¿Quién teme a Al-Andalus?

 

Manuel Ruiz Romero

Centro de Estudios Históricos de Andalucía

 

            Un pueblo como el andaluz nunca debe renunciar a su propia historia. Aunque cambien los tiempos y renueve el etnocentrismo religioso, la pretendida unidad política (o mejor decir uniformidad centralista), y en definitiva, el integrismo cultural y científico.

 

         Y es que, aún en democracia, existen sutiles argumentaciones que pretende negar nuestro singular Medievo –al menos- una identidad española, hartos como andamos ya de reclamar idiosincrasias particulares que son calculadamente ignoradas.

 

         Aquí el ejemplo. Cuando se documenta y polemiza sobre el origen de lo que desembocaría en lo que hoy conocemos como Estado por cuanto significa de tradición monárquica, se prosigue despreciando la existencia misma Al-Ándalus. La herencia de los reinos medievales, la Corona de Aragón o los mismos fueros; resultan más considerados que todo un legado que pasa a Europa a través de este rincón del mundo donde habitamos.

 

         Consecuentes con esta supuesta “modernidad” historiográfica, Cerdeña o Sicilia, como partes de un Aragón ultra mare aportarían más ese determinado concepto de España que, un Al-Ándalus que parece como si les avergonzara, y por ende, continua siendo ignorado como extranjero, bárbaro, ateo e inculto. De este modo, se nos margina a no existir como andaluces que fuimos, porque nuestro pasado en una de sus etapas, no fue monárquico, ni cristiano, e incluso, en nuestro atrevimiento, no llegamos a tener Cortes como órgano político-administrativo donde hoy por hoy, según cacarean estos expertos, se sustenta la tradición real de este Estado.

 

         Resulta curioso en este sentido, cómo observar que, quienes niegan –a veces de forma histérica- una vinculación entre la identidad de la Andalucía de hoy con Al-Andalus, no tienen en cambio, reparo alguno en aplicar el silogismo a otros territorios del Estado. Baste un ejemplo: durante la constitución de los entes preautonómicos en plena transición, para los casos de Asturias, Navarra, Valencia y Aragón, se argumentó en sus respectivos marcos jurídicos este esplendoroso pasado medieval como elemento de justificación del nuevo modelo autonómico que aparece. En el caso andaluz, nuestro argumento era limitado a una amplia extensión geográfica.

 

         Según estos doctos y “objetivos” (¿) historiadores, la realidad de este Estado hoy, no es una invención del Estado Liberal (como sugieren, Hobsban o Fox), sino una creación que se remonta a los Reyes Católicos sobre la base de la institución que alegan, ha durado 500 años: la monarquía, y sobre la que se justifica una unidad que ha inspirado para el caso andalusí/morisco Prágmáticas contra de anteriores Capitulaciones.

 

         En consecuencia, convertir las matizaciones de toda ciencia social en dogma, hacer de los hechos políticos los motores exclusivos de la historia, no son sino matices de una castellanización ideológica que se nos impone como idea oficial y dominante. Por cuya lógica, lo único que trasciende es el poder para la obediencia, y en consecuencia, las rebeliones contra ésta. Es la Historia convertida en argumento político del que vence, y donde no cabe posibilidad de consenso, civilización o desarrollo cultural que no sea el propio. Menos aún cuando, por aquello de que son extranjeros como es el caso que nos ocupa, se ha eliminado cualquier vestigio cultural, con nuevas expulsiones al mar que completan cualquier Toma anterior. En esta línea, la importancia de una civilización se valora en función de las plazas o territorios que se conquistan o pierden, o incluso, del número de castellano hablantes, más que del aporte cultural para toda la civilización de una época.

 

         Estas reflexiones supuestamente novedosas y democráticas nos deben alertan porque vienen a repetir viejos esquemas rancios ya conocidos, y en consecuencia, justifican cualquier Toma, conquista, victoria, persecución o destierro. En la medida que continúe la celebración de cualquier expulsión o triunfo militar empobrecemos la historia, y nos limitamos. Nos perseguimos a nosotros mismos como andaluces que somos cuando las tradiciones riñen con la objetividad, y mientras que, en esta piel de toro se siga denominando como hispano-árabe a un periodo que fuera de España se reconoce como andalusí.