OPINIÓN DE José Mª González-Serna

 

Estimado señor:

He llegado por designios del azar al sitio web que, al parecer, pretenden dedicar a la búsqueda de la identidad cultural andaluza. Y no se me ocurre otra idea que la de "qué horror". No sé quienes serán ustedes, ni cuál será su formación académica, pero hay algunas cosas que me cuesta trabajo explicarme y que quiero enumerarles, al menos para manifestar mi opinión de andaluz y de filólogo:

 

a) Con total impunidad utilizan ustedes términos como "lenguaje" andaluz o "lengua" andaluza. Pienso que debieran ustedes releerse algún texto esencial en la historia de los estudios lingüísticos para precisar los conceptos que usan. Se me ocurre que algo tan básico como el Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure, donde al menos aprenderían que no es lícito usar el término "lenguaje", ya que este hace referencia a la capacidad innata que poseen los seres humanos para comunicarse.

 

b) Me parece impresentable que hablen ustedes de "lengua" andaluza sin justificar en ningún caso las razones en las que se apoyan. Las razones lingüísticas, claro, no otro tipo de razones basadas en un nacionalismo barato, unas reducciones acientíficas, y unas autoridades que no lo son en el terreno de los estudios filológicos (miren ustedes, Blas Infante fue sin duda un buen notario, un interesante político, un luchador por la causa andaluza en tiempos difíciles, un mártir, si quieren, un agradable y simpático contador de historias..., pero en ningún caso una autoridad lingüística, sino simplemente un aficionado).

 

c) Claro está que a lo largo de sus páginas se adivinan algunas de las razones en las que ustedes se apoyan: una fonética propia, un léxico diferenciado. En eso podemos estar de acuerdo, pero con matices. Fonética propia, sí, pero fonética compartida con otras zonas hispanoparlantes (Canarias, Español de América). Léxico diferenciado, también, pero sobre la base de un vocabulario común. Evidentemente los hablantes andaluces disponemos de un cierto número de vocablos cuyo sentido no es compartido por los hablantes de otras zonas. Así sucede en todo el orbe hispano. Ahora bien, no podemos encontrar diferencias léxicas suficientes.

En cualquier caso, suponiendo que se dieran las condiciones anteriores, cosa que no sucede, no podemos encontrar en las hablas andaluzas diferencias morfosintácticas claras. Y cuando ustedes creen encontrarlas es cuando recurren no a los textos andaluces, sino a los textos vulgares andaluces. La verdad es que esas diferencias que ustedes marcan en la morfología y en la sintaxis podríamos encontrarlas también en otras zonas hispanas si recurriéramos a los textos vulgares. Hagan ustedes la prueba, por favor, y verán como la alteración del orden de los pronombres personales átonos, la aspiración de la /f/ inicial, las diptongaciones y monoptongaciones vulgares, los fallos en la concordancia y otros fenómenos que aparecen por sus páginas son comunes a la lengua española, si bien en su variedad vulgar

Me encuentro extrañado, por tanto, con que identifican sistemáticamente registro lingüístico vulgar y "lengua" andaluza. Entiendo que eso es un error gravísimo, pues de él deriva el desprecio al que la cultura andaluza se ha visto sometido a lo largo de los siglos, empezando por Juan de Valdés, al que ustedes citan.

 

d) Sigamos con las suposiciones. Vamos a creer que existen ciertamente diferencias lingüísticas claras entre el español hablado en Andalucía y el hablado en otras zonas hispanas. Esas diferencias ¿serían siempre las mismas en todas las zonas andaluzas? Para ustedes es así. Suponen que el andaluz es ceceante, pero ¿qué sucede con el habla de las capitales sevillana, malagueña o de la bahía de Cádiz? ¿compartimos todos los andaluces el mismo léxico? Miren ustedes, yo no sé si vienen mucho por el sur, si viajan por él, pero Andalucía se expresa con variedades lingüísticas bastante diferentes desde Jaen a Huelva. Andalucía no es Granada o Sevilla, es bastante más que eso, y así queda demostrado en su variedad lingüística. Por favor, no reduzcan ustedes la identidad lingüística y cultural andaluza a unas pocas formas tópicas.

 

e) Buena parte de la argumentación deficiente que aparece en sus páginas se basa en las supuestas relaciones entre el andaluz y el árabe. Qué duda cabe que la lengua árabe dejó un rastro imborrable en las variedades andaluzas. Así fue y así ´tenía que ser. Pero no magnifiquemos, por favor, la influencia árabe sobre la cultura andaluza y, sobre todo, no ninguneemos otras presencias. Andalucía, como todos los pueblos, como todas las tierras, es crisol de las culturas que por él han pasado. Todas dejan su huella en mayos o menor medida, y de la fusión de todas esas surgen las nuevas culturas, como sucede en Andalucía.

 

Bien, podría seguir con este texto, pero entiendo que no tendría mayor sentido. Por mucho que escriba, ustedes seguirán pensando como piensan, porque, a mi modo de ver, no se conducen como lingüistas que constatan la realidad según sus perspectivas particulares, sino como personas que buscan por encima de todo encontrar una identidad andaluza. Desde mi perspectiva de andaluz que vive en Andalucía, no tiene sentido esa búsqueda. A mí me es evidente la existencia de esa identidad y no necesito justificarla mediante falsos razonamientos lingüísticos. Existe una cultura andaluza muy sólida, y esa solidez se basa, entiendo yo, en la variedad, en la diversidad, más que en la unidad. Esa es la grandeza de Andalucía, de Jaén a Cádiz, de Huelva a Almería.