ALMENARA
Leopoldo de LuisNota
Bibliográfica: Nacen en Córdoba en 1918. Su nombre completo es Leopoldo Urrutia de Luis. Su obra poética es muy prolija, desde “Alba del Hijo” (Madrid-1946) hasta “En las ruinas del cielo de los dioses” (Hiperión-1998) ha publicado una veintena de volúmenes. Con “Igual que guantes grises” (colección Angaro, Sevilla-1979) le concedieron el premio nacional de literatura en 1980 y premio Francisco de Quevedo del Ayuntamiento de Madrid en 1982 con “Entre cañones me miro” y con “Una muchacha mueve la cortina” se llevó el premio Villa de Rota de 1983. Ha cultivado la crítica y está considerado como un consumado antologista. Destacamos: Poemas amorosos de Miguel Hernández; Biografía de Vicente Aleixandre. .-Un
Clásico actual.- Entre los valores que caracterizan
a nuestro poeta, destacamos tres: su conciencia del tiempo; su poesía
es actual; su hondura expresiva y sobre todo su preocupación social. Su
contacto con el pueblo abatido y cautivo –no olvidemos su paso por los
campos de concentración, batallón de trabajadores... su amistad con
Miguel Hernández- estas vivencias marcaron su vida y su poesía. En uno
de sus versos de “Poesía de posguerra” dice: Aunque la tierra fuese sin nosotros la soledad de una derrota amarga, porque estábamos vivos, la alegría gracias a José Hierro fue una victoria intacta. Con la presentación de nuestro poeta “Los Versos del Buen Amor” rinde un cálido homenaje a esos poetas de la posguerra –la mayoría olvidados- pero que nos han dejado en herencia una poesía viva, actual, profunda y pedagógica. Adiós. Ignacio Día Vela |
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ANDALUCÍA,
JULIO Suena
la tierra cuando la pisamos cual
si el metal sonase de su entraña, cual
si crujiese el sepultado hueso la raíz que chupa su sustancia. Suena
la tierra al sur. Campos ardidos, secos
rastrojos, cenicientas matas, olivos
negros para la aceituna que
rueda ciega hacia otras patrias. Resquebrajado
suelo, tierra roja y
amarilla que el hambre resquebraja, que
el sol cubre de vaho blanquecino, de
vaho que tiembla de desesperanza. Suena
la tierra bajo el pie que pisa rencor
y soledad y hambre. La hogaza pobre
suena al andar por su corteza el
pie desnudo y triste de la patria. Tierra,
¿qué decís? Soledad, ¿qué dices? ¿Qué
decís, rencor, hambre?...Callan Sonaron
unos pasos. Hierro y sangre y
sol crujiendo contra el suelo. Nada.
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NUESTRA
LIBERTAD La
libertad del árbol es nuestra. Hemos
ganado el sol, la luz acude a
nuestra fronda. Pájaros habitan en
nuestras ramos y nos prestan alas. Su
hálito azul la noche nos esconde. Pero
echamos raíces. No esmás que eso. Unas
manos de hierro, bajo tierra, bajo
el alma, cimientos ponen
a nuestras torres humanamente
erguidas. Intenta
echar a andar. Igual que el árbol. Una
maravillosa astronomía sobre
nuestra cabezas. Pero avanza. A
ver si das siquiera un solo paso.
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UN
ARBOL EN LA MESA Tuve
una vieja mesa de madera a
la que le creció un árbol extraño. Ya
no pude escribir sobre su tabla, pero
a su sombra imaginé poemas como
pequeñas nubes por la copa de
aquel árbol frondoso que no cupo al
fin entre los muros de mi casa. Algo
me mutilé por dentro cuando debí
cortar el tronco que invadía con
su hermosura extemporánea el claustro de
mi pobre aposento. Algo me duele todavía,
y un bosque crece oculto desde
entonces al fondo de mí mismo cual
si multiplicándose hacia adentro fuese
cobrando su venganza el árbol que
un día yo talé en mi vieja mesa.
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