HABLA ANDALUZA
por J. MĒ Vaz de Soto de la Universidad de Sevilla.
Nadie pretende normalizar nada, a no ser que se llame "normalización al derecho de los andaluces a hablar en andaluz no sólo en casa o a la hora del aperitivo, sino siempre y en cualquier lugar, incluidas todas las tribunas públicas y por supuesto, ateniéndonos a nuestras propias normas y a nuestra escala de estimación sociocultural de los diversos rasgos lingüísticos del español de Andalucía, según lo exijan la situación y el registro idiomático en que nos movamos o... según nos lo pida el cuerpo, que viene a ser lo mismo.
Este es el tema (no el de normalizar el andaluz como si fuera un bable o un batúa) y esto es lo que cabe discutir y venimos discutiendo algunos. Por mi parte, me he limitado a proponer una vez más, tal como vengo haciéndolo desde hace 25 años, que la radio y la televisión andaluzas ofrezcan un modelo de lengua (lo que podríamos llamar un andaluz culto) más cercano y accesible para el hombre medio de nuestros campos y ciudades que la norma madrileña y académica. Debe quedar claro que no se trata de establecer una norma autonómica obligatoria en nuestros medios audiovisuales entre otras razones porque mi ya vieja propuesta es que ese andaluz culto se oiga no sólo en nuestra Comunidad, sino también en el resto de España y en el mundo entero; sencillamente, allí donde haya andaluces y tengan que hablar ante un público o un micrófono, del mismo modo que lo hacen, con su propio acento, un argentino o un cubano. Por eso, si no una norma obligatoria, sí creo que en Canal Sur Televisión, por ejemplo deberían adoptar unas pautas más o menos flexibles, pero desde luego mejor y más decididamente orientadas que las contenidas en su Libro de Estilo, que sirvieran de guía a sus presentadores y locutores para que, a su vez, puedan ir ofreciendo un modelo de lengua más próximo a la mayor parte de los telespectadores andaluces.
En todo caso, hay que insistir una vez más en que es en los medios audiovisuales, más que en la escuela (aunque también ésta puede resultar decisiva en ciertos casos), donde está la clave del futuro del habla andaluza y de su estimación social. Es verdad que hoy se constata en algunos de estos medios un cierto cambio de actitud, pero continúa en ellos la tendencia a acogerse aún mayoritariamente -como bien demostró el periodista de La Vanguardia José Luís Carrascosa en su estudio sobre el habla de Canal Sur- a la norma de Castilla más cómoda sin duda para presentadores y locutores de cualquier procedencia, pues es algo que se les da ya hecho y codificado, mientras que un "buen" acento andaluz hay que trabajárselo y decantarlo, precisamente porque no hay normas ni modelos establecidos en niveles mediáticos. El peligro mayor, no obstante, sigue estando en que se considere el acento andaluz apto para determinados programas más o menos graciosos y no para los serios, con lo que mucho me temo que acabe por consagrarse a través de la radio y la televisión esa dicotomía inaceptable de un andaluz tópico y caricaturizado, por una parte y la norma supuestamente estándar del español (que milagrosamente viene coincidir con la norma de Madrid), por otra.