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LAS LENGUAS LOCALES EN EL MUNDO ACTUAL: ¿PÉRDIDA O DESTRUCCIÓN DE LA DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA?
Juan Carlos Moreno Cabrera Universidad Autónoma de Madrid Extracto del Artículo de la revista "DE LINGUA ARAGONENSI", nº 1, 2005. Sociedat de lingüística Aragonesa. Graus - Benás.
Globalización, lengua y colonialismo mental
No es infrecuente encontrar la opinión de que la pérdida actual de la diversidad lingüística, documentada en numerosas publicaciones_, es una consecuencia lamentable pero más o menos inevitable de la modernización o evolución de la sociedad. Ciertas lenguas acaban desapareciendo debido a la eliminación física o cultural de las comunidades que las hablan, dado que las lenguas, como todo lo demás, son entidades que tienen un principio y un final. De hecho, se citan los casos de las lenguas de la antigüedad como el hetita o el etrusco que se extinguieron completamente hace muchos siglos sin que nadie, por lo visto, pudiera o quisiera hacer nada para impedirlo.
Sin embargo la situación de la humanidad en la antigüedad no era la misma que en el momento actual. En la Europa de mediados del siglo XIV, la peste bubónica se llevó por delante unos 25 millones de personas, una inmensa (incluso para la época actual) cantidad de personas sin que se pudiera hacer nada para evitarlo; hoy en día, existen medios para impedir que algo así vuelva a pasar. De hecho y volviendo a la cuestión que nos ocupa, en la actualidad existen mecanismos que pueden utilizarse para ayudar a la preservación de la diversidad cultural y lingüística a nivel mundial; sin embargo, es un hecho que estos mecanismos se utilizan para todo lo contrario: para propiciar la extensión de unas pocas lenguas y culturas a costa de las demás, mediante la combinación de procesos de imposición y asimilación inducida. Por tanto, no es necesariamente cierto que la modernización de la sociedad lleve inevitablemente aparejado el declive de muchas lenguas y culturas y el refuerzo de unas pocas lenguas y culturas. Al contrario, la modernización y avance tecnológico de la sociedad permite cada vez más la preservación y consolidación de la diversidad cultural y lingüística. Lo que ocurre es que, como decimos, se utilizan estos medios para todo lo contrario: para imponer o propiciar el fortalecimiento de unas pocas culturas y lenguas y debilitar las demás.
Las potencias económicas y políticas occidentales_, encabezadas por Estados Unidos, tienen una política muy clara: la de intentar imponer sus propios intereses económicos y políticos a nivel mundial (o al nivel más amplio posible). Esto va asociado a la presentación de sus lenguas y sus culturas como las lenguas y las culturas de la modernidad, de la ciencia y del progreso y la aceptación de esa valoración por parte de quienes se han desarrollado en otras culturas y lenguas. Se nos quiere hacer ver que esos intereses económicos y políticos y las culturas y lenguas asociadas a ellos son en realidad los intereses de la humanidad en general que llevan a ésta hacia el progreso, la riqueza y la liberación de los radicalismos y totalitarismos: el concepto de choque de civilizaciones, que se utiliza para presentar ciertas culturas como propiciadoras del retraso, la intolerancia y la violencia, va claramente en esta dirección. De este modo, se presenta el inglés (o el francés, alemán o español en ámbitos más reducidos) como la lengua de la ciencia, del progreso, de la comunicación, de la integración quedando las lenguas pequeñas asociadas con la pobreza, el retraso económico y social, el radicalismo y la exclusión. En la medida en que esta idea vaya ganando terreno, a través de una nueva forma de colonialismo, el colonialismo mental, los hablantes de las lenguas pequeñas irán abandonándolas en favor de aquellas otras lenguas que ellos mismos asocian con esos conceptos del progreso social y económico. Por tanto, no siempre se trata tanto de una imposición por la fuerza bruta de unos patrones económicos y culturales, como de una extensión y afianzamiento progresivo de una idea: la de que el progreso se asocia sólo o casi exclusivamente con unas determinadas lenguas y culturas. En este sentido, el colonialismo cultural anglosajón que experimenta el mundo en la actualidad es puesto en práctica y reforzado, a través de un proceso educativo imperialista controlado por los medios de comunicación de ámbito internacional, por aquellos que son víctimas de él, dado que se va consiguiendo lo más importante: el convencimiento por parte de los hablantes de que su lengua y su cultura no merecen la pena en determinados ámbitos (o, en casos extremos, en todos). Esta es una de las ideas del politólogo Ignacio Ramonet:
................................................................ Conclusión: merece la pena luchar por el mantenimiento de las lenguas locales
De todo lo anterior podemos extraer la conclusión de que es necesario intervenir en favor del mantenimiento de las lenguas pequeñas o locales, las que Calvet denomina lenguas periféricas, y para frenar la extensión y penetración de las lenguas grandes o centrales, en la terminología de Calvet. La idea es que la decadencia de las primeras tiene mucho que ver con la progresión de las segundas y que este proceso no es un hecho inevitable e independiente de la situación económica, política y cultural a nivel mundial, sino que es una consecuencia de ella. Los inmensos desequilibrios en el reparto de la riqueza y de los bienes de subsistencia y desarrollo económico, político y cultural que se dan en el mundo actual y que se reflejan también la situación lingüística global, no son consecuencia del desarrollo natural de la sociedad humana, sino de un modelo de desarrollo radicalmente injusto desde sus mismos fundamentos. La humanidad, sin duda, puede desarrollarse de otro modo más justo e igualitario y para conseguir eso hay que actuar en contra de las tendencias generales predominantes hoy en día. Estas actuaciones también han de ser aplicables al caso de la supervivencia, mantenimiento y desarrollo de las lenguas locales y han de inscribirse en los esfuerzos por conseguir un mundo más justo, libre y mejor que el que conocemos ahora.
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