Estimado señor:
He llegado por designios del
azar al sitio web que, al parecer, pretenden dedicar a la búsqueda de la
identidad cultural andaluza. Y no se me ocurre otra idea que la de "qué
horror". No sé quienes serán ustedes, ni cuál será su formación académica,
pero hay algunas cosas que me cuesta trabajo explicarme y que quiero
enumerarles, al menos para manifestar mi opinión de andaluz y de filólogo:
a) Con total impunidad
utilizan ustedes términos como "lenguaje" andaluz o
"lengua" andaluza. Pienso que debieran ustedes releerse algún texto
esencial en la historia de los estudios lingüísticos para precisar los
conceptos que usan. Se me ocurre que algo tan básico como el Curso de
Lingüística General de Ferdinand de Saussure, donde al menos aprenderían que no
es lícito usar el término "lenguaje", ya que este hace referencia a
la capacidad innata que poseen los seres humanos para comunicarse.
b) Me parece impresentable
que hablen ustedes de "lengua" andaluza sin justificar en ningún caso
las razones en las que se apoyan. Las razones lingüísticas, claro, no otro tipo
de razones basadas en un nacionalismo barato, unas reducciones acientíficas, y
unas autoridades que no lo son en el terreno de los estudios filológicos (miren
ustedes, Blas Infante fue sin duda un buen notario, un interesante político, un
luchador por la causa andaluza en tiempos difíciles, un mártir, si quieren, un
agradable y simpático contador de historias..., pero en ningún caso una
autoridad lingüística, sino simplemente un aficionado).
c) Claro está que a lo largo
de sus páginas se adivinan algunas de las razones en las que ustedes se apoyan:
una fonética propia, un léxico diferenciado. En eso podemos estar de acuerdo,
pero con matices. Fonética propia, sí, pero fonética compartida con otras zonas
hispanoparlantes (Canarias, Español de América). Léxico diferenciado, también,
pero sobre la base de un vocabulario común. Evidentemente los hablantes
andaluces disponemos de un cierto número de vocablos cuyo sentido no es
compartido por los hablantes de otras zonas. Así sucede en todo el orbe
hispano. Ahora bien, no podemos encontrar diferencias léxicas suficientes.
En cualquier caso,
suponiendo que se dieran las condiciones anteriores, cosa que no sucede, no
podemos encontrar en las hablas andaluzas diferencias morfosintácticas claras.
Y cuando ustedes creen encontrarlas es cuando recurren no a los textos
andaluces, sino a los textos vulgares andaluces. La verdad es que esas
diferencias que ustedes marcan en la morfología y en la sintaxis podríamos
encontrarlas también en otras zonas hispanas si recurriéramos a los textos
vulgares. Hagan ustedes la prueba, por favor, y verán como la alteración del
orden de los pronombres personales átonos, la aspiración de la /f/ inicial, las
diptongaciones y monoptongaciones vulgares, los fallos en la concordancia y
otros fenómenos que aparecen por sus páginas son comunes a la lengua española,
si bien en su variedad vulgar
Me encuentro extrañado, por
tanto, con que identifican sistemáticamente registro lingüístico vulgar y
"lengua" andaluza. Entiendo que eso es un error gravísimo, pues de él
deriva el desprecio al que la cultura andaluza se ha visto sometido a lo largo
de los siglos, empezando por Juan de Valdés, al que ustedes citan.
d) Sigamos con las
suposiciones. Vamos a creer que existen ciertamente diferencias lingüísticas
claras entre el español hablado en Andalucía y el hablado en otras zonas
hispanas. Esas diferencias ¿serían siempre las mismas en todas las zonas
andaluzas? Para ustedes es así. Suponen que el andaluz es ceceante, pero ¿qué
sucede con el habla de las capitales sevillana, malagueña o de la bahía de
Cádiz? ¿compartimos todos los andaluces el mismo léxico? Miren ustedes, yo no
sé si vienen mucho por el sur, si viajan por él, pero Andalucía se expresa con
variedades lingüísticas bastante diferentes desde Jaen a Huelva. Andalucía no
es Granada o Sevilla, es bastante más que eso, y así queda demostrado en su
variedad lingüística. Por favor, no reduzcan ustedes la identidad lingüística y
cultural andaluza a unas pocas formas tópicas.
e) Buena parte de la
argumentación deficiente que aparece en sus páginas se basa en las supuestas
relaciones entre el andaluz y el árabe. Qué duda cabe que la lengua árabe dejó
un rastro imborrable en las variedades andaluzas. Así fue y así ´tenía que ser.
Pero no magnifiquemos, por favor, la influencia árabe sobre la cultura andaluza
y, sobre todo, no ninguneemos otras presencias. Andalucía, como todos los
pueblos, como todas las tierras, es crisol de las culturas que por él han
pasado. Todas dejan su huella en mayos o menor medida, y de la fusión de todas
esas surgen las nuevas culturas, como sucede en Andalucía.
Bien, podría seguir con este
texto, pero entiendo que no tendría mayor sentido. Por mucho que escriba,
ustedes seguirán pensando como piensan, porque, a mi modo de ver, no se
conducen como lingüistas que constatan la realidad según sus perspectivas
particulares, sino como personas que buscan por encima de todo encontrar una identidad
andaluza. Desde mi perspectiva de andaluz que vive en Andalucía, no tiene
sentido esa búsqueda. A mí me es evidente la existencia de esa identidad y no
necesito justificarla mediante falsos razonamientos lingüísticos. Existe una
cultura andaluza muy sólida, y esa solidez se basa, entiendo yo, en la
variedad, en la diversidad, más que en la unidad. Esa es la grandeza de
Andalucía, de Jaén a Cádiz, de Huelva a Almería.