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LAS REVUELTAS DE UTRERA Y EL ARAHAL EN 1857

El turbulento siglo XIX, fue especialmente violento en Andalucía, donde tras la desilusión popular por los tímidos cambios de las primeras constituciones, arraigaron las ideas republicanas, socialistas y anarquistas que se reflejaron ampliamente en los movimientos campesinos y las continuas revueltas contra el poder central. La más conocida fue la revolución de Pérez del Álamo en Loja en 1861, y la de Jerez en 1892, pero antes, entre otros tumultos se produjo el de Utrera y El Arahal en 1857.

Las sucesivas crisis de subsistencia provocaban continuos movimientos de protesta popular que se manifestaban en Andalucía de manera muy violenta, los pleitos por los señoríos y las supuestas reformas desamortizadoras, desalentaron a la población popular, que recurrió al desorden, al bandolerismo, o a las ocupaciones de tierra para luchar contra el hambre. Sin embargo, este descontento popular, que respaldó las ideas democráticas republicanas de un puñado minoritario de hombres, tenía distintos intereses a los que sus líderes, y por ello fracasaron, ya que, mientras los líderes de las revueltas partían de la base del respeto a la propiedad, los campesinos tenían como objetivo el reparto de estas.

Benito Pérez Galdós, en una de sus obras pone en boca del general O´Donnell, refiriéndose a los sucesos revolucionarios de El Arahal, a la pregunta de qué pedían aquellos valientes revolucionarios, responde: "¿Pedían libertad? No. ¿Pedían la constitución del 12 o del 37? No. ¿Pedían acaso la desamortización? No. Pedían pan..., pan..., quizás en forma y condimento de gazpacho".

 

Este es un relato de los hechos:gcivilpueblo.jpg (19911 bytes)

"En el mes de junio de 1857 urdiose en Sevilla una conspiración cuyos verdaderos autores o instigadores, cuya bandera y cuyos propósitos son todavía un misterio, a pesar de los años que van transcurridos, y nadie sabía de dónde procedía y a dónde se dirigía, siendo oscuros y completamente desconocidos en la inmensa mayoría los hombres que figuraron en ella, y habiendo condenado su loca tentativa todos los partidos políticos militantes a la sazón en Andalucía.

Dispuestos ya todos los elementos con que contaban, o creían contar los conjurados, en la tarde y noche del último día de junio, salieron de Sevilla en número de ciento y tantos hombres, mal armados y pertrechados, y al siguiente penetraron en las villas de Utrera y de El Arahal, donde sorprendieron la Casa Cuartel de la Guardia Civil y cometieron excesos punibles, siendo el más señalado el incendio del archivo municipal y los de algunas escribanías. La naturaleza de este atentado, que en nada podía beneficiar a los sublevados, justifica lo que más tarde se seguro: qué no ellos, sino algunos vecinos de las mencionadas villas fueron los autores de aquella estúpida violencia.

La noticia de tan incalificables desmanes obligó a la autoridad militar superior de Sevilla a activar el envío de una fuerte columna de tropas de infantería y caballería en persecución de los sublevados, que fueron alcanzados en la mañana del día tres en el pueblo de de la hoja 1, serranía de Ronda, y acuchillado es y anunciados por la caballería, que les causó 25 muertos y escogió 24 prisioneros,14 caballos y varios aspectos.

Los sublevados sobrevivieron a aquella cruel carnicería se dispersaron aterrados en todas direcciones, para él cayendo poco a poco unos después de otros en poder de la guardia civil, que salió en su persecución. El día 5 fueron presos sus jefes en el término de la villa de Utrera, y conducidos a Sevilla, así como todos los dispersos que iban cayendo en manos de la guardia civil.

Sometidos al fallo de un consejo de guerra, fueron condenados a la última pena, cuyo terrible sentencia se llevó a cabo el día 12, siendo fusilados en Sevilla el primer jefe de los sublevados y veinticuatro individuos más, y en Utrera, el mismo día, el segundo jefe con ocho de sus subordinados.

Las vivas instancias y numerosas exposiciones elevadas a la reina por todo el vecindario de Sevilla sin distinción de partidos, clases de condiciones, pusieron término a aquella feroz hecatombe, alcanzando la conmutación de la última pena por la inmediata para los muchos infelices presos, contra los cuales el consejo de guerra seguía pronunciando el mismo fallo".

 


BIBLIOGRAFIA:

GUICHOT, Joaquín. Historia General de Andalucía, Sevilla. Edita Eduardo Perié, S.A., recogido en Cuadernos de Trabajo de Historia de Andalucía. Carpeta V. Tema 3. Edita Consejería de Cultura Junta de Andalucía. 
MORENO ALONSO, Manuel. Historia de Andalucía. Ed. Cajasur, Murcia 1995.


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