Los límites de Andalucía

El estudio de los límites ha suscitado escaso interés hasta hace poco, admitiéndose por lo general su existencia sin mas planteamientos. Y eso que la superficie terrestre presenta multitud de divisorias a distintas escalas, desde la separación de continentes, generalmente por medio de océanos y mares, a las parcelas de cultivo de diferentes propietarios, pasando por fronteras estatales, regionales, provinciales, municipales....

Y a veces han originado discusiones en torno a las lindes de bancales o guerras en las fronteras de imperios; sin embargo, hoy tiende a convertirse en algo positivo: el marco de actuación de administraciones públicas para una serie de servicios (educativos, sanitarios, administrativos, judiciales, culturales...) o de acciones empresariales, comerciales o de otro tipo. También como áreas de ordenación del territorio, de mejora de infraestructura y equipamientos (carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, obras hidráulicas...), de inversiones públicas y privadas, políticas de empleo, marco legislativo... Es decir, que los límites deber ser cada vez más un marco de desarrollo, eficacia, calidad de vida...

Desde un enfoque de Geografía Regional la investigación sobre límites alberga una variedad de posibilidades por cuanto permite las relaciones con el medio natural, especialmente si se trata de demarcaciones antiguas, atender a la vertiente de la percepción y seguir la evolución a lo largo de la historia para averiguar factores explicativos de permanencias y modificaciones. Así la historicidad de un espacio depende en gran manera de sus límites, que, cuando son antiguos y persistentes, revelan lo que podemos denominar "viabilidad territorial"; o sea, la demostración de su idoneidad como territorio articulado y con mayor o menos autonomía político-administrativa.

Con estos planteamientos abordamos los límites de Andalucía resumiendo y actualizando un trabajo que publicamos en 1987 (I tomo de la Geografía de Andalucía de Editorial Tartessos).

Y precisamente las lejanas noticias, mezcladas con mitos, de un antiguo reino de Tartessos propicia el parangón del Valle del Guadalquivir con los no menos fértiles y cunas de civilizaciones del Nilo, Tigris y Eufrates. Más adelante aparecen escritos de la zona, denominada Turdetania y luego Bética, como los de Posidonio (sobre el año 100 a de C.) recogidos por Estrabón (principios de nuestra era).

"Sucede que la turdetania, la que atraviesa el río Betis, está situada en la costa del lado de acá del Andas este territorio a lo largo y a lo ancho no excede los 2.000 estadios (unos 400 Km. de este a oeste y 270 de norte a sur); sin embargo el número de ciudades es muy elevado. Llegan a decir 200. A causa de los negocios son las más conocidas las que están a orillas de los ríos, en los estuarios y son puertos de mar". "Esta Turdetania es admirablemente fértil. Siendo productora de todo y en gran cantidad, duplica esta su prosperidad con el comercio exterior. Se exporta desde Turdetania trigo y mucho vino y no solo mucho aceite sino excelente. Pero también extrae cera, miel, pez (utilizada en las embarcaciones), cochinilla en abundancia (producto tintéreo) y un cinabrio (mercurio) no inferior al de la tierra de Sínope. Los barcos se construyen allí con minas de sal y ríos no pequeños de agua salada. La magnitud y número de los barcos evidencia la abundancia de lo que se exporta desde Turdetania. Pues ni oro, ni plata, ni cobre, ni hierro han podido verse hasta el presente en tierra alguna ni tan abundante, ni de tanta calidad."

Estamos, pues, ante un territorio definido y cohesionado por el Valle del Guadalquivir, con dimensiones sensiblemente parecidas a las actuales y una fertilidad y riqueza extraordinarias, con productos innovadores para la época en una verdadera potencia marítima y comercial. Poblada por gentes de elevada cultura y un tanto acomodaticias, como parece convenir a tierras de paso. Así el mismo Estrabón relata que "Estos llegaron a estar sometidos a los fenicios de una forma tan completa que la mayor parte de las ciudades de Turdetania y de los lugares próximos incluso ahora están habitados por ellos. Tienen los turdetanos, además de una tierra rica, costumbres dulces y cultivadas... y, en especial los que viven en torno al Betis, han tomado las costumbres de Roma, sin ni siquiera acordarse de su propia lengua. La mayor parte se ha convertido en latinos y han recibido colonos romanos, hasta el punto de que poco distan todos de ser romanos".

Así que se trata de un pueblo y un territorio claramente diferenciados en el sur peninsular, que llevó a Roma a un reconocimiento explícito con la creación de la provincia Bética, cuya primera delimitación llegaba por el norte y el oeste al Guadiana, como la Turdetania, y por el este no difería mucho de los límites actuales (podrían quedar fuera de una pequeña parte de norte oriental, constituyendo el Betis el eje articulador y Sierra Morena un glacis defensivo. De igual forma, la Lusitania, claro precedente de Portugal, queda centrada por el Tajo entre el Duero y el Guadiana, mientras la tercera provincia, la Tarraconense, no es más que el resto peninsular, sin criterios fluviales, culturales ni de otra clase. En tiempos de Augusto se traslada la frontera del este para incorporar a la provincia Cartaginense (dependiente del Emperador) la rica zona minera de Linares, comprendida en la Bética, que era senatorial, dado su mayor grado de integración y su carácter pacífico. Y se mantuvo así durante la época visigoda, cuyo estado cayó en decadencia por luchas religiosas, dinásticas y familiares. A eso se le une la rápida propagación de una nueva creencia procedente de Arabia y las tradicionales comunicaciones en el Estrecho de Gibraltar, resultando la inmediata islamización del sur peninsular con escaso trasvase poblacional.

La proclamación de Abderramán III, como califa y príncipe de los creyentes, rompe la conexión entre el emirato y Damasco y da lugar a un estado totalmente independiente, cuyos límites sobrepasaban el actual territorio andaluz.

Pero el centro neurálgico reside aquí, con el Guadalquivir (río Grande, cuando más al norte son realmente mayores) como eje, siguiendo esquemas anteriores; más del 50% de la recaudación fiscal procede de Andalucía; todos los caminos, además el Califato estaba dividido en cuatro naciones, una de las cuales, Al-Andalus propiamente dicho, coincide prácticamente con la actual Andalucía, buscando la divisoria de aguas Guadiana-Guadalquivir. Las otras eran Al-Garb (Algarve) Al-Mutasa (en la meseta sur) y Al-Xarc (el levante). En época Almohade las diferencias respecto a hoy disminuyen y la conquista castellano-Leonesa a mediados del siglo XIII respeta en esencia la organización territorial anterior. Tanto que cuando había disputas entre la Corona, órdenes militares, señoríos civiles o de la iglesia, se recurríaa peritos moros que señalaban las lindes. Y es que hubo pequeñas modificaciones que afectan también a los límites, debido a las recompensas por las ayudas prestadas en la guerra.

En la frontera con Portugal se mantuvo al principio el ámbito del antiguo reino musulmán de Niebla, que incluía el Algarve hasta Sagres. En 1267 pasan a Sevilla Serpa y Moura, recuperadas después por el país vecino, y delimitándose por el Chanza; si bien continúan los pleitos en la zona (por ejemplo en las Contiendas) hasta que se fijan definitivamente los límites en 1893.

Más al este pertenecía también al reino sevillano el Sur de Badajoz, pero la provincia de León en Extremadura, propiedad de la poderosa Orden del Temple, marca la frontera con pequeñas oscilaciones que afectan a unos cuantos municipios a ambos lados de la demarcación ( Fregenal, Higuera, Bodonal, Cañaveral, Arroyomolinos y Guadalcanal).

Al norte de Córdoba el señorío de Sotomayor introduce otra cuña señorial (Belalcázar, Santa Eufemia, Hinojosa) mientras que Almadén correspondía entonces al reino de las ciudad califal. En el nordeste de Jaén, por otro lado, la Orden de Santiago ocupaba, entre otras, las poblaciones de Villacarrillo y Santiago de la Espada. En cuanto a la divisoria Andalucía-Murcia viene de atrás y se mantiene en la época nazarí, plasmándose a principios del XVI en los reinos cristianos.

La reconstrucción del mapa andaluz de 1789, según el Censo de Floridablanca, recoge los cuatro reinos andaluces de Granada, Jaén, Córdoba y Sevilla con las variaciones antes reseñadas. Es decir, que nuestro territorio fue percibido como diferente y con pueblos distintos del resto peninsular hace dos milenios, llegando hasta el Guadiana, aunque el norte estaba despoblada, excepto la Tierra de Barros.

Después, Al-Andalus estricto que dio nombre a nuestra Comunidad, se asemeja bastante a los límites actuales y, tras la señorialización que supone la conquista castellana, se producen algunos cambios, quedando fijados los límites actuales en 1833. Las oscilaciones aludidas no alteran lo fundamental del espacio andaluz (Sierra Morena, Valle del Guadalquivir, Subbético, Depresión Intrabética, Penibética, y Costa. O, si se quiere simplificar, un Valle entre la Meseta y el mar), de igual forma que un cuadro no queda afectado, si cambia ligeramente una parte del marco.

GABRIEL CANO

Revista ünica de Andalucía

invierno 1999