¿Para
qué sirve la Consejería de Educación?
Manuel Hijano del
Río
Profesor Titular de
la Universidad de Málaga
A veces, las
preguntas elementales sirven de mucho. Creo que las podemos utilizar para
iniciar una aproximación a un asunto o problema. Esta es la estrategia que les
invito a usar para hacer una somera evaluación este 28 febrero de uno de los
pilares fundamentales (véase los presupuestos anuales) de nuestro gobierno
andaluz: la Consejería de Educación.
Cuando en 1983 la
Junta de Andalucía asume las competencias en educación lo hace respondiendo, en
primer lugar, a un nuevo modelo de administración educativa que surge tras la
aplicación del Título V de nuestra Constitución. Se trataba de una iniciativa
inédita en nuestra Historia ya que nunca había existido una administración
educativa de ámbito andaluz y, entonces, el reto se asumió con ilusión y,
porqué no decirlo, con cierto vértigo y temor. Un modelo administrativo en el
que se profundiza y continua con la LOGSE.
Esta administración
educativa autonómica que goza de unas competencias comparables a las
Consejerías o Departamentos vasco, catalán o gallego, surge como instrumento
para ofrecer una gestión descentralizada.
En efecto, la
descentralización buscaba -y busca- propiciar la participación de la comunidad
educativa, y de la sociedad en general, en nuestro sistema escolar. Está claro
que cuanto más cerca está el centro de decisión del ciudadano, mayores son las
posibilidades de que éste participe. Cuanto más cerca está el centro de
decisión de la realidad, más acertadas serán sus actuaciones. Igualmente, esta
participación de la sociedad proporciona más democracia y legitimidad a las decisiones tomadas por los
políticos. Serán decisiones basadas en el consenso y no en el “decretazo”.
Pero dejemos para
otro momento si se ha cumplido o no con esos objetivos y estudiemos otro
aspecto íntimamente ligado a la existencia de una Consejería de Educación en
Andalucía. La Consejería también debería asumir el reto de respetar y difundir
la Cultura de Andalucía. Ese es otro objetivo de la descentralización: el
fomento de las culturas autóctonas en un mundo cada vez más globalizado. Hoy,
28 de febrero, quizás merezca la pena detenernos aquí.
La Cultura Andaluza
ya se entendió en la Declaración Programática de la Consejería en 1978 como un
objetivo prioritario. “Desarrollo y profundización en los elementos
característicos de la Cultura Andaluza y su incorporación a los sistemas
educativos”, se escribía por esos años. Y, efectivamente, en 1985 se diseñó un
completo Programa de Cultura Andaluza que incluía la formación inicial y
permanente de maestros, contenidos y objetivos a incluir, grupos de
investigación de profesores, etc. etc..
Sin embargo, este
Programa se ha ido desmontando desde 1990. Primero, convirtieron la Cultura
Andaluza en “transversal”. Es decir, todos los profesores tenían que darla pero
no se decía cómo y cuándo. Luego, se van desactivando otros aspectos que
configuraron el deslabazado y desconocido Programa. Al final, pocos aspectos de
este mandato de la Consejería han supuesto añadir elementos culturales propios
a un sistema educativo que crece día a día. Todo lo contrario. El proceso de
vaciado cultural andaluz de nuestras escuelas ha sido en estos cuatro años
demoledor. Y todo ello ha pasado inadvertido para las cuatro fuerzas políticas
del Parlamento. La gestión podría haber válida para Cantabria, Castilla León o
Murcia.
Han eliminado los
cursos de Cultura Andaluza de formación inicial para maestros que aprobaban las
oposiciones, han suprimido de las Delegaciones Provinciales a los Coordinadores
de Cultura Andaluza, la formación permanente del profesorado se diluye en
grupos de trabajo en los que ya no figura la Cultura Andaluza como línea
prioritaria, tampoco se ha aprovechado la reforma de las Humanidades para
insertar contenidos andaluces.Ya ni siquiera incentivan la presencia de la
Cultura Andaluza en los libros de texto porque han renunciado a las
competencias de su supervisión (que la tienen todos los gobiernos autónomos).
¿Qué queda ya?. ¿Qué le ha quedado de andaluza a la Consejería de Educación?.
No se trata de
crear desde la escuela una comunidad ensimismada en la autocomplacencia y
ausente de críticas de un pasado y unas tradiciones comunes. No hay que tener
miedo. La Cultura que se defiende es la andaluza. La que se caracteriza por su
apertura y creatividad. La que descubre sus propias formas de ser gracias a la
asimilación de las demás. Goldstein lo escribió en 1994 claramente: “la
identidad cultural se consolida mediante un proceso de interacción continua con
otras colectividades que exige a cada comunidad contemplarse desde el punto de
vista de los demás e incorporar estas perspectivas a través del prisma de su
propia conciencia en un proceso continuo de reflexión”. Eso es lo que se debe
intentar.
Ya lo escribieron
también los expertos reunidos en el Foro Andalucía en el Nuevo Siglo auspiciado
desde el mismo Gobierno andaluz: “Promover la comprensión de los andaluces
hacia su pasado y presente, potenciando la autoestima, los valores y señas de
identidad que, en su devenir, la han conformado como sociedad y fomentar, en
todos los niveles educativos, el estudio de la historia, la cultura, la
economía, y la política de Andalucía” (Propuesta de actuación 46).
En definitiva, lo
que se pretendía desde los primeros tiempos de la Junta es crear una generación
de andaluces educados en la tolerancia y respeto a otras culturas desde el
conocimiento de sí mismos. Fomento de la diversidad desde la escuela. Es tiempo
cara la nueva década, de estudiar lo realizado hasta ahora y valorar si esta
educación es la que realmente queremos para nuestros hijos/as.