EL ALGARBE BUSCA UNA BANDERA
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Reproducimos un revelador artículo, "Regionalizar El Algarbe para algunos o autonomizar una región para los algarbeños", publicado el pasado 28 de mayo por el semanario "Jornal do Algarve" de Vila Real de Santo António. Son evidentes las afinidades de Andalucía con esta comunidad histórica de Portugal, que fue parte de Al Andalus y que, actualmente, se esfuerza por estrechar lazos a un lado y otro del Guadiana.
La regionalización de El Algarbe, para los políticos de nuestra "plaza", parece un caso de consenso común. No sabemos, todavía, si siempre fue ésta la posición de algunos de estos hombres públicos, que se dicen representantes del pueblo algarbeño, porque se les dio el voto, simbolizado en unas siglas, o porque el partido al que fielmente siguen los colocó en puestos de responsabilidad, sin tener muchos de ellos ascendencia local, como recompensa por ser buenos chicos.
Para el algarbeño de a pie, aquél que se afana en el día a día de la supervivencia y se rige por valores ancestrales, corográficos y de amor a una región, que día a día pierde sus rasgos propios por un poder cargado de intereses y una "colonización" que gobierna su economía, ¿qué será esa regionalización pregonada que se desea imponer?
La división territorial del país y la creación de la región de El Algarbe van a servir sin duda a muy variados intereses, no sólo de los poderes ya constituidos, sino también de "lobbies" y de una muchedumbre de "cristianos nuevos" o "judíos" que, hoy en día, controlan el sistema económico de nuestra tierra.
Existen en la actualidad figuras políticas en El Algarbe erigidas en defensoras de la regionalización que, desde hace mucho, vienen conspirando sigilosamente en los decadentes claustros de sus "torres de Babel", las sedes de los partidos, o en las fofas poltronas del capital colonizador de El Algarbe, a quienes no importará seguir siendo fieles servidores de éstos. Para ello luchan y se reparten los puestos que el
nuevo poder, el que se constituirá con la futura regionalización, les puede ofrecer. No es pues por casualidad, que uno de estos dirigentes políticos algarbeños, eufórico, declaró que la regionalización se hará a cualquier coste.
UNA REGION COLONIZADA
En su debido momento el pacífico pueblo algarbeño será llamado por los partidos políticos, y por consiguiente bajo presión de capitales exteriores, a dar ingenuamente el sí a la continuidad de una colonización que, bajo nueva piel, continuará disfrazando el lobo dominador.
Somos conscientes de que El Algarbe es hoy en día una región colonizada por tres fuerzas dominantes: En primer lugar por la influencia de la gran información que, denigrándolo cuando le interesa, elogia a El Algarbe cuando la fuerza político-material que la apoya lo exige. Los medios de comunicación verdaderamente algarbeños representan una voz sin fuerza, muchas veces obligados al juego de los políticos locales. En este sentido, es frecuente que tengamos que tragarnos comentarios jocosos e insultantes a la dignidad de los algarbeños, como es la actitud de una conocida y parva figura de una cadena de televisión de la capital, cuando
compara a los algarbeños con "perros de raza" o "burros blancos"... Mientras tanto asistimos diariamente al "mísero" noticiario regional que la RTP lleva a nuestros hogares.
Por otra parte, El Algarbe es colonizado por los propios partidos políticos, sin excepción alguna. Para la clase política de la macrocéfala Lisboa, o de la orgullosa "invicta" [Oporto], nuestra tierra tiene dos finalidades: terapéutica para el "estrés" de estos señores, agotados a lo largo del año por las intrigas y luchas palaciegas; una vez encontrado el reconstituyente en las arenas doradas, en la azules aguas o en el tapete verde de los casinos de su propiedad; o bien la inversión en sectores prósperos de la economía algarbeña, en ocasiones en forma de compras de dudosa legalidad.
Otra fuerza colonizadora de El Algarbe es, por consiguiente, el poder del capital. Los "patrones" de la economía algarbeña son actualmente en su mayoría, figuras salidas de la coyuntura revolucionaria del 25 de Abril, crecidas a la sombra del régimen democrático entonces creado.
Todos sabemos que la economía de El Algarbe se asienta en la actualidad en cuatro sectores de actividad, concretamente: la pesca, la agricultura, la construcción civil y el turismo. De estas actividades, la pesca y la agricultura son arduamente mantenidas gracias a la persistencia y fuerza de trabajo de quienes aquí nacieron; no ocurre lo
mismo con la gran construcción civil, invadida por grupos del centro y norte del país, o con el turismo, que en su fuerza reúne capitales "extranjeros", maniatados por grupos con sedes en las lujosas arterias de la capital del país.
Entonces, ¿cuál sería la solución para El Algarbe? Evidentemente tendrá que ser aquella que los algarbeños, y sólo los algarbeños, deseen. Es más, no olvidemos que El Algarbe no es una región cualquiera. No constituimos el todo portugués reunido por el rey Afonso Henriques cuando creó un país. Fuimos hasta el siglo XVII el Reino de El Algarbe, anexionado a Portugal por conquista, aislado, con características propias
muy marcadas en cuanto a la vida y la cultura, y siempre con una economía
autosuficiente.
Al contrario de lo que ocurre con las islas Madeira y Azores, tenemos origen en pueblos autóctonos que, a lo largo de los siglos, crearon nuestras ancestrales raíces. Somos por ello, un pueblo diferente. Por consiguiente tenemos derecho, tanto o más que las propias islas, a dotarnos de un estatuto diferente.
¿Acaso una región autónoma? ¿Y por qué no? Pero cuidado, una autonomía creada por los algarbeños y para los algarbeños, sin influencias de los partidos políticos, de los "cerebros" intelectuales de la vieja capital y sus acólitos, o del dinero
influenciado por los vientos del norte.
¿Cómo comenzar? De manera pacífica, claro. De momento creando un símbolo que pueda unir a todos los algarbeños, quizás una bandera, que al ser desplegada en cualquier punto de esta Tierra, pueda decir: "Esto es El Algarbe".
Ofir Chagas
(traducción de Manuel Muriel)