4.- EXPRESIONES CULTURALES DE LA IDENTIDAD ANDALUZA.
4.1.- La lengua de los andaluces.
(Miguel
Ropero Núñez)
4.2.- El flamenco y la identidad andaluza.
(Cristina
Cruces Roldán)
4.3.- Formas de sociabilidad. Fiesta y religiosidad.
4.4.- Expresiones estéticas, artísticas y literarias.
(Javier Escalera Reyes)
La cultura de un pueblo engloba todos los aspectos de su
realidad, incluyendo todo tipo de expresiones, desde las prácticas económicas,
hasta las formas en que se manifiesta la sociabilidad de sus miembros, las
manifestaciones artísticas o la religiosidad. Todas las cuales tienen un
carácter esencialmente cambiante, por lo que no existen expresiones
inalterables. La amplitud y globalidad de la cultura hace, por lo tanto,
imposible realizar un inventario exhaustivo y detallado de todas y cada una de
las expresiones que la configuran. Incluso si tal empeño fuera viable, que no
lo es, sería inútil si de lo que se trata es de definir la especificidad de una
determinada cultura, la identidad de un pueblo concreto. Una parte de dichas
expresiones y prácticas no son sustancialmente diferentes de las de otros
pueblos, por lo que carecen de significación desde el punto de vista
identitario. Las expresiones, formas y prácticas culturales que poseen una
mayor capacidad diferenciadora, por ser resultado de un proceso histórico
singular, son las que adquieren el carácter de marcadores identitarios: son las
que integran el Patrimonio Cultural de un pueblo.
a) ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia.Andalucía: una realidad
sociolingüística rica y compleja
Al afrontar el estudio de la identidad
sociolingüística andaluza, la primera realidad que constatamos es la de su
enorme riqueza y variedad. Existen, desde luego, factores de todo tipo que
justifican esta complejidad. Podemos destacar, entre otros muchos, los factores
geográficos, históricos y culturales. Hay que tener en cuenta, sobre todo, la
presencia histórica en Andalucía de muy diversos pueblos y culturas. La
diversidad cronológica en la conquista de los reinos andalusies supone, además,
una repoblación social y geográficamente diferenciada en cuanto a la
procedencia de los repobladores y, como consecuencia, la existencia de
distintos estratos en el castellano importado. En este castellano se pueden
documentar rasgos leoneses, aragoneses, catalanes, etc. Como dice M. Alvar, "todos estos rasgos, mezclados con una
abigarrada supervivencia de arcaísmos y de arabismos, hacen que el andaluz sea
de una polícroma riqueza. De otra parte, la complejidad fonética de la región,
basada en la norma disidente de Sevilla, no es comparable a la de ninguna otra
parte de España".
b) Criterios y perspectivas para
definir al andaluz: las claves de la identidad lingüística del pueblo andaluz.
El primer aspecto que se debe precisar
es el del término más adecuado para denominar esta riqueza y variedad de usos
lingüísticos en Andalucía. ¿Se trata de una lengua?
¿Es un dialecto? ¿Es un habla? por otra parte, ¿qué preferencias
manifiestan los andaluces a la hora de elegir el nombre para su peculiar forma
de hablar?: ¿español?, ¿castellano?, ¿andaluz?. ¿Los andaluces tienen consciencia de hablar español, o más bien de hablar
andaluz?. Aunque los conceptos de lengua, dialecto y habla no están del
todo claros en Lingüística, ya que también son definidos desde perspectivas
sociológicas y políticas, en lo que lingüistas y dialectólogos suelen coincidir
es precisamente en que el andaluz no es una lengua. Entonces, ¿qué denominación
darle? ¿Cómo definirlo?.
Para dar una respuesta satisfactoria a
esta cuestión, debemos definir el andaluz desde la doble perspectiva diacrónica
y sincrónica, ya que ambas son complementarias. Una definición exclusivamente
diacrónica o exclusivamente sincrónica sería parcial e incompleta. Desde un
punto de vista histórico-diacrónico,
se suele considerar al andaluz como un dialecto del castellano. Desde esta
perspectiva, dialecto es toda lengua con respecto a la lengua madre de
la cual procede, "producto histórico de la fragmentación de una anterior
unidad" (F. Lázaro Carreter). Como afirma A. Zamora Vicente en su Dialectología española, "se trata
de una evolución in situ del
castellano llevado a las tierras andaluzas por los colonizadores y repobladores
a partir del siglo XIII y hasta principios del XVI". También se suele
utilizar el término dialecto para
denominar las variedades geográficas (diatópicas) de una lengua, por ejemplo,
el dialecto andaluz, el dialecto extremeño, el dialecto aragonés, etc.
Desde el punto de vista sincrónico-sistemático, el andaluz en el
momento actual es una variedad, una modalidad
lingüística del español, considerando que este español es un sistema
abstracto y colectivo, que pertenece a todos los hispanohablantes y no a unos
hablantes o a una región concreta. Desde este enfoque, el andaluz es una
modalidad o variedad de la lengua española, como también lo es el español
hablado en Extremadura, en Castilla o en Canarias.
Por otra parte, la descripción de la
realidad sociolingüística andaluza actual exige abordar simultáneamente el tema
de la unidad y variedad del español, el problema de la norma lingúística, así
como estudiar la conciencia y actitudes que manifiestan los andaluces ante sus
usos idiomáticos.
El siguiente gráfico refleja, en síntesis, estas ideas:
SISTEMA(LENGUAESPAÑOLA)«--------------------UNIDAD DEL
SISTEMA ESPAÑOL
(Permite la
intercomprensión de más de (Supranorma)
300 millones
de usuarios) (Conciencia de “hablarespañol”)
VARIEDADES DIALECTALES”,
MODALIDADES «-------------------------RIQUEZA Y VARIEDAD
(Parte esencial de nuestro
patrimonio cultural, contribuye
a nuestra identidad)
MODALIDAD MODALIDAD MODALIDAD
MODALIDADES DEL ETC.
ANDALUZ EXTREMEÑA ANDALUZA
CASTELLANA ESPAÑOL DE AMERICA (Norma
ling.andaluza) (Conciencia del hecho diferencial dialectal,de“hablar andaluz”)
HABLAS
LOCALES
«--------------------Riqueza y Variedad
(Normas y usos locales)
Habla Habla Habla Habla
etc. Riqueza y variedad
Gaditana Sevillana Cordobesa
Malagueña Sevillanismo
Gaditano,Cordobés,
Malagueño (Conciencia del hecho diferencial
ling.local
Identificación
afectiva con el habla de su pueblo,de
su tierra)
c) Características del habla andaluza.
1.- Aspectos Fónicos.
En
síntesis, estos son los principales rasgos fonéticos:
*
La articulación coronal o predorsal del fonema / s/. La /s/ coronal es usual en el norte y este de
Andalucía y la predorsal en el centro y sur. En el área septentrional o
castellana es una realización alveolar apical ( la punta de la lengua contra
los alvéolos de los dientes).
*
Igualación de /s/ y /o/, cuyo resultado es el seseo y el ceceo. En el español
septentrional y en determinadas áreas de Andalucía se suele distinguir entre
estos dos fonemas (poso / pozo; casa / caza).
La
ausencia de distinción, característica del habla meridional atlántica, es un
uso muy generalizado en la mayoría de los hispanohablantes. El seseo,
tiene prestigio y un alto grado de aceptación social. El ceceo, en cambio, se suele asociar todavía con el “ habla rural”.
*
Igualación de ll /
l / e y / j /, cuyo resultado es el yeísmo: Seviya, caye, chiquiya.
Es
una característica generalizada no sólo en Andalucía, sino en casi toda la
geografía lingüística del español. Sin embargo, hay algunos pueblos andaluces
que distinguen entre ll e y (Bollullos
de la Mitación, Lepe, Paimogo, Etcétera).
*
Aspiración de la / s / implosiva (
final de sílaba o de palabra): ehtoh niñoh, loh rahgoh,
cahteyano.
Es
un rasgo fonético muy extendido en las hablas andaluzas y en el español
atlántico ( de Canarias y de América). Tiene prestigio social y es usado en
todo tipo de registros idiomáticos (tanto en el uso espontáneo, informal,
familiar y coloquial, como en el uso culto y formal).
*
Aspiración de la / x /, velar fricativa sorda castellana.
En
Andalucía, este fonema / h / se pronuncia con una aspiración suave (excepto en
Jaén). Corresponde a las letras o grafías j
o g ( seguida de e, i ):
muhé (mujer), hente (gente), trabahá (trabajar).
Es
un uso normalmente prestigiado y goza de bastante aceptación social.
Sin
embargo, la aspiración de la h-,
procedente de una f- etimilógica del
latín, no tiene prestigio social en la actualidad y es propia del ámbito rural
y del lenguaje coloquial: jigo (del latín FICUS), jumo, ajumao (de FUMUS) , jacer (de FACERE), jorca, ajorcao ( de
FURCA).
* Aspiración o pérdida de las consonantes finales:
andaluh, Madrí, reló, trabahá.
Es
un fenómeno muy extendido no sólo en Andalucía sino en gran parte del mundo hispánico. En las hablas
andaluzas, se usa tanto en ámbito cultos como coloquiales.
*
Pérdida de la -d- intervocálica.
En
el caso del participio en -ado (colorao,
apañao), es muy frecuente en todo el mundo hispánico y en Andalucía
tiene prestigio social . En cambio, las terminaciones en -ido (bebío, comío) no gozan de aceptación social en
ámbitos cultos. Igual sucede con ná, peazo ( nada, pedazo), que
sólo tienen aceptación social en ámbito coloquiales o vulgares.
*
Pronunciación de r en lugar l,
en posición silábica implosiva: (dergao, curtura, mi arma).
Es
propia del habla coloquial y familiar en el habla andaluza.
*
Asimilación de grupos consonánticos, tales como vienneh (viernes), canne
(carne), la Vinge (la Virgen). Es igualmente característica del
habla coloquial y vulgar.
*
Pronunciación fricativa de la ch : mushasho,
shaval.
Es
también un rasgo fonético propio del ámbito coloquial.
*
Pronunciación de bue, hue, como güe: güeno, agüelo, Gúevara, güesos, güevos.
Igualmente,
se trata de una característica propia del ámbito coloquial e, incluso, vulgar,
que no es exclusiva del habla andaluza.
2. - Aspectos morfosintácticos
Los
especialistas e investigadores de la modalidad lingüística andaluza suelen
concluir sus estudios afirmando que no existe una morfosintaxis específicamente
andaluza. Pero el hecho de reconocer que, en efecto, los andaluces compartimos
con todos los hispanohablantes un sistema morfosintáctico común (unidad), no implica necesariamente negar
la existencia de una serie de rasgos gramaticales característicos de las hablas
andaluzas (variedad). Así lo afirma explícitamente A. Narbona(1989):
“ En términos estrictamente lingüísticos no cabe hablar de una sintaxis
propia de las hablas andaluzas, lo que no impide reconocer que los andaluces
explotan y dotan de particulares valores expresivos a ciertos procedimientos
gramaticales”. (Sintaxis española, pág. 171).
Es
difícil señalar aspectos gramaticales que sean exclusivos del habla andaluza
hasta que no se haya investigado si estos rasgos se encuentran o no en otras
áreas lingüísticas del español. Por eso es necesario estudiar y contrastar las
características morfosintácticas del andaluz --en la lengua hablada, sobre
todo-- con las del español peninsular, el de Canarias y, en especial, con el
español de América. Así podremos comprobar las soluciones gramaticales
idénticas que manifiestan la unidad del sistema de la Lengua Española y los
usos gramaticales diferentes que confirman la variedad y nos identifican como
hablantes andaluces.
Como
también ocurre en los dominios de la fonética y del léxico, se suelen
identificar y confundir indebidamente los rasgo gramaticales del andaluz con
los de la sintaxis coloquial y vulgar; se consideran injustamente andalucismos
morfosintácticos fenómenos y usos que, en realidad, se dan “en las manifestaciones orales de los
hablantes de cualquier región o localidad geográfica, en su uso coloquial y,
sobre todo, en los estratos socioculturales más bajos”(P. Carbonero (1982):
El habla de Sevilla, pág. 43).
Hechas estas observaciones generales sobre los problemas y la
complejidad de los estudios sobre la morfosintaxis andaluza ofrecemos algunos
ejemplos concretos que manifiestan las características gramaticales más
notables del habla andaluza.
Muchos
de los rasgos gramaticales peculiares del andaluz son resultado o consecuencia
directa de los cambios producidos en el plano fónico. Así, el debilitamiento o
pérdida de la -s final afecta a la
flexión nominal, a la adjetiva y a la conjugación verbal.
Por
ejemplo, la distinción morfológica del singular /
plural:
niño
/ niño (s); grande / grande (s)
En
Andalucía, la marca del plural se realiza mediante una aspiración ( Andalucía
Occidental) o mediante la abertura vocálica (Andalucía Oriental): loh niñoh,
las casah grandeh.
En
la reflexión verbal, la oposición de la segunda / tercera persona : piensa / piensa (s); quería (s). En este
caso, la pérdida de la -s final en
los verbos, afecta, sobre todo, al sistema pronominal: las terminaciones
verbales fonéticamente iguales (como sucede en inglés y en francés) favorecen
un uso muy frecuente del pronombre sujeto (como tú quiere(s), tú piensa(s) y
provoca un reajuste donde el pronombre personal vosotros se usa poco y es sustituido por ustedes. Por ejemplo, ustedes
queréis por “ vosotros queréis”. En el habla de Sevilla se suele sustituir,
además, la forma átona del pronombre os por
se: ¿Se queréis callar? por
“¿os queréis callar?. Este uso, suele tener la consideración sociolingüística
de coloquial y también vulgar.
Junto
a los aspectos gramaticales descritos como resultado o influencia de los
cambios fonéticos, podemos destacar también otras características basadas en el
carácter innovador y, a la vez, arcaizante, del andaluz.
Por
ejemplo:
1.
El arcaísmo (usual en el castellano del siglo XV) que pervive en Andalucía, consistente
en usar la proposición de en las construcciones de verbo flexionado más
infinitivo: lo vi de venir; ¿me dejáis de jugar?.
2.
La conservación del valor etimológico (y el empleo correcto, según la Real
Academia Española ) en el uso de los pronombres le, la y lo frente al leísmo, laísmo y loísmo introducidos en el habla castellana: la di un beso a mi
novia.
En
conclusión, en el nivel morfosintáctico perviven, completándose, innovaciones
gramaticales junto con los arcaísmos. Se da igualmente una tendencia a la
simplificación y economía junto a la introducción de elementos redundantes, que
mantienen el sistema lingüístico utilizado en Andalucía en un compensado
equilibrio funcional: Ma (l) / malamente..
3- Aspectos Léxicos-semánticos
El nivel léxico semántico, por razones históricas y de repoblación, por
el gran número de unidades que lo constituye, por su misma naturaleza inestable
y difusa, por el uso disperso según las áreas geográficas, los estratos
sociales y la variedad de registros léxicos del hablante, es más complejo y
difícil de sistematizar que el nivel fónico y el morfosintáctico.
Sin
embargo, dentro de la complejidad o diversidad de usos léxicos, existe también
una cierta nivelación en el empleo de un vocabulario común que permite una
fácil comunicación entre los andaluces. La diversidad de usos léxicos entre los
pueblos, comarcas y provincias andaluzas no debe crear problemas graves de
intercomprensión. Se pueden resolver fácilmente estos problemas comunicativos
que genera la diversidad léxica, ya sea recurriendo al término de uso más
general que todos los hablantes andaluces pueden conocer --búcaro, picadillo, churros-- o recabando información directamente: ¿Que es un
pirulo? ¿Que significa piriñaca? ¿Que son los (te) jeringos?.
Quienes
han abordado el estudio del léxico andaluz suelen afirmar que, en líneas
generales, el vocabulario utilizado en Andalucía coincide con el de la Lengua
Española, aunque, en muchos casos, perviven
aquí usos que no son tan frecuentes o, incluso, que están desapareciendo
en otras áreas lingüísticas del español.
Efectivamente,
en el Habla Andaluza podemos documentar,
junto a la riqueza léxica, una extraordinaria creatividad semántica, que
se manifiesta en la habilidad para introducir cambios de sentido en el
vocabulario. Es difícil, por ahora, determinar cuáles de esas palabras y
expresiones son específicas de Andalucía y cuáles aparecen también en otras
áreas lingüísticas del español. Para lograr una relación precisa y completa de
los andalucismos léxicos sería necesario hacer estudios exhaustivos basados en
laboriosos trabajos de campo. Es una preciosa tarea que debemos realizar, incluso para distinguir entre el andalucismo
valioso y enriquecedor de nuestras hablas y el vulgarismo, característico del
uso pobre y descuidado de la lengua, que se puede dar en Andalucía y en
culaquier otra parte de la extensa geografía lingüística de la Lengua Española.
Algunos ejemplos de esta riqueza léxica:
- A la ensalada de tomate, pimiento, cebolla, pepino, etc., aliñada con
aceite, vinagre y sal, se le denomina, en la Andalucía Occidental pica(d)
illo y en la Oriental pipirrana. En numerosas localidades de Cádiz y
Málaga piriñaca. En algunos pueblos de
Huelva, Sevilla y Córdoba almorraque.
-
A las gachas ( que es el término más
generalizado ) en Huelva, Sevilla y Cádiz se les suele denominar poleás. En Granada y Almería se dice también tarbinas.
En Atajete (Málaga) se usa el término zahínas. El Vocabulario Andaluz de A.
Alcalá Venceslada define las zahínas como “gachas o puches de harina,
que no se dejan espesar”.
-
Al “ cacharro de barro con una boca y un pitorro con el que se bebe el agua “
se le denomina porrón en todas las provincias andaluzas, excepto en
Cádiz. Botijo es el término usual en Córdoba, Málaga, Jaén y Granada. Búcaro
es característico de Sevilla ( y se usa también en Huelva, Cádiz y Málaga). En
varios pueblos malagueños se emplea el término pirulo. Piche y pichilín
en algunas localidades de Huelva y Sevilla. Pipo ( con las variantes piporro
y pipote) se usa en Cádiz, Málaga, Granada y Almería.
Al
describir las características del habla Andaluza, hemos destacados en numerosas
ocasiones la riqueza y variedad de usos lingüísticos de Andalucía. Estos
ejemplos son una demostración evidente no sólo de la riqueza léxica del
andaluz, sino también de su creatividad lingüística, basada, sobre todo, en su
carácter innovador. Precisamente, en esa actitud innovadora y en su
extraordinaria expresividad lingüística, fundamenta R. Lapesa (1983) la
“fortuna del andaluz”:
“Por
una parte encarna una mentalidad y una actitud vital que lo hacen popular y
contagioso: es el molde adecuado para el ingenio y la exageración, la burla
fina y ligera, la expresividad incontenida. Pero su propagación se debió en
parte esencial a haber llevado al
extremo las tendencias internas del castellano sin respetar barreras, con
vitalidad joven, destructora y creadora a la vez, con brío que hizo posible su
asombrosa expansión atlántica”.
(R. LAPESA, Historia de la Lengua Española. 9ª Edición. Madrid, Ed. Gredos,
1983, pág. 515).
Es
importante resaltar, siguiendo las preciosas ideas expuestas por don Rafael
Lapesa, que la fortuna y el futuro del andaluz no se debe separar del español
de América. Este español meridional atlántico es el que tiene mayor número de
hablantes en el Mundo Hispánico:
“El
término español atlántico (.....)fue un acierto, pues engloba el andaluz, el
canario y el español americano, tan diverso, pero con tantos caracteres comunes
a los veinte países del Nuevo Continente donde hoy se habla. En el momento
presente el español atlántico es la variedad más extendida de nuestra lengua:
lo usa el 90% de los hispanohablantes”. (R. Lapesa, “Orígenes y expansión del
español atlántico”, en Las hablas andaluzas, R. Cano, coord., Demófilo núm. 22, De. de la Fundación
Machado, Sevilla, 1997, pág. 13).
d) El andaluz y el español de
América
La lengua de los andaluces es la
lengua española; esta lengua es tan nuestra como de las gentes de Castilla,
Aragón, Canarias, Méjico o de cualquier otra comunidad hispanohablante. Los
andaluces, además, hemos contribuido a su prestigio (recuérdese, por ejemplo, a
escritores como Lorca, Juan Ramón, Aleixandre, Cernuda, Alberti, etc.) y a su
expansión (como veremos a continuación, está más que demostrado el andalucismo
del español de América). A la hora de buscar un modelo idiomático común, no se
debe separar el futuro del andaluz del español de América.
Aunque el tema del andalucismo del
español de América ha suscitado (y sigue suscitando todavía) numerosas
polémicas, es difícil en la actualidad negar la influencia del andaluz en la
formación del español americano. Parece demostrado, en efecto, que son los usos
lingüísticos de Andalucía los que se propagan a América. La importancia
política, económica, comercial y cultural de Andalucía --sobre todo, de la
ciudad de Sevilla en el siglo XVI-- en su relación con el Nuevo Mundo, hace que
sus usos lingüísticos adquieran un notable prestigio y favorezca su expansión.
El siguiente texto de M. Alvar, basado en una investigación rigurosa, confirma
esta hipótesis: “Porque la norma
Sevillana --opuesta a la de Castilla-- irradiará hacia Granada, hacia Canarias
y hacia América por una serie de razones que he expuesto en otra ocasión: se
trata de un prestigio cultural, económico y social que permitió travasar las
innovaciones sevillanas desde su origen local hasta áreas más dilatadas. Es
más, la pluralidad de normas que tiene el español se reduce a dos: la
castellana y la sevillana, y es ésta la que emigra sobre las naves cuando
empieza la gran expansión”.
Por otra parte, como argumento
complementario fundamental, está la cuestión demográfica: la mayoría de los
primeros emigrantes o colonizadores del Nuevo Mundo partieron de Andalucía. Las
investigaciones de Peter Boid-Bowman sobre el origen de los primeros pobladores
de América confirman con datos estadísticos elocuentes esta presencia
mayoritaria de emigrantes andaluces en América en los primeros años de
colonización, que es cuando se configura la base lingüistica del español
americano.
Podemos concluir, pues, con un texto
de R.Lapesa, prestigioso historiador de nuestra lengua, que es innegable la
influencia de las hablas de Andalucía en la configuración del español de
América: “De todo lo expuesto se deduce
que hoy no cabe ya duda posible respecto al origen andaluz de algunos de los
rasgos más peculiares de la pronunciación americana”. De este modo, el
sistema de la lengua española común permite que los andaluces nos podamos
comunicar con más de trescientos millones de hablantes, que, en su mayoría,
utilizan las características del andaluz. La unidad del español nos ofrece a
los andaluces extraordinarias y privilegiadas posibilidades comunicativas y nos
une culturalmente a la comunidad de los pueblos hispanohablantes.
e) Las modalidades del andaluz
Pero la defensa que hemos hecho de la
unidad del español no es obstáculo para que, con la misma fuerza y rigor,
defendamos la variedad, el hecho diferencial lingüístico andaluz. Los
andaluces, en efecto, no utilizamos el sistema de la lengua española igual que
los castellanos, leoneses, aragoneses, etc. Dentro de la gran diversidad de
usos lingüísticos peculiares de Andalucía, podemos destacar una serie de
características, no sólo fonéticas sino también morfológicas y, sobre todo,
léxicas, que nos diferencian e identifican como hablantes andaluces y nos
confieren una gran personalidad lingüística.
De todo lo expuesto anteriormente se
deduce que, como actitud sociolingüística coherente, que responde a las señas
idiomáticas de identidad de los andaluces, debemos estar orgullosos de nuestra
lengua, la lengua española, y, al mismo tiempo, sentirnos también orgullosos
del habla de nuestra tierra, de hablar
andaluz. Debemos manifestar (e inculcar) aprecio y respeto a todas las
lenguas de España y a sus diferentes modalidades lingüísticas. Evidentemente,
tenemos derecho a exigir el mismo respeto para la modalidad lingüística
andaluza. Los andaluces no debemos tener ningún sentimiento de frustración o
complejo lingüístico de inferioridad. Desde el punto de vista de la
comunicación, la principal función de todo lenguaje, la solución lingüística
andaluza nos sitúa en una posición muy ventajosa: los andaluces nos
beneficiamos de las ventajas de la unidad que proporciona el sistema común de
la lengua española y, al mismo tiempo, de las ventajas que proporciona el uso
diferente del sistema en Andalucía.
En el marco de los usos lingüísticos
característicos de Andalucía, se pueden adoptar posiciones semejantes a las
planteadas en la descripción del español en su unidad y variedad. Situados en
este "nivel andaluz", podemos resaltar o defender la unidad del
dialecto o la diversidad de usos locales (intradialectales). Ambas posiciones
se pueden adoptar de forma legítima y respetable. Desde la perspectiva de la
unidad, se puede decir "el habla andaluza", "la modalidad
lingüística andaluza", resaltando los rasgos que unen e identifican
lingüísticamente a los andaluces. Desde la perspectiva de la variedad, se puede
decir "las hablas andaluzas", resaltando la realidad evidente de que
en Andalucía no existe un habla, sino una pluralidad de hablas.
De todos modos, la riqueza de usos
lingüísticos, la diversidad, no tiene por qué estar reñida con la unidad, con
la búsqueda de una norma andaluza flexible. Por otra parte, la búsqueda de una
norma lingüística andaluza común no debe ser a costa de eliminar la riqueza y
variedad que aportan las hablas locales. En los dominios del léxico, por
ejemplo, la imposición de un vocabulario estándar supondría perder las palabras
más entrañables y familiares que son, en definitiva, las que más contribuyen a
configurar la riqueza léxica de Andalucía y nuestro mejor patrimonio
lingüístico y cultural. Quizás, la mejor solución sería, el poder contar con
una norma andaluza estándar, que recogiera los rasgos comunes aceptados por
todos y que, al mismo tiempo, respetara y protegiera la riqueza lingüística de
las hablas locales: que todo hablante andaluz tenga la posibilidad de adoptar
un registro culto estándar, junto a la posibilidad de usar registros más
locales o familiares.
f) Actitudes lingüísticas
Ante la realidad sociolingüística
andaluza, se pueden adoptar actitudes muy diversas, a veces antagónicas, que
tienen su fundamento en la unidad y variedad del español. Se puede defender la
unidad del idioma, basándola en la norma de Castilla, y considerar las
características de las demás modalidades del español como defectos o vicios,
como desviación degenerada del castellano. La otra posición pretende potenciar
el hecho diferencial lingüístico, sobrevalorando los propios usos y
despreciando las otras modalidades del español. Ninguna de estas dos
posiciones, son aceptablesa. En todo caso, se debe adoptar una actitud
ecléctica y ponderada, basada en el respeto a todas las modalidades
lingïísticas. La constitución Española de 1978 recoge en su Título Preliminar
esta actitud:” La riqueza de la distintas
modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de
especial respeto y protección”(Artículo 3.3).
4.2.-
EL FLAMENCO Y LA IDENTIDAD ANDALUZA
a) Introducción. ([1])
Actualmente, el flamenco es un hecho diferencial andaluz
reconocido y valorado en el mundo. En su totalidad, que se conforma no sólo del
baile, el cante y la guitarra, sino también de un lenguaje particular e incluso
una ortografía propia, expresa una cosmovisión absolutamente original de los
andaluces. Desde su misma gestación, a finales del XVIII y comienzos del XIX,
se desenvuelve esta manera andaluza del arte que empieza a llamarse por su
nombre actual en la década de 1.860, que es cuando comienza su codificación y
auge de sus formas.
Paradójicamente, una creación que valora exageradamente su
pureza, es fruto de una historia de múltiples encuentros en Andalucía.
Moriscos, esclavos negros, gitanos y castellanos inmigrantes se encuentra en
sus orígenes. El flamenco, es pues, producto del mestizaje de razas y etnias
diversas que aquí se confundieron y decantaron.
Naturalmente el baile, su primera manifestación singular, se
proclama en la fiesta; en la atávica costumbre popular de celebrar motivos de
ratificación. Hijo de la necesidad, mecido en la cuna de la marginación y la
miseria, pese a ella surge raudaloso en danzas y cantos de jubileo. Sin
embargo, junto a la fiesta desarrolla igualmente la representación sonora del
dolor, de las miserias generales y de las penas intimas; la muerte, el miedo,
las soledades, en el romántico tardío, dieron luz a los gritos y quejíos del
flamenco trágico.
Por ello, junto a la música e íntimamente ligado a ella,
late una lírica popular bellisima, que es cauce de expresión de un pueblo
especialmente dotado para la armonía y el ritmo. Poética de los sentimientos
profundos y de lo cotidiano, en aquellos tiempos, por personas iletrados pero
sabias, capaces de descubrir secretos y verdades y de transmitirlos con un
lenguaje popular y culto, tierno y radical. El lenguaje empleado en el cante
flamenco se ajusta a las características fonético-fonológicas de la
pronunciación andaluza; sigue también la morfosintaxis del andaluz, que coincide en general con la gramática del
español estándar. En cuanto al léxico, aunque igualmente emplea en muchos casos
un léxico del español común, sin embargo coexiste un repertorio flamenco de
palabras y expresiones que, o son desconocidas en el español común o, si se
usan en él, son prestados del lenguaje popular del cante flamenco en el que
adquieren valores semánticos especiales.
Esta “lengua especial” transmitida de forma oral, requiere
incluso una ortografía peculiar, ya que el valor expresivo del cante o de
algunas palabras concretas radica en su peculiar grafía. Su valor semántico
depende, en mayor o menor grado, de su peculiar fonética en la lengua oral y de
su correspondiente forma gráfica en la lengua escrita. Así lo entendieron los
recopiladores de cante flamenco cuando redactaron las letras de las coplas de
sus cancioneros con un a ortografía peculiar.
En ciertas épocas fue objeto de persecución y condena
airadas por voceros de opinión de la misma Andalucía; considerado como asunto
irrelevante en lo artístico y perjudicial en lo moral de las costumbres
sociales, hasta arrinconarlo como expresión de lo marginal, sumamente negativo
para los interés de la patria, y extremadamente nocivo a la salud y
laboriosidad de las gentes del pueblo. Su estrecha vinculación de siempre con
lo gitano y el mundo de la noche, con el consumo de alcohol y con los vicios
mundanos, le ha conferido leyenda de peligro y objeto de rechazo por los
pusilánimes ignorantes de la vida. De ahí tal vez que muchos andaluces mismos
aún lo consideren como algo extraño, no propio, cosa exclusiva de gitanos;
cuando está más que demostrado que únicamente los gitanos andaluces y aún, por
proximidad, españoles, son flamencos y es aquí, donde siendo y viviendo como
andaluces pobres contribuyen, con su particular idiosincrasia y sus talentos, a
la interpretación de un arte nacido y ofrecido al mundo en Andalucía.
Afortunadamente en nuestra época sólo los ignorantes o los
necios se atreven a menospreciar la grandeza de este hecho popular andaluz, del
que tanto aprovecharan en su tiempo Lorca y Falla, otros muchos otros. Seña,
por tanto, inequívoca, popular y expansiva de los andaluces abierta al mundo;
desde la inmediata vecindad de los demás pueblos españoles, hasta los confines
del lejanísimo Japón donde tanto se cultiva y se admira.
b) Realidad y mixtificación del flamenco
Frente a
otras manifestaciones comúnmente denominadas "tradicionales" ya
fosilizadas que entran en el resbaladizo campo de "lo popular", es
indiscutible la vigencia y actualidad del flamenco, que se encuentra en fase de
expansión en lo que a su dimensión artística se refiere. Tal coyuntura
contrasta con cierto menosprecio histórico, tal vez no tanto hacia el flamenco
como música, cuanto a los ambientes
de procacidad a los que se asoció. Esta reacción, atribuible en gran medida a
la "moral oficial impuesta", ha dejado de tener sentido en un momento
en el que tanto la profesión flamenca como el conocimiento y aceptación de
estilos y modelos plásticos y músico-orales trasciende las fronteras culturales
de Andalucía.
Ante un
proceso de generalizada mercantilización del flamenco como el que se vive en
nuestros días, vale más que nunca una reflexión sobre su rentabilización
cultural. Si sólo atendemos al flamenco por la capacidad de generar beneficios
en el seno de la industria artística, nos cerramos a su necesaria consideración
como patrimonio cultural y, por tanto, a su puesta en valor como marcador de
identidad de Andalucía. La imagen que se ofrece del flamenco en su
incorporación definitiva al mercado discográfico y escénico obvia y olvida,
normalmente, que los valores y modos expresivos que encarna forman parte
indisoluble de la historia y experiencias de las clases populares andaluzas.
Clases que le dieron significación social y no sólo musical, de cuya
conformación fueron protagonistas, y que, paradójicamente, han sufrido el
extrañamiento histórico de su propio patrimonio.
En efecto,
y aunque el flamenco es una de las expresiones culturales que funciona como más
clara "imagen de Andalucía", diversos intereses políticos, económicos
e ideológicos han desdibujado repetidamente su carácter de marcador
identitario, en favor de variadas interpretaciones mixtificadoras. Frente a
ellas proponemos una reflexión que concrete el papel del flamenco para la
construcción de la identidad andaluza. Nos serviremos de algunas de estas
interpretaciones para aclarar algunos equívocos frecuentes:
1.- El
flamenco no es una expresión arcaica perdida en viejas civilizaciones, sino un fenómeno reciente, moderno, que
forma parte del presente histórico andaluz. El origen de su evolución conocida
ocupa desde la mitad del siglo XVIII hasta finales del XIX, en que cristaliza
plenamente como género artístico.
2.- Ese
falso halo de primitivismo -impresionado fundamentalmente por las espurias
ilustraciones de los viajeros románticos- contrasta con la contemporaneidad que
explica su nacimiento y desarrollo posterior, en el seno del movimiento
romántico del XIX. El flamenco no fue ajeno a la reacción casticista,
ciertamente, pero, aunque exponía y hasta denunciaba las condiciones de vida de
las clases populares, pronto se convirtió en un objeto más de la mercantilización
liberal-burguesa de las artes populares.
3.- La
atribución de un carácter mistérico, oculto y exclusivamente privado al
flamenco dificulta su conocimiento y análisis científico, y contrasta con la
constatación histórica y documental de su exposición pública desde su despuntar
primero, como un arte accesible a cualquier concurrencia.
4.- Suele reducirse al flamenco al campo de
"lo inefable", paso previo a la consideración de la investigación
flamenca como una empresa inútil. La indiferencia y hasta el rechazo científico
al estudio del flamenco tiene que ver con su falsa definición como una
expresión espontánea, y por tanto efímera, cuando no "naturalizada",
ajena al campo del conocimiento por su carácter racial, primario, instintivo,
etc. Frente a esta traducción simplificadora, el flamenco tiene unas
estructuras privativas, su historia ha quedado reflejada documentalmente, y su
realización material e inmaterial forma parte de diversos campos de estudio
apenas iniciados por los investigadores y que conviene sean fomentados tanto en
los aspectos históricos como literarios, socio-antropológicos, lingüísticos y
musicológicos.
5.- Tal
interdisciplinariedad es inexcusable en tanto el flamenco no puede acotarse
sólo en lo musical, sino que debe definirse como "expresión cultural
total". Ésta incluiría elementos músico-orales, pero también modos de
interrelación e ideologías sobre esa propia expresión. De hecho, bajo la
aparente difusión internacional del flamenco que hoy se verifica, se esconde un
sesgo pocas veces reconocido: sólo algunas de sus dimensiones, básicamente el
formalismo expresivo- danzas, música, espectáculo, estética...- y, en menor
medida, oral, son transferibles y enajenables por el mercado de las artes.
6.- En
cualquier caso, se debe distinguir entre el flamenco como un género artístico,
en el que cobra relieve la individualización creadora e interpretativa, y su
práctica popular como experiencia socializada y colectiva. En el primer caso,
el flamenco se desenvuelve en la industria artística de cada momento; en el
segundo se expresa a través de la formación de grupos y redes de sociabilidad,
ideologías reflejadas en las letras, y otros aspectos que tratamos más abajo.
7.- Sea en
su dimensión artística o su práctica popular, el flamenco vive procesos de
continua evolución que impiden considerarlo como un producto acabado e
inmovilizado -"puro"- o como un ejemplo trasnochado de modos de
interrelación ya extintos. Tanto formal como socialmente, el flamenco se
redefine de manera permanente, transformando sus contenidos musicales y
letrísticos, estructurales, pero también sus formas de reunión, culturas del
trabajo, etc.
8.-De su
lateral exposición como un modo musical, y de la consideración del flamenco
como una manifestación "popular", se han derivado la
desidentificación a que conduce su falseamiento pintoresquista y hasta banal, y
su recurrente falseamiento como género menor o patrimonio "modesto".
La diversidad de estilos y manifestaciones así como la pluralidad de
significaciones que adquieren las formas flamencas, nos remiten en cambio a un
fenómeno extraordinariamente complejo tanto en lo formal como en lo ideacional.
9.- El
flamenco ha sido víctima de permanentes deformaciones interpretativas, bien por
diluirlo dentro de "lo generalizadamente español" o, más
recientemente, como una muestra neutra de lo universalizadamente humano. Urge
prestar atención a cierta exégesis del fenómeno flamenco que le otorga
significación y proyección en el seno de las denominadas "músicas del mundo"
o "músicas étnicas", en detrimento de su carácter particularmente
andaluz. Lo cual no significa negar que, partiendo de experiencias particulares
e históricamente definidas, las cualidades estéticas, plásticas y hasta de
contenido del flamenco puedan adquirir significación y relevancia universal.
En la
defensa del flamenco como patrimonio andaluz y parte de nuestra identidad
colectiva como pueblo, resulta enriquecedora la combinación de aspectos de muy
diferente naturaleza y hasta múltiples acepciones en el uso corriente del
término que conviene aclarar. Por flamenco
entendemos un género artístico que, desde sus comienzos, se ha incorporado
a los circuitos de mercado y registro comercial; un conjunto de bienes
materiales; un compendio de la producción músico-oral de Andalucía; flamencos
son los espacios o entornos donde se producen las prácticas reconocidas bajo
esta denominación, así como los rituales y formas de interrelación, transmisión
social y formación de grupos. Y finalmente el flamenco parece ser un modo de
vida que trasciende al propio arte, define experiencias, actitudes y
comportamientos.
c) El flamenco como seña de identidad andaluza.
Cuatro son
los principales aspectos de relevancia patrimonial e identitaria que representa
el flamenco para la cultura andaluza:
.1.- Patrimonio material.-
El flamenco
es un género joven, pero dispone de un abundante material que adquiere a la vez
valor histórico y significación funcional viva. Aquí se incluye el catálogo de
los recursos materiales más directamente vinculados a la ejecución del arte, a
cuya dimensión formal u objetual deben añadirse su uso, funcionalidad, contexto
de aparición, transformaciones históricas, técnicas de construcción o
elaboración, etc. que son también parte de nuestra experiencia colectiva.
2.-
Expresiones músico-orales y plásticas
Se trata
del aspecto que indiscutiblemente ha captado más atención hasta el momento,
incluyendo cantes, bailes, toques, estilos, coreografías, modos
interpretativos... en definitiva todo lo que se suele diseccionar como
"arte flamenco" y que se tiende a identificar, de modo reduccionista,
con el flamenco mismo.
Podemos
comenzar con la música y la letra, que resultan indisolubles en el flamenco. El
término copla consigue definir ambos
elementos en perfecta e inseparable naturaleza: sabido es que, debido a su
transmisión oral, la letra flamenca funciona como la "partitura" de
la música. Y, a su vez, la expresividad especial de que se dota a la melodía,
armonía y ritmo, viene marcada y es influida por los contenidos de las
estrofas.
En lo
literario-oral, destacamos el compendio etnohistórico que representa el
flamenco para el conocimiento de la vida cotidiana de las clases populares
andaluzas, sus valoraciones, simbolismos y prácticas. Tales contenidos forman
parte de la historia popular de Andalucía, y son una especie de anales a partir
de los cuales se puede reescribir la historia de las "gentes sin
historia". Se trata de una poesía de alta calidad, cuya temática refiere a
condiciones de vida y trabajo, pero también recoge hechos históricos, modos de
entender y explicar las relaciones entre los géneros o las clases sociales, el
valor de la familia, la fuerza del destino, la dualidad entre pobreza y
riqueza... y también modos de exponer sentencias y advertencias didácticas para
la vida, así como de denunciar las desigualdades o la resignación frente al sino.
No por
casualidad, los contenidos de los cantes flamencos, agrupados en colecciones y
cancioneros, fueron el objetivo de los primeros estudiosos del flamenco como
objeto literario o científico: Iza Zamácola, Fernán Caballero, Demófilo,
Rodríguez Marín... Tal vez a consecuencia del escaso avance de los estudios
musicológicos en España, bien es verdad, pero también como resultado de una
atracción mantenida desde entonces a nuestros días, plasmada en forma de ensayo
literario, lingüístico o socio-antropológico e histórico. La copla flamenca,
además, se realiza con un vocabulario privativamente andaluz, y haciendo uso de
una ortografía propia, modismos y giros del habla andaluza y su léxico propio,
no sólo para construir la poesía flamenca popular -de gran influencia en destacados
poetas cultos- sino también para
adaptar la medida del ritmo musical a los contenidos de las letras.
En lo
musical, el flamenco es un producto especialísimo localizado dentro de la
tradición de las músicas orientales y, singularmente, en la familia de las
músicas mediterráneas. Su particularidad reside en la utilización privativa de
la cadencia andaluza, el
microtonalismo y los recursos melismáticos comacromáticos, las armonías entre
lo modal y lo tonal, el ornamentismo, la polirritmia, y la fuerza del factor
emocional en su interpretación. Su modo de ejecución responde a una estructura
clásica definida (los "palos" flamencos) fundamentada -frente a otras
músicas occidentales- en la microcomposición, es decir, la superposición de
forma inmediata e irrepetible de cantes y estrofas que se extraen de la memoria
oral, conformando las piezas musicales finales.
Por su
carácter sincrético, la música flamenca es una más de las expresiones
culturales andaluzas de naturaleza multicultural que definen los procesos de
construcción histórica de nuestra identidad, y que en este caso tuvo, a su vez,
gran influencia dentro de la denominada "música culta" andaluza. De
entre las tradiciones musicales amalgamadas en el flamenco destacan la
denominada "escala frigia" de la música greco-mediterránea, los
cantos salmódicos e hímnicos sinagogales hebraicos, la liturgia mozárabe, la
tradición árabe y la música andalusí, a través de herencias moriscas -que
explican ciertos modos de ejecución, como el sentido juglaresco, la fiesta y la
reunión, así como la participación de una amplia gama de instrumentos-, las
escalas indo-pakistaníes, posiblemente arrastradas hasta Andalucía gracias a la
población gitana, la música castellana, y algunos ritmos y plásticas
dancísticas afrocubanos.
El toque de
guitarra es una herencia anclada asimismo en la tradición mediterránea, desde
las culturas griega y latina, los cordófonos medievales y los instrumentos
arábigo-andaluces, hasta las guitarras del XVIII y XIX. El toque flamenco ha
vivido un lento proceso, a la vez de adquisición de protagonismo y de
independización del cante, separación definitiva y encumbramiento respecto a
otros instrumentos, y de hermanamiento con las múltiples modalidades de
percusión que son clave expresiva del género.
La danza
flamenca es, como la música, un resultado sincrético de culturas musicales y
escuelas de danza de rememoranza oriental, emparentadas posiblemente con bailes
hindúes y de manera cierta con las danzas moriscas (zambras, leilas...) y las
formas interpretativas gitanas que, a su vez, son en muchos casos el producto
de una fusión de las anteriores. La danza flamenca bebe también, más
cercanamente, de los bailes folklóricos pre o para-flamencos, la escuela bolera
y los bailes de palillos (evolucionados hasta la llamada "danza
española"), y, naturalmente, las creaciones artísticas personales, tanto
en técnicas concretas de ejecución (vueltas, quiebros, etc.) como en la
confección de coreografías. Hoy se puede incorporar aquí la danza
contemporánea.
3.-
Prácticas, rituales y espacios de sociabilidad y representación.-
El flamenco
no nace y se desarrolla en Andalucía sólo por las tradiciones musicales que
aquí se asentaran, o por la presencia de una abundante población gitana, sino
también por el modo en que se han practicado modos de convivencia y
sociabilidad que se valieron de las estructuras musicales en rituales festivos,
ceremoniales, domésticos y cotidianos de la vida social, ámbitos de interacción
humana que adquirieron formas propiamente andaluzas. Unas expresiones
culturales que, desde los inicios de la historia del género, han corrido en
paralelo a la dimensión profesional y que han ocupado contextos domésticos, de
vecindad y sociabilidad primaria, lugares de tránsito, espacios y situaciones
de fiesta, ámbitos de trabajo, y las denominadas reuniones de cabales. Son espacios y momentos de ritualización no
comercial -de uso- que en las últimas
décadas han ido languideciendo e incluso han desaparecido en muchos casos con
la propia transformación de las relaciones sociales y los hábitos de
residencia, ocio y trabajo.
Entre ellos
podemos enumerar fiestas con ocasión de ritos de paso (bautizos, bodas, y hasta
comuniones y cumpleaños), lugares de sociabilidad informal (tabernas, tabancos,
ventas, plazas, cuartos de cabales, vecindades, patios de vecinos, puertas de
las casas), acontecimientos festivos (ferias, romerías, carnavales), ámbitos
laborales (gañanías, cortijos, minas, fraguas) y todo lo que representa el
hábito de "cantar" como costumbre en la vida cotidiana. A ello debe
añadirse la construcción de un entramado propio de asociacionismo formal
encarnado por las abundantes peñas flamencas andaluzas.
Por otra
parte, determinados modelos de agrupamiento de la población en Andalucía están
en la base del surgimiento y primera difusión del flamenco. Localizadas algunas
de las comarcas, hay que señalar la relevancia que la práctica del flamenco
como parte de la vida y la fiesta privada ha tenido en su transmisión, tal vez
más que en su creatividad, fundamentalmente en la Andalucía de las grandes
desigualdades marcada por el dominio del latifundismo y en emplazamientos donde
se localiza población gitana. Justo es destacar la importancia identitaria del
flamenco para esta minoría, como caso único en Europa, que ha hecho del
flamenco un modo de vida y no sólo una expresión íntima o familiar.
Por otra
parte, el flamenco se inserta en Andalucía en los procesos de reproducción
social y transmisión músico-oral de gran vivacidad, característicos de un
pueblo secularmente iletrado, y que nos distinguen y singularizan. El
aprendizaje del flamenco, tradicionalmente, se produce por observación,
mimetismo y, en los felices casos en que así sucede, se alimenta de la
creatividad e impronta personal. En este sentido, los ámbitos de la casa, la
costumbre de cantar o bailar en la vida doméstica y social son factores que
explican la reproducción de estilos y el sello especial que marcan las llamadas
"casas cantaoras", muchas veces emparentadas entre sí y que han
puesto en contacto sus modos privativos mediante las relaciones familiares.
.4.- Saberes, símbolos y significaciones culturales.-
El flamenco
es fruto de experiencias y trayectorias comunes de sectores sociales concretos
del pueblo andaluz. Por tanto, es también un cuerpo de saberes y significados
compartidos. El hecho de que su ejecución sea básicamente individualizada no
obsta para que el sentido otorgado por los sujetos sociales a la emisión y
recepción de los mensajes, la capacidad evocadora de la memoria, la tensión
emocional, la forma de "doler" o "disfrutar" el cante, no
sean colectivamente significativos.
Al anotar este epígrafe, pretendemos introducir gran parte del patrimonio
inmaterial que tiene que ver con las ideas de experiencia y significación.
Poco se ha dicho de esto en la investigación al uso: son cuestiones que
resultan de difícil acercamiento, incluso si de su puesta en práctica se deriva
una plasmación material.
El flamenco
es una representación ritual que utiliza símbolos y tiene significados propios,
un cuerpo de saberes y conocimientos, formas de transmisión y procesos de
aprendizaje en torno al cual se genera todo un mundo de oralidad privativo (vocabularios,
giros, expresiones...), gestualidad y corporeidad, incluso un oficio y unas
culturas del trabajo singulares. A través de él se manifiestan diferentes
culturas étnicas y culturas de género de Andalucía, e incluso existe una
trascendencia de la significación a la acción social: "ser flamenco".
A modo de
conclusión, patrimonio material, expresiones músico-orales y plásticas,
prácticas, rituales, espacios y símbolos y significaciones culturales se
ofrecen aquí como simples epígrafes clasificatorios, algunos de más cómoda y
diáfana aprehensión empírica, y en torno a los cuales se ha diseñado la única
actuación administrativa en la línea de protección administrativa del
patrimonio flamenco: la declaración de los registros sonoros de la Niña de los
Peines radicados en Andalucía como Bien de Interés Cultural. Otros son, a lo
sumo, referentes de cierta evidencia sensorial. En algún caso se trata de
aspectos manifiestamente intangibles y cuya existencia real no está objetivada.
Pero ninguno de ellos tiene existencia independiente: su valor cultural e
identitario es una construcción histórica de interdependencias mutuas entre los
objetos, las acciones de los grupos sociales y el significado e interpretación
que tales grupos otorgan a objetos y acciones. Sólo desde esta perspectiva
integradora del flamenco como complejo cultural, tiene sentido acometer la
tarea de explicarlo como marcador cultural de Andalucía.
Por sociabilidad entendemos, en sentido amplio, la tendencia
de los individuos humanos a interactuar con otros. Se trata de la
característica que hace posible la existencia de las sociedad. En los humanos,
a diferencia de otras especies sociables, dicha tendencia no se manifiesta de
manera fundamentalmente instintiva, sino que es modelada y canalizada
culturalmente, por lo que, si en las otras especies sociables las
manifestaciones de interacción constituyen fenómenos etológicos, en el hombre
son fenómenos culturales. Las manifestaciones de sociabilidad, los contextos,
marcos y formas en los que se desarrollan, como expresiones culturales que son,
constituyen elementos fundamentales en la conformación y articulación
específicas de cada sociedad, poseyendo el carácter de marcadores de su
particularidad, de su especificidad como pueblo.
Un rasgo con el que ha sido caracterizada, generalmente, la
sociedad andaluza ha sido la supuesta debilidad que tradicionalmente habría
tenido en ella una de las formas en las que se expresa la sociabilidad en las
sociedades capitalistas, las denominadas asociaciones voluntarias, en
comparación con otras sociedades, incluso dentro del mismo Estado español.
Situación que, siendo cierta en parte, en absoluto alcanza las proporciones que
se le han llegado a atribuir, presentando además componentes y aspectos
explicados fundamentalmente en conexión con los condicionamientos
socioeconómicos básicos y con algunos de los marcadores profundos que definen y
configuran Andalucía como pueblo y como cultura.
* Entre dichos factores es preciso destacar la estructura de
clases fuertemente polarizada, que ha dificultado el desarrollo de espacios y
la constitución de asociaciones interclasistas, o en el caso de los existentes,
la negación simbólica de las desigualdades realmente existentes. La mayoría de
las expresiones de sociabilidad informal y formal tienden a configurarse
socialmente de manera horizontal.
* La importancia que, en conexión con lo anterior, tienen
las relaciones personalizadas, directas y cargadas de afectividad, y la desconfianza
en las relaciones puramente instrumentales y formales es otro de los factores
que incide decisivamente sobre el tipo y las características de las expresiones
de sociabilidad.
* A pesar de la existencia de importantes manifestaciones,
principalmente festivas, de ámbito supralocal o incluso globalmente andaluz, la
mayor parte de las expresiones de sociabilidad se dan en los ámbitos locales,
dado que éstos son el marco fundamental en el que se desenvuelve la vida social
de los andaluces.
* El relativismo ideológico que caracteriza a los andaluces
hace posible la participación de los individuos en contextos y asociaciones,
aunque las finalidades explícitas de las mismas puedan parecer muy diferentes y
aún contrapuestas a la ideología con la que teóricamente pueda
identificárseles.
Los rasgos anteriores explican la importancia que en
Andalucía han tenido y tienen las expresiones de sociabilidad no formalizadas,
especialmente, aunque no sólo, entre los miembros de los sectores y clases
subalternas: jornaleros, trabajadores, mujeres. La fundamental significación
para la manifestación de la sociabilidad de los espacios públicos abiertos: las
calles, las plazas, los mercados, los lavaderos --hasta hace un tiempo--, o de
los lugares públicos cerrados: tabernas, bares, tiendas, peluquerías, consultas
médicas.
Con respecto a las expresiones de sociabilidad formalizada,
en Andalucía, como una consecuencia más del papel periférico y dependiente que
le fue asignado en la configuración de la división territorial del sistema
capitalista español, la aparición y el desarrollo del asociacionismo voluntario
moderno se producirá con mayor retraso aun que en las zonas centrales (política
y económicamente) del Estado. Además del citado retraso, el asociacionismo
andaluz ha sido caracterizado por su debilidad por parte de una aproximación,
ya hoy superada en buena medída, que basaba su apreciación en la constatación
de la reducida presencia de entidades asociativas del tipo de, y en comparación
con, las existentes en otras zonas y paises, fundándose para ello en criterios
casi exclusivamente cuantitativos y en la aplicación en su análisis y
diagnóstico del asociacionismo andaluz de modelos inadecuados a nuestra
realidad.
Dichas interpretaciones del asociacionismo se revelan como
inadecuadas, limitadas e insuficientes para comprender las formas, papeles y
funciones que las asociaciones presentan y desempeñan en sociedades con
situaciones distintas a las que caracterizan a las tomadas como campo de
estudio, principalmente anglosajonas. La utilización mecánica de modelos
teóricos elaborados a partir de la observación del asociacionismo en
situaciones específicas pueden dar lugar a interpretaciones erróneas al ser
aplicados en otras situaciones diferentes.
En primer lugar, frente a las
finalidades específicas y al carácter inmediatamente utilitario que, según
ella, serían rasgos esenciales de las formas asociativas existentes en las
sociedades sobre las que han realizado principalmente sus análisis los sociólogos,
la mayor parte de las formas asociativas andaluzas poseen un carácter
multifuncional más allá de su finalidad concreta, explicitada formalmente en su
denominación y estatutos. Asimismo, la pretendida "debilidad" del
asociacionismo voluntario en Andalucía se basa en la aplicación sobre el
particular de modelos exóticos a la realidad sociocultural andaluza y de
criterios cuantitativos que atienden casi exclusivamente al número de
asociaciones por habitante --lo cual, por otra parte, tampoco marca una
diferencia tan abismal como algunos han llegado a establecer--, sin tener en
cuenta aspectos tan importantes o más para el establecimiento de la dimensión
real del fenómeno asociativo, como son el grado de participación de los
individuos en las asociaciones más allá de su adscripción formal, el nivel de
concentración de la asociatividad (una sola asociación multifuncional puede
incluir un número de miembros igual o superior al de tres o cuatro asociaciones
de finalidades específicas juntas), la extensión de la influencia de las asociaciones
y sus papeles de protagonismo en el desenvolvimiento de la vida de la sociedad
local en la que se hallan insertas, o la relación de las asociaciones con las
estructuras, sistemas e instituciones sociopolíticos en ella existentes, entre
otros muchos.
a) Cofradias, hermandades y asociaciones recreativas
A estas interpretaciones se les
escapa la importancia fundamental, que como formas asociativas, tienen las
cofradías y hermandades en Andalucía por considerarlas como entidades de
carácter exclusivamente religioso y elementos residuales de la sociedad
estamental. Algo parecido ocurre con entidades como las peñas deportivas,
taurinas, flamencas y asociaciones recreativo-culturales de diverso tipo que,
como aquéllas, más allá de sus finalidades específicas, son ámbitos de
sociabilidad e interacción social generalizada.
1.-Cofradías y hermandades
Las cofradías y hermandades
andaluzas, en concreto, lejos de ser instituciones residuales, cumplen y
desarrollan una multiplicidad de funciones sociales al menos de tanta
importancia, si no más, que las estrictamente religioso-ceremoniales, que son
las que dan motivo a su existencia en primera instancia. Hasta tal punto es así
que hermandades y cofradías han sido, y en muchos casos siguen siendo, casi las
únicas formas asociativas existentes en muchas pequeñas poblaciones de
Andalucía. Importancia además que, lejos de verse atenuada en el proceso
creciente de "modernización", se encuentra en plena expansión, como
lo demuestra la continua creación de nuevas entidades de este tipo, incluso de
manera paralegal con respecto a la institución eclesiástica; y como lo
demuestra también la participación masiva en las mismas, no sólo ni
principalmente de modo formal, como socios inscritos, sino a través de la
identificación con ellas, y de la participación en los contextos
festivo-ceremoniales que organizan y protagonizan, de individuos y grupos de
prácticamente todos los sectores de la sociedad andaluza, al menos en una parte
muy amplia de Andalucía. Significación que se pone de manifiesto en el interés
que la presencia en la dirección de las hermandades y cofradías han despertado
siempre, y hoy de manera especialmente notable, entre los miembros de los
grupos económica y socipolíticamente dominantes, tanto tradicionales como emergentes.
El olvido de la dimensión real
del fenómeno asociativo representado por las hermandades y sus implicaciones en
los sistemas de relaciones sociales y de poder locales es uno de los factores
que explican la errónea interpretación del asociacionismo andaluz. En realidad,
dichas asociaciones constituyen un claro ejemplo de cómo una institución
originada en el contexto de una sociedad determinada, no sólo no desaparece con
el proceso de modernización, sino que, manteniendo formas aparentemente muy poco
alteradas, transforma sus funciones latentes y sus sistemas de relaciones
subyacentes, refuncionalizándose y adquiriendo nuevas significaciones que la
hacen mantenerse como un componente importante de la "nueva" sociedad
y como referentes, de identificación colectiva.
Esto constituye, además, una demostración del relativismo ideológico,
que es otro de los rasgos o marcadores profundos de la cultura andaluza,
haciendo posible que formas --en este caso instituciones-- originadas en un
determinado contexto socio-histórico y respondiendo a objetivos ideológicos
concretos, puedan ser hechas propias por miembros de otros grupos sociales
diferentes a los que las crearon y a quienes sirvieron de instrumento, sin que
ello signifique aceptación de los contenidos ideológicos, ni los objetivos de
las mismas. Esta es la explicación de la aparente paradoja de la importancia de
este tipo de asociaciones y de las manifestaciones festivas de carácter
formalmente religioso que organizan en una sociedad como la andaluza, en la que
se dan los más bajos índices de práctica religiosa oficial y en la que
históricamente ha tenido un fuerte arraigo el anticlericalismo. Asociaciones
que, a veces, adoptan formas diferentes del tipo de "corporaciones",
"cuadrillas", o "cuarteles", con características peculiares
que enriquecen el campo de las formas asociativas vinculadas con el ritual
festivo, compartiendo con las hermandades y cofradías buena parte de los rasgos
que las definen, en general, como manifestaciones de sociabilidad generalizada,
más allá de sus características propias.
2.-Asociaciones
recreativo-culturales: peñas, círculos, casinos.
Con una extensión e implantación
también muy amplia, y con una destacada significación en la vida y los sistemas
de relaciones sociales de muchas ciudades y pueblos andaluces, encontramos la
presencia de asociaciones de finalidad formal "recreativo-cultural",
con una función explícita como instituciones para la "ocupación del ocio y
el tiempo libre", como son los casinos, los círculos, las peñas
futbolísticas, deportivas, taurinas, flamencas, y las sociedades recreativas,
entre otras. Se trata de asociaciones que, más allá de sus objetivos expresos,
poseen un carácter multifuncional, desempeñando también un importante papel
como instancias para la expresión de la sociabilidad más o menos generalizada,
implicando a los integrantes de un sector social determinado o a varios,
raramente al conjunto de la sociedad, y como ámbitos para el establecimiento y
el desarrollo de las redes de relaciones interpersonales y de poder, tanto
verticales (sistemas de relaciones patrón-cliente), como horizontales
(relaciones de cooperación, amistad, alianza, solidaridad, ayuda mutua). Se
pone con ello de manifiesto la fuerte tendencia a la personalización de las relaciones
sociales, identificada como uno de los marcadores más profundos de la etnicidad
andaluza, que encuentra en contextos como los ofrecidos por este tipo de
asociaciones --como también por las hermandades-- el ambiente más propicio para
la interacción social próxima y teñida, ya sea realmente, ya de manera ficticia
o simbólica, de connotaciones afectivas.
Desde este punto de vista,
hermandades y cofradías, casinos y peñas, formas de asociacionismo
absolutamente mayoritarias en Andalucía, constituyen instituciones políticas de notable relevancia en la
vida de las ciudades y pueblos andaluces. Instituciones políticas en el sentido amplio del termino, como instancias que
sirven de campo de acción para el establecimiento y desarrollo de las
relaciones de poder entre los
individuos y los grupos sociales, y como instrumentos para el logro del
liderazgo y del control de dicho poder
social. Poder considerado también en su sentido sociocultural más extenso,
como capacidad de influencia y orientación de la opinión y de la actividad de
la mayoría de los integrantes de un grupo, y no necesaria ni exclusivamente
como autoridad político-administrativa,
aunque con frecuencia lo uno conduzca a lo otro de manera más o menos directa.
Ejemplo bien conocido de ello son los casinos y círculos surgidos en la segunda
mitad del siglo XIX y durante el primer tercio del XX. Estos tendrán en muchos
casos un carácter explícitamente político, o lo adquirirán en determinados
momentos, siendo en la mayoría de las ocasiones entidades asociativas, más o
menos abiertas, pero casi siempre controladas y al servicio de las élites
locales, que las utilizaran como medios para el establecimiento, mantenimiento
y reproducción de los sistemas de relaciones de naturaleza patrón-clientelista
y de los sistemas caciquiles de dominación sociopolítica.
Las transformaciones
socioeconómicas que han tenido lugar a lo largo de los últimos 25 ó 30 años en
Andalucía, han determinado el debilitamiento de los sistemas de relaciones
sociales anteriormente vigentes, el desarrollo de sectores sociales intermedios
(pequeños industriales y comerciantes, profesionales, empleados, trabajadores
especializados autónomos o por cuenta ajena), cuyas ocupaciones y formas de
vida les permitirán cierta autonomía con respecto a los elementos de los grupos
dominantes locales tradicionales y debilitarán notablemente las situaciones de
fuerte dependencia personal sobre las que se montaba el sistema de patronazgo.
Ello ha determinado, así mismo, la transformación de los casinos y círculos
tradicionales, que han experimentado una apertura a nuevos sectores sociales y
han visto el acceso a sus puestos directivos de los miembros de los sectores
sociales en ascenso; o que, por el contrario, han sufrido una decadencia y
degradación notables, que les ha llevado en muchos casos a su desaparición. Al
mismo tiempo, se ha producido la extensión de otras formas asociativas, muchas
de ellas también de carácter formal "recreativo-cultural",
representativas de un modelo de sociabilidad más abierto y "popular",
distinto del que caracterizaba a los casinos tradicionales. Se trata, sobre
todo, de diferentes tipos de peñas: entidades que responden específicamente a
las nuevas condiciones sociales y que proporcionan a los miembros más activos
de los sectores con mayor dinamismo en la sociedad local vías para el acceso al
prestigio y al liderazgo social a través del desarrollo de sus redes de
relaciones, ya no basadas fundamentalmente en posiciones de patronazgo, sino en
estrategias de alianzas e intereses mutuos, de carácter mucho más flexible y
cambiante que las tradicionales de tipo clientelista.
En el aspecto político, debido, sobre todo, a la escasísima
afiliación que caracteriza a los partidos y también al carácter fuertemente
personalista que tiene la política local en Andalucía --sobre todo en las
localidades no urbanas--, estas asociaciones han desempeñado y desempeñan, en
muchos casos, la función de canales a través de los que (y en bastantes
ocasiones a partir de los cuales) se han seleccionado y potenciado a los
lideres de diferentes opciones políticas partidistas, y se moviliza a los
sectores de la población que constituyen el campo potencial de votantes de cada
una de ellas.
b) Las expresiones festivas
Las fiestas, entendidas como procesos simbólicos,
constituyen una parte importante de lo que se ha dado en denominar Patrimonio
Cultural "inmaterial", que está integrado por todas aquellas
expresiones culturales que, sin poseer una naturaleza material en sí mismas,
son referentes de identificación de una colectividad.
Una fiesta es una manifestación sociocultural compleja. La
fiesta implica múltiples dimensiones y funciones en relación con la
colectividad que las celebra y protagoniza y con sus diversos grupos sociales.
No todo ritual, no toda acción simbólica es una fiesta; no todo festejo es
festivo, no toda ocasión para la diversión encaja en el concepto de fiesta y no
todas las celebraciones festivas tienen la misma significación para la
colectividad que las se realiza o protagoniza. No hay fiesta sin sociedad, sin
cultura que la sustente y propicie. Hay, o puede haber, festejos o productos de
la ingeniería festiva sin necesidad de que exista sociedad, siempre que haya
algún agente político o económico necesitado de concitar la atención de la
gente, justificar su papel propiciando sus intereses sobre un determinado
colectivo, se encuentre éste articulado como tal o bien sea un mero agregado de
individuos.
Las fiestas tienen una dimensión como instrumentos
ideológicos tendentes a la reproducción social, con la función de
representación, justificación y mantenimiento de las estructuras
socioeconómicas. Pero además de este carácter "conservador", han
tenido y tienen un papel central en los procesos de construcción societaria
como elementos simbólicamente estratégicos en la vertebración de un conjunto de
individuos como colectividad, en la identificación colectiva que todo grupo
humano necesita para pasar de simple agregado de individuos a conformarse
realmente como "cuerpo social". Esto se hace particularmente evidente
y necesario en sociedades cuyas estructuras socioeconómicas, fuertemente
desiguales, presentan graves obstáculos para la viabilidad de una sociedad con
el grado indispensable de estabilidad y articulación que permita el desarrollo
de la acción social y su reproducción, como es el caso, aún hoy, de la sociedad
andaluza.
Superando el tópico y el prejuicio que las considera sólo en
su aparente frivolidad o folklorismo vano, las fiestas, en grado diverso, han
constituido y constituyen elementos muy importantes en la definición y
reproducción de los diferentes niveles del nosotros colectivo que se articulan y dan
consistencia a ese nosotros global
que define a una colectividad como "comunidad". Entendida ésta
evidentemente como la representación ideológica de una sociedad, notablemente
heterogénea, a través de la que se opera la disolución simbólica de las
diferencias, desigualdades y contradicciones que conforman su realidad. Desde
un punto de vista antropológico, las fiestas se constituyen, entre otras
funciones y valores, como formas de expresión de la identificación de la
colectividad que las protagoniza, por encima de la complejidad de la sociedad y
de la multiplicidad de planos de significación que cada fiesta efectivamente
posee y de las funciones que puede cumplir, desde las económicas a las
políticas o las eminentemente simbólicas. Es por lo que nos atrevemos a afirmar
que el grado de articulación de una colectividad está directamente relacionado
con el carácter más genuinamente propio y singular, más irrepetible e
inimitable de sus fiestas.
En este sentido, Andalucía, en general, y cada uno de sus
pueblos y ciudades, en particular, siguen poseyendo una personalidad
indiscutible. Fiestas como las cruces de mayo, los carnavales, las romerías,
las ferias, las veladas, o la Semana Santa --que es, a nuestro entender, la que
sobre todas las demás encarna y ejemplifica más completa y profundamente la
expresión festiva andaluza, la forma de ver el mundo y la existencia de su
pueblo, los modos de sentir y expresarse, el sentido estético de su gente--,
son símbolos de lo andaluz genérico y, a la vez, de las diferentes sociedades
locales que conforman Andalucía. Símbolos tan definidores e identificatorios
como lo puedan ser la Giralda, la Mezquita, la Ahambra, la Caleta o el Tajo.
Con la diferencia de que mientras estos últimos son elementos singulares en sí
mismos, los procesos festivos son "monumentos vivos", en los que se
integran los diversos, factores y aspectos que constituyen cada pueblo o ciudad como sociedad local y
como comunidad imaginada y, a diferencia de los bienes culturales
arquitectónicos o "artísticos", que suelen permanecer relativamente
inmutables a lo largo de los años y hasta de los siglos --si el civilizador, el
conquistador o el especulador de turno no lo impiden--, las fiestas,
precisamente por su carácter de fenómeno vivo, puntual y efímero, aunque
repetido cíclicamente, están sujetas a un continuo proceso de transformación y
resignificación, íntimamente ligado a las transformaciones sociales.
La evolución socioeconómica, las transformaciones
demográficas y ocupacionales experimentadas por la sociedad andaluza, se
reflejan necesariamente en sus fiestas. Es por lo que resultan bastante
inútiles las lamentaciones de determinados sectores que estiman la introducción
de algunos elementos en las fiestas como adulteraciones de lo que, según ellos,
sería lo genuinamente "andaluz", "almonteño",
"sevillano", "cordobés", "malagueño" o
"bacetano", pues no son más que reflejo del cambio experimentado por
ellos mismos, sus costumbres, sus hábitos y sus formas de vida. Por lo tanto,
las fiestas seguirán cambiando mientras Andalucía y cada uno de sus pueblos
sigan existiendo como sociedad.
Pero además de otras muchas funciones, las fiestas
contribuyen de manera significativa y continuada a la economía andaluza.
Fiestas como las citadas son el motor de una importantísima actividad
económica, dando lugar a una auténtica "economía festiva" que emplea
a un sector nada despreciable de la población, ya sea de manera formal o
sumergida, prácticamente a lo largo de todo el año. La hostelería, los talleres
de bordados, de orfebrería, de trajes de flamenca y mantones de Manila,
herrería, carpintería, etc., constituyen unas de las pocas actividades que con
una relativa importancia mantienen a un numeroso grupo de la población. Así
mismo, como ya se apuntó, las fiestas propician el desarrollo de uno de los
pocos ámbitos en los que se genera una actividad asociativa de considerable
importancia, a través de la cual se canaliza la participación y cooperación de
los individuos, contribuyendo a la articulación de la socieda local
(hermandades, cofradías, cuarteles, peñas, tertulias, ...).
Desde una concepción no reduccionista de lo simbólico, que
afirma su papel como factor configurador de la realidad social, y como función
no sólo reproductora, sino también potencialmente transformadora de la misma,
consideramos que las fiestas constituyen uno de los pocos elementos a los que
los andaluces pueden aún aferrarse para no verse definitivamente disueltos como
colectividad y poder encarar el futuro por sí mismos. En este sentido, las
fiestas deberían ser consideradas como referentes importantes de todo proyecto
de desarrollo. Entonces ¿cómo potenciar una fiesta? ¿Como protegerla y
conservarla como parte del Patrimonio Cultural andaluz?
La mejor manera es propiciando las condiciones para que la
fiesta se mantenga viva y se desarrolle por las vías que marque autónomamente
la colectividad que la protagoniza y le da razón de ser. La labor de protección
sobre el patrimonio inmaterial, y de manera particular en el caso del
constituido por las fiestas, debe orientarse fundamentalmente hacia la
divulgación del conocimiento y la puesta en valor de todos los elementos,
funciones y significados que la fiesta tiene para su comunidad, la importancia
que tiene para la toma de conciencia de su realidad específica compartida como
colectivo. Teniendo siempre presente que, en última instancia, será la
vitalidad y articulación del colectivo que protagoniza la fiesta la garantía
fundamental de su mantenimiento, por lo que todo lo que vaya en la dirección de
potenciar dicha articulación redundará en la vitalidad de la propia fiesta.
Una fiesta, como una creencia o una expresión musical no
pueden ser embalsamadas, congeladas por normas y prohibiciones que pretendan
mantener su "pureza" y "autenticidad". Se deben favorecer,
las condiciones para que su desarrollo se produzca lo más autónomamente
posible, estableciendo mecanismos que atenúen la creciente incidencia de la
mercantilización y homogeneización cultural que las amenaza. Pero, en
definitiva, una fiesta será hasta cuando, y como el grupo humano que la
protagoniza quiera y sepa. El objetivo de las actuaciones de los poderes
públicos y agentes sociales deberá ser siempre el de favorecer la toma de
conciencia de los andaluces sobre los valores sociales, culturales e
identitarios de las fiestas que protagonizan --única manera de que las mismas
mantengan su vitalidad--, y el de conseguir, por tanto, su continuidad.
c) La religiosidad
También en el ámbito de las creencias supernaturalistas,
Andalucía presenta rasgos que la diferencian de otros pueblos, constituyendo
sus expresiones, por lo tanto, marcadores de su especificidad. El aspecto que
más fuertemente destaca en este campo es el contraste entre la ideología
religiosa dominante y su faceta institucional (la Religión, católica y la
Iglesia) y las creencias, prácticas y rituales que forman parte de la cultura
andaluza ( la religiosidad denominada "popular").
La religión católica ha sido, desde finales del siglo XV, el
principal instrumento ideológico para la justificación y el ejercicio de la
dominación política, social y económica de la mayoría del pueblo andaluz. La
religión ofical y la iglesia institucional han actuado de manera aplastante,
intentando inundar todos los ámbitos de la vida social, de ahí por ejemplo la
abrumadora mayoría de celebraciones festivas que tienen como motivo, al menos
formal, una festividad de carácter religioso. Frente a ello, Andalucía se
caracteriza por ser una de las sociedades en que se han dado históricamente
algunas de las manifestaciones de anticlericalismo e iconoclastia más fuertes y
más ampliamente respaldadas socialmente. Andalucía presenta la aparente
contradicción de ser el país con mayor número, de celebraciones en torno a
símbolos religiosos, y con más alta participación popular en las mismas, siendo
a la vez la que ofrece un más bajo índice de prácticas religiosas ortodoxas.
Ni la no consideración de la realidad, ni la afirmación del
carácter "anti-religioso" de los andaluces son posiciones que puedan
sustentarse con rigor. En Andalucía existen formas particulares de creencias
supernaturalistas, prácticas devocionales y manifestaciones rituales colectivas
que constituyen, en su conjunto, lo que podemos considerar como la religiosidad
andaluza, cuyos rasgos fundamentales están claramente en conexión con algunos
de los marcadores profundos de su especificidad cultural: la tendencia a la
personalización de las relaciones sociales se manifiesta en la importancia
crucial de las imágenes y su individualización; el relativismo ideológico
permite utilizar símbolos, elementos, contextos y lugares de la religión
oficial para desarrollar y expresar la religiosidad; la centralidad de la
sociedad local como marco de la vida social hace que exista una fuerte
identificación de los miembros de cada colectividad de barrio, pueblo o ciudad
con determinados símbolos religiosos; la matrifocalidad que caracteriza de
manera notable la sociedad andaluza se manifiesta en el especial protagonismo
casi absoluto de la imagen femenina como representación de la divinidad, a
través de las múltiples advocaciones de Mar.
a) El sistema de valores estéticos
La dimensión estética es una de las que definen más
claramente la vida humana; la necesidad de recreación de los sentidos forma
parte de nuestra especificidad, pero como cualquier otro de los aspectos de la
misma, la expresión de dicha necesidad no es traducción mecánica de una
tendencia "innata", sino que siempre es canalizada, modelada y
satisfecha a través de formas y pautas culturalmente establecidas. En este
sentido, el sistema de valores y los modos de expresión estéticos son siempre
marcadores de la existencia diferenciada de un pueblo. Esta condición de lo
humano se manifiesta en la tendencia a la creación o a la búsqueda de la
gratificación psicológica producida por la contemplación o experimentación
sensorial de la "belleza", cuya definición concreta y la formulación
de los valores con respecto a los cuales se establece son construidos
culturalmente por cada sociedad.
Evidentemente esta dimensión no es la única, ni quizás la
fundamental, y además no siempre se expresa con la misma intensidad o
relevancia. Existen ocasiones, circunstancias, objetos en los que dicha
dimensión adquiere un protagonismo absoluto, mientras que, por lo general, en
el contexto de la vida cotidiana aparece mucho más supeditada y condicionada
por las necesidades que la misma conlleva y que constriñen o limitan la
expresión estética. Pero incluso en estos casos, casi siempre puede encontrarse
un toque, un detalle, algo que escapa al puro condicionamiento utilitario, a
veces muy estricto, dotando cada acción, cada rincón, cada objeto de un valor
estético que supera la mera funcionalidad y los convierte en elementos más
atractivos, más "humanos". Si lo anterior es general para todos los
pueblos, del mismo modo que en algunos son aspectos que tienen que ver con lo económico,
lo político, lo religioso..., los que impregnan y definen de manera más
"fuerte" el conjunto de sus culturas, en otros, como es el caso de
Andalucía, lo estético adquiere un especial protagonismo, convirtiéndose en uno
de los valores centrales de todas sus manifestaciones culturales, desde las
productivas, hasta las religiosas, las festivas o las arquitectónicas.
Como en cualquier otra cultura, pero de un modo
particularmente clave en su caso, el dominio de sus códigos estéticos es de
importancia fundamental para la comprensión y explicación de la cultura
andaluza, de lo andaluz. Las formas en que el sentido estético de la vida
humana se concreta y expresa en nuestra tierra poseen rasgos tan peculiares,
tan específicos, que los convierten en uno de los marcadores a través de los
cuales los andaluces se sienten como tales, se identifican --no necesariamente
de manera consciente-- como miembros de un mismo pueblo, de una misma cultura,
de una misma comunidad. Al tiempo, les hace reconocerse como diferentes de los
otros pueblos, que, por su parte, utilizan frecuentemente este marcador como
uno de los que más claramente, más fácilmente, definen lo andaluz, aun
reduciéndolo a su simplificación estereotipada. Tópicos como el de la
"gracia", el "salero", la "flamencura", que son
usados para identificar lo andaluz, no son, en el fondo, más que formulaciones
simplistas, parciales y deformadas de lo que en realidad constituye un fenómeno
mucho más profundo, extenso y complejo, que abarca desde la forma de adornar un
patio, a la apoteosis de un paso/trono, desde la vibrante sencillez de unos
verdiales o la ingeniosidad de unos tanguillos, a la expresión más honda de la
forma de sentir del pueblo andaluz contenida en unas seguiriyas o unas
soleares, extremos que dibujan los amplios límites del campo de las expresiones
y producciones estéticas andaluzas.
Dichas expresiones y producciones ponen de manifiesto lo que
es un rasgo general de la cultura andaluza, la síntesis original fruto del
acrisolamiento de elementos procedentes de las distintas fases
histórico-culturales que han constituido el sustrato de la Andalucía actual.
Pero el propio carácter de síntesis de estas expresiones y producciones las
hace diferentes a todo lo anterior. No es adecuado establecer una continuidad
entre las formas y significados de las manifestaciones estético-artísticas
actuales con respecto a las correspondientes a cada una de las fases culturales
anteriores, de las que, según una estrecha visión simplificadora, las primeras
no serían sino apéndices, más o menos transformados, pero siempre exponentes de
una misma esencia inmutable. Esta visión olvida que las expresiones y
producciones estéticas son sólo una parte más del sistema sociocultural en
íntima relación con el resto de sus componentes, y que su carácter de código
comunicativo hace que, aunque incluso puedan mantenerse relativamente
inalteradas en su aspecto formal, sus significados son siempre diferentes, al
estar determinados por las condiciones características de los nuevos contextos
socioculturales en los que se insertan.
En dicho proceso de síntesis y acrisolamiento se han visto
transformados de manera tan profunda que ya no pueden ser interpretados ni, lo
que es muy importante, sentidos a través de los valores y presupuestos
estéticos anteriores, tornándose plenamente significativos, en cambio, con
relación a los presupuestos y valores propios de la nueva cultura resultante,
la andaluza. Muchos elementos, de carácter formal la mayoría de las veces,
creados en fases histórico-culturales anteriores y correspondientes a los
estilos estéticos característicos de las mismas, persisten en la actualidad y
deben ser tenidos en cuenta para lograr una verdadera comprensión de las
expresiones y producciones estético-artísticas andaluzas, pero siempre en el
marco de un nuevo sistema de valores. No obstante, por otra parte, ello no
quiere decir que todo lo actual, y en la totalidad de sus componentes, sea
absolutamente nuevo y ajeno a sus raíces.
En este sentido, es indudable la importancia que posee el
sustrato de la civilización andalusí. Elementos procedentes de dicho sustrato
se hallan presentes y vivos en un buen número de las manifestaciones
estético-artísticas andaluzas, aunque ello no supone, de ningún modo, que esos
elementos sean los mismos. Sus formas pueden haber permanecido idénticas en
algunos casos, pero no así el significado de las mismas, relacionado íntima y
directamente con la ideología y el sistema de valores de la sociedad andalusí,
cuyas estructuras fueron profundamente desarticuladas por la conquista
castellana y reemplazadas por las correspondientes a la sociedad de los
conquistadores a través de un proceso -y ello es importante para explicar la
citada importancia del sustrato andalusí- en absoluto momentáneo y radical,
sino paulatino, tanto temporal como territorialmente. Elementos, diseños y
motivos pertenecientes al sistema estético, al estilo andalusí, aparecen en
múltiples manifestaciones del denominado "arte popular" andaluz, como
en los trabajos de taracea o en la cerámica de fajalauza granadina, o en las
mantas y paños alpujarreños, aunque es claro que en ninguno de estos casos la
utilizados de esos motivos implica el mantenimiento de las razones de tipo
ideológico que estaban en la base de su primitiva significación y que hoy son
inoperantes e incluso totalmente desconocidas para los propios autores que los
emplean en sus producciones.
La
faceta creativa o recreadora de la dimensión estética de toda cultura es lo que
constituye el "arte", que implica un doble carácter: el de la
creación, siempre modelada y condicionada por el sistema de valores estéticos,
y el de la comunicación, como medio a través del que transmiten significados
culturalmente establecidos -en nuestras sociedades el de la innovación y experimentación,
por ejemplo-. En este sentido, todo arte responde y se inserta en un sistema
cultural y sirve de medio de comunicación para los miembros de un pueblo, aún
cuando pueda haber códigos y formas específicos de unos u otros grupos o
sectores del mismo. Hasta el punto de que, en sentido antropológico, un arte o
es "popular", o lo que es lo mismo, pertenece a un pueblo y es
creado, sentido y comprendido por el mismo, o no es propiamente
"arte".
b) Las expresiones
artísticas en Andalucía
Cuando se utiliza la expresión "arte popular", se
hace en contraposición a la creencia en la existencia de un "arte
culto", en realidad lo que se considerara como el "verdadero
arte", el único digno de tal nombre, y frente otro arte "no
culto", concebido como "impuro", rudimentario o degradado. En
ello se refleja una idea elitista y estrecha de cultura, absolutamente
contrapuesta a la cultura en sentido antropológico. Todo arte es culto por ser
parte de la cultura de un pueblo, sin que criterios academicistas o de otro tipo lo puedan devaluar.
Si consideramos la identificación muy extendida del término
"pueblo" con las clases dominadas o subalternas de una determinada
sociedad, entonces las verdaderas razones de la distinción empiezan a
aclararse. El "arte culto", el Arte con mayúscula, es el que responde
a los valores estéticos de las clases que detentan el poder y sus élites, o al
menos los que dichos sectores utilizan para diferenciarse, y frente a él
existiría un pseudo arte, un arte rudimentario o una degradación del arte
auténtico, el llamado arte popular, al que el término arte se le concede sólo
con el fin de aclarar que se pretende aludir a un fenómeno cuya analogía más
aproximada sería el "arte culto". Se trata, por lo tanto, de una
visión clasista que hace una valoración distinta y desigual de dos formas de
arte dentro de una misma sociedad. Además, se trata de una visión etnocéntrica,
ya que, en definitiva, el término "arte popular" no es más que una
extensión del término "arte primitivo", que surge en el siglo XIX
para hacer referencia a todas aquellas expresiones estético-artísticas de los
pueblos con los que los imperios coloniales europeos entraron en contacto, que
no compartían la tradición cultural dominante en las sociedades occidentales y
que por ello eran considerados incultos. El descubrimiento del "arte
primitivo" hizo a algunos volver la vista y sentir curiosidad por el
"arte primitivo" de las propias sociedades occidentales, el
"arte popular".
Entendido el arte siempre como popular y culto, ¿cuáles son
los rasgos que configuran la especificidad del arte popular andaluz? La
existencia de una cultura andaluza se manifiesta en la de una actitud y unas
formas de expresión estéticas específicamente andaluzas, de un arte que, por
estar directamente enraizado en la sociedad y la cultura andaluzas, denominamos
arte andaluz, y que se distingue de ese pretendido "arte universal"
que en esencia no es otra cosa que el arte de los sectores poderosos, de las
élites económicas, socio-políticas, religiosas, intelectuales, académicas de
las sociedades occidentales, o el arte propiciado, protegido o comprado por
ellas. Desde este punto de vista, dentro del arte andaluz, (concebido como el
conjunto de las expresiones estético-artísticas consideradas como propias por
parte del pueblo andaluz -no sólo, ni siquiera principalmente desde la
perspectiva de la producción o creación de las mismas-) incluimos tanto
aquellas manifestaciones que usualmente son consideradas como parte del
"arte popular" (cerámica, talla, arquitectura, tejidos, orfebrería,
etc., las cuales suelen ser denominadas con términos como
"artesanías" o "artes populares decorativas", por su
carácter básicamente aplicado o complementario de la función utilitaria de sus
soportes,) como también toda una serie, mucho más amplia de lo que en principio
se pueda suponer, de manifestaciones del "arte culto", al menos en su
origen, que han sido asumidas, integradas, hechas suyas por el pueblo andaluz,
dando lugar a la superación del carácter clasista de las mismas.
¿Puede concebirse una obra artística "culta" más
profunda y auténticamente popular que la imagen del "Abuelo" (el
Nazareno de Jaén) o del "Cachorro" (el Cristo de la Expiración del
barrio sevillano de Triana)?, por citar sólo dos ejemplos de entre las
numerosísimas "obras de arte" de la imaginería andaluza que son
tenidas como propias y apreciadas por el pueblo andaluz en su conjunto, aún con
matices diferentes, independientemente de la clase a la que se pertenezca? Y
ello no sólo en su significación religiosa o como objetivos de devoción, sino
también como representaciones que conmueven estéticamente a los individuos, lo
cual es un aspecto mucho más importante de lo que comúnmente pueda parecer.
Aspecto que se concreta, por ejemplo, en la recreación en la "expresión"
del rostro de las imágenes, en la "solemnidad" de su actitud, en la
"delicadeza" de sus formas, en la "naturalidad" de sus
facciones o ademanes, y otros muchos elementos de apreciación que llevan a
considerar bella una imagen e incluso a establecer juicios de valor estético
comparando unas con otras.
Un rasgo fácilmente apreciable cuando nos aproximamos a la
consideración de los fenómenos estéticos en Andalucía es la gran extensión que
presentan, inundando prácticamamente todos los ámbitos de la vida, desde los
más sencillos y cotidianos, a los más elevados y solemnes. En todos ellos se
manifiesta, de una u otra forma, esa búsqueda de la recreación estética más
allá de lo puramente funcional, utilitario, interrelacional o religioso. Desde
el afán por hacer de una humilde construcción una explosión de blancura y un
mosaico de colores vegetales, hasta las más espectaculares manifestaciones de
arte vivo y participativo que se plasman en las semanas santas o en las cruces
de mayo de cualquiera de los pueblos y ciudades andaluzas. Por ello, si siempre
resulta erróneo identificar el "arte popular" con aquellas
expresiones estéticas características de los sectores rurales y campesinos
"tradicionales" -como si los habitantes de las ciudades no fuesen
también parte del pueblo y no poseyesen formas y expresiones estéticas
peculiares-, el error es mucho más grave en el caso andaluz.
Podríamos afirmar que en Andalucía, más que en cualquier
otro lugar, no ha existido una distinción clara entre un "arte culto"
y un "arte popular" hasta hace relativamente poco tiempo. Esta
distinción, que encierra una clara connotación clasista, no se opera en el arte
occidental hasta prácticamente la consolidación de la burguesía como clase
hegemónica y del Romanticismo como movimiento estético-artístico íntimamente
ligado a ella; por lo tanto se trata de una distinción no anterior al siglo
XIX. Es en ese momento cuando se consolida la consideración del arte y del
artista como "objetos" de lujo, como fenómenos externos y hasta
contrarios a la vida cotidiana, como expresión del individualismo y como
elementos cuya valoración dependerá fundamentalmente de su homologación
académica y de su cotización en el mercado. Se impone una concepción elitista e
idealista del "arte por el arte", que supone la separación del
artista y de sus intereses concretos de los del resto de los miembros de la
sociedad. Hasta en periodos anteriores de gran florecimiento artístico, como
fueron el Renacimiento y el Barroco europeos, por no hablar del arte medieval o
del periodo clásico, el artista y las obras producidas por él eran dos
realidades totalmente integradas en la cotidianeidad, siendo sólo de grado la
diferencia que de hecho podía existir entre un artista y un artesano -artífices
era el término genérico que englobaba a ambos-, encontrándose los dos sometidos
a unos similares tipos de servidumbre, cauces de expresión, posibilidades de
creación y prestigio social..
El desarrollo histórico específico de la formación social
andaluza en los dos últimos siglos determinó la peculiar configuración de su
burguesía, agraria fundamentalmente, cuyos comportamientos y valores diferían
sustancialmente de los de la burguesía industrial, principal protagonista y
representante de la nueva sociedad que se desarrolla en los países occidentales
más avanzados, a diferencia de la cual, la andaluza, tenderá a mimetizarse con
la antigua aristocracia, reproduciendo muchos de sus valores. Uno de los
aspectos que determinará dicha actitud es que no se produzca, o lo haga con
mucha menor intensidad, la "elitización" del arte y la separación
entre el "arte culto" y el "arte popular". La burguesía
andaluza, en general, ha sido en este sentido bastante poco "culta",
si utilizamos el concepto deformado de cultura que está implícita en la
concepción del arte que es propia de las clases hegemónicas en las sociedades
del centro del sistema socio-económico y político en el que Andalucía se
inscribe como periférica y dependiente. Por el contrario, la burguesía andaluza
ha participado y compartido, a su manera, muchos de los rasgos básicos que
caracterizan a la cultura andaluza, naturalmente con otros muchos elementos y
pautas de comportamiento particulares que configuran su especificidad como
clase. Uno de los elementos que más claramente ejemplifican esa participación
en la cultura común es el de las manifestaciones estético-artísticas, aunque
con actitudes y significados diferentes a los de los demás sectores de la
sociedad andaluza. Resultado de ello es que, en Andalucía, la escisión entre
"arte culto" y "arte popular" ha sido menos profunda que en
otros lugares y, por el contrario, en la mayoría de los casos, desde las más
simples a las más elevadas formas de expresión artística encontramos un
sustrato que las comunica.
La realidad de la Andalucía actual es fruto de la
experiencia histórica acumulada de distintos pueblos y culturas sobre un medio
geográfico diverso. Ello explica la gran riqueza y variedad de lo que se ha
dado en llamar "artes populares", constituidas por las formas de
expresión estética materializadas sobre objetos y elementos "útiles",
a los que el dominio técnico de su elaboración, para que cumplan su primaria
función instrumental, convierte en soportes para la recreación estética en sus
propias formas o para la elaboración y enriquecimiento de las mismas,
convirtiéndose así en las expresiones más directas de esa tendencia humana de
búsqueda de satisfacción estética a través de la creación y contemplación de la
"belleza". En este sentido, las denominadas "artesanías"
constituyen una importante representación del arte popular andaluz; pero ello
no quiere decir que ellas solas sean el "arte popular", ni siquiera
su expresión más genuína, las que mejor puedan encarnar las expresiones y
formas en los que se ponen de manifiesto los rasgos fundamentales del sistema
andaluz de valores estético-artísticos. Existen otras facetas y formas de
expresión de la creatividad y la sensibilidad estética del pueblo andaluz, con
frecuencia no consideradas "artísticas" al no ser compatibles con el
concepto elitista, individualista y mercantil, que del arte, el artísta, la
creación artística y la obra de arte se halla más extendido.
El arte popular andaluz es esencialmente expresión estética
viva, participativa y comunicativa; valores que, por lo general, son
considerados irrelevantes para el "arte culto" y, por lo tanto,
carece normalmente de ellos. Este carácter del arte popular andaluz tiene una
extensa y profunda significación, lo cual se halla en estrecha relación con uno
de los rasgos que, sobre todo en el aspecto estético, pero ni mucho menos
exclusivamente en él, mejor caracteriza la forma de ser y concebir la vida, la
cultura andaluza, su "barroquismo". La cultura andaluza, producto de
la combinación y mutua fecundación de las aportaciones de los diferentes
pueblos que han vivido o convivido en nuestra tierra, es esencialmente barroca
en el sentido vital del término, entendido como aquella actitud ante la vida en
la que predomina el valor de lo sensible y lo emotivo sobre lo"racional".
Es primero y principalmente a través de los sentidos y las emociones como llega
el andaluz a conocer e interpretar "su" realidad. Y es precisamente
este carácter el que explica el éxito y la difusión del Barroco estilístico en
sentido estricto, el cual se halla plenamente vigente en Andalucía, tanto en
cuanto a su aceptación, como en su producción, al continuar siendo
significativo para su gente, cuando hace tiempo que dicho estilo pasó a la
historia del arte para el resto del mundo.
La fiesta es uno de los ámbitos en los que mejor se
manifiesta ese arte vivo y participativo. Se trata de un arte en gran medida
efímero y también bastante comunitario, en el sentido de que son los sectores
populares los que, de una u otra forma, lo producen y le dan vida, no sólo
limitándose a un papel pasivo como espectadores -elemento por lo demás decisivo
para la existencia del propio arte-, sino actuando también como creadores.
Hasta la más pequeña aldea puede verse transformada en una auténtica "obra
de arte" viva y total, en la que por unos momentos o unos días se produce
la conjunción de una multiplicidad de elementos, unos expresamente artísticos y
otros de naturaleza diversa, pero que en el contexto de la fiesta adquieren esa
dimensión, cuyo resultado no es otro que el de reforzar los lazos de
identificación de los individuos entre si y de éstos con el pueblo a través de
la comunión estética, a través de la
experiencia sensible y emotiva que la fiesta procura.
No pudiendo enumerar la infinidad de ejemplos en los que la fiesta se
convierte en obra de arte total en Andalucía, haremos referencia a la que,
quizás, pueda ser considerada como su máxima expresión, las Semanas Santas. En
plena expansión debido, entre otros factores pero no el menos importante, al
hecho de que sea en estas fiestas donde esa forma barroca de entender y
expresarse estéticamente encuentra uno de los marcos más propicios, integrando
multitud de elementos y factores: imágenes, movimientos, sonidos, músicas,
cantos, espacios, rincones, olores, colores, luces, sombras, vividos de forma
participativa por la gente y que convierte
la ciudad o el pueblo en un completo espectáculo estético, en el que
participa como "autor" y "actor" el pueblo que es el que
hace, en combinación con todos los elementos enumerados y otros muchos, que las
procesiones de la Semana Santa andaluza no queden reducidas a un acto
penitencial, desde el punto de vista religioso, o a un mero museo itinerante,
desde el artístico, como sucede en otros lugares de la Península Ibérica, sino
que adquieran una dimensión humana y una significación sociocultural y estética
de naturaleza mucho más rica y compleja. Los pasos o tronos podrían servir como
ejemplo paradigmático en el que se sintetizan todos los rasgos que caracterizan
la dimensión estética de la cultura andaluza y de manera particular el de su
barroquismo vital. En ellos, la belleza y el valor artístico de las imágenes
son sólo un elemento más, aunque importante, en un conjunto complejo de
elementos y sensaciones estéticas, integrado también con el contexto que rodea
el trono o el paso: candelabros, velas, flores, jarrones, varales, palios,
terciopelos bordados, encajes, joyas, sonidos, música, movimientos, gritos,
saetas, entradas, salidas, subidas,... todo lo que, en fin, hace de un paso o
un trono de palio un prodigio estético explicable única y exclusivamente como
expresión de una cultura tan peculiar como la andaluza e irrepetible fuera de
ella, porque no es otra cosa que una expresión o cristalización de la misma.
Es tambien de importancia fundamental considerar la
existencia de un arte andaluz que responde a las características básicas de los
estilos "cultos" de la Historia del Arte, pero que presenta, en
muchos casos, peculiaridades específicas. Incluso, en ocasiones, tienen lugar
la creación de estilos propios, producto de la hibridación de formas y
tradiciones artísticas e ideológicas diferentes. Quizá el ejemplo más claro de
esto lo representa el mudéjar andaluz, característico tanto de construcciones
religiosas, como civiles de los siglos posteriores a la conquista castellana de
Andalucía. Salvo las catedrales y algunas, pocas, iglesias importantes, la
mayoría de las iglesias de los siglos XIV y XV, e incluso de la primera parte
del XVI, sólo son realmente góticas -el estilo arquitectónico-artístico
europeo- en su parte más sagrada, la capilla mayor o cabecera del templo,
mientras que la mayor parte de éste, en sus muros, en sus techos, en sus
puertas e incluso en sus torres, presentan formas y soluciones constructivas,
materiales y diseños que expresan una sensibilidad muy distinta y conectan
directamente con la tradición andalusí, hasta el punto de que, en ocasiones,
los especialistas no saben si, por ejemplo, estamos contemplando el alminar
"cristianizado" de una antigua mezquita destruida o la torre de una
iglesia cristiana levantada tras la conquista en forma de alminar con campanas.
Este carácter "popular" del arte, incluso del promovido directamente
por los poderes dominantes, es algo que singulariza muchas de las obras
arquitectónicas, escultóricas, pictóricas y musicales realizadas en Andalucía
en diferentes etapas y horizontes históricos. Por ello, es adecuado hablar de
"Arte Andaluz" y no sólo del Arte en Andalucía. Lo que hace que
nuestro Patrimonio cultural, en este ámbito, sea en gran medida singular y
propio, expresión inconfundible de nuestra identidad de pueblo.
Y
algo semejante podemos afirmar respecto a las creaciones literarias. El hecho
de que, desde el siglo XIII en una parte de Andalucía y desde finales del XV en
la otra, la literatura se escriba en una lengua, el castellano, que compartimos
con otros varios pueblos -por ser la lengua impuesta, aquí y en otros muchos
lugares, por los conquistadores-, no es obstáculo para que pueda afirmarse la
existencia de una verdadera literatura andaluza, que ha alcanzado su cénit en
el siglo XX, con varios de los más destacados integrantes de la denominada
"generación del 27", pero que comienza ya a existir desde la Baja
Edad Media. La existencia de esta literatura andaluza no consiste sólo, ni
fundamentalmente, en que, a lo largo de los siglos de existencia de la lengua
castellana, una gran parte de los más destacados poetas y autores que han
tenido ésta como vehículo de expresión nacieran, y muchos vivieran, en
Andalucía, ni tampoco necesariamente por el uso de un vocabulario en parte
diferenciado del usado por otros escritores en el mismo idioma, sino, sobre
todo, porque sus creaciones reflejan una sensibilidad, unas temáticas, una
manera de ver el mundo, una actitud vital, un estilo, que no es sino el resultado de su participación en una
cultura, la andaluza, con peculiaridades propias, que, aunque en transformación
constante, como todas las culturas, y abierta a influencias exteriores,
presenta unas características específicas en los diversos periodos históricos.
La importancia que tienen los aspectos estéticos en la constitución de
la cultura andaluza, unida a la riqueza, profundidad y diversidad del proceso
civilizatorio que se ha desarrollado sobre su territorio, e incluso a las condiciones
medioambientales que favorecen y estimulan la expresión y recreación de los
sentidos, son factores que explican la fertilidad de Andalucía en el campo de
la producción en las distintas facetas de la creación artística, que se han
dado en denominar “cultas”. Formas, estilos y obras arquitectónicas, de muy
definida personalidad y notable riqueza, desde las califales o nazaríes, hasta
las del mudéjar y el barroco andaluz, o del regionalismo, son expresiones de y
consecuencia de la significación que tiene lo estético en Andalucía.
No es
casual, tampoco, la abundancia de artistas y la talla universal alcanzada por
un buen número de ellos. Diego de Silva y Velázquez, Bartolemé Esteban Murillo,
Pablo Ruiz Picasso, Manuel de Falla, Federico García Lorca, Antonio Machado,
Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti... por citar sólo unos cuantos de los más
conocidos, son artistas universales precisa y principalmente por ser
profundamente andaluces, por haber bebido en las fuentes y sabido modelar los
materiales que Andalucía les ha aportado y sin los cuales no es posible
entenderlos. Son universales por tener profundas raíces andaluzas y haber
sabido interpretarlas y expresarlas en el lenguaje común de los sentimientos y
emociones humanos. Andalucía ha aportado, de este modo, una savia de
importancia esencial para comprender el desarrollo de la Historia del Arte y de
la Literatura europeos y universales.