LA OCUPACION FRANCESA EN ANDALUCIA
Al estallar la guerra con los franceses y tras la inicial victoria sobre ellos en la batalla de Bailén de Mayo de 1808, vuelven de nuevo en 1810
conquistando toda Andalucía excepto Cádiz y algunos pueblos de difícil acceso. Con la
conquista de Sevilla y la solemne entrada de José Napoleón I en
ella, el Bonaparte viéndose asentado en el trono impone numerosas leyes para su nuevo
reino que con la Constitución de Bayona y si no hubiesen concurrido las circunstancias de
la ocupación, hubiese experimentado un gran adelanto.
El nuevo rey, titulado de España y de Indias y no como hasta entonces de la retahíla de
reinos hispanos, ofrece una amnistía para ganarse partidarios y acabar con los rebeldes,
pero serviría poco a sus propósitos. En su afán reformador ordena la división del
reino siguiendo el modelo francés en treinta y ocho prefecturas que a su vez se dividían
en subprefecturas, y éstas en municipalidades, que supondrían cambios muy significativos
en Andalucía.
Así por ejemplo la prefectura de Xerez comprendía las subprefecturas de Xerez, Ronda y Cádiz (esta con sede provisional en el Puerto de Santa María), la de Granada abarcaba además Almería y Baza, pero Huéscar pertenecía a la de Murcia, la de Málaga perdía Ronda pero ganaba Osuna y Estepa con sus partidos judiciales estableciéndose las subprefecturas de Málaga, Antequera y Osuna. Sevilla comprendía las subprefecturas de Sevilla, Aracena y Ayamonte, Córdoba a Córdoba, Lucena y Ecija, y por último Jaén a sí mismo, La Carolina y Ubeda.
También numerosos pueblos dejarían de ser pedáneos pues las nuevas leyes los convertían a todos en municipios, sin distinción de ciudades, villas, lugares o pueblas. También el alcalde dejaba de llamarse como tal para recuperarse la figura del corregidor.
Conforme la guerra se alargaba y la resistencia en Cádiz crecía, nacieron las partidas de patriotas que hostigaban en el campo a los franceses. Fruto de esta guerrilla será el bando que el mariscal Víctor, duque de Dalmacia y Comandante en Jefe del "Ejército Imperial del Mediodía de España" dicte en noviembre de 1810 llamando a los guerrilleros, "bandidos" para ocultar la realidad.
ORDEN DEL DIA
La facilidad que tienen los bandidos de ocultarse a los lados de los
caminos detrás de paredes o zarzales, dando lugar frecuentemente a los accidentes que
acontecen, está mandado a los Comandantes de Plazas y acantonamientos, que inmediatamente
tomen medidas para hacer arrasar en los campos, a un distancia de 50 toesas hacia cada
lado de los caminos y comunicaciones frecuentadas, las paredes , matorrales y
desigualdades de terrenos que puedan prestar abrigo a los malhechores; los escombros que
de ellos resulten podrían servir para allanar o componer los caminos.
Cuando se haya provocado que un cortijo ó una casa aislada sirva de
asilo a los bandidos, serán inmediatamente arrasadas, y los individuos que allí suelan
habitar aserán arrestados y entregados a la Justicia.
Los Sres. Generales Gobernadores de Provincias darán ordenes en virtud de estas
disposiciones, de las cuales asegurarán la ejecución, y darán parte a las
administraciones locales, encargándoles que concurran a su ejecución.
Cuartel General del Puerto de Santa María, 4 de Noviembre de 1810. Firmado Mariscal Duque de Dalmacia.
La favorable acogida inicial a los franceses de las autoridades locales, se fue diluyendo rápidamente ante las continuas peticiones de impuestos especiales para pagar al ejército imperial, las convocatorias forzosas de milicias ciudadanas, y el deterioro total de la industria, el comercio y la producción agraria, sin olvidar que desde Cádiz, Gibraltar y Portugal, los aliados hispano-anglo-portugueses no sólo resistían, sino que recuperan terreno y terminan expulsando a los franceses que en Agosto de 1812 se retiran de Andalucía saqueando y destruyendo todo lo que pueden en su huída.
La reinstauración del sistema borbónico trae el ajuste de cuentas a los "afrancesados" o colaboracionistas con el "ejército intruso" como se le llamaba entonces. Siendo otra nueva catástrofe humana pues valiosísimos personajes habían confiando en los franceses para remontar la pésima situación general en que viviá España a comienzos del siglo XIX, imbuidos del espíritu de la revolución francesa, que al menos se había recogido en la Constitución de Cádiz de 1812.
BIBLIOGRAFIA:
ARCHIVO MUNICIPAL DE MALAGA. Libros de Actas Capitulares año 1810.