MARZO-ABRIL DE 2003   NÚMERO 103          ALMENARA BOLETIN CULTURAL INFORMATIVO ANDALUZ

Leopoldo de Luis

Nota Bibliográfica:

Nacen en Córdoba en 1918. Su nombre completo es Leopoldo Urrutia de Luis. Su obra poética es muy prolija, desde “Alba del Hijo” (Madrid-1946) hasta  “En las ruinas del cielo de los dioses” (Hiperión-1998) ha publicado una veintena de volúmenes. Con “Igual que guantes grises” (colección Angaro, Sevilla-1979) le concedieron el premio nacional de literatura en 1980 y premio Francisco de Quevedo del Ayuntamiento de Madrid en 1982 con “Entre cañones me miro” y con “Una muchacha mueve la cortina” se llevó el premio Villa de Rota de 1983.

            Ha cultivado la crítica y está considerado como un consumado antologista. Destacamos: Poemas amorosos de Miguel Hernández; Biografía de Vicente Aleixandre.

.-Un Clásico actual.-

Entre los valores que caracterizan a nuestro poeta, destacamos tres: su conciencia del tiempo; su poesía es actual; su hondura expresiva y sobre todo su preocupación social. Su contacto con el pueblo abatido y cautivo –no olvidemos su paso por los campos de concentración, batallón de trabajadores... su amistad con Miguel Hernández- estas vivencias marcaron su vida y su poesía. En uno de sus versos de “Poesía de posguerra” dice:

Aunque la tierra fuese sin nosotros

la soledad de una derrota amarga,

porque estábamos vivos, la alegría

gracias a José Hierro fue una victoria intacta.

            Con la presentación de nuestro poeta “Los Versos del Buen Amor” rinde un cálido homenaje a esos poetas de la posguerra –la mayoría olvidados- pero que nos han dejado en herencia una poesía viva, actual, profunda y pedagógica. Adiós.

Ignacio Día Vela

ANDALUCÍA, JULIO

 

Suena la tierra cuando la pisamos

cual si el metal sonase de su entraña,

cual si crujiese el sepultado hueso

 la raíz que chupa su sustancia.

 

Suena la tierra al sur. Campos ardidos,

secos rastrojos, cenicientas matas,

olivos negros para la aceituna

que rueda ciega hacia otras patrias.

 

Resquebrajado suelo, tierra roja

y amarilla que el hambre resquebraja,

que el sol cubre de vaho blanquecino,

de vaho que tiembla de desesperanza.

 

Suena la tierra bajo el pie que pisa

rencor y soledad y hambre. La hogaza

pobre suena al andar por su corteza

el pie desnudo y triste de la patria.

 

Tierra, ¿qué decís? Soledad, ¿qué dices?

¿Qué decís, rencor, hambre?...Callan

Sonaron unos pasos. Hierro y sangre

y sol crujiendo contra el suelo. Nada.

NUESTRA LIBERTAD

 

La libertad del árbol es nuestra.

Hemos  ganado el sol, la luz acude

a nuestra fronda. Pájaros habitan

en nuestras ramos y nos prestan alas.

Su hálito azul la noche nos esconde.

 

Pero echamos raíces. No esmás que eso.

Unas manos de hierro, bajo tierra,

bajo el alma, cimientos

ponen a nuestras torres

humanamente erguidas.

 

Intenta echar a andar. Igual que el árbol.

Una maravillosa astronomía

sobre nuestra cabezas. Pero avanza.

A ver si das siquiera un solo paso.

 

UN ARBOL EN LA MESA

 

Tuve una vieja mesa de madera

a la que le creció un árbol extraño.

Ya no pude escribir sobre su tabla,

pero a su sombra imaginé poemas

como pequeñas nubes por la copa

de aquel árbol frondoso que no cupo

al fin entre los muros de mi casa.

 

Algo me mutilé por dentro cuando

debí cortar el tronco que invadía

con su hermosura extemporánea el claustro

de mi pobre aposento. Algo me duele

todavía, y un bosque crece oculto

desde entonces al fondo de mí mismo

cual si multiplicándose hacia adentro

fuese cobrando su venganza el árbol

que un día yo talé en mi vieja mesa.