105 años de industria andaluza.
Manuel Allabbí
Con el título "La Producción Industrial de Andalucía (1830-1935)" sale a la luz en 1997 el libro del antequerano Antonio Parejo Barranco editado por el IDR –"Instituto de Desarrollo Regional", fundación universitaria dependiente de la Universidad de Sevilla, de gran prestigio y trayectoria investigadora en nuestro País. La obra es de gran interés para todo aquel interesado en la historia económica en general y en particular en la más reciente de Andalucía; abarca desde los inicios de la Revolución industrial "a la inglesa" en la costa malagueña en 1831, a iniciativa de Manuel Agustín Heredia –pionero de la industria siderúrgica en la Península Ibérica, hasta el fin del período que acaba con la insurrección militar de 1936.
Lo primero que llama la atención de este magnífico trabajo del historiador económico malagueño, es hasta que punto es tributario de la escuela de historia económica catalana; no en vano el libro está dedicado a Jordi Nadal, autor entre otros de "Industrialización y desindustrialización del sureste español, 1817-1913" y del célebre "El fracaso de la Revolución industrial en España: 1814-1913", y prologado por Albert Carreras. Igualmente resulta curioso el contraste entre el enfoque nacional -catalán- de los historiadores del Principado con el enfoque españolista del discípulo de Antequera, lo cual desgraciadamente es todavía bastante habitual en nuestro País.
Una de las contribuciones más significativas de Parejo Barranco en este libro ha sido la elaboración de un Índice de la Producción Industrial de Andalucía, IPIA, para este período, similar a los ya existentes para Cataluña y Vascongadas. El IPIA está basado en otros índices de siete sectores económicos estudiados: energía, extracción de minerales no energéticos y las industrias metálicas básicas, de transformados metálicos, de transformación de minerales no metálicos y de bienes de consumo.
Sobre el declive del textil andaluz, concentrado casi exclusivamente en Málaga, el autor afirma: "un sector industrial que dependía preferentemente de una demanda ligada a la coyuntura de la economía campesina, y que a pesar de la concentración y modernización tecnológica, se veía incapaz de hacer frente a la creciente presencia de los paños catalanes en sus mercados tradicionales". Como empresa paradigmática del sector textil andaluz tenemos que citar a "Industria Malagueña, S.A.", escriturada el 23 de abril de 1847, y que vino a ser la segunda sociedad anónima algodonera creada en el Estado español, tras "La España Industrial" de Sants (Barcelona).
En el otro sector clave de la primera Revolución industrial, el siderúrgico, cabría destacar las fábricas del citado Manuel A. Heredia, "La Concepción" donde por primera vez en el Estado se obtuvo hierro colado y "La Constancia" la primera también en la obtención de hierro colado por el método indirecto (afino del colado).
En cuanto al origen de la crisis industrial en Andalucía, según Parejo Barranco "se demuestra que la inflexión regional -el origen del atraso industrial andaluz, si se quiere- no se produce con el cambio de siglo, sino que debe considerarse como un fenómeno más tardío, que necesariamente debe haberse materializado a partir de los años treinta y durante el franquismo".
La Revolución industrial en Andalucía, que había comenzado con considerable ímpetu en el primer tercio del siglo XIX, se desaceleraría posteriormente, "ni la recuperación de la producción industrial andaluza que se produjo en los años sesenta del XIX, ni la posterior de la segunda década del novecientos, fueron suficientes para reducir la enorme ventaja alcanzada por Cataluña y el País Vasco a partir de 1876".
El autor llega incluso a afirmar: "Es cierto que las industrias de bienes de consumo se vieron perjudicadas por la contracción de la demanda interna en todas las regiones, pero no lo es menos que los textiles catalanes y los hierros vizcaínos tuvieron una importante cuota de responsabilidad en la crisis de los dos sectores paradigmáticos de la primera Revolución industrial [en Andalucía]". Aunque también añade que "en una región cuyos activos agrarios superaban en todo el período estudiado el 60% del total de ocupados, es el comportamiento de la agricultura el que, por encima de cualquier otro factor, debe explicar el limitado desarrollo industrial de la región. Dos factores -pobreza y desigualdad social- que en última instancia incidían de forma directa en las posibilidades de asentamiento de un sector de bienes de consumo y limitaban extraordinariamente la capacidad productora de bienes de inversión". Algo que por cierto ya ponía de manifiesto Blas Infante en el "Ideal Andaluz" de 1914.
En referencia a la composición de la producción industrial andaluza a mediados del siglo XIX, la industria de bienes de consumo era ¾ del PIA, producto industrial andaluz, de esa cantidad el 50% eran industrias alimentarias, en un 73% producción de aceite de oliva. Las industrias líderes de la primera Revolución industrial (siderurgia y algodón) solo representaban el 10% del PIA; en 1856 el núcleo siderometalúrgico malagueño representaba apenas el 2% del PIA. La provincia de Sevilla ostentaba el 34% de toda la industria fabril nacional (el 25% si incluimos la minería y la energía).
A finales del siglo XIX la industria nacional se agrarizaría aún más, según el autor "esta particular reconversión habría resultado gravosa para la región. Paradójicamente, el aprovechamiento de sus ventajas comparativas significó para Andalucía una substancial pérdida de posiciones en relación con el conjunto español: así, si a mediados del XIX, cuando apostó por la vía de industrialización a la inglesa aportaba en torno a una cuarta parte de todo el producto industrial nacional, en vísperas de la Primera Guerra Mundial apenas alcanzaba el 14%" [siempre según datos de las ECI, Estadísticas de Contribución Industrial].
Nota: el libro, que tiene un precio de 1.500 Pta., se puede adquirir en el IDR, "Instituto de Desarrollo Regional" de Sevilla, E-mail: idr@arrakis.es - idr@cica.es