ALMENARA
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ANDALUCISMO
HISTORICO Y FEMINISMO En la segunda década del siglo XX surgió una corriente cultural y política que propugnaba la regeneración del País Andaluz. Aquel movimiento recibió el nombre de “andalucismo” y, la persona que lo lideró fue el notario malagueño Blas Infante Pérez (1.885-1.936). Este personaje histórico de prolija obra- aún está inédita buena parte de ella- destacó por ser su principal ideólogo. Su contribución personal supuso el punto de inflexión en la gestación y, posterior decantación de una forma de entender el Ideal Andaluz desde un punto de vista nacionalista. El regeneracionismo de Infante y sus seguidores, se distinguió por contar con un proyecto de redención social donde se incluía la defensa de una nueva relación de género. En éste programa social se reivindicaba que la mujer debía gozar de plenos derechos en pie de igualdad con el hombre. La autarquía femenina fue estimada por los andalucistas de entonces como aspiración vital para plasmar en realidad su empresa de reconstrucción andaluza. Todo ello nos permite hablar de la existencia de una corriente de pensamiento igualitario dentro del denominado Andalucismo Histórico. La teoría propugnada por este nacionalismo mediterráneo unió al mismo tiempo la lucha por la autonomía del pueblo andaluz con la liberación civil, social, y política de las mujeres de Andalucía. El nexo de unión entre esta ideología periférica española y, la defensa de la causa feminista. La hemos encontrado en el antecedente histórico que supuso la llamada “Constitución Republicana Federal de Andalucía” del año 1.883. Este documento jurídico-político de corte confederal planteó en su momento reformas sociales entre las que se encontraba, por vez primera, la incorporación de la mujer a la vida social y política. Pretendían con ello una mayor democratización política, regional y socio-económica de la sociedad de su tiempo. Los primeros andalucistas se consideraron siempre herederos de aquél federalismo andaluz tras el descubrimiento de Infante en 1.917 de un ejemplar del documento presentado en Antequera. Llegando a utilizar a los preceptos emanados de aquella experiencia confederalista como proyecto base de su programa político. El andalucismo desde su formulación inicial siguió unas pautas de carácter empírico que modelaron su decálogo conforme adoptaba nuevas realidades socioculturales y políticas. En este sentido estimaron a aquél proyecto constituyente como “programa mínimo” en lo concerniente al tema femenino. Por ello, lo valoraron como imprescindible para configurar un nuevo arquetipo de mujer andaluza libre, capaz y culta. Al contextualizar el pensamiento pro-feminista del andalucismo descubrimos su particular despego del feminismo sueco. Al que evaluaron desproporcionado en sus propuestas al entender que en éstas se reclamaba que la mujer debía evolucionar como especie distinta a la del hombre. Sin embargo, el andalucismo feminista sí compartió postulados con el sufragismo anglosajón - inglés y norteamericano- aunque, con la salvedad de que se mostró en su momento contrario ante actitudes radicalizadas como las presentadas por alguna facción de dicha corriente feminista. El discurso feminista del nacionalismo andaluz se puede catalogar dentro del feminismo político de signo igualitario y de concepción liberal. Cuyas normas básicas se encuentran en gran medida influencias por el modelo interpretativo sufragista anglo-norteamericano. Al igual que buena porción del pensamiento feminista español como bien ha expuesto la profesora , Mary Nash. La llamada escuela krausista y, su más conocida representación de librepensadores surgidos al amparo de la Institución Libre de Enseñanza fueron pioneros del pensamiento más liberal de su época en España. Fueron estos los que introdujeron en buena medida las normas que provenían de la Inglaterra decimonónica. Modelo foráneo éste mucho más avanzado por provenir de una sociedad industrializada como la inglesa donde emerge, por entonces, una poderosa clase media inexistente, por otra parte, en la Andalucía agraria de principios del siglo XX. El feminismo que defendía el Andalucismo Histórico se caracterizaba por su fuerte contenido social en semejanza con lo sucedido en el resto de España y la Europa mediterránea. El modelo de mujer subordinada al hombre estaba garantizado en España por una sociedad arcaica donde el pensamiento liberal no había cuajado como en otros países. La propia legislación se basaba en preceptos ofensivos y discriminatorios con las mujeres. De ahí que el andalucismo sustentara sus principales vindicaciones en la defensa por la consecución de una educación no sexista y globalizada, en la derogación de leyes restrictivas que impedían la liberación femenina, en el acceso a profesiones liberales hasta entonces vedadas para las mujeres, y en la participación de éstas en la vida política con plenos derechos. Asimismo, se mostraron enérgicos a la hora de denunciar la violencia de género por parte de los hombres y, la connivencia con éstos de las autoridades. También, los andalucistas se percataron desde su observatorio científico de que la injusticia contra la mujer se producía en todas las clases sociales. Por esto, con mayor énfasis censuraron la marginación que sufrían las jornaleras andaluzas al unir su condición de mujeres la pertenencia a la clase obrera. Tampoco, se olvidaron de denunciar el hecho de que muchas de éstas mismas mujeres se veían obligadas a ejercer la prostitución como única vía de escape que encontraban para sobrevivir a la miseria. A la vez criticaron la negativa influencia religiosa que frenaba reformas y, que provocaba cierto consenso femenino con su estado de sometimiento social. Abogaron por la igualdad de la complementariedad y, a su vez, se posesionaron en favor del principio de la diferencia de género. Y de una redefinición sustancial en los roles asignados a hombres y mujeres. Muy al contrario de lo que en líneas generales el feminismo histórico planteó en su momento. El nacionalismo andaluz no uso la historia como “victimización ideológica” de lo mal que habían sido tratadas las mujeres. La idea procedente de este nacionalismo partió de la utilización de un referente histórico como fue Al-Andalus. En esa época síntesis del Mundo Antiguo personificado en la cultura helénica situaron a mujeres que brillaron por su inteligencia y erudición. El ejemplo de éstas últimas le sirvió al andalucismo para enriquecer su metodología y, desarrollar su proceso de concienciación social. En definitiva esta corriente de pensamiento andaluza realizó una vindicación contracultural al oponerse a una sociedad andaluza conservadora y ultra-católica. Pusieron su particular granito de arena en la conquista de la libertad femenina desde la óptica de un nacionalismo que en palabras de Blas Infante era antinacionalista, socializante, democrático y nada excluyente. Toda una lección de civismo histórico en un mundo en el que, aún hoy, las mujeres sufren la marginación y hasta la violencia masculina. Fdo: Javier Castejón Fernández. Es concejal de Utrera, miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía. y socio de Almenara
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