El habla andaluza

         Hoy quiero referirme a esos andaluces, que conviven y se relacionan con familiares y amistades andaluzas y que, en cuantito le acercan un micrófono, se descalzonan intentando hablar algo grotescamente parecido al castellano.

Resultado: no hablar andaluz ni castellano y ser distinguidos por los oyentes con un variado rosario de epítetos, que van del recurrente pijo al inmisericorde estúpido; pasando por cursi, relamido, tontito y similares. El ridículo se agrava cuando el descarriado, quizás profesional de radio o televisión, utiliza un medio público andaluz. “¡Hablad andaluz, coño!”.

Un remedio casero para curar la afectación de los mencionados individuos podría consistir en recitar nombres de premios Nobel, jefes de estados, jefes de gobiernos, ministros, científicos, artistas de todas las ramas, universalmente famosos y miembros de la Real Academia de la Lengua Española que han hablado y hablan andaluz, dentro y fuera de Andalucía, con la mayor naturalidad y elegancia. Como: Antonio Cánovas del Castillo, José Manuel Lara, María Zambrano, Juan Ramón Jiménez, Vicente  Aleixandre, Federico García Lorca, Caballero Bonal o la Duquesa de Alba, por poner un ejemplo de ser ellos mismos.

Recuerden también que mientras la pronunciación castellana ha quedado limitada y arrinconada entre el Cantábrico y Despeñaderos, trescientos millones de hispano parlantes se expresan con acento andaluz, con nuestros síncopas, apócopes, seseo y ceceo. Especialistas tan distinguidos como Menéndez Pidal, Wagner y Cuervo, han destacado el predominio de la pronunciación andaluza en el español que se habla en América del Sur, del Centro y del Norte. Así pues, tanto en mi condición de andaluz, como hombre que admiro y respeto la defensa que hacen los catalanes de su cultura e idioma, hago la siguiente súplica: ¡Hablad andaluz, cojones! Por respeto a vuestras familias, a vuestros amigos y convecinos... y por respeto a vosotros mismos. Muchos andaluces os contemplamos... perplejos.

En cambio en Cataluña, es preciso señalar que el “arranque del problema” viene de la misma redacción del Estatuto de Autonomía de Cataluña que, en su artículo 3, establece que “la lengua propia de Cataluña es el catalán”; concepto que se traduce, en la práctica, como la “lengua única”. Esta formulación legal viene a consagrar todos los malos entendidos posteriores que, a su vez, cubren otras normas y disposiciones administrativas de rango inferior, desde la Ley de Normalización Lingüística de Cataluña de 1983, elaborada por el Parlamento de Cataluña, hasta los decretos y demás disposiciones del Gobierno de la Generalidad, todas manejando este mismo concepto de “lengua propia de Cataluña” exclusivamente para el catalán, ignorando que las lenguas sólo son propias de las personas que las hablan y nunca  de los territorios, como los tratados internacionales reconoce. ¡Andaluces levantaos!, y pedir que los medios públicos de la radio y la televisión andaluza, hablen tal como somos, si tapujos.

 

pablomartinez50@hotmail.com                Pablo Martínez/Gades.