EL CACIQUISMO
La Constitución de 1837 y la victoria sobre el carlismo consagró en España el sistema político liberal que establecía la igualdad ante la ley y la participación política (restringida por el sufragio censitario) de los ciudadanos, sin embargo la distinta política que los dos grandes partidos políticos realizaban (el Partido Moderado y el Partido Progresista) cuando llegaban al poder, marcarían el desarrollo futuro del país y dieron lugar al caciquismo, deformación del sistema democrático que facilitaba el triunfo pactado al partido que se designaba previamente, de este modo y en elecciones falseadas o pucherazos, los partidos estatales se aseguraban el control político de todos los rincones del país.
El último presidente de la I República, el gaditano Emilio Castelar, (en la foto), famoso por su oratoria, explicaba magistralmente del siguiente modo el sistema caciquil imperante en España hasta bien entrado el siglo XX, cuando las elecciones municipales de 1931 provocaron la caída de la monarquía y la proclamación de la II República, hasta que poco después la dictadura del general Franco superó el sistema caciquil ya que no había más que una candidatura que votar.
"El ministro de la Gobernación pesa como un yugo sobre el gobernador, el gobernador sobre el alcalde, el alcalde sobre los electores; las diputaciones, hechura de los gobiernos, desaparecen ante los consejos, hechura de los gobiernos; los jueces y fiscales, los administradores y estanqueros, los guardamontes, los portazgueros, los peones, los dependientes de los ministerios de Gracia y Justicia, de Gobernación, de Fomento, de Hacienda, son otros tantos muñidores de elecciones, que ofrecen escuelas, caminos, perdón de multas, olvidos de sucios expedientes, a los electores ministeriales y amenazan con causas, prisiones, multas, persecución, a los electores independientes.
De suerte de cada elección es una calamidad, cada comicio un mercado, cada elector un esclavo, cada ministro un sultán, cada candidato un fomentador de la pública inmoralidad, cada acta un padrón de escándalo y de ignominia; y la red bajo la cual todo esto sucede es la centralización administrativa que, en vez de servir de escudo a los pueblos, se convierte en arma de guerra, esgrimida por los gobiernos para falsear la voluntad del cuerpo electoral y traer diputados dispuestos para abandonar al mismo poder que lo creen débil y entregar palabra y voto al partido que les prometa mayores bienes y más duradera influencia, porque la corrupción que cae de los gobiernos sobre los comicios, sube en vapores pestilentes, de los comicios a los congresos y de los congresos a los gobiernos y con sus letales miasmas a todos los ahoga."
Recogido por MIGUEL ARTOLA en "Partidos y programas políticos, 1808-1936 "
BIBLIOGRAFIA:
ALVAREZ, SABAN Y MARTIN. "Geografía de España y de los Países Hispánicos",
Ed. Santillana. Madrid 1987