RESPUESTA A LA “EDITORIAL” DE LA GACETA
DE ANTROPOLOGÍA
Me llamo Gorka Redondo
Lanzas y, como ustedes ya sabrán, soy licenciado en Filología Clásica por la
Universitat Autònoma de Barcelona y profesor en un centro de Enseñanza
Secundaria. No debería ser necesario, pero me parece conveniente señalar que no
obtuve esa licenciatura a base de asignaturas de la rama literaria, sino,
precisamente, de la lingüística.
Así mismo, hace ya algún tiempo que inicié los estudios
del doctorado en Teoría Gramatical, si bien no he podido completarlos por
motivos laborales y de salud. También sabrán, y si no, ya les informa un
servidor, que nací en Arbuniel, Sierra Mágina, en el seno de una muy humilde
familia de jornaleros, que siempre se ganaron la vida con su trabajo y que, sin
formación escolar apenas, tuvieron, y tienen, un extraordinario sentido de la
dignidad y una ENORME CULTURA popular. Quizá por eso, lucharon tenazmente, y
hasta acabar en los presidios de la Dictadura, contra las vergonzosas
injusticias de la Andalucía que les tocó vivir. Familias como la mía, era
inevitable, no tenían sitio en aquellas tierras y aquí estamos, en eso que todo
el mundo llama “la emigración andaluza” y que, para los que la hemos vivido, es
simplemente una deportación en masa.
Ya habrán notado, espero, que me siento muy orgulloso
tanto de mi familia, como de toda la gente trabajadora y “cateta” de mi viejo
pueblo montañés, no sólo porque es mi gente, sino, y sobre todo por eso,
porque, al haberme criado entre ellos, sé que merecen mucho más que respeto: la
admiración y el agradecimiento de cualesquiera que se tenga por una persona
educada, madura y consciente de lo que es la vida, porque mis pobres braceros
de Mágina nunca habrían sido capaces de hacer el impresentable ejercicio de
ignorancia, soberbia y elitismo de poca monta que han publicado ustedes bajo el
curioso título de “Editorial”; ellos no sabrían caer tan bajo. La gente que me
enseñó a hablar también me enseñó a no lamerle el culo a nadie y a no ser un
triste mamarracho al servicio del Imperio. Ahora bien, seguro que el señor
Gregorio Salvador, famoso comisario político-lingüístico, y sus colegas se
sentirán complacidos, cuando lean semejante panfleto.
Por lo tanto, comprenderán ustedes que me importe muy
poco lo que opinen de mi trabajo con el andaluz o del libro de Huan Porrah
Blanko. A estas alturas, ya estoy curado de espantos y bien acostumbrado a la
insolencia de todos aquellos que, como ustedes, medran a la sombra del poder
-entiéndase del estado- y trabajan para legitimar, a costa de todo, decencia
profesional incluso, esta chapucera paja mental que es la “Nación Española”.
Empiecen, por favor, a practicar lo que, en su misma
editorial, sugieren y dejen para los lingüistas el desmontar los “fundamentos”
teóricos en que tal cosa pretende ampararse. Después, cuando esos lingüistas a
los que se refieren, hayan demostrado
-si es que pueden- objetivamente la impostura del andaluz, tendrán tiempo y
argumentos de sobra para descalificar iniciativas como la mía, que, por cierto,
no le debe nada a las memeces que escribieron los Quintero.
Mientras tanto, textos como el de esa editorial sólo
sirven para que los lingüistas y sociólogos del lenguaje se hagan una idea de
cómo ha llegado a calar la represión lingüística y el desprecio por la propia
cultura popular, en todos los estratos de la población andaluza. Porque lo que
ustedes han escrito es una verdadera perla, un compendio ejemplar de prejuicios
contra la variedad idiomática andaluza (me da igual si es o no una lengua) y de
voluntad por desmarcarse de unos rasgos étnicos que ustedes, antropólogos ¡Quén
lo diría!, conciben como apestosos estigmas que inhabilitan a sus poseedores
para homologarse como europeos modernos y cosmopolitas. Admito, ya que lo he
mencionado, que son antropólogos, pero más por no complicarme la vida y porque
tampoco me importa si se están “marcando un farol”, que por lo que muestra el
texto objeto de este mensaje.
Con algunas parrafadas de su editorial, cualquier
sociolingüista tendrá suficiente para comprender que no tienen ni puñetera idea
de lo que están tratando. Expresiones tales como “El procedimiento consiste en
hacer acopio de unas cuantas formas incultas”, “cuanto más palurda, mejor” (se
han dejado ustedes una coma), “anomalías catetas”, “sarta de variantes
distorsionadas e incultas” o la genial “variantes erróneas, corruptas,
ramplonas, idiotas y palurdas” bastan para dejar en evidencia una penosa e
inconmensurable ignorancia, en lo que a cuestiones de lengua se refiere.
Son igualmente de
agradecer las declaraciones de patriotismo español y la defensa de lo que, por
más que les pese, los identifica como seguidores del neoimperialismo que
patrocina este estado monárquico que nos legó, bien atado, el señor Don Paco.
Con semejante plumero, todavía no me explico cómo han tenido valor para meterse
en un berenjenal que ni conocen ni están en condiciones de comprender, dado el
sesgo ideológico del que hacen gala y, me repito, su estrepitosa carencia de
herramientas teóricas que rezuma cada párrafo que han escrito. Porque, señores
míos, ya puestos a ampliar la comunicabilidad planetaria, vayan empezando a
estudiar chino mandarín -y no lo comento en broma- o, cuando menos, dejen el
español y decídanse de una vez a hablar y a escribir en ese inglés medio
criollo que se chapurrea en todos los continentes de la Tierra. Este idioma es
el que el propio estado español está imponiendo como segunda lengua; ésta sí es
una imposición verificable día a día y no la del andaluz. Léanse ustedes
mismos, porque en eso tienen razón, y entiendan que el andaluz -idioma,
dialecto o aberración inculta- está abocado a esa desaparición, por la que
claman en el panfleto, a causa, simplemente, y para empezar, del
desmoronamiento de las estructuras sociales y económicas andaluzas, es decir, a
causa de la disolución de la comunidad humana cuyos miembros, hasta ahora, se
identificaban espontáneamente, y a pesar de lo que dijera el DNI, como
andaluces. En estas condiciones, ni a mí ni a nadie con sentido común se le va
a ocurrir propugnar la imposición del andaluz como única lengua en Andalucía.
Finalmente, no quisiera despedirme sin agradecerles
sinceramente que me hayan otorgado el papel de dinamitero de una sacrosanta,
pero desgraciadamente forzada y endeble, “Unidad de la Lengua Española”. Eso sí
que es un señor mito y éste que los saluda un auténtico héroe, si me fuera
posible tamaño alarde intelectual.
Atentamente,
Gorka Redondo Lanzas.