¿CÓMO ES TRATADO EL ANDALUZ EN LA LEGISLACIÓN EDUCATIVA?
Francisca Iñiguez Barrena
Revista EL SIGLO QUE VIENE Edita el Area de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla. Febrero de 1998 (especial dedicado al habla andaluza)
La Constitución Española , en su Artículo 32, hace mención a la diversidad lingüística de España y a la oficialidad del español en todo el Estado. Concretamente, dice:
1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas, de acuerdo con sus estatutos.
3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.
Vamos a reflexionar sobre el significado de cada uno de los apartados de este artículo:
3.1. El castellano es la lengua española oficial del Estado.
Se ha insistido en numerosas ocasiones y desde diversas plataformas -conferencias, artículos varios, medios de comunicación (prensa, radio, televisión)-en que castellano no es la denominación que corresponde a la lengua oficial del Estado, a pesar de que se exprese así en la Constitución, por razones de consenso político.
En España lo que se habla desde el siglo XV es el español, idioma que compartimos con las comunidades sefardíes (judeo españolas), Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Méjico, Cuba y República Dominicana. En Puerto Rico es cooficial con el inglés. En Filipinas ha sido hasta ahora lengua de cultura y de enseñanza universitaria, aunque en la actualidad las lenguas oficiales son el inglés y el tagalo. Habla también español toda le población no anglosajona de Estados Unidos, en especial, California, Arizona, Nuevo Méjico y Tejas. Los hispanos son cada vez más numerosos en Nueva York y otras grandes ciudades y el español ha llegado a enseñarse en las escuelas, librando una disputa política con el inglés que todavía tiene que resolver el gobierno. Las Reales Academias de la Lengua Española, ubicadas en Madrid y en otras capitales de los paises hispanoamericanos, incluso de los Estados Unidos, velan porque esta unidad no se pierda y evitar que el proceso natural de la lengua no sea sustituido por otro anárquico y anormativo, fruto de la desidia de todos y del papel principal y negatí.vo que juegan las modas, la publicidad los medios de comunicación.
Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
El español está declarado por IC Constitución lengua oficial de todo el Estado español, lengua que da unidad a la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (Constitución. Art. 2). El español es la lengua legitimada e institucionalizada históricamente con carácter supranacional (puesto que son muchas las naciones que lo hablan) y con carácter suprarregional (pues nos une por encima de las lenguas regionales, también legitimadas en sus respectivas regiones autónomas). España es una nación plurilingúe y pluridialectal, de ahí que la Constitución añada:
3.2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas, de acuerdo con sus estatutos.
Esas lenguas españolas que también son oficiales en sus respectivas comunidades autónomas son:4gallego, catalán y euskera o vascuence; y para con ellas debemos tener la misma actitud de respeto que exigimos para el español.
3.3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.
Por lo que respecta al Andaluz, dialecto del español que se habla en Andalucía, hay que definirlo como una variante de la lengua que posee unas características léxicas y fonéticas particulares. Las variantes sintácticas son menores. Los andaluces no hablamos igual que los castellanos, asturianos, murcianos, aragoneses, extremeños, canarios...; como tampoco hablamos igual que los argentinos, peruanos, colombianos, etc. En cada uno de los lugares se habla de modo distinto la misma lengua española. Y dentro de Andalucía tampoco se habla igual el español en un sitio que en otro, en parte debido a la desigual procedencia de nuestros pobladores a lo largo de la historia. Esta variedad dentro de nuestra propia región origina que unos lingüistas se decanten por el habla andaluza y otros por las hablas andaluzas. Las distintas maneras de hablar identifican y diferencian a los hablantes entre si, pero no los sitúan a unos por debajo de otros en diversas categorías. Naturalmente, cada hablante no puede hablar (entiéndase, cambiar sonidos o inventar palabras) como quiera. Para evitar el caos está la norma, que es la que nos dice qué es lo que está bien y se permite y qué es lo que está mal y no está permitido. La lengua es algo vivo, dinámico y va cambiando a lo largo del tiempo, pero ninguno de los hablantes puede modificar nada. En este sentido, en la evolución que sufre la lengua, podemos decir que el andaluz representa su estadio más avanzado, como si dijéramos, es la vanguardia del español, motivo por el que podemos sentirnos orgullosos: los cambios en la lengua se producen y avanzan en España de sur a norte.
Hasta aquí lo que dice la Constitución Española. Por su parte, el Estatuto de Autonomía (20 de Octubre de 1981), en su Artículo 12.3.2., dice concretamente:
(La Comunidad Autónoma de Andalucía promoverá el acceso de todos los andaluces a los niveles educativos y culturales que les permitan su realización personal y sociaL Afianzar la conciencia de identidad andaluza, a través de la investigación, difusión y conocimiento de los valores históricos, culturales y lingüísticos del pueblo andaluz en toda su riqueza y variedad.
¿Qué comentario nos merece? Desde hace ya varias décadas, los antropólogos advierten que la lengua no es sólo un instrumento para la comunicación, sino que, además, hace posible el grupo social y constituye el principal vehículo de cultura. Una lengua compartida no es sólo un elemento homogeneizante dentro de las fronteras de un país, sino que origina unos principios comunes de pensamiento: el conocimiento general del mundo incluye también las opiniones y creencias acerca de las cosas (Coseriu, 1977]. En consecuencia, lengua y cultura son dos modalidades paralelas de una actividad más fundamental... la del espíritu humano (Levi-Strauss, 1969). Por eso son tan graves los problemas que se plantean en comunidades bilingües (o trilingües) cuando, en lugar de convivir todas las lenguas habladas por las diferentes personas que conforman el país, con una actitud de igualdad, libertad y respeto, se pasa a situaciones de diglosia donde una de ellas intenta imponerse a la(s) otra(s). Estas imposiciones lingüisticas comporten, al mismo tiempo, una manipulación de la esencia del individuo, puesto que la lengua no es sólo vehículo de expresión, sino que también lo es de sentimiento y de pensamiento.
En Andalucía, la historia del andaluz, lógicamente, va íntimamente ligada a nuestra propia historia y a nuestra particular idiosincrasia, es decir, nuestra manera de ser y de pensar. Andalucía desde siempre tuvo la cualidad de ser una región abierta a todo y a todos. Ese trasiego de gentes y de culturas de que fue objeto, ejerce sobre nosotros un sentido de vastedad y una capacidad de aceptación y de adaptación para todo lo nuevo. Por todo ello, nunca ha habido entre nosotros espíritu de separatismo ni conciencia de nacionalidad ni deseo de independencia. Andalucía, donde revirtieron tantas culturas de tan diversos matices, de tan conflictivas espiritualidades, encontró siempre el equilibrio entre la tradición y un cierto movimiento expansivo. Nuestra cultura no está cimentada en resentimientos históricos y, por tanto, nuestras relaciones con lo que no es Andalucía, sea o no español, no se originan en el rechazo de lo impuesto sino en la abundancia de lo asimilado. Oriente y Occidente se cruzar en Andalucía, abierta también hacia lo mediterráneo y lo atlántico y por este camino colaboró en la expansión de una lengua que no sólo no rechazó sino a la que dotó de una especial cultura que, cuandc recibió, no tenía. La cultura andaluza florece desde los primeros tiempos y abarcó una nómina impresionante de personas ilustres en todos los campos del saber.
Lo que ahora debemos lograr es aceptarnos nosotros mismos y que nos acepten los demás. La desvalorización del habla andaluza, tachada de vulgar por aquellos que piensan que uno habla tanto mejor cuanto más se acerca en la fonética a la escritura, o de ingeniosa y "graciosa" tiene una larga historia y potencia la imagen del andaluz tópico, de vida alegre despreocupado, vago y cuentachistes. En diversas ocasiones escritores, críticos e historiadores han denunciado esta actitud viendo en ella un gigantesco intento de hacernos perder como pueblo los rasgos que definen nuestra idiosincrasia, nuestra propia experiencia histórica e imponernos de forma sutil un sentido de inferioridad interiorizada que nos haga aceptar pasivamente un determinado papel dentro de un sistema político, algo así como aceptar ser españoles de segunda clase. La realidad histórica permite, ciertamente, que pensemos esto: todavía hay analfabetismo, el indice de libros editados, vendidos y leídos es bajísimo en comparación con otras regiones; no se lee el periódico, a pesar de los buenos profesionales que hay en este medio y cada día se pasan más horas delante del televisor, donde la visión del andaluz es vejatoria en general.
Todo esto es ofensivo y humillante. Cabria preguntarse ¿qué intereses se esconden detrás?, ¿qué se pretende? Por otro lado, sabemos que a los presentadores de los informativos de Canal Sur se les "recomienda" usar el español estándar y sólo en los programas lúdicos e infantiles pueden utilizar nuestro dialecto andaluz. Para poner punto final a este comentario, vamos a recordar las declaraciones de un importante académico, profesor y novelista ferrolano, Gonzalo Torrente Ballester, en una conferencia dad en Bilbao (luego recogida por El País, 14 de Mayo de 1 985): los andaluces son los que mejor hablan el castellano, con independencia de su pronunciación. La riqueza léxica y sintáctica de los andaluces es extraordinaria, sobre todo en las clases populares. En Andalucia están vivas una serie de palabras y de expresiones que han muerto en el resto de España.
La Academia legitimó recientemente la norma andaluza al admitir que existen dos' grandes tendencias de uso de la lengua española: la castellana-peninsular y la andaluza-atlántica. Era lógico que la Academia admitiese la norma andaluza-atlántica pues no podía seguir obviando que en Andalucía, Canarias e Hispanoamérica se habla de otro modo. Por otra parte, los pueblos nunca son uniformes ni desde una perspectiva geográfica, ni desde una perspectiva histórica, ni política ni etnográfica. Ante este cúmulo de variables no debe extrañarnos que las diferencias entre hablantes de un mismo código sean inevitables, y defender su uniformidad un enfoque erróneo del acto lingüístico. Estas consideraciones, ya enunciadas por Humbold, son el fundamento para la delimitación saussureana de los conceptos de lengua y habla.
Precisamente, la novedad más importante que introduce el nuevo sistema educativo, a partir de la L.O.G.S.E., es la importancia que le otorga a la comunicación oral y a la modalidad lingíiística propia -en nuestro caso la andaluza-. Vamos a ver las leyes que regulan los distintos niveles educativos: Frente al enfoque unitario de la lengua y al planteamiento uniformante de su enseñanza que se hacia en la Ley General de Educación de 1970, la Ley de Consejos Escolares de 1 984, en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Andalucía (9 de Enero), explicita en su Articulo 3.2. la necesidad de incrementar el fomento de la conciencia de identidad andaluza mediante la investigación, difusión y conocimiento de los valores históricos, culturales y lingüisticos del pueblo andaluz en toda su riqueza y variedad, según las disposiciones que permitan la integración plena de los centros escolares en su entorno geográfico y socioeconómico, que predominan en los planes educativos. La Ley Orgánica del Derecho a la Educación (L.O.D.E.) de 1985 se hace eco de este objetivo y, entre los suyos, incluye, la formación en el respeto de la pluralidad lingüistica y cultural de España (Articulo 2, ej. La Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (L.O.G.S.E.} de 1990, así como los Reales Decretos -a nivel estatal: Real Decreto sobre enseñanzas mínimas en la Enseñanza Secundaria Obligatoria [ESO.], B.O.E. de 14-15 de Junio de 1 992- y los Decretos autonómicos que la desarrollan -B.O.J.A. de 16-Agosto-94- presentan un enfoque lingüístico y didáctico del proceso enseñanza-aprendizaje de la lengua en el aula, desde la propia diversidad lingüística o dialectal.
Estos nuevos planteamientos se basan en los modernos estudios sociolingüísticos, psicolingüísticos, y pedagogicolingüísticos actuales y son paralelos a los que se hacen en los distintos países de nuestro entorno más inmediato y de nuestro mismo contexto cultural, acerca de los procesos de enseñanza-aprendizaje de la lengua materna. Desde el punto de vista sociolingüístico, la forma de expresión particular de un grupo de individuos lo es también de su experiencia social. Desde el punto de vista psicolingüístico, la lengua responde a la organización que el individuo, dentro de su grupo, hace del mundo que le rodea y delimita su manera de comunicarse, de sentir y de pensar. Desde el punto de vista pedagosicolingúístico, el aprendizaje se enfoca desde la perspectiva del propio ambiente cultural, de ahí que se atienda especialmente al habla, que es la que interpreta las distintas situaciones y experiencias del individuo. Resulta, por tanto, necesario en la práctica didáctica acercarse al modo linguistíco-cultural de los estudiantes. Partiendo de ahí será como se logre la motivación y el estímulo necesarios, pues, al mismo tiempo, servirá para la reflexión sobre si mismos y sobre el medio que les rodea.
Para que estas consideraciones tengan viabilidad y se lleven a la práctica, lo primero que ha de cambiar es nuestra mentalidad como usuarios, padres y profesores. Entre los padres, los hay que abogan porque el profesor enseñe a sus hijos a hablar bien. ¿Por qué se tiene esta idea de que el español se habla bien
fuera de Andalucía y mal dentro? No es una cuestión de la que nos podamos ocupar ahora, pero sí decir que pesa mucho el desprestigio que sobre nuestra forma de hablar se ha volcado desde hace siglos. En los textos literarios son abundantes las referencias: Juan de Valdés, toledano, autor del Dialogo de la lengua (1535) no duda en desautorizar a su coetáneo Elio Antonio de Nebrila, el autor de la primera Gramática, por ser sevillano y decir que en Andalucía no se habla ~ lengua pura. Numerosos son también los textos en que se recurre al andaluz para burlarse de los personajes y hacer reír al receptor-lector, entre ellos varios de nuesttro genial Cervantes. Todavía en el siglo XIX, hay un manuscrito en la Biblioteca de la Universídad de Sevilla (331/130) que pone en duda que el maestro pueda enseñar a sus alumnos cuando él mismo no sabe pronunciar. Hoy día los chistes son frecuentes y nosotros mismos los celebramos, aunque atenten contra nuestra propia dignidad como ciudadanos y como hablantes de español. Nosotros utilizamos una variante dialectal que lejos de ser retrógrada e irrisoria, como muchos piensan, es la más avanzada del español, usada por muchos millones de hablantes y reconocida por la Academia. Para los profesores, la nueva metodología dialectal (enseñar a leer al niño respetando los rasgos lingüísticos que trae a la escuela) supone un cambio en la enseñanza de la lengua que no es la tradicional fundamentada en el acercamiento al modelo escrito. No estamos, sin embargo, defendiendo un sistema de escritura basado en las realizaciones orales. Hay que distinguir muy bien entre la lengua oral (con la que nos comunicamos verbalmente en todas nuestras conversaciones diarias con nuestra familia, nuestros amigos, en la oficina o en la calle) y la lengua escrita, con la que nos comunicamos por escrito todos los andaluces entre nosotros y con el resto de hispanohablantes, que debe ser una dentro y fuera de España. Se trata, en todo momento, de una enseñanza que desde lo particular (lo más cercano al alumno) pretende llegar a lo general. El aula es el lugar idóneo para alcanzar esos conocimientos generales y para frenar usos indebidos y combatir la presión lingüística circundante (la lengua de la calle, de las modas y la publicidad, de los medios de comunicación].
El Decreto 107/1992 (B.O.J.A. de 206-92) de Educación Infantil en Andalucía recoge que los niños y las niñas irán aprendiendo a... respetar las distintas modalidades del habla andaluza y la diversidad lingüística en general. La labor del profesor de este nivel será remodelar y reestructurar la expresión verbal de los niños para que éstos vayan aproximándose cada vez más a las formas de uso habituales en su comunidad y las valoren como instrumento cultural de los grupos sociales que lo usan. El profesor deberá dejar muy claro también a los alumnos cuáles son las conductas fónicas aceptadas y cuáles las incorrectas. Sin duda, es una tarea en la que se debe derrochar mesura y ponderación si no se quiere incurrir en actuaciones didácticas contraproducentes y ahí está la dificultad para el docente.
El Real Decreto 1006/1991, por el que establecen las enseñanzas mínimas en la Educación Primaria a nivel estatal, recoge, entre sus objetivos generales conocer el patrimonio cultural... y respetar la diversidad lingüística y cultural como derecho de los pueblos e individuos, y entre los del área de Lengua y Literatura reconocer y apreciar la diversidad lingüística de España y de la sociedad, valorando su existencia como un hecho cultural enriquecedor. En los contenidos, por su parte, se habla de variantes de la lengua oral, de unidad y diversidad lingüística y cultural de España y de la sociedad en general; tema del que también se ocupan los criterios de evaluación al señalar que los escolares han de identificar en textos orales y escritos de uso habitual las distintas lenguas de España y las diversas manifestaciones de la propia.
Por lo que a la Comunidad Andaluza se refiere, la territorialización viene establecida por el Decreto 105/1992 (B.O.J.A. del 206-92), por el que se establecen las enseñanzas correspondientes a la Educación Primaria en nuestra comunidad. Entre sus objetivos recoge: respetar la diversidad lingüística y cultural como derecho de los pueblos e individuos y comprender y producir mensajes orales y escritos en castellano, atendiendo a las peculiaridades del habla andaluza con propiedad, autonomía y creatividad. Los objetivos del área de Lengua y Literatura, a su vez, señalan que los alumnos han de valorar y hacer un uso reflexivo de la modalidad lingüistica andaluza en sus diferentes modos de expresión, en el marco de la realidad plurilingüe del Estado español y de la sociedad como un hecho cultural enriquecedor.
Con ese fin, la Enseñanza Primaria se basará en el propio discurso del alumno hasta conseguir que posea un conocimiento reflexivo de su lengua y que valore y use su propia modalidad lingüística. En cuanto al nivel léxico, se debe enseñar y tratar de preservar desde el ámbito escolar, todas las palabras, acepciones o expresiones dialectales que son válidas y están legitimadas por el solo hecho del uso. En segundo lugar, conviene promover desde la enseñanza aquel léxico que, bien por emblemático, bien por urbano, esté legitimado por la norma culta andaluza. En cuanto a la enseñanza de la gramática, muchos profesores creen que una insistencia continua en nociones morfosintácticas faculta a sus alumnos para ser hablantes más competentes. Y, en realidad, a hablar se aprende hablando y escuchando a las personas cultas de su entorno y depende de la habilidad personal de la práctica, del buen gusto y del sentido de la oportunidad de cada hablante. Por otra parte, los expertos señalan que no deben iniciarse los estudios teóricos antes de que los alumnos alcancen los catorce años, pues no tienen la madurez mental suficiente para comprende muchas de las nociones abstractas.
En Educación Secundaria Obligatoria (ESO.), con alumnos entre 12 y 16 años el objetivo último en el área de Lengua Literatura (B.O.E.(s): 26-6-91, Anexo 24-6-95 y 6-9-95) ha de ser que los alumnos progresen en el dominio de las cuatro destrezas básicas de la lengua: escuchar, hablar, leer y escribir que ya han debido adquirir en la Educación Primaria. Se trata ahora de enriquecer el lenguaje, tanto oral como escrito, en el doble proceso de comprensión y de expresión y de avanzar en la educación literaria. Para Andalucía (B.O.J.A.(s): 2~6-92, Anexo II y 7-12-93) se añade a los objetivos mínimos estatales el de valorar y hacer un uso reflexivo de la modalidad lingüística andaluza en sus diferentes formas de expresión, en el marco de la realidad plurilingüe del Estado español y de la sociedad como un hecho cultural enriquecido.
En Bachillerato, enseñanza no obligatoria y para cuyos estudios es imprescindible haber superado satisfactoriamente la Enseñanza Secundaria, el curriculum se establece (B.O.E. de 21-1~92. Anexo) de manera flexible y abierta, de modo que favorezca la autonomía docente de los centros. Este planteamiento permite y exige al profesorado adecuar la docencia a las características de sus alumnos y a la realidad educativa del centro, realidad que, según pensamos nosotros, puede verse muy mediatizada e influida por la ubicación de los centros, clases sociales y posibilidades económicas de los alumnos, etc. No obstante, la Ley Orgánica 1 / 1 990, quizá previendo estas posibles desigualdades, deja claro que la unidad del Bachillerato queda reflejada en sus objetivos educativos, en las materias comunes que todos los alumnos han de cursar y en el propio titulo de Bachiller que será único. El objetivo básico (B.O.E. de 21-1~ 92, Anexo), sea cual sea el Bachillerato escogido (Artes, Ciencias de la Naturaleza y de la Salud, Humanidades y Ciencias Sociales y Tecnología), es el conocimiento de los distintos tipos de discursos y, en particular, el científico y literario. Se propone consolidar y ampliar la competencia comunicativa del estudiante de Bachillerato. En Andalucía, el B.O.J.A. de 26-7-94, Anexo II, explícita, entre varios de sus objetivos: conocer los elementos y mecanismos componenciales de los distintos niveles lingüísticos -y los hablantes andaluces, de su propia modalidad língüística andaluza- para poder reflexionar, a través del análisis y producción de textos concretos -orales y escritos de diversas tipologías- sobre su funcionamiento y condiciones comunicativas. Asimismo, conocer la realidad plurilingüe española y respetar el uso de las diversas manifestaciones língüísticas aumentando, en su caso, su autoestima como hablantes de la modalidad andaluza, lo cual incluye mantener actitud crítica ante informaciones que contengan mensajes manipuladores.
De todo cuanto hemos dicho con respecto a la enseñanza, podemos concluir con una valoración reflexiva acerca de qué se espera del alumno y qué se espera del profesor. Con respecto a los primeros, no es de pasar por alto el reto que le ofrece a ellos y a sus familias la enseñanza privada subvencionada. Hemos aludido, muy someramente, a las desigualdades que pudieran surgir en los centros públicos a los que afecta su ubicación en zona urbana-rural, céntrica-suburbial, con profesorado fijo o volante, la dotación suficiente o escasa en materiales, etc. Pero esto no es nada comparable con la desigualdad que habrá entre la enseñanza pública, que subsiste exclusivamente con dinero oficial, y la enseñanza privada, subvencionada por el Estado en todo lo que es Enseñanza Obligatoria, y que aparte de la subvención estatal recibe cantidades muy sustanciosas por múltiples vías: A.P.A., actividades complementarias, uso del polideportivo, etc., etc. Está claro que en centros con dotación complementaria, con más recursos, mayor cantidad de materiales didácticos y de medios, menor número de alumnos por aula,... el aprendizaje es de mejor calidad y los alumnos saldrán mejor preparados, aunque a todos se les entregue el mismo título; y aquéllos que continúen estudios de Bachillerato podrán superar las pruebas de ingreso en las distintas Facultades con mejor puntuación.
Con respecto al profesorado, las nuevas enseñanzas le exigen una formación lingüística y literaria sólida -formación que los organismos oficiales dependientes de la Consejeria de Educación han empezado ya y tendrán que seguir proporcionando-, tanto en nociones teóricas como en dialectología, sociolingüistica andaluza, nuevas tecnologías, literatura andaluza, etc. En el caso de la enseñanza de la modalidad lingüística y la comunicación oral, la exigencia aumenta cuando el profesor no es oriundo de la región donde actúa profesionalmente. Quizá no esté de más añadir que, así como en Cataluña se exige ser catalán o hablar dicha lengua para ser profesor e incluso para acceder a una plaza y presentarse a unas oposiciones, no nos parece fuera de contexto que el Partido Andalucista pida que las vacantes que haya en Andalucía para profesores sean ocupadas prioritariamente por andaluces. Es mucho lo que se espera de los profesores y muy grande su responsabilidad. El profesor andaluz debe mostrar a sus alumnos la realidad de su lengua y desarrollar el espíritu de valoración de la propia modalidad y a ello deberán contribuir también los profesores de cualquier asignatura. Por último, y es otro gran reto, partiendo de lo particular, la modalidad lingüística andaluza y el entorno del alumno, el profesor ha de guiarlo hacia la búsqueda de la superación y el enriquecimiento lingüístico, literario y cultural en general. Si lo logramos entre todos ¿y los padres también son parte principalisima en la educación), aprenderemos a valorarnos, conseguiremos ser una colectividad bien considerada y, si estamos bien considerados, crecerá nuestro prestigio social y el uso que hacemos de la lengua española.