Impresiones de España EL ANDALUZ EXISTE de Claudia Di Bene Durante mi estancia en Córdoba, por motivos de estudio, he tenido la posibilidad de conocer a mis queridos amigos andaluces que han jugado un papel fundamental en mi formación, ayudándome en el aprendizaje de la lengua y de la cultura española. En aquellos momentos yo no era consciente de la cantidad de matices que me había aportado aprender el idioma hablándolo. Sólo ahora que estoy estudiando académicamente el español, he llegado a darme cuenta de que, a pesar de que el castellano es el idioma oficial del país, en Andalucía se habla andaluz y que lo que yo he aprendido es a hablar “andalú” y estoy orgullosa de esto. Siendo italiana no conozco el problema que rodea la cuestión de las lenguas pero creo que cada una de ellas tiene una riqueza propia de gran valor e importancia. Yo no entiendo mucho de lingüística, así que el lector me debe disculpar si mi información le puede parecer poco académica. Según mi opinión los dialectos no son hablas incorrectas del castellano sino formas diferentes de expresarse. Por este motivo creo que hablar andaluz en Andalucía es lo más correcto que existe, igual que hablar toscano en Toscana. La verdad es que en cada región hay una forma diferente de hablar, caraterizada por sonidos e identidad propios. Este articulo por lo tanto intenta ser una justificación de esa identidad ante los que reprochan al andaluz que es un castellano mal hablado. Una de las riquezas más interesantes de España es la diversidad de sus lenguas y dialectos. Las cuatro lenguas que se hablan en España son: el castellano, el catalán, el gallego y el vasco. Como ha establecido la Constitución española, el tesoro de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que debe ser objeto de especial respeto y protección. Hoy en día, aunque el castellano represente el idioma oficial de todo el Estado español, diferentes lenguas y dialectos conviven aparentemente sin grandes problemas. Pero no ha sido siempre así. Por ejemplo, durante la Reconquista la lengua castellana se extendió hacia el sur sustituyendo a las lenguas habladas en estas zonas por el castellano y formando así los dialectos andaluz, murciano y extremeño. Durante la dictadura de Franco fue potenciado el castellano y las otras tres lenguas fueron reprimidas hasta tal extremo que el número de sus hablantes disminuyó en un porcentaje increíblemente grande. Después de la muerte de Franco en 1975 se inició un período de actitud positiva hacia las lenguas minoritarias y hacia la autodeterminación de sus respectivas regiones. En este sentido, la búsqueda de la propia identidad regional ha suscitado en los últimos años una notable preocupación por conocer y valorar los rasgos lingüísticos peculiares de cada comunidad (según José Jesús De Bustos Tovar en “La lengua de los andaluces”). El interés ha surgido, en primer lugar, en aquellas áreas donde el castellano o español coexiste con otras lenguas como el catalán, el gallego, el vasco y, sucesivamente, en aquellas zonas donde todavía no está reconocida la autonomia lingüística. Entre ellas la más afectada es sin duda Andalucía, que representa la región que posee un dialecto muy interesante y vivaz. Los lingüìstas han planteado toda una serie de cuestiones al respecto que abarcan desde si el andaluz puede ser considerado un dialecto del castellano hasta si el andaluz es un castellano mal hablado. El gran problema que plantea el andaluz es el reconocimiento de su existencia. El habla de los andaluces presenta una diversidad de doble naturaleza: a) espacial o geográfica, y b) sociológica. La reciente valoración de las hablas regionales por parte de las minorías cultas ha llevado a considerar la variedad andaluza como una modalidad fonética, diferente de la que rige en el área geográfica de Castilla. Sin embargo, lo normal entre la sociedad culta andaluza (y por supuesto entre la de fuera de Andalucía) es considerar el andaluz una forma degradante del castellano. Es un vulgarismo, un signo de incultura que hay que procurar erradicar desde la escuela. Yo creo que este enfoque no es ni científicamente válido ni culturalmente aceptable. Lo peor de las represiones que puede sufrir una lengua es su ridiculización y eso es lo que ha sucedido con la forma de hablar de los andaluces. Hoy, en los medios de comunicación, sólo se utiliza el andaluz para hacer el gracioso o para representar a una persona sin estudios. Según Milton M. Azevedo el andaluz no es una variante lingüística uniforme, sino un conjunto de hablas caracterizadas por rasgos que permiten diferenciar una Andalucía occidental y otra oriental, con diferentes subáreas. Hoy muchos piensan que en la lengua de los andaluces existen una serie de hechos diferenciales, que junto con un léxico propio, son suficientes para considerar al andaluz como un idioma, si existiera una voluntad política y se fijaran unas normas comunes para toda Andalucía. La verdad es que la mayoría de los andaluces utilizan al hablar una serie de sonidos diferentes del castellano y que al escribir, en castellano, no los reflejan. Son sonidos como la “h” aspirada, la “j” andaluza, las vocales abiertas y otros que no existen en castellano. El andaluz, aunque sea de origen latino, tiene mucho influjo del árabe por el largo período en que vivió en contacto directo con las diferentes comunidades árabes que llegaban a la península y que llevaron al legendario esplendor de “Al-Andalus”. Hay que resaltar que, aunque el idioma oficial de España es el castellano, el andaluz tiene gran importancia histórica. El español hablado en America se deriva en gran parte del español hablado en Andalucía, ya que de esta región salían casi todas las expediciones hacia el nuevo mundo. Pensar que el andaluz debe seguir subordinado a la norma estándar castellana si no quiere convertirse en un conglomerado de hablas es una postura claramente ideológica. Entonces ¿Qué hablan los andaluces? Hablan andaluz y deben estar orgullosos de su forma de hablar y no tienen que cambiarla artificialmente, puesto que pienso que no hablan mejor ni peor, sino que diferente. Se pretende obligarlos a hablar de una forma que desconocen, en base a cánones rígidos y estrictos, pero la verdad es que en Andalucía, es el andaluz el que está vivo a espensas del castellano. En conclusión, la riqueza de una lengua es un recurso de gran valor y su supervivencia debe ser una prioridad. Las lenguas, como los seres vivos, están en continua transformación y proceso de enriquecimiento, pero a diferencia de estos últimos, no mueren por causas inmediatamente fisiológicas sino que se transforman por sinrazones políticamente imprevisibles. Cludia Di Bene Filologa MATICES septiembre |