Publicado el dia 25 de febrero en Diario de Jerez

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opinión

la columna

Hablando andaluz

Casto Sánchez Mellado.      

EN la lengua española ha habido bandos. De un lado quienes creían que la única forma correcta de emplear el español es aquella que se utiliza en Castilla, de otra quienes opinamos que con esa consideración restrictiva se queda fuera de la norma la inmensa mayoría de los hablantes de nuestro idioma. Ya en el año 1492 cuando el andaluz Antonio de Nebrija publicó la primera Gramática de la Lengua Castellana, el castellano Juan de Valdés le contestó en su Diálogo de la lengua considerando que un andaluz "con su manera viciada de hablar" no era el mejor modelo para fijar la norma. Y es que los andaluces hemos tenido que aguantar que el seseo haya sido considerado en España un vulgarismo, que vulgar haya sido aspirar las eses y las jotas, que vulgares hayan sido rasgos fonéticos y léxicos que compartimos andaluces, canarios y americanos. Es difícil de entender, pero esta ha sido la realidad vivida durante cinco siglos, en los que los andaluces hemos padecido la censura en nuestra manera de hablar. Hoy la cosa ha cambiado, aunque aún hay Torquemadas lingüísticos a pesar de que más del noventa por ciento de los hablantes de español no hablan la variante de Castilla. Es una anécdota, pero el Papa cuando habla castellano, lo habla en la variante sudamericana.

Y es que andaluces y castellanos hablamos variantes del español que tienen un origen común en la evolución del castellano medieval al español moderno, momento en el que se impusieron dos variantes en nuestro idioma: la sevillana, que hablaba Antonio de Lebrija y se extendió por Andalucía, Canarias y América, y la toledana, que hablaba Juan de Valdés y se impuso en todo el norte de la península. Por eso no es de extrañar que ya en 1577 el jerezano Juan de Barahona, consciente de que en Andalucía se comenzaba a hablar una variante distinta del español, dijera refiriéndose al seseo que los andaluces no pronunciamos "tres letras de las que nos sirven, las cuales son c, s y z, porque casi todos en general no se aprovechan de más que de la s en quanto hablan". Palabras que apuntan la norma ortográfica como origen de la discriminación del andaluz respecto al castellano.