mai (cast. “no precisamente yo, que no llamo nunca”), respuesta a, por ejemplo, oraciones aseverativas como ésta: vosaltres gasteu molt en telèfon (vosotros gastáis mucho en teléfono).

[6] En benasqués y, quizá en otros dialectos ribagorzanos, es posible una respuesta como “pas yo” a expresiones de carácter imperativo: Tenim d’aná a Sarllé. Cf. también NAGORE, F., “Gramática de la lengua aragonesa”, Librería General. Zaragoza, 1982;  p. 165, pas per la palanca à por la pasarela no.

[7] cf. M. Parry, en nota a pie de página: “Belli freli…. ; queli chi son / nent vegnù, ne poenu pa dir ansì....”, texto extraído de un sermón piamomtés del s. XV, en el que, junto al tipo II de negación (ne poenu pa), nos encontramos con el tipo III en una configuración semejante a las que estamos comentando para el andaluz.

[8] Luego, es posible que el uso del V “debè” también se ajuste a esta configuración en los registros coloquiales medio formales de los hablantes andaluces (en los que se observarían diversos grados de castellanización del andaluz y, lógicamente, la aparición de rasgos andaluces, de sustrato, en el castellano).

 

[9] Frase que, como la (17), mantiene cierto paralelismo  con la conocida (planteada en la obra de I. Bosque “La Negación”, 1980)  “María canta mejor que *no baila” y que podría ser viable en mi propio dialecto andaluz (p.e. “Buzotrô mehó zû qedai aquí, en Barzelona, qe no ze bai ar pueblo nuehtro” (¿).

[10] J. Tomás, op. cit., p. 153, consigna, para el aragonés sobrarbense, varias oraciones de este mismo tipo: ¡Menudo melindre no está fecho!, ¡Qué auto [que no lleva]! (con la negación dentro de una cláusula de relativo) y la más extraña ¡Menudo batilazo [que no ha caído]!, en la que ya no parece posible la lectura relativa del nexo que.

[11] Cf.  “A bien  que dice el refrán que lo que no va en lágrimas va en suspiros”, ALCALÁ VENCESLADA, Vocabulario Andaluz, Univ. De jaén, 1998, pág. 673. Oración que nos conduce a un uso algo diferente de esta partícula -en el que ya no se vislumbra la presencia de ningún operador negativo-, tal como el que se muestra en este ejemplo: ¡Abín qe ê dura la mina!

[12] ¿Acaso ese mismo operador negativo que, al aplicar aquella vieja fórmula latina que dice “dos negaciones = una afirmación”?

[13] M. González Salas (Así hablamos, sevilla,1994) consigna también este fenómeno y ofrece, entre otros, el ejemplo siguiente: “hasta que no abran, tenemos que esperar”.

[14] Si mantenemos sólo el nexo qe, las dos primeras oraciones dejan de ser interrogativas retóricas y pasan a convertirse en respuestas exclamativas a una pregunta del tipo ¿Qé ê lo qe t’á pazao?. De manera que, coincidirían con (39) –una vez privada de su negación-, tanto en lo formal como en el aspecto semántico.

[15] Si tenemos en cuenta que la expresión “poca cosa” equivale a la discontinua “no…… mucho”, se comprende mejor este comportamiento. De hecho, poca cosa (SN) y poco (Adv) son mutuamente intercambiables en numerosos contextos; igual que sucede con el par alguna cosa y algo.

[16] Parece que volvemos a tener esa posibilidad, si simplificamos la oración eliminando la negación proposicional y colocando la aposición en “su sitio”: No, yo (no) qreo qe ezo (no) ze dihtinge. Pero, entonces, nos queda por solventar el efecto producido por la modalidad verbal, ya que no es lo mismo:   a-      No, yo (no) qreo qe ezo no ze dihtingue.   Que la misma estructura, pero con el V en subjuntivo:

b-      No, yo no qreo qe ezo (no) ze dihtinga.    La interferencia del modo verbal determina qué negación es la expletiva en cada caso.

[17] Cf. Las partículas negativas latinas ne y an, la primera llegó a actuar como subordinante, aparecen con verbos como scio, dubito y cogito, que podemos encuadrar en el mismo grupo semántico (verbos de pensamiento y de duda) que creer.

[18] Por ejemplo: - “Afirma que tampoc no és un moviment fort”.

[19] Algo bastante curioso es lo que pasa con los sustantivos qaraho y guebo, que, si bien pertenecen al mismo campo semántico, no muestran el mismo juego sintáctico; en efecto, son mutuamente intercambiables en (53) y (53’), pero no en (55). Para que lo sean en esta última oración no basta con que el determinante sea definido, sino que además debe estar en plural  à unâ baqazionê de lô guebô. Aún así, la conmutación no es posible en atributivas como “er pograma aqé era er qaraho/*lô guebô”.

[20] Hay que comentar, al hilo de estos párrafos, que la posición preverbal de los TPN es poco habitual en las diferentes variedades románicas de la península, prefiriéndose la formación analítica no+V+TPN.

[21] Parece interesante mencionar que la locución ¡Una poqa lexe!, es quizá la más usada como negación absoluta, en Andalucía, hasta el punto de no presentar connotaciones vulgares -sí coloquiales y familiares-, de manera que sustituye a la demasiado corta ¡Na! (estas negaciones suelen tener más peso fónico) y a la demasido estándar ¡Ni hablar! y otras similares del castellano.

[22] Parece interesante subrayar que na, tal como las unidades que estamos observando, funciona también como sustantivo: la na (cast. la nada), a diferencia de munxo, que no es sustantivable: *er/lo munxo (hay que hacer la excepción de la expresión lo mà munxo, lâ mà munxâ, etc.).

[23] Estudiadas por M. den Dikken, en tre otros, en su artículo de 1998 “Predicate Inversion in DP”.

[24] Sin embargo, sí es viable la estructura de predicación invertida “A l’André, l’á toqao un qomino/qaraho/guebo de premio”, con una elevación que evita los efectos de definitud y facilita el alcance del cuantificador sobre el núcleo “premio”.

[25] Sobre este “Definiteness Effect”, como se denomina en inglés, y los diferentes fenómenos en los que se ha observado, se pueden consultar, en el mismo Internet, trabajos como los de N. Hornstein&J. Uriagereka “Labels and Projections: A note on the Syntax of Quantifiers”; D. Brassil, “On the Distribution of the Definiteness Effect in Spanish”; R. Marques, “Licensing and Interpretation of N-Words in Comparative Clauses”; E.I. Keenan, “The Definiteness Effect: Semantics or Pragmatics?”;  y otros muchos, referentes a las más diversas lenguas del mundo.

[26] V. Tb. SZABOLCSI&DEN DIKKEN, “Islands”, punto 3.1, sobre el concepto de “isla fuerte”

[27] V. Al respecto, FARKAS, D.F. “Varieties of Indefinites”, p. 5: “ The unmarked nature of a(n) is key to its versatility. Since there are no constraints on its functional fate, a variable introduced by a(n) is available for unselective bind-ing and may occur within the scope of any operator or predicate”.

 

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