OMAR BEN HAFSUN
El caudillo muladí Umar bin Hafsún, pesadilla de los emires de Córdoba.
Umar bin Hafs bin Chafar nació en Ronda ó cerca de ella, en Parauta, en el seno de
una familia muladí, (esto es cristiano converso al Islam), de nobles antepasados godos
(se dice que del rey visigodo Witiza), su abuelo Chafar ben Salim fue el primer musulmán
de la familia, su padre Hafs partería desde Ronda hacia una alquería llamada la
Torrecilla, cerca de Parauta donde nacería probablemente Umar y sus dos hermanos Ayyub y
Chafar.
Parece que el joven Omar era bastante fogoso y en una pelea mata a un vecino por lo que
debe huir de la justicia a las inaccesibles montañas del Alto Guadalhorce, (Desfiladero
de los Gaitanes), refugiándose en las ruinas de un viejo castillo que será el
inexpugnable Bobastro.
Con otros fugitivos como él empieza a robar por las coras de Rayya y Takoronna hasta que
es capturado por el walí de Málaga, que ignorante del asesinato
que cometió en Ronda, sólo lo azota, y decide escapar al norte de Africa antes de que
sea tarde para trabajar en Tahart como aprendiz de sastre, hasta que animado por otro
muladí que le predice que va a ser rey de un gran reino, decide volver en el año 880
aprovechando el creciente caos interno de Al-Andalus.
Con el apoyo de su tío Mohadir reúne una partida de amigos y descontentos con los que
repara el castillo de Bobastro y empieza a hostigar la comarca. Tan bien le van las cosas
que el emir de Córdoba, Muhammad I envía una fuerte
contingente por lo que Omar se rinde pactando entrar al servicio del emir con sus hombres,
(año 883), y dentro del ejército omeya participa en una aceifa por tierras de Alava,
pero el ser muladí y no árabe de raza hacen que abandone Córdoba y siga con su vida
rebelde regresando a Bobastro dos años después, recibiendo a cientos de partidarios
mozárabes, muladíes e incluso beréberes unidos contra la aristocracia de origen árabe
que les dominaba. (En la imagen torre excavada en piedra del castillo de Bobastro).
Rápidamente toma Auta, (junto a Riogordo), Mijas, Comares y Archidona. En el año 886
pacta con otros rebeldes, los Banu Rifá que dominaban Alhama y su sierra y debe hacer
frente a las tropas del gobierno al mando del príncipe heredero Al-Mundhir, pero cuando
está a punto de ser derrotado muere el emir Muhammad I el 4 de agosto del 886 y
al-Mundhir debe regresar a Córdoba para hacerse cargo del país.
Durante esta pausa Ibn Hafsún aprovecha para reorganizarse reclutando campesinos para
hacerse con el control absoluto de las coras de Takoronna (Serranía de Ronda) y Rayya
(Málaga-Axarquía), apoderándose posteriormente de Iznájar y Priego haciendo desde
ellas incursiones por Cabra y Jaén.
El emir Al-Mundhir envía tres generales para someterlo pero sólo recuperan Iznájar, a
comienzos del año 888, el propio emir debe partir al frente de sus tropas y asedia
Archidona donde los muladíes se rinden siendo ejecutados los defensores mozárabes, cuyo
jefe es cruxificado entre un perro y un cerdo. Lo mismo ocurre en Priego que también es
recuperada por los omeyas. Tras estas victorias sigue el asedio de Bobastro, provocando
que el astuto Omar pacte con el rey su rendición a cambio de la amnistía, pero Ibn
Hafsún rompe la tregua cuando el emir ya se retiraba lo que provoca la ira de Al-Mundhir
que promete no levantar el cerco mientras el rebelde no se rinda, y desde luego no lo
levanta pues el emir de Córdoba enferma y tiene que llamar a su hermano Abd Allah que
cuando llega lo encuentra ya muerto, el 29 de junio del 888. Abd Allah intenta ocultar la
muerte durante tres días pero al no caer Bobastro lo anuncia a las tropas, que se
desbandan regresando a Córdoba un pequeño cortejo fúnebre, al enterarse Omar ben
Hafsún, ataca la comitiva pero el nuevo rey Abd Allah le pide que respete al difunto y
Hafsún así lo hace.
Durante el emirato de Abdallah las rebeliones internas en Al-Andalus se confirman, Umar
ben Hafsún aprovecha para firmar alianzas con otros rebeldes muladíes como Ibn Mastana
en las montañas cordobesas e Ibn al Saliya en Jaen, beréberes
como los Banu Jalí de Cañete e incluso árabes como los Banu Hayyay de Sevilla, llegando de este modo a suponer esta alianza una mortal
tenaza al emir aunque no es un reino unido bajo Ibn Hafsún como algunos historiadores
afirman, ni una revuelta exclusiva de muladíes contra árabes como demuestra la
composición étnica de la alianza. Con todo Umar toma Estepa, Osuna y Ecija en el año
889, conquista Baena masacrando a sus defensores por lo que Priego y el resto de la
Subbética se rinden sin luchar y sus tropas hacen incursiones cerca de la capital,
Córdoba.
El amplio estado que ya controla Umar ibn Hafsún establece impuestos sobre la población
para lo que busca una legitimidad oficial que le lleva a enviar emisarios en el 891 a los
Aglabíes de Túnez que reconocían al califa de Bagdag, y luego en el 910 a los Fatimíes
que sustituyeron a aquellos, sin importarle que eran shiíes y de hecho desde las
mezquitas controladas por Ibn Hafsún se lanzaban proclamas shiíes pese a que la
población seguía la doctrina sunní. Al mismo tiempo instala un obispo cristiano en
Bobastro y construye allí una iglesia convirtiéndose al cristianismo en el año 899 e
intentando también el reconocimiento de su estado por el rey astur Alfonso III.
Mientras tanto el emir Abd Allah había conseguido en Poley una importantísima
victoria ya que con 14.000 hombres derrota a los de Ibn Hafsún que sumaban 30.000 y
marchaban sobre Córdoba, (16 de mayo del año 891) y recuperó Ecija y otras plazas del
Guadalquivir en dura lucha, y que en parte volverían luego a Ibn Hafsún, el nuevo siglo
verá el inicio del declive del malagueño agravada por su controvertida conversión,
Sevilla y Carmona dominada por el árabe Ibrahim ibn Hayyay rompen con él, la nueva
derrota de Ibn Hafsún en Estepa permite al emir cordobés reconquistar Jaén en el año
903, los beréberes Banu Jali también le abandonan y se someten al emir, Bobastro es
atacada y todo su reino atravesado por los ejércitos enemigos perdiendo Martos en el 906,
la muerte del emir Abd Allah y la llegada al trono de su nieto Abd al-Rahmán III, (912),
agravan aún más la situación pues el joven omeya quiere pacificar su reino, así
organiza un gran ejército con el que conquista de nuevo Ecija , después marcha sobre la
cora de Elvira tomando Baza y Salobreña evitando el ataque directo contra Bobastro, por
lo que en esta primera expedición Abderramán III recupera 70 plazas fuertes y 300 husún
o refugios fortaleza menores.
En el 914 un nuevo ataque omeya, esta vez por la cora de Takoronna, le vence en Ojén y
sigue por la costa hacia Algeciras ya que Abderramán III decide seguir sobre Sevilla que
se somete, no así Carmona que sigue bajo los Banu Hayyay y es sitiada hasta caer en el
917. La pérdida de Baeza en el 916 y sus derrotas ante Jaén y Antequera le llevan a
acatar la soberanía del emir omeya viéndose perdido, sus hijos Chafar (también
cristiano), Sulayman, Abd al-Rahmán y Hafs no le obedecen y para demostrar la sinceridad
de su obediencia al califa omeya Umar ibn Hafsún ataca a su propio hijo que se había
hecho fuerte en Ubeda en el 917, sin embargo cae enfermo y muere en Septiembre de este
mismo año.
Su estado pasa a su hijo primogénito Chafar que tras perder varias plazas en el 919 es
asesinado fratricidamente en octubre del 920 siendo sucedido por su hermano Sulayman que
recupera Ojén brevemente, pierte Jete y Almuñécar en el 921, y es capturado en combate
en el año 927 siendo decapitado, como su hermano Abd al-Rahmán también estaba
prisionero otro hermano Hafs, asume el mando pero tras perder Málaga y ser asediado en
Bobastro rinde la mítica plaza el 19 de Enero del 928 siendo enviado él y su familia a
Córdoba donde vivirán en paz.
Tras tomar Bobastro Abd al-Rahmán III ordena desenterrar los cadáveres de Umar y su hijo
Chafar que expuso al público en Córdoba, luego recorrió Málaga derruyendo castillos
innecesarios y desterró a muchos mozárabes partidarios de los hafsuníes, alcanzando de
este modo con su victoria un gran prestigio que le animó a proclamarse Califa (929).
Según Manuel Acién Almansa, Umar ibn Hafsún no era un bandido con éxito como
decían los historiadores del siglo XIX, "jefe de toda la raza española del
Mediodía" lo llamó el holandés Dozy, ni el "caudillo de la oprimida
nacionalidad española" que decía Simonet en la máxima expresión del nacionalismo
conservador español del franquismo, teoría que también compartió Sanchez Albornoz
escribiendo "otra vez la raza hispana alumbró una gran capitán popular (...) que
los españoles, cristianos o musulmanes amaron con pasión".
La versión arabista del francés Lévi-Provençal destacando la depredación indiscrimada
y la falta de ética de Ibn Hafsún, o la explicación antropológica de Guichard que
veía en el movimieno hafsuní la pervivencia de una sociedad feudalizante occidental
frente a la oriental andalusí, fueron complementadas en los últimos años por la
versiones andalucistas que ven la revuelta como "la independencia y autonomía
andaluza frente al poder central" y a Hafsún como "un andaluz cien por
cien" (Domínguez Ortiz). Para Acién Almansa el movimiento de Ibn Hafsún fue
"un intento de los herederos de la antigua aristocracia para conseguir la permanencia
de su status en el momento en que sus derechos se vieron amenazados por la presencia del
Estado y la difusión de las normas de la sociedad islámica".
BIBLIOGRAFIA:
ACIEN ALMANSA, Manuel - Málaga Musulmana (siglos VIII-XIII). Historia de Málaga.
Ed. Diario SUR.Málaga, 1994
DE LA CIERVA, Ricardo. Historia de España, Vol. III. Ed. Planeta. 1979
MENENDEZ PIDAL, R. Historia de España. Ed. Espasa Calpe.
REGLA. J. Historia de España Ilustrada. Ed. Ramón Sopena. Barcelona 1969.